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OTROS MORADORES

CIUDAD ARGOMEDOSA. PRESENCIA ROMANA

Después de haber ubicado en el tiempo y lugar con datos históricos tornamos nuestra mirada retrospectiva a este mismo suelo por si en algún tiempo muy anterior al de su nacimiento estuvo ocupado por otros pobladores. Parece ser que la respuesta es afirmativa. Para ello nos remontamos a los primeros siglos de nuestra era cristiana. Al tiempo del imperio romano.

Esta expresión es la denominación política empleada por los romanos para designar las ciudades-estado.

¿Qué parte de verdad tiene esta apreciación? Efectivamente carecemos de alguna huella concreta de su presencia pero tenemos algunas conjeturas seguras y fiables. Nos da pie la frase citada, identificada con el pueblo.

Esta expresión usada de una manera coloquial, entre personas conocidas, no se inventa, no se dice de balde o porque suene bien, responde sencillamente a verdades históricas, ciertamente muy lejanas a nosotros, de tiempo inmemorial, que se vienen transmitiendo de generación en generación.

El único testimonio escrito que conocemos es el que nos aporta una teja procedente del tejado de la primera Iglesia. En su cobija data el año 807 y CIDE AGOMEDOSA.

Nos remonta al tiempo de los romanos. Alguien pudiera preguntarse, ¿también estuvieron aquí? Claro que sí. Muy cerca del pueblo. En el valle de Zamanzas dejaron sus huellas. Construyeron el puente romano de la carretera sobre el río Ebro.

El mismo Villarcayo, tan sólo a unos kilómetros de distancia nos habla de la presencia romana. Y lo hace a través de su nombre que le recibe de un patricio romano llamado Arcadio. Tenía una casa en este lugar a la que se conocía con el nombre de Villa de Arcadio. Producidas las asimilaciones de ambas palabras nace el nombre de Villarcayo.

Cerca de Reinosa, el pueblo de Retortillo, se conocía en la antigüedad como CIUDAD JULIOBRIGA. En sus alrededores se han hecho excavaciones y se ha encontrado un pequeño poblamiento. Ahí quedan los cimientos de los edificios, divisiones de las casas, unas columnas. Entre estos vestigios algunos utensilios que empleaban en su vida diaria. Tienen valor histórico.

Argomedo podía ser un buen punto estratégico para ellos, junto con el pueblo de Castrillo por su situación geográfica. Esto explica su presencia sobre todo con miras ¿tal vez al mar?, ¿a tierras más cálidas? Bien,  estos planes no fueron posibles para ellos, porque los cántabros – no olvidemos que en aquellos años este territorio era Cantabria – aguerridos y valientes les ofrecieron toda clase de resistencias e impidieron conseguirlo. Cerca de Reinosa sufrieron la derrota mayor. Dice el Hermano Gonzalo Sainz en su libro de Santa Gadea de Alfoz que el griego Estrabon que acompañaba a los romanos, habla de la gran valentía de los cántabros, con expresiones como éstas: “El cántabro no acostumbrado al yugo”,  “es belicoso, antes indómito”. Cualidades imprescindibles para la guerra.

Seguimos soñando y esperamos que un día de una forma buscada o inesperada asome algún pequeño vestigio del que se pueda tirar y nos lleve a confirmar esta afirmación de su presencia. Entre tanto que esta expresión no se pierda. Usarla de vez en cuando para que los venideros la sigan transmitiendo.

A título de curiosidad y por la relación que tiene con este tema comentar que en Madrid hay una calle que ostenta el título de ARGOMEDOSA. La pregunta no se hace esperar. ¿Qué relación pudo tener con este pueblo? Pues si eso de la casualidad no existe, se nos antoja pensar con cierta lógica que algún personaje romano con alguna graduación por ser un mando militar o de desempeñar un cargo público en la administración del imperio viviera en algún tiempo en esta ciudad. –Así denominada por ellos- y que más tarde este personaje se trasladara a Madrid y allí disfrutara de una villa o de una residencia (si estaba fuera de la ciudad) a la que bautiza con el apellido de Argomedosa. Si así fuese el innominado patricio con un buen recuerdo de su estancia en estas tierras y en una especie de agradecimiento quiere perpetuarlo con el nombre de la ciudad en la que anteriormente había vivido.

También pasado algún tiempo cuando la villa de Madrid crecía a menos velocidad pero sí lo suficientemente para la división de zonas, nombre de calles, plazas y alamedas, aquella villa le iba dar su nombre a esta nueva calle.

Ni que decir tiene que a nuestro pueblo de Argomedo le honra, pues de esa misma raíz nació el suyo.

Como has leído a la mitad del capítulo podrás apreciar que es el mismo caso que el nombre de Villarcayo, solamente que al revés en la dirección del lugar. Un patricio que viene y otro patricio que va. El primero al citado lugar y el segundo a Madrid.

Saludos de este pueblo de Argomedo a los residentes de LA CALLE ARGOMEDOSA DE MADRID.

PRESENCIA ARABE.  LOS CASTILLOS

De su presencia se puede afirmar y confirmar con testimonios evidentes. Proceden de Oriente Medio y se les conoce con el nombre de Moros, enseguida fundaron poderosos reinos en África y desde ésta dieron el salto a la península de los íberos. De raza semita y religión musulmana. Por lo que nos remontamos a los orígenes de este pueblo que nace con el patriarca Abrahán. Tuvo dos mujeres, la una Sara, de la que nace su hijo Isaac, que va a dar origen a la descendencia israelita y la otra mujer, Agar, de la que nace su hijo Ismael que dio origen a los árabes. Alcanzaron y vivieron en todas las zonas y regiones de España. En algunas su presencia fue grande y posiblemente pacífica. En esta zona por desgracia no fue así. En el año 830 Abderramán II llega con sus tropas, asola la región y derrota sangrientamente a los cristianos de Sotoscueva. ¡Vaya si les tocaría algo a este pueblo de Argomedo!

El suelo de Valdebezana está sellado de muchas referencias que le relacionan con su presencia.

En este pueblo dejaron su huella, recogida en el tiempo con  denominación del término LA HOYA DE LA MORISCA. (Moriscos son los árabes que se quedaron en España y abrazaron la religión cristiana).

CASTILLEJO es otro término del pueblo, llamado así porque su edificación sobre una peña, en un lugar estratégico y de paso lo convertían en una plaza fuerte para defenderse del invasor. ¿De los moros?, ¿de señoríos o poderíos que en sus guerras intestinas disputaban sus tierras? Posiblemente de ambos. Allí estaba el castillo. Por supuesto castillo y reconquista son dos términos complementarios.

La cumbre de la peña Castillejo.

La cumbre de la peña Castillejo

Había otro en la cordillera de TUREÑA, perteneciente a este valle. Le relacionaban con las invasiones árabes y en torno a él se forjó una antigua leyenda, de que su interior escondía grandes tesoros. Leyenda que se ha ido transmitiendo de una copla de la que sólo se conoce su estribillo. Dice así: “Ay Tureña, Tureña, cuanto oro y plata en ti se encierra”. He preguntado a varias personas y nadie se acuerda de más.

Por ser el más desconocido entre los habitantes del lugar, Munilla al que pertenece y también del valle, incluso a punto de perderse su tradición oral, cito a D. Aquilino Fernández de este pueblo de Argomedo que nos recuerda las visitas que, cuando era niño organizaba la escuela con su maestro D. Elías y cómo algunos años visitaron esta peña del castillo de Tureña.

Dada su proximidad merece una referencia especial el CASTILLO DE CASTRILLO Y RIAÑO. Los habitantes de la zona desde tiempo inmemorial así han conocido esta montaña. Tiene una altitud aproximada de unos 950 metros. Su base es amplia y forma un cono natural casi perfecto. Le remata un peñasco de piedra caliza cuyo diámetro en la cumbre es de unos 50 metros de circunferencia. Alrededor de él se adhiere una especie de anillo que constituye el soporte de una llanura considerable, de varios metros de distancia de su eje. Esto es lo que llama la atención e induce a pensar que esa superficie ha sido transformada para ser la base de alguna edificación. Por la parte este tiene su acceso natural. De él no se conserva nada.

Las personas mayores recuerdan bien este lugar porque de niños con alguna frecuencia le visitaban, incluso se había convertido en una visita obligatoria de la escuela con la explicación sobre el terreno del maestro. Don Alejandro Fernández recuerda haber encontrado en más de una ocasión alguna piedrecita grabada con una cruz. Naturalmente se trataba de un fósil. El día que me acerqué a conocer este lugar encontré también en la misma cumbre un caracol de mar fosilizado.

¿Puede tener alguna relación con la ciudad Argomedosa? Por tanto ¿de un asentamiento romano? Quizás más bien de la presencia árabe a juzgar por uno de los términos contiguos a él. Su nombre de “LA MORISCA” que así se llama confirma esta presencia que intuimos.

En este castillo como en otros las leyendas de sus tesoros de oro y plata, encerrados en ellos, han abundado y han sido notorias. De ahí que sus habitantes no repararan en esfuerzos y trabajos para buscarlos. ¡Y manos a la obra! Hacia el año 1.802 se intentó esta tarea. Pretendían hacer un túnel que llegara a la cámara interior donde podía guardarse. Intento frustrado porque al poco de comenzar desistieron. Dos señoras del pueblo Doña Leonor Varona y Doña Herminia Sáiz, testigos de esta tradición oral lo cuentan con abundancia de detalles.

Vista de castillo desde el pueblo de Castrillo

Vista del castillo desde la ermita de ánimas

Vista del castillo desde la ermita de ánimas

 

Vista de castillo desde el pueblo de Castrillo

El pueblo de Castrillo desde la cumbre del castillo El pueblo de Riaño visto desde el mismo castillo.

El pueblo de Castrillo desde la cumbre del castillo

El pueblo de Riaño visto desde el mismo castillo

 

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