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Homilías |
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Encuentro de Cofradías y Hermandades
Parroquia de S. Pedro Ap., de Lerma - 19 abril 2008 |
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1.
Acabamos de escuchar el relato de un acontecimiento que conmovió
profundamente la mentalidad y el corazón de san Pablo y del que Dios se
sirvió para clarificarle cuáles eran los planes que tenía sobre él. El
acontecimiento no es otro que el rechazo de Jesús como Mesías y
Salvador, por gran parte del pueblo judío. Pablo, que era judío y había
sido fariseo celoso antes de su conversión en el camino de Damasco,
esperaba que el cristianismo arraigara entre los judíos de un modo tan
natural, que la sinagoga entera desembocara en forma pacífica en el
Evangelio. Sin embargo, fue testigo de la infidelidad de gran parte del
pueblo elegido.
Dios se sirvió de este rechazo para convertirle en apóstol de los
gentiles, es decir, de los que no descendían de Abraham ni pertenecían a
la Primera Alianza. Ciertamente, la evangelización de los gentiles no
fue una consecuencia del endurecimiento de los judíos. Pero Dios se
sirvió de él para poner de manifiesto el carácter universal del
cristianismo, que ofrece a todos los hombres la única gracia que puede
salvarles. De hecho, cuando Pablo y Bernabé llegaban a una ciudad para
predicar el Evangelio, comenzaban evangelizando a los judíos, a pesar de
que en casi todas se repitió lo mismo que en la sinagoga de Antioquía de
Pisidia, lugar donde se desarrolló la predicación de Pablo en esta
ocasión: Pablo presentaba a Jesucristo como el Mesías y Salvador que
habían anunciado la Ley y los Profetas, y la gran mayoría de los judíos
rechazaba esta doctrina. Más aún, muchas veces, echaron a Pablo de la
ciudad y, en más de una ocasión, intentaron matarle.
Con todo, el rechazo judío no impidió que se cumpliese el plan salvador
de Dios. Baste pensar que san Pablo llenó de comunidades cristianas todo
el litoral del Mediterráneo y muchas ciudades del interior del Asia
Menor. Si los judíos rechazaron la doctrina y la Persona de Cristo como
su Salvador, los gentiles la acogieron con fe, se bautizaron y se
convirtieron en el Nuevo Pueblo de Dios.
2. Estos hechos se repiten de nuevo ante nosotros. Mucha gente de
Europa, España y Burgos, en lugar de ser fieles al cristianismo y
proseguir propagando la fe cristiana, se están alejando de Jesucristo.
Más aún, frecuentemente se oponen a Él con una violencia verbal y
existencial desconcertante. No es fácil comprender esta apostasía
masiva. Al contrario, resulta muy difícil, porque el cristianismo ha
hecho de Europa un Continente en el que ha arraigado una cultura
antropológica excepcional, que ve en la persona humana una realidad
sagrada, por cuanto es imagen y semejanza de Dios. De ahí deriva la
radical igualdad de todos los hombres entre sí y por ello también entre
varón y mujer, aunque sean sexualmente distintos.
Esta concepción del hombre encontró un aliado decisivo en la fe en
Jesucristo. No sólo porque él ratificó esta originaria condición del
hombre, sino porque la elevó a un grado insospechado. Primero, muriendo
por la salvación de todos, sin excluir ni privilegiar a nadie; luego,
haciendo de los bautizados, hijos de Dios y hermanos entre sí.
Gracias a la fe cristiana, en Europa se consolidaron el matrimonio, la
familia, el valor de la vida en todas sus fases, el respeto a los bienes
y a la fama del prójimo, y la justicia en las relaciones humanas.
Gracias a ese fe en Jesucristo, Europa y España no conocieron el drama
lacerante de la esclavitud y pudieron alumbrar Estados democráticos.
Porque, si todos los hombres son iguales ante la ley, es porque todos
los hombres son iguales en dignidad y nadie es más persona que el
vecino.
De esas raíces brotaron obras prodigiosas de literatura, pintura,
arquitectura y escultura. Lerma es una prueba fehaciente de ello, como
atestigua esta iglesia de san Juan y los conocidísimos monasterios de
Madres Clarisas, Dominicas y Carmelitas.
Todo este valiosísimo patrimonio de cultura y vida está siendo
dilapidado. El matrimonio está siendo suplantado por el divorcio y las
uniones de hecho; las familias, apenas tienen hijos y en muchos casos
han dejado de ser las primeras y principales trasmisoras de la fe; la
vida humana está amenazada por la experimentación con embriones, por el
aborto y la eutanasia; el derecho de los padres a la educación ética y
religiosa de sus hijos, que es inalienable está siendo violado por
instancias públicas.
3. Todo esto es así. Todo esto es verdad. Pero esto no es la única verdad
ni toda la verdad. Gracias a Dios, hay mucha gente que está siguiendo el
ejemplo de san Pablo, y en lugar de dedicarse a lamentos estériles y
paralizantes –que nada consiguen y sólo sirven para que el mal avance y
se consolide–, prefieren seguir afirmando su fe en Jesucristo y dándola
a conocer a cuantos encuentran en el camino de su vida: a sus hijos, a
sus nietos, a sus amigos, a sus colegas de profesión. Más aún, están
redescubriendo que esa fe en Jesucristo les lleva a superar las
dificultades que surgen en todos los matrimonios, a trabajar con ilusión
y perfección, a empeñarse en la promoción de la justicia, a ser más
tolerantes con los que piensan de otro modo, a preocuparse por el bien
común, a saber perdonar y olvidar, a asumir el dolor y la muerte con
ojos nuevos, y, como consecuencia, a vivir más contentos y con más paz
interior y exterior.
4. Volvamos al ejemplo de Pablo y Bernabé que nos recordaba la primera
lectura. Ante el rechazo del Evangelio en Antioquía de Pisidia, no
concluyeron que debían dejar de anunciarlo. Al contrario, tomaron la
firme resolución de ampliar el espacio de su evangelización: sin
renunciar al pequeño territorio y población judías, se lanzaron a
anunciar a Jesucristo a todo el ancho mundo del Imperio Romano, y –con
la gracia de Dios– hicieron nacer y crecer muchas y pujantes
comunidades.
Jesucristo espera que nosotros demos a conocer su Persona y doctrina en
nuestra familia, en nuestros ambientes laborales, culturales y sociales
de todo tipo. Es posible que nuestra fe sea tal, que merezca el mismo
cariñoso reproche hecho a Felipe: «Hace tanto que estoy con vosotros ¿y
no me conocéis?», pero tengamos la certeza de que también nos dice: «Os
aseguro que el que cree en Mí, hará las obras que Yo hago y aún
mayores». Tengamos la certeza de que si somos cofrades apostólicos y
coherentes, muchos amigos y conocidos encontrarán o reencontrarán a
Jesucristo.
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Mensajes |
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La libertad religiosa, un derecho inviolable de la persona
Cope - 6 abril
2008 |
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Desde hace algún tiempo, la libertad religiosa es un tema recurrente en
los medios de comunicación, en los escritos del mundo universitario y en
declaraciones de gente dedicada profesionalmente a la política. No es
infrecuente que el tema se aborde con superficialidad y apasionamiento.
Más aún, que se viertan juicios claramente erróneos.
Por ejemplo, se dice sin el menor empacho que cada uno es libre de
profesar la religión que prefiera o no profesar ninguna. Pero se añade
de inmediato que el ejercicio de esa profesión religiosa ha de
realizarse en el ámbito de la propia conciencia, y que en modo alguno
puede llevarse a la esfera de los diversos campos y actividades
profesionales y sociales. Actuar en la vida pública conforme a los
postulados de una determinada fe religiosa pondría en peligro la vida
democrática de la sociedad y quebraría la neutralidad propia de un
estado aconfesional y laico.
Semejante razonamiento pone de manifiesto que se desconoce la
naturaleza, los fundamentos y los ámbitos de la libertad religiosa; o
–lo cual sería mucho más grave– que se conocen, pero que no se quieren
reconocer. El desconocimiento es aún mayor cuando se aborda el papel que
le corresponde al Estado en la regulación de la libertad religiosa y
cuál es el campo y nivel de actuación de la autoridad civil.
El Concilio Vaticano II aporta una doctrina muy clarificadora y
sumamente actual en la «Declaración sobre la libertad religiosa». Allí
se hacen, entre otras, estas tres afirmaciones fundamentales. Primera:
la libertad religiosa es un derecho inalienable de la persona humana.
Segunda: el fundamento de ese derecho es de orden racional. Tercera: el
Estado debe respetar y favorecer la vida religiosa de los ciudadanos,
pero no le pertenece dirigir o impedir los actos religiosos.
Respecto a la que la libertad religiosa como derecho inherente a la
persona humana no puede ser más explícito: «Este Concilio declara –dice
el artículo 2 de la citada Declaración– que la persona humana tiene
derecho a la libertad religiosa». Libertad que «consiste en que todos
los hombres deben estar inmunes de coacción, tanto por parte de personas
individuales como de grupos sociales y de cualquier potestad humana».
Más aún, debe estarlo «de tal manera, que en materia religiosa ni se
obligue a nadie a obrar contra su conciencia ni se le impida que actúe
conforme a ella, tanto en privado como en público, solo o asociado con
otros, dentro de los límites debidos»
Respecto al fundamento de esta libertad, también es sumamente explícito:
«El Concilio declara además que el derecho a la libertad religiosa está
realmente fundado en la dignidad misma de la persona humana, tal y como
se reconoce por la misma razón natural». Consiguientemente, este derecho
ha de ser recogido en el ordenamiento jurídico de la sociedad, de modo
que se convierta en un derecho civil.
Por último, en cuanto a la competencia del Estado respecto al ejercicio
de este derecho de la persona, el Concilio no admite la mínima
vacilación: «La potestad civil –cuyo fin propio es realizar el bien
común– debe, ciertamente, respetar y favorecer la vida religiosa de los
ciudadanos, pero está fuera de su esfera de competencia tratar de
dirigir o impedir los actos religiosos» (art.3).
Tiene especial importancia que el Concilio ratifique que la libertad
religiosa es un derecho que conlleva la facultad de unirse a otras
personas para formar con ellas comunidades religiosas con el fin de
profesar y practicar su religión. Salvadas las justas exigencias del
orden público, hay que asegurar que estas comunidades religiosas tengan
plena libertad para profesar su fe.
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Jornada por las vocaciones
Cope - 13 abril 2008 |
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Los primeros días del pasado mes de marzo se celebró en nuestra Facultad
de Teología un simposio internacional sobre la vocación sacerdotal. La
sesión de clausura corrió a cargo de monseñor Fernando Sebastián,
arzobispo emérito de Pamplona, que hizo un análisis de la situación de
las vocaciones en España desde la década de los cuarenta del siglo
pasado hasta nuestros días. Fue una reflexión sapiencial, llena de
claridad y profundidad. Diría más: llena de espíritu profético y de
entusiasmo apostólico.
Monseñor Sebastián no se limitó a señalar problemas. Ciertamente,
enumeró algunos especialmente importantes y nada fáciles de resolver,
como el gravísimo descenso de nacimientos, el escaso número de hijos por
matrimonio y la pérdida generalizada de valores básicos y fundamentales.
Pero fue mucho más allá y trazó una especie de mapa vocacional y las
autopistas que es preciso recorrer si queremos salir de la actual
situación de precariedad. Me parecieron muy realistas y acertadas. Por
eso, me permito señalar algunas en este día en que la Iglesia celebra la
«XLV Jornada Mundial de oración por las vocaciones».
La primera y fundamental es la conversión de nuestras comunidades
cristianas –parroquiales y no parroquiales– en comunidades vocacionales.
Se refería don Fernando a la urgente necesidad de que todos los fieles
cristianos sean conscientes de que el fomento y cuidado de las
vocaciones sacerdotales y religiosas no es asunto exclusivo de los
obispos y sacerdotes. Es toda la Iglesia la que tiene esta misión, pues
es misionera en su conjunto y en cada uno de sus miembros. El Bautismo y
la Confirmación, en efecto, dan a cada cristiano una participación en la
misión de Jesucristo y les convierten en testigos suyos y anunciadores
de su Evangelio.
Es claro que hemos dado algunos pasos en toma de conciencia de esta
realidad. Pero estamos muy lejos de haber alcanzado metas razonables.
Menos aún de estar convencidos de que sólo se remontará la presente
crisis vocacional en la medida en que las parroquias y demás comunidades
sean conscientes de ello y pongan los medios adecuados.
Esta constatación llevaba a don Fernando a una propuesta operativa,
capaz de ser puesta en marcha sin ninguna dilación: crear en todas las
parroquias de la diócesis un día semanal o mensual para pedir por las
vocaciones sacerdotales y religiosas con especial intensidad. Tampoco
veía difícil que surgieran, en las comunidades más vivas, grupos de
oración comprometidos con las vocaciones.
Su tercera propuesta tenía un gran calado pastoral. Es preciso, decía,
dar un fuerte impulso a la pastoral juvenil en todos los niveles y
estamentos. La juventud es el gran caladero de vocaciones, porque en ese
tramo de la vida surge la pregunta del sentido de la propia existencia y
la juventud se caracteriza por la generosidad, el entusiasmo y la
valentía.
Por último, proponía actuar con más decisión y audacia a la hora de
plantear la vocación sacerdotal y religiosa a los jóvenes y menos
jóvenes. El Papa nos da una pista de actuación en el Mensaje que nos ha
dirigido para esta Jornada. Se refiere él a la llamada de Pablo a ser
apóstol de los gentiles. ¿Cuántos de nosotros nos hubiéramos atrevido a
llamar al apostolado al que, de hecho a pesar de las apariencias, estaba
destinado a ser «el mayor misionero de todos los tiempos», como le
califica Benedicto XVI?
Al terminar esta reflexión, me gustaría decir a las religiosas y
religiosos de vida contemplativa que, además de pedir por las
necesidades de todo el mundo, lo hagan de modo especial por las
vocaciones sacerdotales y religiosas de nuestra diócesis.
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Siempre es posible la esperanza
Cope - 20 abril 2008 |
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Bakita era una niña de Sudán. Cuando apenas tenía nueve años, fue
secuestrada por traficantes de esclavos y golpeada. En poco tiempo fue
vendida cinco veces. Un día fue comprada para ser esclava de la madre y
de la esposa de un general. En esa casa, todos los días era azotada
hasta sangrar. Fruto de aquellas vejaciones, su cuerpo arrastró durante
toda su vida 144 cicatrices.
Cuando contaba 17 años, fue comprada por un mercader italiano para el
servicio de Callisto Legnani, cónsul de Italia en Sudán. Éste, dado el
cariz que tomaba la guerra en aquel país, volvió a Italia y se
estableció cerca de Venecia. Bakita descubrió aquí que, además de los
«dueños» terribles que había conocido, existía otro «dueño», que estaba
por encima de ellos, que era el Señor de todos los señores. Este «dueño»
era completamente distinto, pues era bueno, más aún: la bondad
personificada.
También descubrió que ese «dueño» la conocía a ella; más aún, la amaba.
Su amor por ella era tan grande, que este «dueño» había afrontado
personalmente el destino de ser maltratado y ahora la esperaba «a la
derecha de Dios Padre» ¡Ella… conocida, amada, esperada! El pecho se le
rompía de emoción. En ese momento, comenzó a vivir y a tener esperanza.
No la pequeña esperanza de encontrar dueños más humanitarios y menos
crueles, sino la esperanza de saberse definitivamente amada, sucediese
lo que sucediese. Entendió que el mundo sin ese «Señor de los señores»
es un mundo sin esperanza y donde no hay una verdadera razón para vivir.
El nuevo «dueño y señor» no era otro que el Dios de Jesucristo. ¡Valía
la pena aceptar la invitación de ser uno de su familia, ponerse a su
servicio, vivir y morir en su casa! El nueve de enero de 1890, cuando
tenía unos veinte años, recibió el Bautismo, la Confirmación y la
Primera Comunión de manos del Cardenal Patriarca de Venecia. Enseguida
entró en la Congregación de las Canosianas y unos años más tarde hizo
los votos perpetuos.
Desde aquel momento se propuso realizar con esmero dos grandes tareas:
la atención de la portería de su convento y los viajes por Italia para
exhortar a la misión. Sentía el deber y la urgencia de no guardarse para
ella el gran don que había recibido, tras su encuentro personal con
Jesucristo. Había que darlo a conocer al mayor número posible de
personas. Era preciso decir a la gente que siempre es posible la
esperanza, que cuando se descubre a Dios se descubre la única y
consistente razón de la existencia.
Un día, el «señor de todos los señores» le dio unos golpecitos en la
espalda y vino en su busca para llevarle a su casa del Cielo. Quería que
«reinara» eternamente con Él. Después de su muerte, Bakita siguió
haciendo el bien con las gentes del Véneto italiano y de otros lugares.
En alguna ocasión, incluso realizó algún milagro, que la Iglesia
reconoció de modo oficial. Su fama de santidad fue en aumento y,
finalmente, el queridísimo Juan Pablo II la canonizó.
El tipo de esclavitud que sufrió Bakita casi ha desaparecido, gracias a
Dios. Pero hay muchas otras esclavitudes, no menos dolorosas. De ellas
son víctimas tantos jóvenes y tantas otras personas menos jóvenes.
Bakita es una estrella luminosa en ese cielo terriblemente encapotado.
Estrella que orienta y estrella que ilumina cuáles son las «esperanzas»
que nos hunden en un pozo cada vez más hondo y cuáles las que
verdaderamente nos liberan y nos dan una razón para seguir esperando. Y
para seguir viviendo.
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Un discurso histórico
Cope - 20 abril 2008 |
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Como ya ocurriera en el de la universidad de Ratisbona y luego en el que
no pudo pronunciar en la de la Sapienza de Roma, en el discurso en la
ONU, durante su viaje a los Estados Unidos, Benedicto XVI ha dicho cosas
de enorme calado ético y social y ha ido a lo más nuclear de las cosas.
Núcleo que no es otro que la proclamación de la dignidad inviolable de
todas y cada una de las personas, por ser, todas y cada una, imágenes de
Dios. Independientemente de cualquier circunstancia, todo hombre o mujer
tienen unos derechos que nadie puede negar o violar. Ni los Estados, ni
los grupos de poder, ni las instituciones intermedias, ni ningún
individuo.
Los derechos humanos brotan, por tanto, no de la voluntad de los
Estados, Parlamentos o Instituciones, sino de la misma persona humana.
Por eso, son inviolables, universales y permanentes. Arrancarlos de este
contexto, significaría restringir su ámbito y ceder a una concepción
relativista, que sería la antesala de una dictadura política, cultural o
religiosa. Europa tiene sobre esto una experiencia más que dolorosa con
el nazismo y el marxismo soviético.
En el momento presente hay dos campos sobre los que esta doctrina incide
de modo especial y sobre los cuales es preciso estar especialmente
alerta: el de la libertad religiosa y el de la justicia.
Como ha dicho el Papa en el citado Discurso, «no se puede limitar la
plena garantía de la libertad religiosa al libre ejercicio del culto,
sino que ha de tener esta misma consideración la dimensión pública de la
religión». Es decir, además de la libertad de culto, la libertad
religiosa incluye «la posibilidad de que los creyentes contribuyan a la
construcción del orden social». En otras palabras: que los creyentes
puedan orientar su trabajo, sus actividades y sus compromisos sociales
según sus convicciones religiosas.
En España se dice y se escribe con frecuencia que los católicos y –con
menos insistencia y convicción– los seguidores de cualquier otra
religión tienen plena libertad para practicar en privado sus creencias.
Pero que no pueden llevarlas a la plaza pública y a las instituciones
del Estado y de la Sociedad.
Detrás de una apariencia progresista y ultrademocrática, en el fondo
late una mentalidad predemocrática, cuyos efectos serán nefastos para la
verdadera libertad, si los ciudadanos no reaccionan con valentía y
decisión. Afirmar que la razón de un creyente, por el hecho de
inspirarse también en una religión, es una razón de segundo orden y
menos desarrollada que la de quienes se profesan ateos, agnósticos o se
basan exclusivamente en argumentos a-teístas, implica no sólo considerar
que la religión es irrelevante para la persona humana, sino admitir que
ésta sólo es verdaderamente tal cuando prescinde de Dios. Ambos
supuestos son irracionales, como lo demuestra la razón y la experiencia
multisecular de la humanidad.
En cuanto a la justicia, los hechos enseñan que, a menudo, la legalidad
prevalece sobre la justicia cuando los derechos humanos se presentan
como resultado exclusivo de las medidas legislativas de quienes están en
el poder. En otras palabras, cuando los derechos humanos se presentan en
clave de legalidad, corren el riesgo de convertirse en instrumentos de
poder. También aquí es muy ilustrativo lo sucedido con el nazismo y los
marxismos soviético y chino. Para que la justicia sea justa y no se
sacrifiquen los derechos de los pobres y de las clases más
desfavorecidas en aras de los poderes económicos, políticos y
mediáticos, es imprescindible proclamar que todas las personas tienen la
misma dignidad y que esta dignidad es inviolable.
A la luz de estas ideas y en espera de la reflexión a que dará lugar el
discurso del Papa en la ONU, ya desde ahora se puede afirmar que es un
discurso histórico.
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Otras intervenciones |
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Presentación del libro sobre la Catedral
Cope - 17 abril
2008 |
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1. Me contaba un amigo que un profesor suyo de universidad, cuando
terminaba de explicar la asignatura por un libro de texto escrito por
él, exclamaba lleno de satisfacción: «Este tratado se tiene de pie».
No sé si tal valoración era justa y no meramente subjetiva. De lo que sí
estoy seguro es de que –si el libro que estamos presentando pudiera
hablar–, repetiría satisfecho y con objetividad las palabras de aquel
profesor universitario.
Se trata, en efecto, de un libro que «se tiene de pie» por el número y
calidad de colaboradores, por la belleza de su impresión, por el
esplendor de sus fotos y hasta por su envergadura global.
Por eso, no puedo menos de felicitar a sus autores y editores y a
quienes lo han financiado. De modo especial a «Diario de Burgos», de
quien partió la idea original y el que ha corrido con el peso
fundamental de seguir el curso de su publicación.
2. Esta palabra de agradecimiento tiene para mí una motivación añadida.
Es verdad que nuestra Catedral posee tal calidad que a ella se puede
aplicar –sin ninguna irreverencia– lo que los teólogos dicen de la
Santísima Virgen: «Numquam satis».Que –traducido un poco libremente–
equivale a esto: «Por mucho que se habla de mí, nunca se habla lo
suficiente».
Efectivamente, por mucho que se hable y escriba de nuestra Catedral
siempre quedan flecos y aspectos pendientes. Como ha señalado el señor
Presidente del Cabildo, don Matías Vicario, existe una amplísima
literatura sobre ella. Con todo, el libro que hoy presentamos, lejos de
ser superfluo, hace verdaderas aportaciones y servirá para que todos
conozcamos mejor nuestra Catedral.
Esto representa para mí una satisfacción muy especial. Porque aquí tiene
su Cátedra el obispo de la diócesis de Burgos: la tuvieron los obispos
que me precedieron y la tendrán los que vengan en el futuro. Ahora soy
yo quien ejerce desde ella el oficio de Maestro, Pastor y Sacerdote de
esta porción de Pueblo de Dios que vive en Burgos.
Además, la Catedral es –tanto desde el punto de vista histórico como
teológico–, la madre de las demás iglesias de la diócesis. Y, por ello,
la iglesia de todos los burgaleses: pastores y fieles; y el centro de
unidad y comunión de nuestra Iglesia local.
Por todo esto, permitidme que os diga, desde lo más profundo de mi
corazón, un sincero y afectuoso ¡MUCHÍSIMAS GRACIAS! ¡Que Dios os pague
todo lo que habéis hecho para que –quienes creemos en Él– seamos más
conscientes de que nuestra Catedral es un canto a su gloria y una
construcción en la que podemos tributarle nuestro culto de adoración y
acción de gracias! |
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Agenda |
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Abril de 2008 |
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1. |
Visitas. |
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2-6. |
Participa en la Asamblea del
Pontificio Consejo para la Familia en Roma. |
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7. |
Visitas. Comisión permanente
del Consejo Episcopal de Gobierno. Participa en la ponencia del
sacerdote D. José Luis Lastra “a los diez
años del Sínodo” en la Facultad de Teología.
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8. |
Visitas. Por la tarde
participa en una conferencia de María Paz Martínez: “respetar y acoger
la vida es siempre un don” con motivo de la jornada por la vida. |
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9. |
Visita Pastoral al
arciprestazgo del Vena: parroquia de San Juan Bautista de Burgos y Villalonquéjar. |
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10. |
Visita Pastoral al
arciprestazgo del Vena: parroquia de San Juan Bautista de Burgos. |
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11. |
Visitas. Firma en la
Catedral un convenio con Caja Círculo para la restauración de la capilla
de la Natividad. Por la tarde administra el sacramento de la
Confirmación en la parroquia de Santo Domingo de Guzmán de Aranda. |
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12. |
Participa en la ordenación
episcopal de Mons. Mario Iceta
Gavicagogeascoa como obispo auxiliar de Bilbao. Por la tarde encuentro
con seminaristas y jóvenes con inquietud vocacional en Royuela de
Riofranco. |
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13. |
Visita Pastoral al
arciprestazgo del Vena: parroquia de San Juan Bautista de Burgos. Por la
tarde asiste a la obra de teatro musical “el Reino es de ellos” en la
Casa de Cultura de Gamonal representada por familias de la parroquia San
Juan Evangelista de Burgos. |
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14. |
Participa en el funeral de
la madre de Mons. Casimiro López, obispo de Segorbe-Castellón, en la Catedral de el Burgo de Osma. Por la
tarde preside la Santa Misa y la conferencia con motivo de la Jornada de
preparación de la Pascua del Enfermo en la Facultad de Teología. |
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15. |
Consejo Episcopal de Gobierno. |
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16. |
Visita Pastoral al
arciprestazgo del Vena: parroquia de La Anunciación de Burgos. |
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17. |
Participa en la presentación
del libro sobre la Catedral en el claustro de la misma. Por la tarde
presenta al Cardenal Antonio Cañizares en la conferencia que imparte en
Burgos sobre Educación para la ciudadanía. |
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18. |
Visita Pastoral al
arciprestazgo del Vena: parroquia de La Anunciación. Por la tarde
administra el sacramento de la Confirmación en Briviesca. |
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19. |
Preside la Santa Misa en el
Encuentro de Cofradías y Hermandades celebrado en Lerma. Por la tarde
visita Pastoral al Arciprestazgo del Vena: Parroquia La Anunciación. |
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20. |
Visita Pastoral al
Arciprestazgo del Vena: Parroquia La Anunciación. |
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21. |
Visitas.
Reunión con los arciprestes en el Seminario. |
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23. |
Participa en el funeral del
Cardenal Alfonso López Trujillo en Roma. |
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25. |
Participa en la inauguración
del Palacio de la Isla como sede del Instituto Castellano y Leonés de la
Lengua. Visitas. Por la tarde administra el sacramento de la
Confirmación en la parroquia de Santa Casilda de Miranda de Ebro. |
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26. |
Participa en la Asamblea
Diocesana de Caritas en su sede. Por la tarde administra el sacramento
de la Confirmación en la parroquia de Santa María de Aranda de Duero. |
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27. |
Administra el sacramento de
la Confirmación en la Parroquia de Nuestra Señora de Fátima de Burgos. |
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28. |
Visitas. |
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