El Arzobispo

 

Homilías

Encuentro de Cofradías y Hermandades

 

Otras intervenciones

Presentación del libro sobre la Catedral

 

Agenda

Abril de 2008

Mensajes

La libertad religiosa, un derecho inviolable de la persona

Jornada por las vocaciones

Siempre es posible la esperanza

Un discurso histórico

 

Homilías

Encuentro de Cofradías y Hermandades

Parroquia de S. Pedro Ap., de Lerma - 19 abril 2008

1. Acabamos de escuchar el relato de un acontecimiento que conmovió profundamente la mentalidad y el corazón de san Pablo y del que Dios se sirvió para clarificarle cuáles eran los planes que tenía sobre él. El acontecimiento no es otro que el rechazo de Jesús como Mesías y Salvador, por gran parte del pueblo judío. Pablo, que era judío y había sido fariseo celoso antes de su conversión en el camino de Damasco, esperaba que el cristianismo arraigara entre los judíos de un modo tan natural, que la sinagoga entera desembocara en forma pacífica en el Evangelio. Sin embargo, fue testigo de la infidelidad de gran parte del pueblo elegido.

Dios se sirvió de este rechazo para convertirle en apóstol de los gentiles, es decir, de los que no descendían de Abraham ni pertenecían a la Primera Alianza. Ciertamente, la evangelización de los gentiles no fue una consecuencia del endurecimiento de los judíos. Pero Dios se sirvió de él para poner de manifiesto el carácter universal del cristianismo, que ofrece a todos los hombres la única gracia que puede salvarles. De hecho, cuando Pablo y Bernabé llegaban a una ciudad para predicar el Evangelio, comenzaban evangelizando a los judíos, a pesar de que en casi todas se repitió lo mismo que en la sinagoga de Antioquía de Pisidia, lugar donde se desarrolló la predicación de Pablo en esta ocasión: Pablo presentaba a Jesucristo como el Mesías y Salvador que habían anunciado la Ley y los Profetas, y la gran mayoría de los judíos rechazaba esta doctrina. Más aún, muchas veces, echaron a Pablo de la ciudad y, en más de una ocasión, intentaron matarle.

Con todo, el rechazo judío no impidió que se cumpliese el plan salvador de Dios. Baste pensar que san Pablo llenó de comunidades cristianas todo el litoral del Mediterráneo y muchas ciudades del interior del Asia Menor. Si los judíos rechazaron la doctrina y la Persona de Cristo como su Salvador, los gentiles la acogieron con fe, se bautizaron y se convirtieron en el Nuevo Pueblo de Dios.

2. Estos hechos se repiten de nuevo ante nosotros. Mucha gente de Europa, España y Burgos, en lugar de ser fieles al cristianismo y proseguir propagando la fe cristiana, se están alejando de Jesucristo. Más aún, frecuentemente se oponen a Él con una violencia verbal y existencial desconcertante. No es fácil comprender esta apostasía masiva. Al contrario, resulta muy difícil, porque el cristianismo ha hecho de Europa un Continente en el que ha arraigado una cultura antropológica excepcional, que ve en la persona humana una realidad sagrada, por cuanto es imagen y semejanza de Dios. De ahí deriva la radical igualdad de todos los hombres entre sí y por ello también entre varón y mujer, aunque sean sexualmente distintos.

Esta concepción del hombre encontró un aliado decisivo en la fe en Jesucristo. No sólo porque él ratificó esta originaria condición del hombre, sino porque la elevó a un grado insospechado. Primero, muriendo por la salvación de todos, sin excluir ni privilegiar a nadie; luego, haciendo de los bautizados, hijos de Dios y hermanos entre sí.

Gracias a la fe cristiana, en Europa se consolidaron el matrimonio, la familia, el valor de la vida en todas sus fases, el respeto a los bienes y a la fama del prójimo, y la justicia en las relaciones humanas.
Gracias a ese fe en Jesucristo, Europa y España no conocieron el drama lacerante de la esclavitud y pudieron alumbrar Estados democráticos. Porque, si todos los hombres son iguales ante la ley, es porque todos los hombres son iguales en dignidad y nadie es más persona que el vecino.

De esas raíces brotaron obras prodigiosas de literatura, pintura, arquitectura y escultura. Lerma es una prueba fehaciente de ello, como atestigua esta iglesia de san Juan y los conocidísimos monasterios de Madres Clarisas, Dominicas y Carmelitas.

Todo este valiosísimo patrimonio de cultura y vida está siendo dilapidado. El matrimonio está siendo suplantado por el divorcio y las uniones de hecho; las familias, apenas tienen hijos y en muchos casos han dejado de ser las primeras y principales trasmisoras de la fe; la vida humana está amenazada por la experimentación con embriones, por el aborto y la eutanasia; el derecho de los padres a la educación ética y religiosa de sus hijos, que es inalienable está siendo violado por instancias públicas.

3. Todo esto es así. Todo esto es verdad. Pero esto no es la única verdad ni toda la verdad. Gracias a Dios, hay mucha gente que está siguiendo el ejemplo de san Pablo, y en lugar de dedicarse a lamentos estériles y paralizantes –que nada consiguen y sólo sirven para que el mal avance y se consolide–, prefieren seguir afirmando su fe en Jesucristo y dándola a conocer a cuantos encuentran en el camino de su vida: a sus hijos, a sus nietos, a sus amigos, a sus colegas de profesión. Más aún, están redescubriendo que esa fe en Jesucristo les lleva a superar las dificultades que surgen en todos los matrimonios, a trabajar con ilusión y perfección, a empeñarse en la promoción de la justicia, a ser más tolerantes con los que piensan de otro modo, a preocuparse por el bien común, a saber perdonar y olvidar, a asumir el dolor y la muerte con ojos nuevos, y, como consecuencia, a vivir más contentos y con más paz interior y exterior.

4. Volvamos al ejemplo de Pablo y Bernabé que nos recordaba la primera lectura. Ante el rechazo del Evangelio en Antioquía de Pisidia, no concluyeron que debían dejar de anunciarlo. Al contrario, tomaron la firme resolución de ampliar el espacio de su evangelización: sin renunciar al pequeño territorio y población judías, se lanzaron a anunciar a Jesucristo a todo el ancho mundo del Imperio Romano, y –con la gracia de Dios– hicieron nacer y crecer muchas y pujantes comunidades.

Jesucristo espera que nosotros demos a conocer su Persona y doctrina en nuestra familia, en nuestros ambientes laborales, culturales y sociales de todo tipo. Es posible que nuestra fe sea tal, que merezca el mismo cariñoso reproche hecho a Felipe: «Hace tanto que estoy con vosotros ¿y no me conocéis?», pero tengamos la certeza de que también nos dice: «Os aseguro que el que cree en Mí, hará las obras que Yo hago y aún mayores». Tengamos la certeza de que si somos cofrades apostólicos y coherentes, muchos amigos y conocidos encontrarán o reencontrarán a Jesucristo.

Mensajes

La libertad religiosa, un derecho inviolable de la persona

Cope - 6 abril 2008

Desde hace algún tiempo, la libertad religiosa es un tema recurrente en los medios de comunicación, en los escritos del mundo universitario y en declaraciones de gente dedicada profesionalmente a la política. No es infrecuente que el tema se aborde con superficialidad y apasionamiento. Más aún, que se viertan juicios claramente erróneos.

Por ejemplo, se dice sin el menor empacho que cada uno es libre de profesar la religión que prefiera o no profesar ninguna. Pero se añade de inmediato que el ejercicio de esa profesión religiosa ha de realizarse en el ámbito de la propia conciencia, y que en modo alguno puede llevarse a la esfera de los diversos campos y actividades profesionales y sociales. Actuar en la vida pública conforme a los postulados de una determinada fe religiosa pondría en peligro la vida democrática de la sociedad y quebraría la neutralidad propia de un estado aconfesional y laico.

Semejante razonamiento pone de manifiesto que se desconoce la naturaleza, los fundamentos y los ámbitos de la libertad religiosa; o –lo cual sería mucho más grave– que se conocen, pero que no se quieren reconocer. El desconocimiento es aún mayor cuando se aborda el papel que le corresponde al Estado en la regulación de la libertad religiosa y cuál es el campo y nivel de actuación de la autoridad civil.

El Concilio Vaticano II aporta una doctrina muy clarificadora y sumamente actual en la «Declaración sobre la libertad religiosa». Allí se hacen, entre otras, estas tres afirmaciones fundamentales. Primera: la libertad religiosa es un derecho inalienable de la persona humana. Segunda: el fundamento de ese derecho es de orden racional. Tercera: el Estado debe respetar y favorecer la vida religiosa de los ciudadanos, pero no le pertenece dirigir o impedir los actos religiosos.

Respecto a la que la libertad religiosa como derecho inherente a la persona humana no puede ser más explícito: «Este Concilio declara –dice el artículo 2 de la citada Declaración– que la persona humana tiene derecho a la libertad religiosa». Libertad que «consiste en que todos los hombres deben estar inmunes de coacción, tanto por parte de personas individuales como de grupos sociales y de cualquier potestad humana». Más aún, debe estarlo «de tal manera, que en materia religiosa ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia ni se le impida que actúe conforme a ella, tanto en privado como en público, solo o asociado con otros, dentro de los límites debidos»

Respecto al fundamento de esta libertad, también es sumamente explícito: «El Concilio declara además que el derecho a la libertad religiosa está realmente fundado en la dignidad misma de la persona humana, tal y como se reconoce por la misma razón natural». Consiguientemente, este derecho ha de ser recogido en el ordenamiento jurídico de la sociedad, de modo que se convierta en un derecho civil.

Por último, en cuanto a la competencia del Estado respecto al ejercicio de este derecho de la persona, el Concilio no admite la mínima vacilación: «La potestad civil –cuyo fin propio es realizar el bien común– debe, ciertamente, respetar y favorecer la vida religiosa de los ciudadanos, pero está fuera de su esfera de competencia tratar de dirigir o impedir los actos religiosos» (art.3).

Tiene especial importancia que el Concilio ratifique que la libertad religiosa es un derecho que conlleva la facultad de unirse a otras personas para formar con ellas comunidades religiosas con el fin de profesar y practicar su religión. Salvadas las justas exigencias del orden público, hay que asegurar que estas comunidades religiosas tengan plena libertad para profesar su fe.

 

Jornada por las vocaciones

Cope - 13 abril 2008

 

Los primeros días del pasado mes de marzo se celebró en nuestra Facultad de Teología un simposio internacional sobre la vocación sacerdotal. La sesión de clausura corrió a cargo de monseñor Fernando Sebastián, arzobispo emérito de Pamplona, que hizo un análisis de la situación de las vocaciones en España desde la década de los cuarenta del siglo pasado hasta nuestros días. Fue una reflexión sapiencial, llena de claridad y profundidad. Diría más: llena de espíritu profético y de entusiasmo apostólico.

Monseñor Sebastián no se limitó a señalar problemas. Ciertamente, enumeró algunos especialmente importantes y nada fáciles de resolver, como el gravísimo descenso de nacimientos, el escaso número de hijos por matrimonio y la pérdida generalizada de valores básicos y fundamentales.

Pero fue mucho más allá y trazó una especie de mapa vocacional y las autopistas que es preciso recorrer si queremos salir de la actual situación de precariedad. Me parecieron muy realistas y acertadas. Por eso, me permito señalar algunas en este día en que la Iglesia celebra la «XLV Jornada Mundial de oración por las vocaciones».

La primera y fundamental es la conversión de nuestras comunidades cristianas –parroquiales y no parroquiales– en comunidades vocacionales. Se refería don Fernando a la urgente necesidad de que todos los fieles cristianos sean conscientes de que el fomento y cuidado de las vocaciones sacerdotales y religiosas no es asunto exclusivo de los obispos y sacerdotes. Es toda la Iglesia la que tiene esta misión, pues es misionera en su conjunto y en cada uno de sus miembros. El Bautismo y la Confirmación, en efecto, dan a cada cristiano una participación en la misión de Jesucristo y les convierten en testigos suyos y anunciadores de su Evangelio.

Es claro que hemos dado algunos pasos en toma de conciencia de esta realidad. Pero estamos muy lejos de haber alcanzado metas razonables. Menos aún de estar convencidos de que sólo se remontará la presente crisis vocacional en la medida en que las parroquias y demás comunidades sean conscientes de ello y pongan los medios adecuados.

Esta constatación llevaba a don Fernando a una propuesta operativa, capaz de ser puesta en marcha sin ninguna dilación: crear en todas las parroquias de la diócesis un día semanal o mensual para pedir por las vocaciones sacerdotales y religiosas con especial intensidad. Tampoco veía difícil que surgieran, en las comunidades más vivas, grupos de oración comprometidos con las vocaciones.

Su tercera propuesta tenía un gran calado pastoral. Es preciso, decía, dar un fuerte impulso a la pastoral juvenil en todos los niveles y estamentos. La juventud es el gran caladero de vocaciones, porque en ese tramo de la vida surge la pregunta del sentido de la propia existencia y la juventud se caracteriza por la generosidad, el entusiasmo y la valentía.

Por último, proponía actuar con más decisión y audacia a la hora de plantear la vocación sacerdotal y religiosa a los jóvenes y menos jóvenes. El Papa nos da una pista de actuación en el Mensaje que nos ha dirigido para esta Jornada. Se refiere él a la llamada de Pablo a ser apóstol de los gentiles. ¿Cuántos de nosotros nos hubiéramos atrevido a llamar al apostolado al que, de hecho a pesar de las apariencias, estaba destinado a ser «el mayor misionero de todos los tiempos», como le califica Benedicto XVI?

Al terminar esta reflexión, me gustaría decir a las religiosas y religiosos de vida contemplativa que, además de pedir por las necesidades de todo el mundo, lo hagan de modo especial por las vocaciones sacerdotales y religiosas de nuestra diócesis.

 

Siempre es posible la esperanza

Cope - 20 abril 2008

Bakita era una niña de Sudán. Cuando apenas tenía nueve años, fue secuestrada por traficantes de esclavos y golpeada. En poco tiempo fue vendida cinco veces. Un día fue comprada para ser esclava de la madre y de la esposa de un general. En esa casa, todos los días era azotada hasta sangrar. Fruto de aquellas vejaciones, su cuerpo arrastró durante toda su vida 144 cicatrices.

Cuando contaba 17 años, fue comprada por un mercader italiano para el servicio de Callisto Legnani, cónsul de Italia en Sudán. Éste, dado el cariz que tomaba la guerra en aquel país, volvió a Italia y se estableció cerca de Venecia. Bakita descubrió aquí que, además de los «dueños» terribles que había conocido, existía otro «dueño», que estaba por encima de ellos, que era el Señor de todos los señores. Este «dueño» era completamente distinto, pues era bueno, más aún: la bondad personificada.

También descubrió que ese «dueño» la conocía a ella; más aún, la amaba. Su amor por ella era tan grande, que este «dueño» había afrontado personalmente el destino de ser maltratado y ahora la esperaba «a la derecha de Dios Padre» ¡Ella… conocida, amada, esperada! El pecho se le rompía de emoción. En ese momento, comenzó a vivir y a tener esperanza. No la pequeña esperanza de encontrar dueños más humanitarios y menos crueles, sino la esperanza de saberse definitivamente amada, sucediese lo que sucediese. Entendió que el mundo sin ese «Señor de los señores» es un mundo sin esperanza y donde no hay una verdadera razón para vivir.

El nuevo «dueño y señor» no era otro que el Dios de Jesucristo. ¡Valía la pena aceptar la invitación de ser uno de su familia, ponerse a su servicio, vivir y morir en su casa! El nueve de enero de 1890, cuando tenía unos veinte años, recibió el Bautismo, la Confirmación y la Primera Comunión de manos del Cardenal Patriarca de Venecia. Enseguida entró en la Congregación de las Canosianas y unos años más tarde hizo los votos perpetuos.

Desde aquel momento se propuso realizar con esmero dos grandes tareas: la atención de la portería de su convento y los viajes por Italia para exhortar a la misión. Sentía el deber y la urgencia de no guardarse para ella el gran don que había recibido, tras su encuentro personal con Jesucristo. Había que darlo a conocer al mayor número posible de personas. Era preciso decir a la gente que siempre es posible la esperanza, que cuando se descubre a Dios se descubre la única y consistente razón de la existencia.

Un día, el «señor de todos los señores» le dio unos golpecitos en la espalda y vino en su busca para llevarle a su casa del Cielo. Quería que «reinara» eternamente con Él. Después de su muerte, Bakita siguió haciendo el bien con las gentes del Véneto italiano y de otros lugares. En alguna ocasión, incluso realizó algún milagro, que la Iglesia reconoció de modo oficial. Su fama de santidad fue en aumento y, finalmente, el queridísimo Juan Pablo II la canonizó.

El tipo de esclavitud que sufrió Bakita casi ha desaparecido, gracias a Dios. Pero hay muchas otras esclavitudes, no menos dolorosas. De ellas son víctimas tantos jóvenes y tantas otras personas menos jóvenes. Bakita es una estrella luminosa en ese cielo terriblemente encapotado. Estrella que orienta y estrella que ilumina cuáles son las «esperanzas» que nos hunden en un pozo cada vez más hondo y cuáles las que verdaderamente nos liberan y nos dan una razón para seguir esperando. Y para seguir viviendo.

 

Un discurso histórico

Cope - 20 abril 2008

Como ya ocurriera en el de la universidad de Ratisbona y luego en el que no pudo pronunciar en la de la Sapienza de Roma, en el discurso en la ONU, durante su viaje a los Estados Unidos, Benedicto XVI ha dicho cosas de enorme calado ético y social y ha ido a lo más nuclear de las cosas. Núcleo que no es otro que la proclamación de la dignidad inviolable de todas y cada una de las personas, por ser, todas y cada una, imágenes de Dios. Independientemente de cualquier circunstancia, todo hombre o mujer tienen unos derechos que nadie puede negar o violar. Ni los Estados, ni los grupos de poder, ni las instituciones intermedias, ni ningún individuo.

Los derechos humanos brotan, por tanto, no de la voluntad de los Estados, Parlamentos o Instituciones, sino de la misma persona humana. Por eso, son inviolables, universales y permanentes. Arrancarlos de este contexto, significaría restringir su ámbito y ceder a una concepción relativista, que sería la antesala de una dictadura política, cultural o religiosa. Europa tiene sobre esto una experiencia más que dolorosa con el nazismo y el marxismo soviético.

En el momento presente hay dos campos sobre los que esta doctrina incide de modo especial y sobre los cuales es preciso estar especialmente alerta: el de la libertad religiosa y el de la justicia.

Como ha dicho el Papa en el citado Discurso, «no se puede limitar la plena garantía de la libertad religiosa al libre ejercicio del culto, sino que ha de tener esta misma consideración la dimensión pública de la religión». Es decir, además de la libertad de culto, la libertad religiosa incluye «la posibilidad de que los creyentes contribuyan a la construcción del orden social». En otras palabras: que los creyentes puedan orientar su trabajo, sus actividades y sus compromisos sociales según sus convicciones religiosas.

En España se dice y se escribe con frecuencia que los católicos y –con menos insistencia y convicción– los seguidores de cualquier otra religión tienen plena libertad para practicar en privado sus creencias. Pero que no pueden llevarlas a la plaza pública y a las instituciones del Estado y de la Sociedad.

Detrás de una apariencia progresista y ultrademocrática, en el fondo late una mentalidad predemocrática, cuyos efectos serán nefastos para la verdadera libertad, si los ciudadanos no reaccionan con valentía y decisión. Afirmar que la razón de un creyente, por el hecho de inspirarse también en una religión, es una razón de segundo orden y menos desarrollada que la de quienes se profesan ateos, agnósticos o se basan exclusivamente en argumentos a-teístas, implica no sólo considerar que la religión es irrelevante para la persona humana, sino admitir que ésta sólo es verdaderamente tal cuando prescinde de Dios. Ambos supuestos son irracionales, como lo demuestra la razón y la experiencia multisecular de la humanidad.

En cuanto a la justicia, los hechos enseñan que, a menudo, la legalidad prevalece sobre la justicia cuando los derechos humanos se presentan como resultado exclusivo de las medidas legislativas de quienes están en el poder. En otras palabras, cuando los derechos humanos se presentan en clave de legalidad, corren el riesgo de convertirse en instrumentos de poder. También aquí es muy ilustrativo lo sucedido con el nazismo y los marxismos soviético y chino. Para que la justicia sea justa y no se sacrifiquen los derechos de los pobres y de las clases más desfavorecidas en aras de los poderes económicos, políticos y mediáticos, es imprescindible proclamar que todas las personas tienen la misma dignidad y que esta dignidad es inviolable.

A la luz de estas ideas y en espera de la reflexión a que dará lugar el discurso del Papa en la ONU, ya desde ahora se puede afirmar que es un discurso histórico.

 

Otras intervenciones

Presentación del libro sobre la Catedral

Cope - 17 abril 2008

1. Me contaba un amigo que un profesor suyo de universidad, cuando terminaba de explicar la asignatura por un libro de texto escrito por él, exclamaba lleno de satisfacción: «Este tratado se tiene de pie».

No sé si tal valoración era justa y no meramente subjetiva. De lo que sí estoy seguro es de que –si el libro que estamos presentando pudiera hablar–, repetiría satisfecho y con objetividad las palabras de aquel profesor universitario.

Se trata, en efecto, de un libro que «se tiene de pie» por el número y calidad de colaboradores, por la belleza de su impresión, por el esplendor de sus fotos y hasta por su envergadura global.
Por eso, no puedo menos de felicitar a sus autores y editores y a quienes lo han financiado. De modo especial a «Diario de Burgos», de quien partió la idea original y el que ha corrido con el peso fundamental de seguir el curso de su publicación.

2. Esta palabra de agradecimiento tiene para mí una motivación añadida. Es verdad que nuestra Catedral posee tal calidad que a ella se puede aplicar –sin ninguna irreverencia– lo que los teólogos dicen de la Santísima Virgen: «Numquam satis».Que –traducido un poco libremente– equivale a esto: «Por mucho que se habla de mí, nunca se habla lo suficiente».

Efectivamente, por mucho que se hable y escriba de nuestra Catedral siempre quedan flecos y aspectos pendientes. Como ha señalado el señor Presidente del Cabildo, don Matías Vicario, existe una amplísima literatura sobre ella. Con todo, el libro que hoy presentamos, lejos de ser superfluo, hace verdaderas aportaciones y servirá para que todos conozcamos mejor nuestra Catedral.

Esto representa para mí una satisfacción muy especial. Porque aquí tiene su Cátedra el obispo de la diócesis de Burgos: la tuvieron los obispos que me precedieron y la tendrán los que vengan en el futuro. Ahora soy yo quien ejerce desde ella el oficio de Maestro, Pastor y Sacerdote de esta porción de Pueblo de Dios que vive en Burgos.

Además, la Catedral es –tanto desde el punto de vista histórico como teológico–, la madre de las demás iglesias de la diócesis. Y, por ello, la iglesia de todos los burgaleses: pastores y fieles; y el centro de unidad y comunión de nuestra Iglesia local.

Por todo esto, permitidme que os diga, desde lo más profundo de mi corazón, un sincero y afectuoso ¡MUCHÍSIMAS GRACIAS! ¡Que Dios os pague todo lo que habéis hecho para que –quienes creemos en Él– seamos más conscientes de que nuestra Catedral es un canto a su gloria y una construcción en la que podemos tributarle nuestro culto de adoración y acción de gracias!

 

Agenda

 

Abril de 2008

1.

Visitas.

2-6.

Participa en la Asamblea del Pontificio Consejo para la Familia en Roma.

7.

Visitas. Comisión permanente del Consejo Episcopal de Gobierno. Participa en la ponencia del sacerdote D. José Luis Lastra “a los diez años del Sínodo” en la Facultad de Teología.

8.

Visitas. Por la tarde participa en una conferencia de María Paz Martínez: “respetar y acoger la vida es siempre un don” con motivo de la jornada por la vida.

9.

Visita Pastoral al arciprestazgo del Vena: parroquia de San Juan Bautista de Burgos y Villalonquéjar.

10.

Visita Pastoral al arciprestazgo del Vena: parroquia de San Juan Bautista de Burgos.

11.

Visitas. Firma en la Catedral un convenio con Caja Círculo para la restauración de la capilla de la Natividad. Por la tarde administra el sacramento de la Confirmación en la parroquia de Santo Domingo de Guzmán de Aranda.

12.

Participa en la ordenación episcopal de Mons. Mario Iceta Gavicagogeascoa como obispo auxiliar de Bilbao. Por la tarde encuentro con seminaristas y jóvenes con inquietud vocacional en Royuela de Riofranco.

13.

Visita Pastoral al arciprestazgo del Vena: parroquia de San Juan Bautista de Burgos. Por la tarde asiste a la obra de teatro musical “el Reino es de ellos” en la Casa de Cultura de Gamonal representada por familias de la parroquia San Juan Evangelista de Burgos.

14.

Participa en el funeral de la madre de Mons. Casimiro López, obispo de Segorbe-Castellón, en la Catedral de el Burgo de Osma. Por la tarde preside la Santa Misa y la conferencia con motivo de la Jornada de preparación de la Pascua del Enfermo en la Facultad de Teología.

15.

Consejo Episcopal de Gobierno.

16.

Visita Pastoral al arciprestazgo del Vena: parroquia de La Anunciación de Burgos.

17.

Participa en la presentación del libro sobre la Catedral en el claustro de la misma. Por la tarde presenta al Cardenal Antonio Cañizares en la conferencia que imparte en Burgos sobre Educación para la ciudadanía.

18.

Visita Pastoral al arciprestazgo del Vena: parroquia de La Anunciación. Por la tarde administra el sacramento de la Confirmación en Briviesca.

19.

Preside la Santa Misa en el Encuentro de Cofradías y Hermandades celebrado en Lerma. Por la tarde visita Pastoral al Arciprestazgo del Vena: Parroquia La Anunciación.

20.

Visita Pastoral al Arciprestazgo del Vena: Parroquia La Anunciación.

21.

Visitas. Reunión con los arciprestes en el Seminario.

23.

Participa en el funeral del Cardenal Alfonso López Trujillo en Roma.

25.

Participa en la inauguración del Palacio de la Isla como sede del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua. Visitas. Por la tarde administra el sacramento de la Confirmación en la parroquia de Santa Casilda de Miranda de Ebro.

26.

Participa en la Asamblea Diocesana de Caritas en su sede. Por la tarde administra el sacramento de la Confirmación en la parroquia de Santa María de Aranda de Duero.

27.

Administra el sacramento de la Confirmación en la Parroquia de Nuestra Señora de Fátima de Burgos.

28.

Visitas.

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