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EL
BEATO PADRE ALFREDO PARTE Y SU PATRIA CHICA
SALUDO
Desde esta página de Internet saludamos a los Padres Escolapios de esta
comarca, a todas las personas fieles que cada año nos unimos a celebrar su
fiesta, a todos los que aún no le conocen y tienen interés en saber algo de su
vida y muy especialmente a todos los del pueblo de
Cilleruelo de Bricia que con
tanta hospitalidad nos acogen el día de su fiesta.
Un día comentando la página de la parroquia de Argomedo, con la
desaparición como trasfondo de la imagen de Santa María la Mayor, unos
feligreses de la Parroquia, fieles devotos del Beato, apuntaron la posibilidad
de que se realizara otra con un
recuerdo homenaje al P. Alfredo. Basta que es de nuestra comarca, a la que ha
enaltecido sobre manera y a la vez el ruego de la búsqueda de la imagen. Feliz
ocurrencia cargada de razones. Aquí la tienes servida. Nuestro deseo es que
todos los de nuestra comarca lo conozcan.
Para que te sea más fácil está dispuesta así:
1. Datos históricos de su vida
2. El Beato Alfredo Parte y su paisanaje
a.
Comienzo del proceso y tiempo de espera
b. Aprobación del Proceso por el Papa y fecha de su beatificación
c. Exhumación de sus restos de la Cripta de la Iglesia del Santísimo Cristo de Santander
e. Homenaje en su pueblo natal
f. Homenaje en el colegio de Villacarriedo con la dedicación de su capilla en la que descansa en paz
5. Bibliografía
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ORACIÓN
SEÑOR, Fuerza
permanente en tu Iglesia, que colmaste CONCÉDENOS Que,
con su ejemplo y con su ayuda,
Por
Jesucristo Nuestro Señor: Amén. Te pedimos por su intercesión la gracia de .......................................................
COMUNICAR
LOS FAVORES RECIBIDOS A CURIA PROVINCIAL. C/ GAZTAMBIDE, 65 – 28015 MADRID |
Sacerdote
Escolapio
El P. Alfredo se nos presenta como
un testigo de Cristo en estos tiempos modernos, víctima de la intolerancia que
desencadenó la dura guerra civil española en los años 1.936-39.
En unas cuantas palabras vamos a sintetizar la vida del Beato Alfredo.
FAMILIA CRISTIANA.
Nace en Cilleruelo de Bricia (Burgos), el dos de junio de 1.899, en el seno de
una numerosa familia cristiana de siete hijos. Él era el mayor. Sus padres:
Castor y Justa.
SACERDOTE ESCOLAPIO.
De niño quiso seguir a Jesús de Nazaret, imitando a S. José de Calasanz,
dedicando su vida a la educación cristiana. Y se ordena Sacerdote en Palencia,
en 1.928.
GESTO.
Una enfermedad en el fémur le dejó cojo cuando tenía 18 años. Eso le impidió
compartir el deporte con sus alumnos, expresando el carácter alegre que tenía.
Además, esa enfermedad originó una de las anécdotas más significativas y
espontáneas de su martirio. Viéndole cojo los milicianos, quisieron ayudarle a
subir a la cubierta del barco para fusilarle. A lo que él respondió. “Hasta
ahora he necesitado cachava, pero para subir hacia Dios no necesito cachava”.
Y la arrojó, trepando como pudo hasta la cubierta.
MÁRTIR.
En su vida encontramos rasgos muy marcados del creyente, religioso, educador y
sacerdote: generoso, humilde, hombre de oración, devoto de Ntra. Sra., amigo de
los chicos, siempre estaba rodeado de ellos. Pero además fue mártir, es decir,
dio la vida por la fe. Estaba en el colegio de Villacarriedo cuando estalló la
guerra. Se refugió en la casa de su tía, pero lo cogieron preso, llevándole a
la bodega del barco Alfonso Pérez, anclado en la bahía de Santander. Pudo
disimular su condición de sacerdote pero, ante la pregunta de qué era, confesó
en voz alta oyéndolo los compañeros de bodega: “Soy sacerdote Escolapio de
Villacarriedo”. Y le fusilaron. Era el 27 de diciembre de 1.936.
BEATIFICADO.
Ante los datos claros de su martirio, Juan Pablo II le beatificó en Roma, junto
con otros doce escolapios, el 1 de octubre de 1995.
EL
BEATO P. ALFREDO PARTE Y SU PAISANAJE
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Vista panorámica de Cilleruelo de Bricia |
Como bien sabes, Cilleruelo de
Bricia es el lugar de su nacimiento y pertenece a esta comarca, relativamente
pequeña del norte de la provincia de Burgos. Limita por el norte con el valle
de Valdebezana, que es el centro geográfico de la zona. Las montañas que le
forman, son a su vez las estribaciones onduladas sobre las que se apoya la
meseta superior conocida con el nombre de somo-arriba. Justo en el mismo somo se
encuentra el pueblo del Beato. Aunque queda en un lateral, dista aproximadamente
unos 20 kilómetros de los distintos pueblos que lo forman. La distancia no es
grande y contribuye a que muchas personas se conozcan. Que haya relaciones
sociales, familiares y de todo tipo entre los pueblos. En definitiva que se
consideran paisanos unos y otros. Es de suponer que en tiempos del P. Alfredo
las relaciones fuesen menores. Los pueblos estaban más cerrados, pero que existían,
incluso con todos los pueblos de la comarca, ni que decir tiene. Los seres
humanos somos así y si cabe, un poco más, los que dignificaron tanto la
naturaleza humana y las relaciones con los otros, como han sido los santos. Con
toda verdad podemos hablar de paisanaje del P. Alfredo. Los vínculos de la
tierra, sus noticias, sus costumbres, sus modos de vida que en ellos se dan, nos
van marcando a todos con pocas diferencias. Y cuando se refieren para el bien,
menos. Todo esto empieza a vivirse desde el nacimiento y crece cada día en la
relación con los demás. En definitiva que el P. Alfredo compartió un trocito
de su vida y de esta tierra con su pueblo y con los pueblos de la comarca.
Por supuesto que no queremos patrimonializar absolutamente su persona
porque sabemos que los santos son de todos y están al servicio de todos. Pero sí
reivindicar lo que significa en su justa medida la proximidad y afinidad que con
ellos tenemos. Y a partir de esto, aún siendo de todos, le consideramos un
poquito más nuestro. No es ninguna arrogancia. El prójimo es siempre el próximo.
Somos conscientes de que estamos andando por los caminos y carreteras que él
anduvo, incluso hasta pisando algunas de sus huellas o arrancando algún tallo
de la nogala centenaria de su pueblo.
Un grupito de personas de la comarca estuvimos presentes en Roma el día
se su beatificación. Desde allí, centro universal y distante, nos parecía que
el pueblo del Beato era el nuestro y que toda la comarca era la patria chica de
él. Comprobamos fácilmente cómo los vínculos del terreno entonces nos unían
a todos y ahora lo mismo. Por eso queremos mantener y avivar este deseo con él.
Su presencia es invisible pero real. Un habitante más de la comarca, en nuestra
mente y en nuestro corazón.
EL
P. ALFREDO UNIDO A LA COMARCA
Éstas
son nuestras razones para pensar así. Sabemos de sus lazos y vínculos de unión
con su pueblo. De las relaciones con sus compañeros escolapios de su alrededor.
Visitaba Bezana, Cilleruelo, Virtus, Las Cabañas, Soncillo... por decir
algunos, pues eran pocos los pueblos donde no había algún escolapio. Es la
tierra santa, así conocida entre ellos, o el lago de “Genesaret” por el
pantano.
Sus hermanos, sobrinos y
familiares viven en distintos pueblos de la zona. En verano aprovechaba para ir
a visitarles. Conoce a más pueblos y más gentes. También caminos, carreteras,
sendas y atajos para llegar a ellos. Al hilo del atajo me evoca la visita que
hizo a su hermana Obdulia y a sus tíos que vivían en Montejo (recuerdo con qué
gracia lo contaba su hermana), le acompañaba su madre y al cruzar por el atajo,
atravesando la dehesa, un valle grande de robles del pueblo, tropezó en algún
palo cruzado y se cayó. Su madre se alarmó un poco, por la enfermedad de su fémur
quebradizo y al levantarse, con el mejor humor le contestó: “No te preocupes
que Cristo se cayó tres veces”.
Muchos niños y jóvenes de la
comarca –todavía es el caso- estudiaron en su colegio de Villacarriedo. Tengo
un feligrés en una parroquia que le conocía personalmente. En más de una
ocasión este niño –hoy tiene ochenta y cinco años- haría valer su condición
de proximidad con estas o parecidas palabras: “Si este escolapio es de cerca
de mi pueblo”. Y qué decir de los padres cuando dejaban a sus hijos, ¿no harían
la misma presentación con el que somos paisanos P. Alfredo? Pues claro que sí.
Los vínculos de la tierra rompen barreras, aproximan y ofrecen confianzas. Por
algo y para algo sirve el paisanaje.
¡Qué hermosa esta palabra!, ¡cuánto
nos dice y nos ayuda!, cuando sabemos de nuestras necesidades y limitaciones,
encontrar una persona así nos restablece, nos da moral y nos da ganas de
luchar. De seguro, ¡que vaya si lo ejerció! Los que vivimos ahora y desde esta
distancia –para él ninguna- le reiteramos la petición de los niños y de los
padres.
Se dice de los santos que son como
los árboles de hoja perenne. La conservan siempre. La imagen quiere decir que
son inmortales. Para ello debieron dejar lo que se acaba, lo que termina, como
es la materia que forma nuestro cuerpo para vivir aquí. Ahora liberado de ese
barro brilla su identidad espiritual en plenitud y le hace ser imagen y
semejanza de Dios. Al mismo tiempo que le posibilita salir del tiempo y del
lugar para estar junto a Dios y por el mismo precio junto a nosotros.
A su presencia de protección y
ayuda le llamamos intercesión, abogacía, mediación. La palabra paisanaje tan
sencilla e inteligible nos acerca un poco más a él para expresar que esos
lazos de unión que arrancaron desde aquí se prolongan desde allí.
Beato, P. Alfredo, también
nosotros por asunción queremos tener parte de aquél paisanaje que tú
empezaste desde aquí. Que extiendas tu mano. Que envíes tu luz. Que suplas lo
que nos falta para que Tú seas:
NUESTRO EJEMPLO
NUESTRA AYUDA
NUESTRO DESTINO
EN DEFINITIVA, QUE TÚ SEAS NUESTRA ESPERANZA
Después
de esta profesión de fe y confianza en ti, Beato Padre Alfredo solicitamos tu
ayuda en la búsqueda de nuestra imagen Santa María la Mayor.
Estás contemplando la postal
Contemplas
también nuestra impotencia, nuestras limitaciones. AYÚDANOS.
Nos
veremos el día de su fiesta, si Dios quiere, hasta entonces.
(Ir a la página web del robo de la imagen de la Virgen de Argomedo)
COMIENZO
DEL PROCESO Y TIEMPO DE ESPERA
De una manera breve echamos una mirada retrospectiva para reproducir el acontecimiento de su beatificación. Aunque no nos queda demasiado lejos nos viene bien recordarle para que nos sirva de segunda vivencia. Este año se cumple su octavo aniversario.
La
beatificación de una persona es el reconocimiento solemne que hace el Papa de
que pertenece al grupo de los bienaventurados y que su culto está permitido en
la Iglesia. Pero le precede el proceso de beatificación en el que se demuestra
que fue una persona de Dios. Que fue justo, sencillo, amable, lleno de amor, que
vivió las virtudes humanas y cristianas. Cumplió sus compromisos con la
educación de niños y jóvenes desde su entrega total y fiel a Dios.
Los
Padres escolapios comienzan este trabajo oculto, callado, laborioso. Se
interroga a las personas que lo conocieron, que vivieron con él. Surgen muchos
testigos de por medio. Muchas entrevistas, muchos datos recogidos. Se va
recomponiendo toda su vida y como si fuesen distintas páginas se van reflejando
su proceder, sus actitudes, normalmente su vida sencilla de cada día que
comienza en el nombre de Dios y que en su nombre echa las redes de su trabajo.
En sus días le acompaña una enfermedad en su pierna, lo suficientemente
importante para ser su cruz ordinaria.
Unos
meses antes de su muerte lo ordinario se convierte en extraordinario y sus
virtudes alcanzan la heroicidad. Su trayectoria ha sido cumplir la voluntad de
Dios y lo va a seguir siendo incluso a costa de su vida. Le hacen prisionero, no
niega su identidad de sacerdote. Poco antes de morir el P. Alfredo le dijo a un
sacerdote que pudo librarse de la muerte: “Haga saber a los Escolapios que
muero porque quiero. Deseo dar mi vida por Dios y por la Escuela Pía”. Desde
entonces libertad vigilada y comienza su calvario para terminar en el huerto de
Getsemaní, llamémosle la cubierta del barco del Alfonso Pérez. Allí se
consuma su martirio. Y todo por confesar a Cristo Jesús a quien no negará
nunca. Es más, ofrecerá su vida por Él.
Recogido
lo más importante, se entrega en el Obispado de Santander, una vez estudiado y
aprobado sale con dirección a Roma donde llega al dicasterio correspondiente
que tramita la causa de los santos.
El
tribunal encargado de la causa, lo estudia, lo coteja, lo valora y dispone de un
tiempo razonable para emitir su dictamen. Como nota curiosa al fiscal jurídico
que interviene en el estudio del proceso se le conoce como abogado del diablo
por su tarea de acusador, de contrastar sus datos con la ley, matizar e incluso
dudar. Quizás su actividad pueda resultar impertinente pero no deja de ser el
mejor aval de la verdad. Después de todo, en este contexto de bien resulta simpático
su nombre.
Pasan los días. La gente se va acostumbrando al dicho de que las cosas de palacio van despacio. Pero como van sin pausas, a buen seguro llegarán al final.
Hasta
ese día feliz, día de la buena noticia, una compañera poco agradable se nos
une. La llamada ESPERA. Si bien es cierto, matizada con la expectación de la fe
se torna confiada.
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Obdulia hermana de Beato |
Del
mantenimiento de esta espera se encarga el Padre Fabián Sáiz, que en paz esté.
De vez en cuando filtraba alguna noticia, aunque su contenido fuese siempre el
mismo: “Está a punto de salir”.
Transcribo
una conversación que tuve con dos señoras del pueblo de Montejo, Soledad y
Obdulia, esta última hermana carnal del Beato. Estaban impacientes por no
llegar a tiempo para ver ese día grande. Y así fue. Se marcharon de este mundo
en paz pero sin ver cumplida esta ilusión. Cuantas veces he pensado, cómo sería
de bonito ese encuentro con él. Un encuentro al completo. Al decir de San Pablo
de que ni el hombre vio, ni el oído
oyó, ni la mente humana pudo imaginar aquí lo que ellas vieron allí, en el
Cielo. Aquel encuentro quedaría ratificado con un beso de santo y santas que
Dios había preparado a los que le aman.
EL
ANUNCIO
“BEATIFICACIÓN DE UN ESCOLAPIO DE VILLACARRIEDO”
(desarrolla la noticia)
“Con
fecha de 15 de diciembre pasado, Su santidad Juan Pablo II ha firmado el decreto
de Beatificación del mártir ALFREDO PARTE SÁIZ, escolapio, muerto en el barco
prisión Alfonso Pérez en Santander.
Nacido
en Cilleruelo de Bricia (Burgos) en 1899. Llevó una vida de sencillez,
naturalidad, alegría y amor a Dios. En 1915 toma el hábito en Getafe. Estudia
en Irache. Desde 1922 enseña en el colegio de los PP. Escolapios de
Villacarriedo, siendo procurador del colegio desde 1930 a 1936. En julio de 1936 se refugió en casa de una tía suya que vivía en la Concha. Detenido por
los milicianos el día 17 de diciembre de 1936, pasó a la cárcel de Santander
y luego al barco-prisión, donde murió por ser “sacerdote y escolapio de
Villacarriedo”.
Sus
restos mortales descansan en la Parroquia del Santísimo Cristo de Santander”.
Debajo
de la noticia su fotografía.
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Traslado de su ataúd desde la cripta hasta una sala contigua de la Iglesia |
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Firma del acta de su exhumación |
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Capilla del Beato en la que reposan sus reliquias |
El día 7 de agosto y las cinco de la tarde en la Parroquia del Santísimo Cristo de Santander, situada en la cripta de la Catedral, se procede a la exhumación de sus restos. Está presente El Sr. Obispo de Santander D. José Vilaplana, un P. Escolapio de la curia general de Roma, el P. Provincial de la misma de Madrid, el notario eclesiástico del Obispado, el
médico forense, el rector del colegio de P.P. Escolapios de Villacarriedo, un grupo de familiares representado por su hermano P. Escolapio Inocencio Parte, de Fernando Peña, el sacerdote de la Parroquia de Soncillo, la funeraria encargada del servicio, y algunas personas más de su comarca natal y de Villacarriedo.
A todos los que directamente tienen alguna actividad relacionada con el
acto, el Sr. Obispo les toma juramento de fidelidad. A continuación nos dirige
unas palabras de bienvenida y de acción de gracias por el significado que el
acto tiene. Acabada su intervención los encargados de la funeraria proceden a
sacar la urna de cinz que contiene sus restos, depositada en la misma cripta de
la Iglesia. Ya en la parte superior de la Iglesia la recogen varios sacerdotes y
a hombros formando una pequeña procesión de todos los presentes se traslada a
una sala contigua a la sacristía. Depositada en una mesa, un miembro de la
funeraria con una sierra mecánica empieza a cortar la tapa. Dura
aproximadamente diez minutos. Son momentos de fuerte tensión. El último centímetro
antes de desprenderse concentra un silencio tan denso que alguien dijo que podía
cortarse. (Creo que fue una experiencia muy gratificante para todos el poder
vivir y escuchar ese silencio que habla).
El ruido cesó y el ambiente empezó a distenderse. Suaves comentarios al
oído de los próximos. Caras de admiración y de alegría. Estamos ante la
presencia de un santo y esos restos nos hablan del nuevo y definitivo
nacimiento. De su natalicio. De su Pascua.
Comienza el médico forense D. Jose Manuel Venero su
labor con mimo. Limpia los huesos, les prepara. Van a constituir su reliquia, su
presencia corporal entre nosotros. Toma en sus manos el cráneo y nos enseña el
orificio que le deja la bala. Comenta que puede ser el tiro de gracia que se
acostumbraba a dar.
A continuación todos los presentes firmamos como testigos del acta de su
exhumación.
Al día siguiente sus restos fueron trasladados a Villacarriedo para
quedar depositados en una capilla de la Iglesia del colegio dedicada a él. Va a
ser su morada definitiva. Su lugar preferido. Hasta entonces, a raíz de su
muerte fue enterrado en una fosa común en el cementerio de Ciriego. Algún
tiempo permaneció allí. Un día las familias de los enterrados deciden
recuperar los cadáveres de esa fosa común y darles sepultura en otros lugares.
Es el caso del P. Alfredo. Reconocido su cadáver por el P. Manuel Campo, tío
del P. Tarsicio deciden llevarle a la cripta de la Iglesia del Santísimo
Cristo. Allí permanecerá hasta el día del presente escrito.
El día
uno de octubre del año 1995, a las diez de la mañana en la Plaza de San Pedro
del Vaticano, comenzaba la solemne ceremonia de Beatificación de 106
cristianos, testigos de la fe. De éstos 46 eran españoles de distintas
congregaciones religiosas. Cito solamente dos grupos. 16 hermanos de la doctrina
cristiana de Valencia y trece escolapios. Dentro de este grupo reseñar al P.
Pedro Casani, contemporáneo del fundador de la Congregación de la Escuela Pía,
San José de Calasanz y por su cercanía a nosotros P. Alfredo Parte, natural de
Cilleruelo de Bricia (Burgos). Preside la Santa Misa el Papa Juan Pablo II,
acompañado de algunos cardenales, varios obispos, un grupo de sacerdotes,
amigos y familiares de los Beatos. En el altar y muy cerca del Papa se encuentra
también el P. Inocencio, hermano carnal del P. Alfredo.
El día era espléndido. Lucía el sol y corría una
pequeña brisa por la plaza que mitigaba el calor del mediodía. Otra clase de
calor nacía de la alegría y entusiasmo de todos los presentes. Vaya si es
cierto que las alegrías cuando se comparten se multiplican. La plaza estaba
bastante llena. Hasta debajo de las columnas de Bernini se extendía el
personal. Los entendidos hablaban de una cifra aproximada de 105.000 personas.
Naturalmente de todos los países del mundo. Y entre tanto dos pequeñas
peregrinaciones más, la que forman sus familiares. Una de la patria chica y
comarca del Beato, y otra del colegio de PP. Escolapios de Villacarriedo,
presididas por el Sr. Obispo de Santander.
A las 10,30 de la mañana el Papa dice los nombres y apellidos de cada
uno. A continuación pronuncia la fórmula de Beatificación sobre estos
testigos de la fe. En ese momento unas cortinas que cubren los retratos de los
Beatos se descorren y quedan al descubierto sus figuras. Se pueden contemplar
las caras de cada uno. Están unidos en siete grupos diferentes. Un aplauso muy
fuerte y continuado se deja oír. Era el grito de vencedores y campeones después
de haber corrido esta carrera de la vida, reciben la palma de laurel en el podio
de la victoria.
El Papa en la homilía nos recuerda algunos rasgos comunes de sus vidas.
Todas marcadas por el amor a Dios y los hombres. Ese amor traducido en
generosidad, entrega y perdón. Y sobre todo, por una profunda fe que les lleva
a confiar en Él y a esperar de Él
la mejor recompensa.
Todos los días importantes tienen víspera y octava. Este día no podía
carecer de ambos. El día 30 de setiembre en la Basílica se Sant Andrea del la
Valle se celebra un acto de salutación a todos los peregrinos de la familia
calasancia. Es un acto emotivo y sencillo. Le preside el P. General de la
Escuela Pía . Participan los representantes de cada provincia y un peregrino de
la misma. Hacen la ofrenda de una lamparilla de cera con las que se va
confeccionando una cruz. A continuación otro grupo de niños llevan unas
pancartas con el nombre de cada Beato. En la parte derecha del Altar se sitúa
un marco grande con las fotografías de cada uno formando la letra “S” de
Santidad.
Al día siguiente de la Beatificación por la mañana nos recibió el
Papa en el aula magna del Vaticano. Dijo unas frases en español para saludarnos
y darnos las gracias. A continuación dio una vuelta por los pasillos de la
sala. Los que se encontraban cerca tuvieron la suerte de saludarle
personalmente.
Por la tarde de ese mismo día y en la misma Iglesia de S. Andrés se
celebra una misa de acción de gracias. La preside el cardenal Somalo de España
y concelebran un grupo de Obispos y sacerdotes. En la homilía nos recuerda la
fuerza seductora de los santos y la capacidad de nuestra receptividad para
aceptarla.
Y después del acto hubo tiempo para comprar algún regalito de Roma.
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Unas pocas mujeres del pueblo |
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Un momento de la procesión por las calles del pueblo |
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Otro momento de la misma procesión |
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Saliendo de la Iglesia. Inicio de la procesión |
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Otro momento de la misma procesión |
Su pueblo natal de Cilleruelo de Bricia también quiere corresponder con
un sencillo homenaje. Así se cumple el dicho que todas las fiestas importantes
gozan de octava. Claro que es importante para todos. Están satisfechos de tener
un paisano así. Y así lo demuestran.
El día 7 de octubre se celebra una Eucaristía de acción de gracias. Se
dice la Santa Misa al aire libre, a la puerta de la Iglesia, porque un grupo
aproximadamente de 400 personas desborda todas las previsiones y la Iglesia
resulta pequeña. La preside el Sr. Obispo de Burgos, D. Santiago Martínez,
concelebran los sacerdotes del Arciprestado de Valdebezana, de su comarca y un
grupo bien nutrido de 30 escolapios, algunos de su pueblo y los demás de
pueblos limítrofes. Se encuentra su hermano, P. Inocencio y el P. Tarsicio de
Villacarriedo, natural de la Parroquia y casi contemporáneo del Beato.
Comienza la Santa Misa con un saludo de bienvenida por parte del Párroco,
D. Antonio García, para todos los visitantes que nos encontramos en este
homenaje. A continuación la feligresa de la Parroquia Doña Monserrat Fernández
hace la presentación del homenaje y nos ofrece los motivos del mismo. Va señalando
algunos en la línea de los vínculos que nos unen a la persona de Beato. El Sr.
Arzobispo en su homilía nos recuerda la fuerza seductora de Cristo crucificado
que fue capaz de mover la vida del P. Alfredo y de imitarle. Al final dio las
gracias el P. Nicolás, escolapio y familiar del Beato. El acto religioso acabó
con la veneración de su reliquia. A continuación se realizó la procesión
presidida por el P. Nicolás que en sus manos llevaba la reliquia, pasando por
delante de la casa que le vio nacer.
Desde las 11 de la mañana las campanas de la Parroquia anunciaban este
acontecimiento. Un grupo de dulzaineros pone el punto festivo al homenaje. Feliz
coincidencia que fuese este grupo. A buen seguro que desde el Cielo disfrutaría
mucho que unos colegas del instrumento amenizaran la fiesta. Unidos a ellos podía
haber sido el quinto miembro del grupo. Era bien conocida su afición a este
instrumento. Tanto es así que en los días señalados del colegio el toque de
campana o de timbre al levantarse se sustituía por el dulzainero, va
recorriendo pasillos de dormitorios de estudiantes y habitaciones de compañeros.
Los vecinos cooperan para que todo salga bien. Incluso se ha señalado un
aparcamiento apropiado a la entrada del pueblo para los coches. Podían llegar
al centenar. Las señoras del pueblo se mueven también. No les queda demasiado
tiempo. La mañana ha sido completa. A ellas les espera el oficio de Marta. El
aperitivo que han preparado con tanto cariño, puso casi punto final, pues
continuó la fiesta con el baile de la dulzaina.
Un ambiente de hermandad y de familia se respiraba entre los asistentes.
Entre las personas mayores se oían comentarios sobre su cercanía con el P.
Alfredo. Unos decían “somos de la misma edad”, “fuimos a la escuela
juntos”, “vivimos con él”, otros “que eran familia”... Todos tenían
muy claro el concepto de paisanaje. No menos el de su cercanía para ser su
intercesor. ¡Qué cerca tenemos al P. Alfredo!
El acto homenaje satisfizo a todos. ¡Qué bien!, ¡qué bonito!, ¡qué
satisfacción!, claro.
Es que el santo andaba entre nosotros.
El día dos de diciembre tuvo lugar en la Iglesia del colegio de los
Padres escolapios de Villacarriedo una solemne celebración de acción de
gracias por la Beatificación del P. Alfredo.
Preside la concelebración el Sr. Obispo D. José Vilaplana acompañado
por el P. Provincial de los escolapios, su hermano carnal y también escolapio,
P. Inocencio y cuarenta sacerdotes y religiosos que se unieron a la celebración.
El acto dio comienzo con el traslado de sus restos a la capilla situada
en el lado izquierdo de la nave central del templo. Una placa en su urna dice:
“Padre Alfredo Parte Sáiz, sacerdote escolapio, Villacarriedo,
1.899-1.936”.
El Sr. Obispo en su homilía recordó los rasgos más importantes de su
vida. Destacó la fuerza de su fe y esperanza. . Lo que le hizo descubrir que su
vida era un camino al encuentro de Jesucristo.
Concluyó con una invitación. Imitemos al Beato para ser firmes y
fuertes en la fe. Una fe que es coherente, una fe que se profesa con alegría,
que se manifiesta sin complejos y que es luz de nuestro camino.
En el calendario litúrgico de la Iglesia figura el día 22 de setiembre.
Tiene el carácter de memoria obligatoria para las diócesis de Burgos y
Cantabria y ni que decir tiene para todos los escolapios del mundo (quiere decir
lo de memoria obligatoria, que los sacerdotes ese día tenemos la obligación de
decir la Santa Misa del BEATO P. ALFREDO,
MÁRTIR).
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Se celebra el PRIMER SÁBADO del mes de agosto |
Nota: el TRASLADO OBECECE a que en esa fecha los pueblos están llenos de
personal. En el mes de setiembre se van marchando.
El pueblo de donde era natural la madre del Beato, conocida cariñosamente con el nombre de la tía Justa se celebrará con carácter permanente la fiesta de LA VENERACIÓN DE SU RELIQUIA. EL SEGUNDO DOMINGO DE AGOSTO.
Para quienes deseen conocerle mejor:
“EL ESCOLAPIO P. ALFREDO,
TESTIGO DE CRISTO”
Escrita por el P. José Antonio Álvarez.
Villacarriedo (Cantabria).
A todos los que han hecho posible esta página con sus sugerencias, datos, recuerdos, fotografías... y en especial:
Al Colegio de PP Escolapios de
Villacarriedo (Cantabria).
Al pueblo de Cilleruelo de Bricia.
A todos los familiares del Beato
con un saludo afectuoso al P. Inocencio.
Al feligrés que ha trascrito el
texto en la página web.
PARA MAYOR INCREMENTO DE LA PIEDAD
Y EN ESPERA DE SU CANOCIZACIÓN
Cilleruelo de Bricia,
25 de julio del año 2003,
festividad
del Apóstol Santiago.
Claudio Lezcano, Párroco de Soncillo.