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Necesidad de la clase de Religión

   
       
 

Odorico Arranz

   
 
   
       
 

Recuerdo una visita al monasterio de Santo Domingo de Silos: viendo el claustro románico, concretamente una escena de la Ascensión de Cristo, un chaval preguntó: ¿quién es San Pablo? Quizás era una pregunta bien intencionada, pero anacrónica, pues San Pablo no estuvo presente en ese momento. Si hubiera conocido la vida del autor de buena parte de los escritos de la Biblia, del Nuevo Testamento, uno de los libros de la literatura universal más vendidos, seguramente no hubiera dicho esa pregunta.

Otro botón de muestra. En este año que con motivo del 4º centenario se está invitando a la lectura del Quijote; que pensaría un lector del capítulo XVIII cuando dice que "Dios hace salir el sol sobre justos." y el autor de esa cita no es Cervantes sino el evangelista san Mateo en el capítulo 5, versículo 45 (Mt 5,45). Porque, queramos o no, una obra tan universal está profundamente impregnada de una concepción religiosa determinada.

Las claves religiosas y simbólicas son necesarias para interpretar y leer nuestra realidad, sea en su pasado o en su presente. Basta dar un paseo por nuestra ciudad para comprenderlo. Para poder admirar el arte de las iglesias de Santa María o del Espíritu Santo se requieren conocimientos religiosos para comprender las imágenes de santos o de la vida de Cristo allí reflejadas.

Si queremos saber algo de la historia de Miranda debemos conocer el sentido y origen de algunas ordenes religiosas que aquí se establecieron como fueron los franciscanos y que desde hace más de un siglo albergan a los religiosos de los Sagrados corazones; o el cólera que hubo a finales del siglo XIX y las religiosas Siervas de Jesús que tanto colaboraron y ayudaron; o las religiosas de la Sagrada Familia, Josefinas, Jesuitas, Maristas, padres holandeses o ¿Quién fue el Chantre? o ¿qué es la diócesis de La Calzada o de Burgos?

Si miramos el callejero sucede parecido quien fue Emilia de Rodat, o San Nicolás, o Saturnino Rubio. Si alguien nos dice: "A quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga" sólo podremos comprender su significado desde su trasfondo evangélico. Incluso para comprender nuestro calendario, el porqué profundo de sus fiestas y sus ritmos semanales debemos acudir al pasado religioso de nuestra cultura. Si nos centramos en la realidad histórico-cultural española, hay que decir que para comprender obras de arte (literatura, escultura, arquitectura, pintura.) acontecimientos pasados y presentes es preciso conocer los condicionamientos y motivaciones sociales, políticas, económicas. y también las religiosas porque no se puede entender el acervo cultural español sin entender el papel que ha jugado y sigue jugando la religión. Si queremos conocer nuestro presente y abrirlo al futuro no podemos ignorar nuestro pasado y desde la educación que queremos que sea integral no podemos olvidar ninguna de las facetas y posibilidades que tiene la persona.

No se puede decir que en el colegio o instituto se enseñan matemáticas, lengua e historia; que si uno quiere aprender idiomas se vaya a la escuela oficial de idiomas o a una academia; si quiere hacer deporte que se vaya a un gimnasio o polideportivo; si quiere música que vaya al conservatorio. y si quiere religión que vaya a la parroquia, pues la religión no se puede reducir al ámbito de lo privado y personal como pretenden algunos.

Enseñar no es solamente aprender una serie de conceptos, aunque estos son imprescindibles, deben ser complementarios con una educación integral de la persona. Y el espíritu religioso, con sus componentes éticos y estéticos, forma parte de la persona. A fin de cuentas, con la filosofía comparte las grandes preguntas del hombre: ¿De dónde vengo? ¿Cuál es el sentido de la vida? ¿Cómo debo comportarme y actuar? Nadie se cuestiona que las de las teorías de Kant, por cierto luterano, o de Marx, en su caso de origen judío, queden recluidas a los maestros kantianos o a los partidos marxistas.

Más aún, la formación religiosa puede ayudar a construir la sociedad. La religión no es algo irracional y violento, como se pretende hacer ver. Cierto que puede haber comportamientos irracionales y violentos entre creyentes, como entre los no creyentes. Pero el cristianismo, en su esencia, siempre ha creído que lo más racional y lógico es formar personas libres, capaces de discernimiento y pensamiento autónomo, responsables, solidarios, pacíficos.

Enseñar religión en las escuelas forma personas que desde esos valores puedan ayudar a construir, con creyentes de otros credos o no creyentes, una sociedad más justa y solidaria. Un país tan laico como Francia ha hecho entrar de nuevo la asignatura de religión en sus escuelas como un medio para fomentar valores en la convivencia y en el resto de Europa la Religión es incuestionable su estudio académico como Inglaterra, Alemania, Finlandia, Italia. Un buen creyente podrá tener las ideas políticas que desee, y estas serán discutibles, pero casi nunca será un mal ciudadano. Excluir la religión fuera del sistema educativo sería renunciar a algunos valores humanistas que coinciden y están en el origen de los valores de nuestras democracias occidentales. ¿O acaso existió una revolución francesa en el mundo árabe o el hindú?. Si educar es formar a la persona no podemos excluir nada que sea constitutivo de la persona en su aspecto intelectual, formativo y espiritual.

   
 
   

Burgos, 4 de enero de 2006

 

Delegación diocesana de Enseñanza de Burgos