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Una Ley de Educación?... La Ley de Educación?

   
       
 

Concha Martín

   
 
   
       
 

¿Qué interrogantes plantea una Ley de Educación? ¿Desde qué concepción de educación se plantea para que sea la Ley de Educación? ¿Qué tipo de persona pretende conseguir?

Educar, nos dice el diccionario, es desarrollar, perfeccionar las facultades o capacidades del niño. El estado regula el proceso educativo del niño mediante leyes; en este momento está a punto de aprobarse en el Parlamento la L.O.E.

Toda Ley de Educación está directamente relacionada con la persona. La persona es un todo complejo; por ello la educación debe considerar a la persona en todas sus dimensiones (corporales, racionales, afectivas, éticas, ...) y al mismo tiempo estas dimensiones tienen distinta importancia, por lo que tendría que jerarquizarlas y al mismo tiempo relacionarlas.

Una dimensión que no se puede olvidar en la educación es la trascendente, la religiosa. Sólo educando en todas ellas conseguiremos una educación integral que desarrolle armónicamente a la persona. En el libro La educación encierra un tesoro de la UNESCO, se habla de manera explícita y clara de la dimensión religiosa y cultural, como uno de los elementos indispensables para construir la educación del futuro.

La escuela es una mediadora cultural, entendiendo la cultura como conjunto de conocimientos, creencias, costumbres, normas y formas de vida que sirven para dar sentido a la vida e interpretarla. No existe una escuela neutra; toda transmisión de saberes proyecta en sí el ser y creer de quien enseña. La educación, además de lo dicho, debe aportar criterios y valores que permitan al adulto situarse lúcidamente ante la sociedad, ante sí mismo.

Desde aquí debe considerarse qué puntos de referencia inspiran el modelo educativo: ¿Propone sólo elementos racionales y técnicos o es un proyecto educativo abierto a la trascendencia, al misterio? ¿Qué relaciones potencia: un mutismo individualista o, por el contrario, ofrece métodos y caminos para un diálogo enriquecedor capaz de tender puentes?

El objetivo final debe ser la comprensión global de la persona frente a la fragmentación; un estrecharse las manos en medio de la diversidad.

En este conjunto de saberes, el alumno no debe ser privado de la formación y desarrollo de la dimensión trascendente, religiosa, como un saber histórico y cultural, capaz de ponerle en contacto con realidades y experiencias que dejaron huella (en el tiempo y en el espacio), en múltiples manifestaciones y en admirables testimonios de vida.

Ni que decir tiene, que la regulación legal de la educación debería ser tal, que permita a los padres escoger la formación moral y religiosa que ellos consideren la mejor para sus hijos y, por otra parte, ser fruto de un consenso social.

   
 
   

Burgos, 4 de enero de 2006

 

Delegación diocesana de Enseñanza de Burgos