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¿Qué interrogantes plantea una Ley de Educación? ¿Desde qué
concepción de educación se plantea para que sea la Ley de Educación?
¿Qué tipo de persona pretende conseguir?
Educar, nos dice el diccionario, es desarrollar, perfeccionar las
facultades o capacidades del niño. El estado regula el proceso educativo del
niño mediante leyes; en este momento está a punto de aprobarse en el
Parlamento la L.O.E.
Toda Ley de Educación está directamente relacionada con la persona. La
persona es un todo complejo; por ello la educación debe considerar a la
persona en todas sus dimensiones (corporales, racionales, afectivas,
éticas, ...) y al mismo tiempo estas dimensiones tienen distinta
importancia, por lo que tendría que jerarquizarlas y al mismo tiempo
relacionarlas.
Una dimensión que no se puede olvidar en la educación es la trascendente,
la religiosa. Sólo educando en todas ellas conseguiremos una educación
integral que desarrolle armónicamente a la persona. En el libro “La
educación encierra un tesoro” de la UNESCO, se habla de manera
explícita y clara de la dimensión religiosa y cultural, como uno de los
elementos indispensables para construir la educación del futuro.
La escuela es una mediadora cultural, entendiendo la cultura como
conjunto de conocimientos, creencias, costumbres, normas y formas de vida
que sirven para dar sentido a la vida e interpretarla. No existe una escuela
neutra; toda transmisión de saberes proyecta en sí el ser y creer de quien
enseña. La educación, además de lo dicho, debe aportar criterios y valores
que permitan al adulto situarse lúcidamente ante la sociedad, ante sí mismo.
Desde
aquí debe considerarse qué puntos de referencia inspiran el modelo
educativo: ¿Propone sólo elementos racionales y técnicos o es un proyecto
educativo abierto a la trascendencia, al misterio? ¿Qué relaciones potencia:
un mutismo individualista o, por el contrario, ofrece métodos y caminos para
un diálogo enriquecedor capaz de tender puentes?
El objetivo final debe ser la comprensión global de la persona frente a
la fragmentación; un estrecharse las manos en medio de la diversidad.
En este conjunto de saberes, el alumno no debe ser privado de la
formación y desarrollo de la dimensión trascendente, religiosa, como un
saber histórico y cultural, capaz de ponerle en contacto con realidades y
experiencias que dejaron huella (en el tiempo y en el espacio), en múltiples
manifestaciones y en admirables testimonios de vida.
Ni que decir tiene, que la regulación legal de la educación debería ser
tal, que permita a los padres escoger la formación moral y religiosa que
ellos consideren la mejor para sus hijos y, por otra parte, ser fruto de un
consenso social.
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