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LOS CONSEJOS PASTORALES. SITUACIÓN |
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| Con el fin de seguir dando pasos en los CPs, se propuso en el CDP ayudaros en esta reflexión mediante un material y unas preguntas, las cuales contestaréis en el CPP, después de haberlas reflexionado personalmente y nos las enviaréis a través del Arcipreste antes del 30 de noviembre, con el fin de seguir ayudándonos en esta cuestión. Tal vez necesitéis otra reunión del CPP.
Una de las tres acciones de este curso es crear y vivificar los Consejos Pastorales. Tanto una cosa como otra depende de lo que se entendamos por Consejo Pastoral Parroquial.
1. Estructura del Consejo Pastoral 1.1. Crear: (primer paso) CIC 537: “& 1. Si es oportuno, a juicio del Obispo, oído el consejo Presbiteral, (en nuestra diócesis ahora es oportuno) se constituirá en cada parroquia un consejo pastoral, que preside el párroco y en el cual los fieles junto con aquellos que participan por su oficio en la cura pastoral de la parroquia, prestan su colaboración para el fomento de la actividad pastoral. & 2. El consejo pastoral tiene voto meramente consultivo, y se rige por las normas establecidas por el Obispo diocesano”. “En efecto, la teología y la espiritualidad de la comunión aconsejan una escucha recíproca y eficaz entre Pastores y fieles, manteniéndolos por un lado unidos a priori en todo lo que es esencial y, por otro, impulsándolos a confluir normalmente incluso en lo opinable hacia opciones ponderadas y compartidas” (Juan Pablo II, Novo millenio ineunte 45).
¿Cuáles son las principales dificultades que has encontrado a la hora de crear los CP?
1.2. Potenciar: (segundo paso) “Crear donde no hay, así como potenciar que el Conejo pastoral parroquial sea el órgano de comunión y resolución de conflictos, que programe el tratamiento diversificado, haga el seguimiento, evalúe periódicamente con todos los grupos y movimientos atendiendo lo asumido comunitariamente, e informe a toda la comunidad parroquial oportuna y adecuadamente”. (Constituciones sinodales, 217).
¿Cuáles de estas funciones del CP son más difíciles de realizar? ¿Por qué?
2. Claves evangelizadoras a tener en cuenta por el Consejo Pastoral (tercer paso) Cuando las estructuras no tienen espíritu son: cansinas, repetitivas, ineficaces y tensionan. Para dar un nuevo ardor a la pastoral, es necesario un nuevo espíritu, especialmente los más implicados. Juan Pablo II nos ilumina. – “«Queremos ver a Jesús» (Jn 12,21). Esta petición, hecha al apóstol Felipe por algunos griegos que habían acudido a Jerusalén para la peregrinación pascual, ha resonado también espiritualmente en nuestros oídos en este Año jubilar. Como aquellos peregrinos de hace dos mil años, los hombres de nuestro tiempo, quizás no siempre conscientemente, piden a los creyentes de hoy no sólo «hablar» de Cristo, sino en cierto modo hacérselo «ver». ¿Y no es quizá cometido de la Iglesia reflejar la luz de Cristo en cada época de la historia y hacer resplandecer también su rostro ante las generaciones del nuevo milenio? Nuestro testimonio sería, además, enormemente deficiente si nosotros no fuésemos los primeros contempladores de su rostro” (NMI 16). – “No nos satisface ciertamente la ingenua convicción de que haya una fórmula mágica para los grandes desafíos de nuestro tiempo. No, no será una fórmula lo que nos salve, pero sí una Persona y la certeza que ella nos infunde: ¡Yo estoy con vosotros! ” (NMI 29). – “En realidad, poner la programación pastoral bajo el signo de la santidad es una opción llena de consecuencias. Significa expresar la convicción de que, si el Bautismo es una verdadera entrada en la santidad de Dios por medio de la inserción en Cristo y la inhabitación de su Espíritu, sería un contrasentido contentarse con una vida mediocre, vivida según una ética minimalista y una religiosidad superficial. Preguntar a un catecúmeno, «¿quieres recibir el Bautismo?», significa al mismo tiempo preguntarle, «¿quieres ser santo?» Significa ponerle en el camino del Sermón de la Montaña: «Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial» (Mt 5,48)” (NMI 31) – “Es preciso insistir en este sentido, dando un realce particular a la Eucaristía dominical y al domingo mismo, sentido como día especial de la fe, día del Señor resucitado y del don del Espíritu, verdadera Pascua de la semana” (NMI 35). – “En la programación que nos espera, trabajar con mayor confianza en una pastoral que dé prioridad a la oración, personal y comunitaria, significa respetar un principio esencial de la visión cristiana de la vida: la primacía de la gracia. Hay una tentación que insidia siempre todo camino espiritual y la acción pastoral misma: pensar que los resultados dependen de nuestra capacidad de hacer y programar. Ciertamente, Dios nos pide una colaboración real a su gracia y, por tanto, nos invita a utilizar todos los recursos de nuestra inteligencia y capacidad operativa en nuestro servicio a la causa del Reino. Pero no se ha de olvidar que, sin Cristo, «no podemos hacer nada» (cf. Jn 15,5)” (NMI 38). – “Hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión: éste es el gran desafío que tenemos ante nosotros en el milenio que comienza, si queremos ser fieles al designio de Dios y responder también a las profundas esperanzas del mundo. ¿Qué significa todo esto en concreto? También aquí la reflexión podría hacerse enseguida operativa, pero sería equivocado dejarse llevar por este primer impulso. Antes de programar iniciativas concretas, hace falta promover una espiritualidad de la comunión, proponiéndola como principio educativo en todos los lugares donde se forma el hombre y el cristiano, donde se educan los ministros del altar, las personas consagradas y los agentes pastorales, donde se construyen las familias y las comunidades. Espiritualidad de la comunión significa ante todo una mirada del corazón sobre todo hacia el misterio de la Trinidad que habita en nosotros, y cuya luz ha de ser reconocida también en el rostro de los hermanos que están a nuestro lado. Espiritualidad de la comunión significa, además, capacidad de sentir al hermano de fe en la unidad profunda del Cuerpo místico y, por tanto, como «uno que me pertenece», para saber compartir sus alegrías y sus sufrimientos, para intuir sus deseos y atender a sus necesidades, para ofrecerle una verdadera y profunda amistad. Espiritualidad de la comunión es también capacidad de ver ante todo lo que hay de positivo en el otro, para acogerlo y valorarlo como regalo de Dios: un «don para mí», además de ser un don para el hermano que lo ha recibido directamente. En fin, espiritualidad de la comunión es saber «dar espacio» al hermano, llevando mutuamente la carga de los otros (cf. Ga 6,2) y rechazando las tentaciones egoístas que continuamente nos asechan y engendran competitividad, ganas de hacer carrera, desconfianza y envidias. No nos hagamos ilusiones: sin este camino espiritual, de poco servirían los instrumentos externos de la comunión. Se convertirían en medios sin alma, máscaras de comunión más que sus modos de expresión y crecimiento” (NMI 43). – “En particular, es necesario descubrir cada vez mejor la vocación propia de los laicos, llamados como tales a «buscar el reino de Dios ocupándose de las realidades temporales y ordenándolas según Dios» y a llevar a cabo «en la Iglesia y en el mundo la parte que les corresponde [...] con su empeño por evangelizar y santificar a los hombres»” (NMI 46).
3. Hombres de esperanza ¡Es la hora de pensar en el ministerio público del Maestro y advertir que Él salió a sembrar con generosidad la semilla de su Palabra, sabiendo de antemano que la mayor parte caería en el camino, en pedregal y entre espinas!” (D. Francisco, Anunciad el evangelio, 29). – “Ya no basta una pastoral pensada y orientada exclusivamente a la conservación de la fe y el cuidado de la comunidad cristiana. Es necesario también –incluso es lo más necesario- salir al encuentro de todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo para anunciarles que Jesucristo sigue siendo su único Salvador y que el Evangelio es una propuesta capaz de dar sentido a su vida y con una vitalidad capaz de crear una sociedad nueva en la que el respeto y la promoción de la dignidad de toda persona humana sea algo más que una declaración de principios desmentida luego por los hechos” (D. Francisco, Anunciad el evangelio, 9.)
¿Cuál de estos aspectos que deben imbuir al Consejo y a la pastoral crees que se tiene mejor asumido y cuál crees que se debería potenciar más? ¿Por qué? |
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