Constituciones Sinodales

"Poneos en camino"

(1995-1998)

 

 

 
       
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Decreto de aprobación

     

Preámbulo

 
         

1. Ser hoy buena noticia para todos

 
         

2. Iglesia samaritana y solidaria

 
         

3. Comunidad diocesana en camino. La Iglesia desde el Dios que es comunión

 
         

4. Celebramos el misterio de nuestra fe

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Observaciones previas a la lectura y recepción

1. El texto de las Constituciones Sinodales recoge tanto proposiciones teológicas y descriptivas como operativas. Estas últimas vienen destacadas en un recuadro sobre fondo gris.

2. Con el signo [* P *] se señalan las propuestas que han sido votadas como prioritarias por el propio Sínodo (también aparecen en el Anexo Iº, 167-172).

3. Las Constituciones Sinodales forman un todo unitario con una lógica común que ha ido condensando los diversos estratos depositados por el proceso sinodal.

4. El texto base fue elaborado por las Comisiones Técnicas para el trabajo de los grupos sinodales. Progresivamente fue siendo enriquecido por las aportaciones de los grupos sinodales, Asambleas arciprestales y Sínodo propiamente dicho.

5. El texto final, que recoge todo este proceso, ha procurado conservar fielmente la peculiaridad de cada momento y de cada uno de sus protagonistas. Ello explica la diferencia de estilos, algunos paralelismos y repeticiones parciales.

 

 

Decreto de aprobación

y promulgación

de las Constituciones Sinodales

 

DOCTOR DON SANTIAGO MARTÍNEZ ACEBES,

POR LA GRACIA DE DIOS

Y DE LA SANTA SEDE APOSTÓLICA,

ARZOBISPO DE BURGOS:

 

Como Pastor de esta Iglesia Particular y para ofrecer respuesta adecuada a las necesidades de nuestra Diócesis, en este momento histórico y de gracia del Señor, por Decreto de 14 de agosto de 1995, víspera de la Asunción de Nuestra Señora, Titular de la Catedral y Patrona de la Diócesis, anunciamos al Pueblo de Dios la celebración de un Sínodo Diocesano bajo el lema "Poneos en camino".

Puntualmente se han ido cubriendo las etapas previstas en el Reglamento General: preparatoria y de discernimiento, de los Grupos sinodales y de las Asambleas arciprestales y sectorial, hasta la Convocatoria oficial del Sínodo propiamente dicho el día 30 de septiembre de 1997, que se ha celebrado durante los meses de febrero a mayo de 1998.

La andadura llegó a la meta final el día 16 de mayo con la votación por la Asamblea sinodal de los textos definitivos, que se nos presentaron para su aprobación en la solemne clausura del Sínodo el domingo de Pentecostés, día 31 de mayo de 1998.

Con la invocación del Espíritu Santo, cuya fiesta hoy celebramos, y encomendando el fruto del Sínodo a la intercesión de Santa María la Mayor que nos ha acompañado en nuestro caminar:

Por las presentes, en virtud de nuestras facultades ordinarias, a tenor del canon 466 del Código de Derecho Canónico, aprobamos los textos y propuestas sinodales, que nos presenta la Asamblea, con la denominación de Constituciones Sinodales, que asimismo promulgamos, en la forma siguiente:

 

1. Las Constituciones Sinodales del XXIII Sínodo Diocesano de Burgos entrarán en vigor el día 15 de agosto de 1998, Solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María.

2. Tendrán valor de normativa de derecho particular dentro del derecho común de la Iglesia.

3. Quedan abrogadas las normas y costumbres contrarias a estas Constituciones.

4. Los organismos diocesanos establecidos, a tenor del Derecho, velarán por el cumplimiento de las mismas y evaluarán periódicamente su aplicación.

 

Burgos, 31 de mayo de 1998

+ SANTIAGO, Arzobispo de Burgos

 

Por mandato de Su Excia. Rvdma.

Pablo del Olmo Amo

Canciller Secretario


0. Preámbulo

XXIII Sínodo diocesano en Burgos

 

1. El Sínodo es expresión máxima de la vida de una iglesia local, tanto de su identidad como de su misión y, por eso, es el ámbito privilegiado para la creación y configuración del derecho particular diocesano. Estas Constituciones recogen y reflejan la autoconciencia de la iglesia de Dios que peregrina en Burgos: ha celebrado y redescubierto con renovado agradecimiento la convocación de la Trinidad santa que la ha llamado a la existencia para enviarla a este pueblo y esta tierra; y ha reafirmado su vocación de testimoniar en medio del mundo la comunión que le ha sido regalada y su disposición para servir a los hombres y mujeres desde sus expectativas y sus esperanzas. Este XXIII Sínodo diocesano (1995-1998), en cuanto memoria y camino, será recibido y acogido por todos los cristianos de Burgos como experiencia de alegría compartida y de compromiso responsable.

2. Estos textos son expresión de un genuino proceso sinodal. Las diversas comisiones que han elaborado su redacción inicial, los grupos sinodales que la reflexionaron y enriquecieron con sus propuestas, las Asambleas arciprestales y sectorial que la evaluaron y matizaron, prepararon un precioso material que dejaba entrever el esfuerzo lúcido de la conversión, las exigencias ilusionantes de la esperanza, los análisis clarividentes de la fe, el gozo inagotable del amor.

3. Los trescientos cuarenta y siete miembros sinodales, representantes de todo el Pueblo de Dios en Burgos en torno a su obispo que los presidía en el ejercicio de su ministerio apostólico, recogieron los ecos y las resonancias de toda su iglesia y captaron la sensibilidad de la sociedad para perfilar con sus propuestas y con la fijación de sus prioridades el rostro de una iglesia que se lanza con serena confianza y con apasionada generosidad a recorrer los senderos del tercer milenio.

4. Este proceso sinodal ha sido vivido por esta iglesia que se encuentra en Burgos como la mejor preparación para el Jubileo y para la nueva evangelización a la que el papa Juan Pablo II ha llamado a todas las iglesias. En el año del Espíritu recoge su fuerza y su aliento como un nuevo Pentecostés que la sigue abriendo a los caminos del mundo y a las encrucijadas de la historia.

5. Como respuesta a la llamada a la nueva evangelización que debe caracterizar este Jubileo, el primero de los grandes temas de este Sínodo se ha centrado en el Anuncio del Evangelio, que nos llevará a ser hoy Buena Noticia para todos. Desde esta óptica se deberían entender las reflexiones del proceso sinodal. Expresión clara de nuestra acción evangelizadora, hoy particularmente necesaria para nuestra iglesia según detectaba el sondeo, ha de ser el compromiso cristiano de cara a configurar una Iglesia samaritana y solidaria. Posteriormente se afronta la realidad y la identidad de la comunidad eclesial, de nuestra comunidad diocesana en camino, pues ella es la protagonista de la evangelización y del testimonio comprometido. Finalmente se presenta la celebración litúrgica como ámbito y alimento de la misión eclesial, desde la convicción de que nosotros, como miembros de una iglesia, sólo podemos evangelizar y dar testimonio tras las huellas de Jesús cuando celebramos el misterio de nuestra fe.