|
6.
En coherencia con la
solicitud de Juan Pablo II, en TMA 21, el Sínodo diocesano
sitúa en su pórtico la urgencia evangelizadora que
brota de su identidad eclesial. Redescubrir la fuente y el
origen de la evangelización en las misiones del Hijo y del
Espíritu es la preparación más adecuada para llevar adelante
la tarea de la nueva evangelización.
1.1.
Punto
de partida:
"La
Iglesia existe para evangelizar"
(EN
14)
7.
"Evangelizar
significa para la Iglesia llevar la Buena Nueva a todos los
ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde
dentro, renovar a la misma humanidad" (EN 18). Como el
Padre envió al Hijo, éste envía a la Iglesia con la fuerza
del Espíritu que le movía a Él a "recorrer todas las
ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas, anunciando el
Evangelio del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias"
(Mt 9,35).
8.
El
Sr. Arzobispo nos recordaba en su carta de convocatoria del
Sínodo: "Queremos ser Iglesia encarnada, lúcida y
realista para discernir en qué contexto socio-cultural nos
encontramos". La realidad social a la que queremos
responder nos exige adentrarnos en nuestra historia reciente y
en el momento actual de nuestra sociedad burgalesa:
* Según
se desprende del Informe Foessa de 1996, la población de
nuestra diócesis tiende con mucha fuerza a disminuir y está
bastante envejecida. El éxodo rural vivido en los años del
desarrollo industrial ha transformado radicalmente el perfil
tradicional de una población mayoritariamente rural: el 47,50%
de la población vive en Burgos capital. En zonas urbanas y
semiurbanas, viven el 71,56% del total de la provincia. Hay, por
tanto, una clara concentración en zonas urbanas y una gran
dispersión de población en muchos y pequeños núcleos
rurales.
* Nuestro
pueblo ahora se enfrenta a una pérdida progresiva de derechos
ante el nuevo panorama socio-laboral: precarización del
trabajo, movilidad geográfica y funcional, paro, empresas de
contratación temporal, reducción del horario laboral, jornadas
a turnos, flexibilización...
* Una
sociedad que se rompe y que aumenta las diferencias económicas
entre un reducido sector cada vez más pudiente y unas clases
cada vez más desfavorecidas. Por eso hablamos hoy de los nuevos
pobres, de la marginación creciente.
* Unas
sombras que oscurecen y marginan valores y criterios que hoy son
arrollados por otros: individualismo, competitividad,
consumismo, superficialidad, esteticismo... Y que hacen mella en
las personas: estrés, depresiones, ansiedad, vacío, carencias
afectivas... y en las familias: separaciones, divorcios,
familias monoparentales, reducción de la natalidad...
Luces y
sombras que se
mezclan y que no son fáciles de distinguir: llegada de las
grandes superficies comerciales, movilidad social, nuevas formas
de religiosidad, presencia de africanos y latinoamericanos,
nuevos hábitos y costumbres en el uso del ocio durante el fin
de semana, implantación de la LOGSE y sus repercusiones,
influencia de los medios de comunicación social, aparición de
las televisiones locales...
En medio
de todo ello hay luces que brillan con intensidad propia
y que vislumbran un panorama prometedor: una experiencia
democrática consolidada, el estado de las autonomías, la
creación de órganos sociales participativos, la llegada de la
Universidad, el sentir creciente de la paz, la prestación
social sustitutoria, el compartir papeles dentro de la familia,
la presencia de la mujer en la vida pública, la sensibilidad
ecológica, la solidaridad internacional, el voluntariado, la
autonomía de lo secular en asociaciones e iniciativas...
9.
Nuestro pueblo se ha
expresado en el sondeo inicial sobre el talante evangelizador de
nuestra diócesis: los cristianos de Burgos nos sentimos,
en buena parte, poco coherentes al llevar a la práctica el
mensaje del Evangelio en la vida diaria (67%). Todo ello puede
ser debido a las dificultades que experimentamos en nuestra
tarea evangelizadora, principalmente el poco convencimiento
personal (30%), el ambiente hostil, pasivo o indiferente a lo
religioso (29%) y la falta de preparación personal (22%). A
ello hay que añadir la actitud poco dialogante que mostramos
con los no-creyentes y miembros de otras religiones (51%).
Los sectores
que nuestro pueblo considera más necesitados de una urgente
evangelización en nuestra diócesis son: los jóvenes (31%),
niños y adolescentes (20%), los matrimonios y las familias
(19%) y los pobres y marginados (11%).
Las urgencias
que siente hoy nuestra diócesis para anunciar el Evangelio son:
valentía para confesar la fe, aunque sea ir contra corriente
(24%), que no exista contradicción entre lo que los cristianos
vivimos y celebramos (24%), así como seriedad en la
preparación y vivencia de los sacramentos (13%). También son
percibidos como urgencias, aunque en menor grado: el compromiso
social de la fe (11%), la necesidad de una comunidad o grupo
para vivir la fe (9%) y la formación de los agentes de
evangelización (10%).

1.2.
Jesucristo,
referencia y contenido de la evangelización
10.
Jesús es proclamado y
anunciado como Buena Noticia porque es el Hijo eterno del Padre,
hecho hombre por obra del Espíritu Santo y porque predicó la
Buena Noticia del Reino de Dios, la nueva creación. En
Jesucristo Dios no sólo habla al hombre sino que le busca (TMA
7).
1.2.1.
Jesús,
ungido por el Espíritu
"La
Iglesia nace de la acción evangelizadora de Jesús y de los
doce" (EN 15). Jesús de Nazaret: -ungido por Dios con
el Espíritu Santo y con su fuerza; -había pasado "haciendo
el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo"
(Hech 10,38); -había sido "matado, clavándole en una
cruz por manos de los impíos"; -pero después Dios lo
había resucitado "librándole de los dolores de la
muerte" (Hech 2,23-34) y -constituyéndole así "Señor
y Cristo" (Hech 2,36).
1.2.2.
Jesús y la Buena
Noticia del Reino de Dios
11.
"Cristo, en cuanto
evangelizador, anuncia ante todo un Reino, el Reino de Dios; tan
importante, que en relación a él todo se convierte en lo
demás, que es dado por añadidura. Solamente el Reino es, pues,
absoluto, y todo el resto es relativo" (EN 8). Jesús
de Nazaret se nos descubre en el contexto social de su tiempo:
afirma la realidad del amor como única tarea del hombre frente
a los fariseos, anuncia el Reino de Dios presente en la historia
frente a las corrientes apocalípticas y los esenios y llama a
la exigencia de renovación de la sociedad y del hombre nuevo
frente a la insurrección y resistencia a Roma. Inaugura su
actividad en orden a su misión, no hablando de sí mismo o
simplemente de Dios, sino proclamando como Buena Nueva la
inminencia del Reino de Dios: "El tiempo se ha cumplido
y el Reino de Dios está cerca: convertíos y creed la Buena
Nueva" (Mc 1,15). Una cosa aparece clara: Jesús está
apasionado por una causa. La parábola del hombre que halla un
tesoro escondido en el campo (Mt 13,34) más que delinear la
figura de los que acogen con entusiasmo su propuesta le describe
a Él mismo. Toda su vida se unifica en torno al servicio del
Reino: "Mi voluntad es hacer la voluntad del que me ha
enviado y llevar a cabo su obra" (Jn 4,34).
12. * El
Reino de Dios está en lo que Jesús es, hace y dice.
Jesús en persona es la "Buena Nueva", como Él mismo
afirma al comienzo de su misión en la sinagoga de Nazaret
aplicándose las palabras de Isaías, relativas al ungido, el
enviado por el Espíritu del Señor (cf. Lc 4,14-21). Al ser Él
la "Buena Nueva", existe en Cristo plena identidad
entre mensaje y mensajero, entre el decir, el actuar y el ser.
"Su fuerza, el secreto de la eficacia de su acción,
consiste en la identificación total con el mensaje que anuncia;
proclama la Buena Nueva no sólo con lo que dice o hace, sino
también con lo que es" (RM 13).
13.
* El Reino de Dios,
plenitud de vida de los hombres, exige la conversión. Para
Jesús el Reino de Dios equivale a plenitud de vida de los
hombres, de cada hombre y de la humanidad entera. La gloria de
Dios es la vida del hombre, y la vida del hombre es la visión
de Dios, según la bella expresión de San Ireneo. Se trata de
una plenitud de vida referida a todas las dimensiones de la
existencia y engloba todos y cada uno de sus aspectos. Jesús,
realizando su apasionado servicio a la plenitud de vida de los
hombres, especialmente de los más necesitados, realiza también
su servicio al designio del Padre que le ha enviado. La
conversión por la venida del Reino de Dios lleva consigo un
vuelco radical de esta situación: deberá cambiarse cuanto en
el mundo se opone a la realización de la causa de la vida de
los hombres. No es otra cosa que el paso del egoísmo al amor
como acción vivificante en medio del mundo. El anuncio de
Jesús se presenta como alegre Buena Noticia, una propuesta para
la libertad del hombre.
1.2.3.
La Buena Noticia experimenta el conflicto y el rechazo: la cruz
14.
* La cruz y la muerte de
Jesús, expresión suprema de una existencia por el Reino. La
coherencia de Jesús por la causa del Reino, vivida hasta el
extremo, es lo que le ha llevado a la cruz. Los autores de su
condena son los jefes del pueblo y el mismo pueblo, que se sienten
atacados, puestos en evidencia y denunciados por Jesús. A pesar
de su testimonio de vida, le abandonan incluso sus discípulos (Mc
14,50). Él entrega la vida por todos. "Jesús mismo,
Evangelio de Dios, ha sido el primero y el más grande
evangelizador. Lo ha sido hasta el final, hasta la perfección,
hasta el sacrificio de su existencia terrena" (EN 7).
* Jesús
ante su propia muerte: herencia, memoria, anuncio.
Jesús en la cruz es verdaderamente "el cordero de Dios
que quita el pecado del mundo" (Jn 1,29), en el sentido
de que entrega su vida personal por todo lo que ha proclamado. Y
evidencia así uno de los aspectos constitutivos del amor
transformador: no se cambia el mundo sin dolor y sin fatiga o, en
otras palabras, no se ama en serio sin sufrir.
1.2.4.
Dios supera
definitivamente el rechazo:
la
resurrección
15.
* La Resurrección de Jesús
es una victoria total de la vida sobre la muerte. El
acontecimiento pascual consiste en la resurrección de Jesús. Por
ella los discípulos constataron la victoria plena y definitiva de
la vida sobre la muerte en el hombre y, además, en un hombre
marginado y completamente indefenso como era Jesús. En la Pascua
se anticipa en el mundo la nueva creación.
* La
Resurrección, punto de partida para descubrir a Cristo.
Si Jesús ha sido resucitado por el Padre, los discípulos
comprenden que Jesús tenía razón, Dios está con Él. No deben
seguir esperando a ningún otro mesías. Las promesas de Dios han
encontrado ya su cumplimiento en Jesús. Es Jesús el Mesías
esperado, pero lo es de una manera que ha rebasado todas las
esperanzas del pueblo. El amor es más fuerte que el dolor y la
muerte.
* El
Resucitado, Buena Noticia para los hombres.
Se podría decir que, mediante esta experiencia, los discípulos
llegaron a entender que Jesús resucitado es el Reino de Dios en
persona y que lo que le ha sucedido personalmente a Él es lo que
Dios quiere para la humanidad entera y para el mundo. Ahora
sabemos que Dios no es capaz de defraudar las esperanzas del
hombre que le invoca como Padre. Dios es alguien empeñado en
salvar al hombre por encima de todo, incluso por encima de la
muerte. Todos los que hayan creído en Cristo y hayan vivido con
su Espíritu, un día sabrán lo que es vivir en plenitud. A
partir de la resurrección los discípulos verán con más
claridad y confesarán que Dios estaba con Él y que el Hijo ha
sido constituido Señor. Así la Iglesia queda configurada, en
torno a los apóstoles, como la Iglesia de la Pascua. El
crucificado sigue vivo, y desde entonces el Reino de Dios
continúa extendiéndose hasta alcanzar su plenitud al final de
los tiempos.

1.3.
La
Iglesia, ungida por el Espíritu para
la evangelización
16.
Los que se reunieron después
de la Pascua alrededor de los Doce, llamados por Jesús (Hech
1,12-14; 2,41-47), forman la comunidad de discípulos. "En
estos hombres y por medio de ellos, el Espíritu Santo sigue
siendo el protagonista transcendente de la realización de esa
obra en el espíritu del hombre y en la historia del mundo"
(RM 21). "Solamente después de la venida del Espíritu
Santo el día de Pentecostés los apóstoles salen hacia todas las
partes del mundo para comenzar la gran obra de la evangelización
de la Iglesia" (EN 75). La iglesia particular de Burgos
está llamada a vivir hoy un nuevo Pentecostés y a continuar la
tarea evangelizadora. Ello implica ser una comunidad evangelizada
y evangelizadora, configurada con el talante y actitudes que nacen
de la fidelidad al Espíritu y del seguimiento de Jesús.
1.3.1.
En
el Espíritu
de Pentecostés: convocados a la alegría
17.
La evangelización surge de una
experiencia gozosa que no puede menos de dejar de comunicarse y de
convocar a la alegría del Evangelio aunque ello exija renuncias,
sacrificios y conversión (cf. Hech 5,41). La fuerza del Espíritu
da audacia y valor para la superación de los obstáculos al
Evangelio. La alegría del Espíritu se manifiesta en la
comunicación de la Buena Noticia de Dios que ama al hombre con un
amor sin límites y que ha querido intervenir personalmente en su
historia por medio de su Hijo Jesucristo. No basta con anunciar
esa Buena Noticia, es necesario verla hecha realidad. El anuncio
de Jesús resultaba creíble porque las gentes podían ver en Él
a un hombre que "pasó la vida haciendo el bien"
(Hech 10, 38). La Buena Noticia debe ser proclamada en primer
lugar mediante el testimonio; a través de él los cristianos
hacen plantearse, a quienes contemplan su vida, interrogantes
irresistibles. Sin embargo el testimonio es insuficiente si no es
esclarecido por un anuncio claro e inequívoco del Señor Jesús
(cf. EN 21s).
1.3.2.
Evangelizada
y evangelizadora
18.
"Evangelizadora, la
Iglesia comienza por evangelizarse a sí misma. Comunidad de
creyentes, comunidad de esperanza vivida y comunicada, comunidad
de amor fraterno" (EN 15). La Iglesia es familia, Pueblo
de Dios en comunión y misión donde todos somos agentes y
destinatarios del anuncio del Evangelio. Evangelizar no puede
reducirse a divulgar dogmas ni a conseguir adeptos para la
Iglesia. Es compartir con otros el asombro agradecido de haber
recibido, gratuitamente, el secreto de la esperanza y del gozo.
Todo lo cual supone:
* Beber
en las propias fuentes,
dejándose juzgar por el Evangelio, ir avanzando en radicalidad en
la escucha de la Palabra. "Como la lluvia y la nieve caen
del cielo, y sólo vuelven allí después de haber empapado la
tierra... así será la palabra que sale de mi boca: no volverá a
mí vacía, sino que cumplirá mi voluntad y llevará a cabo mi
encargo" (Is 55,10s).
* Estar
abiertos al Espíritu que nos precede y acompaña.
"Así, el Espíritu, que sopla donde quiere" (Jn
3,8) y "obraba ya en el mundo aun antes de que Cristo
fuera glorificado", que "llena el mundo y todo lo
mantiene unido, que sabe todo cuanto se habla" (Sab 1,7),
"nos lleva a abrir más nuestra mirada para considerar su
acción presente en todo tiempo y lugar" (RM 29).
* Acoger
los "signos de los tiempos".
Es preciso estar atentos a las llamadas de Dios que nos vienen de
la realidad misma. Porque nuestro Dios actúa en la historia y
desde ella nos llama a actuar con Él. Una mirada teologal a la
realidad es básica para que nuestra iglesia viva en actitud
evangelizadora. "Para cumplir su misión, es deber
permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de la época
e interpretarlos a la luz del Evangelio" (GS 4).
Escrutando los signos de los tiempos a la luz de la Palabra
estaremos más integrados en la vida de los hombres.
* Urgir la
conversión personal comunitaria e institucional de nuestra
iglesia. En la carta con motivo del Sínodo de Cuaresma, el
Arzobispo expresaba con claridad: "Es decisiva la
renovación callada, constante, jornada tras jornada, de persona a
persona, en todos y cada uno de los ámbitos de nuestra vida. La
fe es como el agua: si no corre, se estanca y se pudre. Para
evangelizar y ser evangelizadores debemos estar y haber sido
evangelizados". Por tanto las estructuras y organismos
eclesiales están también necesitados de evangelización para
hacer más transparente el servicio del Evangelio.
*
Transformar la realidad:
El Sínodo de los Obispos de 1971, hablando de la justicia,
decía: "La acción en favor de la justicia y la
participación en la transformación del mundo se nos presentan
claramente como una dimensión constitutiva de la predicación del
Evangelio, es decir, como la misión de la Iglesia para la
redención del género humano y la liberación de toda situación
opresiva".
1.3.3.
Viviendo
en el Espíritu
19.
Para evangelizar hace falta un estilo,
un talante, un modo de ser y de estar que ha de
caracterizar a los cristianos que se reconocen como
evangelizadores.
*
Espiritualidad radical y evangélica.
La radicalidad nos habla de raíces, que nos transmiten la savia,
y de manantiales de los que brota el agua pura y cristalina, es
decir, de lo genuino y lo fundamental. Espiritualidad quiere decir
vida en el Espíritu y según el Espíritu. La
espiritualidad radical es aquella que, por la acción del
Espíritu, vive de la iniciativa del Dios que ha intervenido
personalmente en la historia de los hombres para salvarlos y
conducirlos a la plenitud de la vida.
a) El
evangelizador ha de vivir la experiencia de filiación
porque Dios se le ha revelado en Jesucristo como Padre. El Hijo
experimenta la cercanía amorosa y la ternura entrañable del
Padre, que le suscita agradecimiento, alabanza y adoración. La
oración es el encuentro con el Padre que va transformando la
propia vida de modo escondido y misterioso pero real. Por eso la
adoración y la contemplación expresan la actitud de recogimiento
y consuelo en ese Misterio Inefable que acoge y envuelve nuestra
vida. Precisamente en un mundo cada vez más secular y profano hay
que fortalecer la experiencia del encuentro con el Dios Padre
de Nuestro Señor Jesucristo. El mundo exige a los
evangelizadores que hablen de un Dios a quien ellos mismos conocen
y tratan con la familiaridad de hijos, como si estuvieran viendo
al Invisible (EN 76).
b) Dios no
sólo habla al hombre, sino que le busca en
Jesucristo y se acerca a él de un modo insuperable. El cristiano
ha de ser consciente de vivir en la plenitud de los tiempos por la
encarnación de Jesucristo. De esa plenitud vive el cristiano y es
la que ha de comunicar la evangelización. Ser cristiano es
estar en Cristo, hacer de Cristo el principio de nuestra vida,
poder decir con San Pablo: "Ya no vivo yo, es Cristo quien
vive en mí" (Gal 2,20). Y es, a la vez, descubrir la presencia
constante del Señor en la historia y en el cosmos, pues
"Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos"
(Heb 13,8), vivir por eso a la espera de su retorno rezando
incansablemente: "Ven, Señor Jesús" (Ap 22,20).
c) Es el Espíritu
el que hace posible que podamos dirigirnos a Dios llamándole
Padre (Rom 8,14s), el que hace posible que podamos invocar a
Jesús como el Señor (1 Cor 12,3), el que hace que Cristo
habite en nuestros corazones, y el que nos estimula a vivir el
misterio de Cristo como enviado y evangelizador. Al hacer al
creyente templo del Espíritu hace que toda la vida sea una
alabanza a Dios, porque encuentra la santidad en su vida
ordinaria y cotidiana. Pero al mismo tiempo el Espíritu del Padre
y del Señor Jesucristo llena el universo y por eso prepara
los caminos del Evangelio y empuja a la Iglesia a entrar en
contacto y diálogo con todo y con los otros. Es el Espíritu el
que acoge todo lo que existe para orientarlo a la gloria de Dios,
a la consumación definitiva. Es el Espíritu el que otorga a
cada cristiano sus dones: la bondad, la justicia, la piedad,
el gozo, la alegría, la audacia, la santidad, la valentía, la
mansedumbre y sobre todo la caridad (Rm 14,17; 2 Cor 6,6s;
Ef 5,9; 1Tim 6,11), a fin de que viva profundamente su fe y para
que se entregue a la tarea de la evangelización. Nuestra iglesia
diocesana está llamada a desprivatizar todo don, por naturaleza
gratuito y concedido por el Espíritu para el bien de todos, de
manera que anuncie el intercambio de dones que crea espacio y es
alimento para todos en la mesa que el Padre ha preparado a la
humanidad.
20.
* Eclesialidad vivida.
El cristiano, bajo la acción del Dios trino, ha de realizar su
servicio a la evangelización como miembro de la Iglesia, es
decir, eclesialmente, amando profundamente a la Iglesia.
Ello quiere decir que nadie puede evangelizar por libre, de modo
aislado y espontáneo, sino como enviado por su comunidad
eclesial (EN 60). Por eso ninguno debe anunciar sus propias ideas
o sus interpretaciones particulares del misterio cristiano, sino
la fe y la experiencia de la Iglesia. Es la comunidad la que
se ve prolongada y enviada en los evangelizadores. Esta visión
eclesial exige una preocupación constante por la unidad de la
Iglesia. Es un antitestimonio reflejar divisiones y
enfrentamientos, pues ello dificulta la credibilidad del Evangelio
y el atractivo que pueda ejercer la misma Iglesia, aunque el
cristiano debe estar preparado para asumir los conflictos y
tensiones que puedan surgir. Esta eclesialidad exige del
evangelizador una participación frecuente y asidua en la
vida de la comunidad, en la Liturgia y en la vida sacramental.
21. * La
espiritualidad de encarnación.
La Encarnación del Hijo es la expresión más sublime de
la iniciativa del Dios Padre que busca a los hombres. La voluntad
de acercamiento y aproximación a la vida real de todos
los hombres debe animar al evangelizador. Éste debe tener los
mismos sentimientos de Cristo quien "tomando la condición
de siervo, haciéndose semejante a los hombres... se humilló a
sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz"
(Fil 2,5 ss). La encarnación recuerda que hay que
adentrarse en las condiciones reales de la vida de los hombres,
percibidas y analizadas con realismo. Cada hombre nos
espera en su circunstancia. La evangelización que se hace desde
fuera o desde lejos es insuficiente e inválida. Debemos
recordar el método de San Pablo: "me hago todo con todos
y para todos a fin de ganarlos a todos para Cristo" (1
Cor 9,23). Es idea constante en la Iglesia actual que todas las
vías de la Iglesia conducen al hombre (RH 14). Y por eso la
vía del hombre y de cada hombre es la vía privilegiada que debe
recorrer en el cumplimiento de su misión, vía que recorrió el
mismo Cristo y que inevitablemente pasa a través de la
encarnación y la cruz, es decir, de la cercanía y de la
disposición a asumir y superar el rechazo y el sufrimiento.
22.
* Evangelizar en diálogo.
Toda la historia de la salvación es un diálogo constante e
incansable de Dios con los hombres. El mismo Jesús ofrecía
la salvación de Dios y la vida nueva como una invitación a la
libertad del hombre. Proponía, no imponía. Se acercaba al hombre
concreto para que sus palabras y sus acciones resultaran
comprensibles, significativas. La actitud de diálogo exige no
sólo el acercamiento, sino también la acogida de la persona
preocupada y desconsolada y la escucha de sus preguntas y
de sus inquietudes. El evangelizador no puede hablar un lenguaje
extraño o unos términos ajenos a la experiencia de los otros. La
acción evangelizadora es un encuentro personal en el que se
valora al otro. El encuentro ha de ser siempre enriquecedor
para ambas partes, por lo que se deben acoger sus valores, sus
experiencias, sus ilusiones. También la presencia del Espíritu
aletea en las hondas experiencias de muchos hombres sinceros,
honrados, generosos y comprometidos con sus semejantes. El
diálogo ha de ser siempre diálogo salvífico, diálogo de
salvación. No se puede tratar de un mero intercambio de
opiniones, ni de un debate sobre ideas, sino que ha de ser
ocasión de comunicar la propia experiencia de salvación y
la capacidad transformadora del Evangelio. Por eso es necesario el
discernimiento, es decir, la capacidad de evaluar y de
analizar la situación de los otros para así descubrir lo que de
novedad puede aportar el anuncio de Jesucristo como Salvador del
hombre.
23.
* Evangelizar desde el
servicio. El cristiano comunica y anuncia lo que ha recibido.
Y como lo ha recibido gratis lo comunica gratis. Sabe que
la generosidad no es búsqueda de eficacia y que el auténtico
regalo no debe exigir nada a cambio. La evangelización consiste
en el placer de dar, de comunicar, de transmitir. La gratuidad
ha de ser la nota esencial de la espiritualidad del
evangelizador porque precisamente en eso consiste la Buena
Noticia. El cristiano no sólo da gratis su mensaje, se entrega
él mismo en servicio de las necesidades de los demás. San
Pablo lo decía con estas palabras: "queremos no sólo
daros el Evangelio de Dios, sino aún nuestras propias vidas. Tan
amados sois" (1 Tes 2,8). "Yo me gastaré y
desgastaré por vosotros aunque amándoos con mayor amor sea menos
amado" (2 Cor 12,15). El apóstol tiene corazón de
madre porque refleja la misericordia entrañable de Dios que
entregó al mundo lo mejor que tenía, su Hijo Jesús. El servicio
lleva también a la solidaridad y puede llevar a la denuncia. La solidaridad
como expresión del amor fraterno que considera al otro como hijo
del mismo Padre y que por ello se siente vinculado a sus problemas
y necesidades. La denuncia debe ser expresión del servicio
cuando protesta contra todo lo que atenta a la dignidad de los
hombres y a sus derechos fundamentales. Por eso la espiritualidad
debe incluir el riesgo de la propia vida, la pobreza que hace
libres para los demás, el desapego del propio interés para
hacerse hermano de aquéllos a los que ha sido enviado. El testigo
que sirve ha de estar dispuesto a convertirse en mártir
que sufre y padece.
24.
* Opción preferencial por
los pobres. Los pobres se encuentran en el centro del corazón
de Dios. La evangelización de los pobres es el signo principal de
la auténtica evangelización (cf. Mt 11,5; Lc 7,22). "Sólo
una Iglesia que se acerca a los pobres y a los oprimidos, se pone
a su lado y de su lado, lucha y trabaja por su liberación, por su
dignidad y por su bienestar, puede dar un testimonio coherente y
convincente del mensaje evangélico. Bien puede afirmarse que el
ser y el actuar de la Iglesia se juegan en el mundo de la pobreza
y del dolor, de la marginación y de la opresión, de la debilidad
y del sufrimiento" (IP 10). Esta opción debe impregnar
toda la actividad de nuestra diócesis, pues ha sido considerada línea
de acción prioritaria. De modo más profundo y concreto a la
vez será analizada más adelante en el apartado 2.2.

1.4.
La
iglesia en Burgos quiere ser hoy Buena Noticia
1.4.1.
Comunidad
evangelizadora
25.
Jesús dijo a sus discípulos:
"Poneos en camino" (Lc 10,3). "Encaminaos
a todos los hombres, al mundo entero y a toda la creación"
(Mt 28,19). Así se inició la historia de la evangelización. Esa
historia es la que quiere prolongar nuestra iglesia diocesana,
para ser hoy misionera de la propia realidad burgalesa y
comprometida en la extensión del Evangelio en otras tierras y
culturas, fiel a la tradición misionera "ad gentes".
Por ello debemos
|
26. Potenciar un mayor
conocimiento, interés y ayuda de nuestra iglesia local
hacia la Iglesia misionera universal. La misión, que forma
parte del ser de la Iglesia, está en sus comienzos. Por eso
la perspectiva misionera ha de iluminar toda la
programación pastoral de nuestra diócesis. Es necesario
pasar de cristianos que cumplen a comunidades que
evangelizan. En este nuevo impulso nuestra diócesis ha de
seguir fiel a su gran historia misionera. |
|
27. Considerar la
animación y formación misionera del Pueblo de Dios como
algo central de la vida cristiana, informando y formando
para la misión universal de la Iglesia y promoviendo la
cooperación para la evangelización. |
|
28. Mantener y potenciar
el compromiso de relación y comunión con los misioneros
burgaleses, muy especialmente con los de carácter
diocesano, ya sea en países del Tercer Mundo ya sea en
otras iglesias particulares de España, respaldando y
apoyando todas sus necesidades ya sean pastorales o
personales, tanto en las iglesias en las que se encuentran
como a su regreso a la diócesis por diferentes motivos. |
|
29. Continuar
profundizando el compromiso de la diócesis de Burgos en la
misión "ad gentes" de la Iglesia universal,
enviando misioneros, sacerdotes y laicos que
voluntariamente, y previa y adecuada preparación y un
proyecto fundamentado, puedan realizar la tarea
evangelizadora en las iglesias de misión, bien a través de
cauces directamente diocesanos o de otros cauces apropiados.
Promuévanse las vocaciones misioneras con la oración, el
testimonio de vida cristiana y la comunión solidaria
material. |
30.
Para ser Buena Noticia nuestra
iglesia debe dejarse transformar por el Espíritu en su ser
y en sus expresiones (estructuras, organismos, instituciones...).
Como recordaba el Congreso de Parroquia Evangelizadora:
"Por muy importantes que puedan ser las acciones y los
gestos individuales de cada creyente, la responsabilidad y el
impulso de la misión evangelizadora está en la comunidad. Por
ello, donde no se construye comunidad de seguidores de Jesús se
está obstaculizando de raíz la evangelización". Dentro
de este planteamiento general la renovación de medios y de
cauces ha sido considerada línea de acción prioritaria.
Para
facilitar la evangelización nuestra iglesia ha de asentarse en la
potenciación de grupos que sean espacio de comunicación
cercana y personal y favorezcan comunidades de talla humana y el
crecimiento de una fe personalizada y comprometida en el mundo,
siendo de este modo sal y fermento. Para ello se debe
|
31. [* P *] Tender a una
parroquia de comunión y corresponsabilidad donde todos
participen en la marcha de la vida parroquial y en las
acciones de evangelización, celebración y compromiso
cristiano. |
|
32. Dar a conocer y
fomentar el sentido de los ministerios de la comunidad,
valorar los existentes (catequistas, ministros de la
comunión, visitadores de enfermos, animadores de grupos...)
y establecer otros nuevos en función de la misión. |
|
33. Dotar a los grupos de
adultos de las parroquias, cuando no posean una
organización supraparroquial, de una organización
diocesana, que garantice el protagonismo laical, la
formación integral, la presencia pública en la sociedad,
su participación en la vida diocesana y su permanencia como
grupos. |
|
34. Promover iniciativas
de renovación eclesial, como misiones populares renovadas,
para evangelizar al Pueblo de Dios, hacer de las parroquias
comunidades evangelizadas y evangelizadoras, suscitar
agentes de pastoral, salir hacia los alejados, renovarse en
la fe personal y comunitariamente, crecer en
corresponsabilidad... secundando así los objetivos del
Sínodo. |
|
35. Estudiar a lo largo de
todo el próximo curso en todas las parroquias los
documentos sinodales, mediante fichas elaboradas por una
comisión que ha de seguir el proceso, de manera que se
contraste con cada realidad, se prioricen acciones y medios
y se elabore un proyecto parroquial a trabajar a medio
plazo. |

1.4.2.
Agentes
de evangelización
Para llevar
a cabo esta tarea evangelizadora se ha de cuidar en primer lugar a
los agentes de la evangelización.
36.
A/ Sacerdotes: El estilo
evangelizador que se propone en nuestra diócesis exige en los
sacerdotes una puesta al día permanente, renovación constante en
su ser y hacer ministerial, enraizados en una espiritualidad
evangélica, superando estilos de mero cumplimiento
administrativo-funcional de servicios religiosos: testigos
sencillos, con vida interior, disponibles y acompañantes. Y es
que el sacerdote tiene un papel decisivo en la evangelización.
Para que su ministerio dentro de la comunidad sea eficaz necesita
una fuerte dosis de creatividad apostólica. Viviendo día a día
la comunión, ha de ser capaz de trabajar en equipo con los demás
sacerdotes, con los religiosos y con los seglares. La formación
permanente irá orientada a la actualización en una pastoral
cambiante. También la formación en el Seminario, de manera que
los seminaristas, antes de ordenarse, tengan clara su identidad
sacerdotal, su fidelidad pública al magisterio de la Iglesia y
una profunda vida interior. Para conseguirlo hay que
|
37. Promover cauces para
ayudar al crecimiento permanente y actualizado a nivel
espiritual, afectivo, social e intelectual del sacerdote:
equipos de trabajo y de vida sacerdotal, jornadas de
espiritualidad presbiteral, formación permanente.
Establézcase como obligatorio, al menos cada 10 años, un
curso de renovación. |
38.
B/ Religiosos: La
iglesia diocesana reconoce y agradece su entrega, tanto en la vida
contemplativa, mediante la oración, el trabajo, la acogida en sus
hospederías y el testimonio de vida, como a los que trabajan
especialmente en el campo misionero, de la caridad y enseñanza, y
desea que cada vez sean más plenamente incorporados a la vida y
pastoral diocesana aportando y enriqueciendo nuestra iglesia con
su propio carisma.
|
39. Nuestra diócesis es
rica en comunidades contemplativas. Parece que es urgente
potenciar en ellas una formación más intensa, tanto
cultural como teológica, para que sigan hablando de Cristo
en el aquí y ahora de la Iglesia y de la sociedad. |
40.
C/ Laicos: Una iglesia
que se propone su renovación para la evangelización de la
sociedad ha de fomentar la participación de los laicos,
facilitarles una formación idónea, encomendarles misiones
propias y acompañarles en su quehacer misionero. De cara a este
objetivo proponemos
|
41. Ofrecer, favorecer y
garantizar una formación adecuada a los agentes de pastoral
conforme a sus distintos niveles. Para lo cual en los
arciprestazgos se implantarán cursos de formación y
actualización, y se contemplarán períodos intensos
dedicados especialmente a ello. |
|
42. Elaborar y llevar a
cabo un proyecto diocesano de formación de laicos que
facilite la vivencia de la identidad y la responsabilidad
del laicado en el mundo y en la Iglesia de hoy, coordinado
por la vicaría de Pastoral y con el apoyo de la Facultad de
Teología. |
|
43. Facilitar la
formación especializada de agentes de pastoral para la
evangelización en los diversos ambientes sociales. Que la
vicaría de Pastoral, en coordinación con las delegaciones,
elabore un proyecto que dé a conocer los ambientes más
urgentes y señale los pasos a seguir para realizarlo. |
La formación
ha sido considerada como línea de acción prioritaria.
Para coordinar y articular todas las iniciativas orientadas en
este campo, que surgirán a lo largo de estas Constituciones, este
Sínodo establece la necesidad de:
|
44. [* P *] Crear el
consejo diocesano de formación, que entre otras desempeñe
las siguientes funciones: representación de las tres
vocaciones en la Iglesia (sacerdotes, consagrados, laicos);
programación general de formación (planes); seguimiento y
evaluación de las acciones; realización de actividades
conjuntas e intercambio con otras diócesis. |

1.4.3.
En
una nueva sociedad y una nueva cultura
45.
El mundo actual se está
convirtiendo en la "aldea global", en un pueblo común.
El mundo se está unificando cada vez más por una nueva
cultura que irá dando origen a un mundo nuevo, muy
distinto del actual. Nuestra diócesis no es ajena a los
cambios rápidos y profundos que configuran la nueva cultura; debe
tomar conciencia de esa novedad porque de algún modo nos
condiciona a todos, especialmente a los más jóvenes. Y por eso
mismo debe buscar el modo de estar presente, como testigo del
Evangelio, en esos lugares donde se crea, se genera y se elabora
un mundo nuevo y una nueva cultura; todo lo cual sólo se puede
realizar si se afronta de manera conjunta y coordinada desde
muchos ámbitos de la pastoral. De este mundo y de esta nueva
cultura destacamos especialmente estos aspectos:
46.
A/ La mundialización a
nivel económico, social... que condiciona en gran manera las
realidades y valoraciones cotidianas del hombre y mujer
burgaleses. Una de las realidades más afectadas por esta
mundialización es el mundo del trabajo, sujeto a profundas
transformaciones ocasionadas por la implantación de las nuevas
tecnologías, y tanto en el campo como en la ciudad. Esto provoca
la dualización social: se abre una gran brecha entre los bien
preparados e instalados y aquellos con menos posibilidades. Lo
cual exige una postura clara de nuestra iglesia diocesana para
hacer que llegue a todos el Evangelio desde la opción
preferencial por los excluidos.
Esta
mundialización e intercomunicación tiene una de sus expresiones
en el desarrollo de la actividad peregrinante por el camino de
Santiago que cruza la diócesis de Burgos. Ello comporta el paso,
de manera creciente, de decenas de miles de personas de distintas
nacionalidades y culturas. Por ello pedimos:
|
47. Estudiar y planificar
una pastoral específica del Camino de Santiago. |
48.
B/ Sociedad del ocio y del
tiempo libre: Esta nueva sociedad está desarrollando una
nueva cultura caracterizada por el ocio y el tiempo libre con una
doble perspectiva: tiempo libre consumista o liberador, que es al
mismo tiempo posibilidad y obstáculo para la evangelización.
Como medio para dar una respuesta cristiana proponemos
|
49. Ofrecer personas,
espacios, estructuras (en las parroquias, arciprestazgos,
asociaciones, movimientos e instituciones), procesos
formativos y alternativas liberadoras para la convivencia y
el tiempo libre de los jóvenes y de los mayores. |
50.
C/ Nuevos movimientos
sociales: el actual panorama social está haciendo surgir
nuevos modelos de organización entre los cuales adquieren
preponderancia los nuevos movimientos, al mismo tiempo que
cuestionan el modelo social vigente. Son organizaciones que buscan
la promoción de intereses más específicos, por ejemplo la
defensa del medio ambiente (movimiento ecologista), la defensa de
la mujer (movimiento feminista), la cultura por la paz (movimiento
pacifista), la cooperación y el desarrollo del Tercer Mundo (ONGs)...
51.
Estos nuevos movimientos
aportan una novedad radical fundamentada no tanto en el ámbito
económico y distributivo cuanto en las nuevas formas de vida:
nuevo modo de entender el empleo del tiempo, relaciones con los
demás, relaciones con la naturaleza, con el otro sexo, con las
otras razas, etnias y culturas. Detrás de todas ellas se está
incubando la política del futuro. Nuestra responsabilidad nos ha
de llevar a
|
52. Fomentar la
implicación de los cristianos en los nuevos movimientos
sociales, Organizaciones no Gubernamentales y otros. |
|
53. Favorecer la
educación para la paz, la tolerancia, el diálogo (por
ejemplo en la catequesis de infancia a través de juegos
pacíficos) y la presencia de los cristianos en los grupos
que promueven la paz. |
|
54. Realizar y potenciar
las iniciativas de carácter ecológico desde una
perspectiva cristiana, educando en el respeto, preservación
y cuidado de la naturaleza como creación de Dios. |
|
55. Colaborar de forma
activa con las organizaciones que luchan por el
reconocimiento, igualdad y promoción integral de todas las
personas. |
56.
D/ Secularismo e increencia:
aparecen como fenómenos ascendentes en nuestra sociedad burgalesa
que ha pasado de ser una sociedad de cristiandad a una sociedad
plural y laica, a pesar del alto porcentaje de bautizados. Hay
muchos bautizados no evangelizados. Por eso se ve con gran
preocupación el alejamiento de la fe, la indiferencia ante la
religión. Incluso se percibe un ateísmo práctico creciente. Hay
entre nosotros hombres y mujeres que, nacidos en familias y
crecidos en ambientes católicos, han ido volviendo la espalda a
ese pasado y al cristianismo que en cierta medida impregna nuestra
sociedad. Incluso veremos cada vez más personas que se educan al
margen de la fe cristiana, que no son bautizadas, que defienden
valores ajenos al Evangelio. Son los postcristianos porque viven
en un mundo y en una cultura que prescinde de la tradición
cristiana. El número creciente de bautizados no convertidos
(indiferentes, alejados, no practicantes...) son para nuestra
iglesia diocesana un reto evangelizador de primer orden. Puede
admitirse una Iglesia de pecadores pero nunca de increyentes, de
personas no convertidas al Evangelio. El re-nacer a la fe es una
categoría básica en la vida cristiana. Con este objetivo hay que
|
57. Fomentar la relación
y apertura hacia los no-creyentes e indiferentes,
facilitando el despertar a la fe, realizando acciones de
"primer anuncio", desde la propia coherencia de
vida y a través de encuentros de colaboración mutua en
tareas comunes, favoreciendo el diálogo y la acogida
personal. |

1.4.4.
Sectores
a tener en cuenta
58.
A/ Mundo rural. Si bien
cuantitativamente (en número de habitantes), el mundo rural es
una minoría y en proceso de constante recesión, constituye el
sustrato que configura históricamente a nuestro pueblo, afectado
en profundidad por la nueva cultura. Ya no se ve tan claramente la
distinción entre lo rural y lo urbano. Muchos pueblos
experimentan el aluvión del fin de semana o del período de
vacaciones. Y se instalan en ellos hábitos y costumbres
procedentes de la ciudad. De ahí que sea importante establecer
desde los distintos organismos diocesanos un diálogo enriquecedor
que responda a las dos realidades en que se vive: la ciudad y los
pueblos. Desde la perspectiva de la evangelización, el mundo
rural reclama una opción preferencial y específica de
encarnación y servicio y por ello se debe hacer que
|
59. [* P *] Todas las
delegaciones, especialmente las de Catequesis, Enseñanza,
Familia, Apostolado seglar, Juventud, Tercera Edad, Cáritas
y el Seminario Diocesano, tengan muy en cuenta en sus
objetivos, programaciones y actividades de talante
evangelizador-liberador, las características específicas
del mundo rural, creando un mecanismo de control y
seguimiento. |
60.
B/ La familia. Las
familias de nuestra tierra participan en líneas generales de la
misma crisis que afecta al matrimonio y a la familia en todo
Occidente: se van abriendo paso otras formas de matrimonio en las
que prima más la búsqueda de la felicidad que las referencias
institucionales. Sin embargo, y a pesar del cambio, la familia
sigue siendo el marco natural para que la persona obtenga el apoyo
básico para su crecimiento integral. Sigue siendo insustituible
en la educación de valores. Consciente de que la
evangelización pasa necesariamente por la familia, este
Sínodo ha visto ahí una línea de acción prioritaria.
Referencias a este protagonismo de la familia aparecerán varias
veces en estas Constituciones. En este contexto señalamos dos
propuestas priorizadas:
|
61. [* P *] Crear y
potenciar en las comunidades parroquiales escuelas de
padres, grupos y encuentros de matrimonios para su propia
formación como pareja, y que acompañen en la educación y
en la fe. Promuévase de modo especial la catequesis
familiar. La delegación de Familia ofrecerá a las
parroquias un proyecto concreto y animará su puesta en
práctica. |
|
62. [* P *] Revitalizar y
dar a conocer el centro de orientación familiar que ponga
en marcha programas de familia y ayuda a nuevas situaciones
familiares a nivel de arciprestazgos. |
63.
C/ Los jóvenes. En el
seno de estos cambios se encuentran los jóvenes como actores y
como espectadores, gozando y sufriendo a un tiempo. Sufren la
coyuntura social, política, económica y cultural por la que
está pasando nuestra sociedad con un futuro preocupante e
incierto. Nuestra iglesia diocesana asiste con preocupación a
esta realidad juvenil y manifiesta el deseo de encontrar
respuestas apropiadas para la evangelización de los jóvenes a
fin de que pueda construirse con ellos la Iglesia del futuro. Para
facilitarlo proponemos
|
64. En las comunidades
cristianas y desde el Evangelio y valores cristianos, crear
espacios y ofrecer grupos y procesos formativos a nuestros
jóvenes, especialmente alejados y marginados, ajustándose
a un estudio de sus necesidades, problemáticas y
preferencias en el que tenga cabida su realidad familiar
haciendo partícipes a sus padres. Durante los procesos de
formación las parroquias ofrecerán un abanico de ámbitos
y lugares para la inserción comunitaria y el compromiso
cristiano. |
|
65. Garantizar en nuestras
parroquias procesos educativos que permitan la continuidad
de los creyentes desde la infancia hasta la edad adulta. En
este sentido se potenciará y priorizará la propuesta
pastoral para Grupos Parroquiales de Jóvenes (GPJ) y
Acción Católica General de Jóvenes planteada por los
obispos de la Región. |
|
66. [* P * ] Para llevar a
cabo la evangelización de los jóvenes se tendrá muy en
cuenta la presencia e incorporación de jóvenes capacitados
y preparados en los órganos de dirección y coordinación
de la comunidad cristiana en sus diferentes niveles. En los
arciprestazgos rurales se priorizarán proyectos de pastoral
juvenil que fomenten el proceso de evangelización entre los
jóvenes. |
|
67. Que haya una opción
clara por la delegación de Juventud como ámbito de
comunión y relación de todos los grupos, asociaciones,
movimientos, parroquias... con el fin de avanzar hacia una
pastoral de juventud articulada y coordinada. Esta opción
ha de darse también por la Escuela Diocesana de Educadores
de Juventud y la pastoral juvenil de las parroquias,
dedicando las personas y los recursos necesarios. |

1.5.
Cauces
y tareas
68.
Para que la acción
evangelizadora de nuestra iglesia sea operativa y eficaz en este
momento de nuestra historia, es preciso renovar y adaptar los
cauces (instituciones, grupos, personas...), así como
promover tareas y acciones nuevas, y todo ello desde criterios
evangélicos, es decir, no apoyándose en los poderes de este
mundo sino en la fuerza de Dios.
1.5.1.
Formación
y catequesis
69.
La iglesia en Burgos,
evangelizada y evangelizadora, es consciente de que la
formación y la catequesis son pilares básicos. Son muchos
los esfuerzos y recursos empleados en la catequesis de infancia.
Esta es la que ocupa gran parte de tiempo y de las personas de
nuestras comunidades. Sin embargo no podemos olvidar que el
paradigma de la catequesis es la catequesis de adultos.
70.
Para seguir avanzando se
reclama un proceso catecumenal común a toda la diócesis,
continuado y planificado, que nos ayude a superar la dispersión y
la vinculación directa con la recepción de los sacramentos. Para
ello habrá que
|
71. [* P *] Elaborar un
itinerario educativo de la fe para toda la diócesis que sea
evangélico, priorizando el conocimiento y encuentro con el
Dios-Amor. Este itinerario también será gradual,
permanente, actualizado y para todos, que empiece a
aplicarse como máximo en uno o dos años. La delegación de
Catequesis, en un plazo de dos años, pondrá en marcha el
proyecto. |
|
72. Extender e implantar
la catequesis de adultos en las parroquias, elaborando un
plan diocesano de catequesis de adultos, aportando medios
materiales y humanos a las parroquias para que puedan
realizarla. |
|
73. Revisar, actualizar y
coordinar la catequesis de infancia e impulsar el Movimiento
Junior como movimiento evangelizador de infancia. |
|
74. Que durante el
próximo curso se fije un número determinado de escuelas de
catequistas con programas y responsables y que cada
parroquia garantice la formación de los catequistas. |
75.
Teniendo en cuenta que la
formación es un concepto más amplio que el de catequesis, se
constata la importancia y la insistencia sobre la misma. Los
cambios que experimentamos reclaman que sea renovada y
actualizada, fundamentada en las fuentes bíblicas que se han
de conocer mejor en contraste con la vida y desplegando la
dimensión sociopolítica de la fe para responder mejor a los
retos del momento, conociendo para ello la doctrina social de la
Iglesia. Como medio hay que
|
76. Ofrecer cursos que
faciliten la lectura, estudio y comprensión de la Biblia
desde la propia vida. |
77.
Para que la fe pueda crecer y
dar fruto precisa estar bien arraigada y haber sido asumida
voluntariamente de modo que integre criterios, actitudes y
opciones, superando el divorcio fe-vida y haciendo experiencia
la tradición recibida. Para ello proponemos
|
78. Dar a conocer y
practicar el método de Revisión de Vida (ver, juzgar y
actuar) en los distintos grupos cristianos. |
79.
Quienes ejercen tareas
eclesiales y los agentes de pastoral han de cuidar de un modo
especial su actualización: las instituciones, escuelas y
grupos que acompañan su labor han de ponerse de relieve. En
consecuencia se deberá
|
80. Aprovechar mejor y
dinamizar, de cara a los nuevos tiempos, los recursos e
instituciones ya existentes (Facultad de Teología, escuela
de catequistas, de tiempo libre...), extendiendo sus
actividades a las diferentes parroquias y arciprestazgos de
toda la diócesis. |
81.
Cabe
hacer una mención del patrimonio religioso-cultural de la
Iglesia que se ha convertido hoy en un signo de los tiempos,
pero principalmente desde el aspecto cultural-artístico e
histórico, olvidando o descartando el aspecto religioso, de fe,
catequético y evangelizador que le es propio, por el fin para el
que fue creado. Por ello, los fieles han de valorar este
patrimonio como una gran herencia de la expresión plástica de
fe-Evangelio creído y vivido de los cristianos que nos han
precedido. Para ello se propone:
|
82. Que la comisión de
Patrimonio dé a conocer este legado a los fieles en general
y a las generaciones jóvenes en particular, para que sepan
conectar con las etapas anteriores de la Iglesia y estimular
su conservación, de manera que se aproveche este patrimonio
en la enseñanza religiosa, en la catequesis de adultos y en
la evangelización de cara al turismo de nuestros templos y
museos. |

1.5.2.
Liturgia
83.
Aunque esta dimensión será
desarrollada posteriormente, cabe apuntar brevemente su
dimensión evangelizadora. Nuestras celebraciones son para
muchos la única referencia de lo religioso. Por ello se
convierten en ocasiones propicias a cuidar. Su dinamismo,
simbología, lenguaje... pueden ser instrumentos de la Buena
Noticia de Jesús. Ello nos invita a prepararlas más y mejor,
participando y haciéndolas participativas, imprimiendo dinamismo
vital más allá del puro ritualismo. En definitiva debemos hacer
de las celebraciones experiencias gozosas de comprensión y
vivencia del paso de Dios por nuestra historia.
1.5.3.
Comunión
eclesial
Diócesis,
arciprestazgo, parroquias, delegaciones
84.
También este aspecto será
desarrollado más ampliamente en otro momento. Pero no ha de
olvidarse que el fin de la comunión es la evangelización:
"Yo en ellos y tú en mí, para que lleguen a la unión
perfecta, y el mundo pueda reconocer así que Tú me has enviado y
que les amas a ellos como me amas a mí" (Jn 17,23). En
ese sentido se ve necesario planificar una pastoral de conjunto
diocesana más evangelizadora, que pasa por una mayor relación,
encuentro y coordinación pastoral de grupos, movimientos,
comunidades y parroquias; así como de parroquias, arciprestazgos
y delegaciones. Más en concreto, se siente la urgencia de hacer
que las parroquias sean evangelizadoras por la participación y el
compromiso, especialmente el social. Por ello pedimos
|
85. Que los consejos
parroquiales elaboren un plan de pastoral que incluya un
análisis de la realidad dando prioridad a la
evangelización y al compromiso social, con la debida
planificación y revisión, en sintonía con el plan
diocesano. Cada parroquia, al comienzo de curso, presentará
dicho plan a todos los miembros de su comunidad. |
86.
Se pide reconsiderar y
potenciar el funcionamiento de los arciprestazgos, ámbitos
para aunar esfuerzos y complementarse en aquellos retos
evangelizadores que superan el ámbito o los recursos
parroquiales. En cuanto a la diócesis, se reclama una renovación
de organismos, estructuras y pastores, para que sea una
iglesia más pobre de hecho y no de palabra y muestre una mayor
preocupación por los problemas sociales de la gente. Como vía
proponemos
|
87. Hacer un análisis,
con revisión periódica, de nuestra realidad pastoral
diocesana con vistas a la evangelización y que lleve a
procesos de acción con prioridad hacia los más
necesitados. Este análisis se concretará en planes
pastorales trienales, cuyo desarrollo y cumplimiento
estudiarán y seguirán anualmente tanto el consejo Pastoral
diocesano como el consejo Presbiteral. |
88.
Dada la complejidad de nuestro
mundo es cada día más importante desarrollar una pastoral
más diversificada según ambientes y sectores. Las
delegaciones sectoriales son los canales adecuados para ir
suscitando y coordinando esta pastoral en las parroquias y
arciprestazgos. Entre todas ellas, la delegación de Apostolado
seglar cobra un valor especial. Por tanto se deberá
|
89. Impulsar y
reestructurar la delegación de Apostolado seglar conforme a
los criterios establecidos por el CLIM a lo largo del
próximo curso pastoral. |

1.5.4.
Pastoral
familiar
90.
Dada la evolución y los
cambios experimentados en la familia, ésta es motivo de fuerte
preocupación para nuestra iglesia diocesana. Para la
formación integral de la persona consideramos que en la
formación a la vocación matrimonial debe haber una íntima
correlación entre la pastoral juvenil, familiar y vocacional. El
sentido de lo trascendente, el despertar a lo religioso, la
iniciación cristiana, la educación en valores, el testimonio de
compromiso... se desarrolla especialmente en el ámbito familiar.
La familia, de esta forma, se convierte en el "humus"
necesario para la evangelización. Este tema será retomado más
adelante.
1.5.5.
Pastoral
educativa
91. Saber
dar razón de nuestra fe
se
convierte en algo necesario para cualquier cristiano que quiera
entrar en diálogo con el mundo. Desde esa clave, el desarrollo de
la cultura religiosa, la fundamentación teológica de nuestra fe,
el conocimiento de la historia sagrada y de la Iglesia... son
equipaje imprescindible de todo evangelizador. Acompañar todo ese
proceso en el ámbito de la comunidad escolar, más allá de la
asignatura de religión, apuntando a una educación integral, es
tarea especialmente a cuidar. Para ello
|
92. La delegación de
Enseñanza potencie la pastoral educativa escolar general y
universitaria y la enseñanza de la religión en el ámbito
de la nueva evangelización, seleccionando y formando a su
profesorado y procurando que la enseñanza religiosa escolar
sea impartida preferentemente por laicos. |
|
93. La delegación de
Enseñanza debe trabajar para que la asignatura de religión
tenga la misma validez y posibilidades de desarrollarse que
el resto de asignaturas. Trabaje por el reconocimiento y
dignidad de los profesores de religión, económica y
socialmente, y favorezca la participación de los padres
cristianos en las escuelas públicas. |
|
94. Como gesto de apoyo a
los profesores de religión con dedicación exclusiva en
primaria, la diócesis les asignará mensualmente un
complemento económico para que puedan pagarse al menos la
seguridad social y los desplazamientos. Cada caso será
estudiado por la delegación de Enseñanza y la
Administración diocesana. |
|
95. Atención preferente
al mundo universitario, desde el punto de vista de
profesionales, profesores y alumnos: a) potenciación de los
cursos de formación teológica dirigidos a universitarios
sobre cuestiones de actualidad. b) Desde el punto de vista
pastoral, la potenciación de la capellanía universitaria:
apertura permanente de la iglesia del Hospital del Rey,
cursos de catequesis, atención de sacramentos... |

1.5.6.
Medios
de comunicación social (MCS)
96.
Observamos la fuerte incidencia
de los medios de comunicación social en la sociedad
actual. Ellos configuran cada vez más a la persona. Nuestra
iglesia diocesana tiene que ser receptiva hacia los MCS, asumiendo
que éstos en ocasiones pueden ser críticos. Entrar en la nueva
era de la comunicación hace que se reclame un aprovechamiento
mayor de los MCS en orden a la evangelización. Son uno de los
areópagos de nuestra aldea global. Por ello decidimos que hay que
|
97. Lograr una mayor
presencia de la iglesia diocesana en los diversos MCS. |
|
98. Que el matrimonio y la
familia católica estén más presentes en los diversos MCS
acentuando y testimoniando los valores fundamentales del
matrimonio y la familia. |
|
99. Favorecer la
cualificación de profesionales cristianos en los MCS. |
|
100. Que la hoja diocesana
Sembrar sea órgano de comunicación diocesana dando
cabida en ella a cualificados profesionales y que se asuma
así por toda la diócesis. |
|
101. Elaborar un plan de
formación en los MCS para el Seminario con carácter
obligatorio de cara a concienciar y sensibilizar a los
futuros agentes de pastoral. |
|
102. Potenciar el servicio
de documentación e información, a nivel interno y externo. |
|
103. Crear la figura del
portavoz diocesano. |
|