Sínodo diocesano de Burgos

   

 

1. Ser hoy buena noticia para todos


6. En coherencia con la solicitud de Juan Pablo II, en TMA 21, el Sínodo diocesano sitúa en su pórtico la urgencia evangelizadora que brota de su identidad eclesial. Redescubrir la fuente y el origen de la evangelización en las misiones del Hijo y del Espíritu es la preparación más adecuada para llevar adelante la tarea de la nueva evangelización.

 

1.1. Punto de partida:

"La Iglesia existe para evangelizar" (EN 14)

7. "Evangelizar significa para la Iglesia llevar la Buena Nueva a todos los ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad" (EN 18). Como el Padre envió al Hijo, éste envía a la Iglesia con la fuerza del Espíritu que le movía a Él a "recorrer todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas, anunciando el Evangelio del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias" (Mt 9,35).

 

8. El Sr. Arzobispo nos recordaba en su carta de convocatoria del Sínodo: "Queremos ser Iglesia encarnada, lúcida y realista para discernir en qué contexto socio-cultural nos encontramos". La realidad social a la que queremos responder nos exige adentrarnos en nuestra historia reciente y en el momento actual de nuestra sociedad burgalesa:

* Según se desprende del Informe Foessa de 1996, la población de nuestra diócesis tiende con mucha fuerza a disminuir y está bastante envejecida. El éxodo rural vivido en los años del desarrollo industrial ha transformado radicalmente el perfil tradicional de una población mayoritariamente rural: el 47,50% de la población vive en Burgos capital. En zonas urbanas y semiurbanas, viven el 71,56% del total de la provincia. Hay, por tanto, una clara concentración en zonas urbanas y una gran dispersión de población en muchos y pequeños núcleos rurales.

* Nuestro pueblo ahora se enfrenta a una pérdida progresiva de derechos ante el nuevo panorama socio-laboral: precarización del trabajo, movilidad geográfica y funcional, paro, empresas de contratación temporal, reducción del horario laboral, jornadas a turnos, flexibilización...

* Una sociedad que se rompe y que aumenta las diferencias económicas entre un reducido sector cada vez más pudiente y unas clases cada vez más desfavorecidas. Por eso hablamos hoy de los nuevos pobres, de la marginación creciente.

* Unas sombras que oscurecen y marginan valores y criterios que hoy son arrollados por otros: individualismo, competitividad, consumismo, superficialidad, esteticismo... Y que hacen mella en las personas: estrés, depresiones, ansiedad, vacío, carencias afectivas... y en las familias: separaciones, divorcios, familias monoparentales, reducción de la natalidad...

Luces y sombras que se mezclan y que no son fáciles de distinguir: llegada de las grandes superficies comerciales, movilidad social, nuevas formas de religiosidad, presencia de africanos y latinoamericanos, nuevos hábitos y costumbres en el uso del ocio durante el fin de semana, implantación de la LOGSE y sus repercusiones, influencia de los medios de comunicación social, aparición de las televisiones locales...

En medio de todo ello hay luces que brillan con intensidad propia y que vislumbran un panorama prometedor: una experiencia democrática consolidada, el estado de las autonomías, la creación de órganos sociales participativos, la llegada de la Universidad, el sentir creciente de la paz, la prestación social sustitutoria, el compartir papeles dentro de la familia, la presencia de la mujer en la vida pública, la sensibilidad ecológica, la solidaridad internacional, el voluntariado, la autonomía de lo secular en asociaciones e iniciativas...

 

9. Nuestro pueblo se ha expresado en el sondeo inicial sobre el talante evangelizador de nuestra diócesis: los cristianos de Burgos nos sentimos, en buena parte, poco coherentes al llevar a la práctica el mensaje del Evangelio en la vida diaria (67%). Todo ello puede ser debido a las dificultades que experimentamos en nuestra tarea evangelizadora, principalmente el poco convencimiento personal (30%), el ambiente hostil, pasivo o indiferente a lo religioso (29%) y la falta de preparación personal (22%). A ello hay que añadir la actitud poco dialogante que mostramos con los no-creyentes y miembros de otras religiones (51%).

Los sectores que nuestro pueblo considera más necesitados de una urgente evangelización en nuestra diócesis son: los jóvenes (31%), niños y adolescentes (20%), los matrimonios y las familias (19%) y los pobres y marginados (11%).

Las urgencias que siente hoy nuestra diócesis para anunciar el Evangelio son: valentía para confesar la fe, aunque sea ir contra corriente (24%), que no exista contradicción entre lo que los cristianos vivimos y celebramos (24%), así como seriedad en la preparación y vivencia de los sacramentos (13%). También son percibidos como urgencias, aunque en menor grado: el compromiso social de la fe (11%), la necesidad de una comunidad o grupo para vivir la fe (9%) y la formación de los agentes de evangelización (10%).

1.2. Jesucristo, referencia y contenido de la evangelización

10. Jesús es proclamado y anunciado como Buena Noticia porque es el Hijo eterno del Padre, hecho hombre por obra del Espíritu Santo y porque predicó la Buena Noticia del Reino de Dios, la nueva creación. En Jesucristo Dios no sólo habla al hombre sino que le busca (TMA 7).

 

1.2.1. Jesús, ungido por el Espíritu

"La Iglesia nace de la acción evangelizadora de Jesús y de los doce" (EN 15). Jesús de Nazaret: -ungido por Dios con el Espíritu Santo y con su fuerza; -había pasado "haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo" (Hech 10,38); -había sido "matado, clavándole en una cruz por manos de los impíos"; -pero después Dios lo había resucitado "librándole de los dolores de la muerte" (Hech 2,23-34) y -constituyéndole así "Señor y Cristo" (Hech 2,36).

 

1.2.2. Jesús y la Buena Noticia del Reino de Dios

11. "Cristo, en cuanto evangelizador, anuncia ante todo un Reino, el Reino de Dios; tan importante, que en relación a él todo se convierte en lo demás, que es dado por añadidura. Solamente el Reino es, pues, absoluto, y todo el resto es relativo" (EN 8). Jesús de Nazaret se nos descubre en el contexto social de su tiempo: afirma la realidad del amor como única tarea del hombre frente a los fariseos, anuncia el Reino de Dios presente en la historia frente a las corrientes apocalípticas y los esenios y llama a la exigencia de renovación de la sociedad y del hombre nuevo frente a la insurrección y resistencia a Roma. Inaugura su actividad en orden a su misión, no hablando de sí mismo o simplemente de Dios, sino proclamando como Buena Nueva la inminencia del Reino de Dios: "El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca: convertíos y creed la Buena Nueva" (Mc 1,15). Una cosa aparece clara: Jesús está apasionado por una causa. La parábola del hombre que halla un tesoro escondido en el campo (Mt 13,34) más que delinear la figura de los que acogen con entusiasmo su propuesta le describe a Él mismo. Toda su vida se unifica en torno al servicio del Reino: "Mi voluntad es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra" (Jn 4,34).

 

12. * El Reino de Dios está en lo que Jesús es, hace y dice. Jesús en persona es la "Buena Nueva", como Él mismo afirma al comienzo de su misión en la sinagoga de Nazaret aplicándose las palabras de Isaías, relativas al ungido, el enviado por el Espíritu del Señor (cf. Lc 4,14-21). Al ser Él la "Buena Nueva", existe en Cristo plena identidad entre mensaje y mensajero, entre el decir, el actuar y el ser. "Su fuerza, el secreto de la eficacia de su acción, consiste en la identificación total con el mensaje que anuncia; proclama la Buena Nueva no sólo con lo que dice o hace, sino también con lo que es" (RM 13).

 

13. * El Reino de Dios, plenitud de vida de los hombres, exige la conversión. Para Jesús el Reino de Dios equivale a plenitud de vida de los hombres, de cada hombre y de la humanidad entera. La gloria de Dios es la vida del hombre, y la vida del hombre es la visión de Dios, según la bella expresión de San Ireneo. Se trata de una plenitud de vida referida a todas las dimensiones de la existencia y engloba todos y cada uno de sus aspectos. Jesús, realizando su apasionado servicio a la plenitud de vida de los hombres, especialmente de los más necesitados, realiza también su servicio al designio del Padre que le ha enviado. La conversión por la venida del Reino de Dios lleva consigo un vuelco radical de esta situación: deberá cambiarse cuanto en el mundo se opone a la realización de la causa de la vida de los hombres. No es otra cosa que el paso del egoísmo al amor como acción vivificante en medio del mundo. El anuncio de Jesús se presenta como alegre Buena Noticia, una propuesta para la libertad del hombre.

 

1.2.3. La Buena Noticia experimenta el conflicto y el rechazo: la cruz

14. * La cruz y la muerte de Jesús, expresión suprema de una existencia por el Reino. La coherencia de Jesús por la causa del Reino, vivida hasta el extremo, es lo que le ha llevado a la cruz. Los autores de su condena son los jefes del pueblo y el mismo pueblo, que se sienten atacados, puestos en evidencia y denunciados por Jesús. A pesar de su testimonio de vida, le abandonan incluso sus discípulos (Mc 14,50). Él entrega la vida por todos. "Jesús mismo, Evangelio de Dios, ha sido el primero y el más grande evangelizador. Lo ha sido hasta el final, hasta la perfección, hasta el sacrificio de su existencia terrena" (EN 7).

* Jesús ante su propia muerte: herencia, memoria, anuncio. Jesús en la cruz es verdaderamente "el cordero de Dios que quita el pecado del mundo" (Jn 1,29), en el sentido de que entrega su vida personal por todo lo que ha proclamado. Y evidencia así uno de los aspectos constitutivos del amor transformador: no se cambia el mundo sin dolor y sin fatiga o, en otras palabras, no se ama en serio sin sufrir.

 

1.2.4. Dios supera definitivamente el rechazo: la resurrección

15. * La Resurrección de Jesús es una victoria total de la vida sobre la muerte. El acontecimiento pascual consiste en la resurrección de Jesús. Por ella los discípulos constataron la victoria plena y definitiva de la vida sobre la muerte en el hombre y, además, en un hombre marginado y completamente indefenso como era Jesús. En la Pascua se anticipa en el mundo la nueva creación.

* La Resurrección, punto de partida para descubrir a Cristo. Si Jesús ha sido resucitado por el Padre, los discípulos comprenden que Jesús tenía razón, Dios está con Él. No deben seguir esperando a ningún otro mesías. Las promesas de Dios han encontrado ya su cumplimiento en Jesús. Es Jesús el Mesías esperado, pero lo es de una manera que ha rebasado todas las esperanzas del pueblo. El amor es más fuerte que el dolor y la muerte.

* El Resucitado, Buena Noticia para los hombres. Se podría decir que, mediante esta experiencia, los discípulos llegaron a entender que Jesús resucitado es el Reino de Dios en persona y que lo que le ha sucedido personalmente a Él es lo que Dios quiere para la humanidad entera y para el mundo. Ahora sabemos que Dios no es capaz de defraudar las esperanzas del hombre que le invoca como Padre. Dios es alguien empeñado en salvar al hombre por encima de todo, incluso por encima de la muerte. Todos los que hayan creído en Cristo y hayan vivido con su Espíritu, un día sabrán lo que es vivir en plenitud. A partir de la resurrección los discípulos verán con más claridad y confesarán que Dios estaba con Él y que el Hijo ha sido constituido Señor. Así la Iglesia queda configurada, en torno a los apóstoles, como la Iglesia de la Pascua. El crucificado sigue vivo, y desde entonces el Reino de Dios continúa extendiéndose hasta alcanzar su plenitud al final de los tiempos.

1.3. La Iglesia, ungida por el Espíritu para la evangelización

16. Los que se reunieron después de la Pascua alrededor de los Doce, llamados por Jesús (Hech 1,12-14; 2,41-47), forman la comunidad de discípulos. "En estos hombres y por medio de ellos, el Espíritu Santo sigue siendo el protagonista transcendente de la realización de esa obra en el espíritu del hombre y en la historia del mundo" (RM 21). "Solamente después de la venida del Espíritu Santo el día de Pentecostés los apóstoles salen hacia todas las partes del mundo para comenzar la gran obra de la evangelización de la Iglesia" (EN 75). La iglesia particular de Burgos está llamada a vivir hoy un nuevo Pentecostés y a continuar la tarea evangelizadora. Ello implica ser una comunidad evangelizada y evangelizadora, configurada con el talante y actitudes que nacen de la fidelidad al Espíritu y del seguimiento de Jesús.

 

1.3.1. En el Espíritu de Pentecostés: convocados a la alegría

17. La evangelización surge de una experiencia gozosa que no puede menos de dejar de comunicarse y de convocar a la alegría del Evangelio aunque ello exija renuncias, sacrificios y conversión (cf. Hech 5,41). La fuerza del Espíritu da audacia y valor para la superación de los obstáculos al Evangelio. La alegría del Espíritu se manifiesta en la comunicación de la Buena Noticia de Dios que ama al hombre con un amor sin límites y que ha querido intervenir personalmente en su historia por medio de su Hijo Jesucristo. No basta con anunciar esa Buena Noticia, es necesario verla hecha realidad. El anuncio de Jesús resultaba creíble porque las gentes podían ver en Él a un hombre que "pasó la vida haciendo el bien" (Hech 10, 38). La Buena Noticia debe ser proclamada en primer lugar mediante el testimonio; a través de él los cristianos hacen plantearse, a quienes contemplan su vida, interrogantes irresistibles. Sin embargo el testimonio es insuficiente si no es esclarecido por un anuncio claro e inequívoco del Señor Jesús (cf. EN 21s).

 

1.3.2. Evangelizada y evangelizadora

18. "Evangelizadora, la Iglesia comienza por evangelizarse a sí misma. Comunidad de creyentes, comunidad de esperanza vivida y comunicada, comunidad de amor fraterno" (EN 15). La Iglesia es familia, Pueblo de Dios en comunión y misión donde todos somos agentes y destinatarios del anuncio del Evangelio. Evangelizar no puede reducirse a divulgar dogmas ni a conseguir adeptos para la Iglesia. Es compartir con otros el asombro agradecido de haber recibido, gratuitamente, el secreto de la esperanza y del gozo. Todo lo cual supone:

* Beber en las propias fuentes, dejándose juzgar por el Evangelio, ir avanzando en radicalidad en la escucha de la Palabra. "Como la lluvia y la nieve caen del cielo, y sólo vuelven allí después de haber empapado la tierra... así será la palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que cumplirá mi voluntad y llevará a cabo mi encargo" (Is 55,10s).

* Estar abiertos al Espíritu que nos precede y acompaña. "Así, el Espíritu, que sopla donde quiere" (Jn 3,8) y "obraba ya en el mundo aun antes de que Cristo fuera glorificado", que "llena el mundo y todo lo mantiene unido, que sabe todo cuanto se habla" (Sab 1,7), "nos lleva a abrir más nuestra mirada para considerar su acción presente en todo tiempo y lugar" (RM 29).

* Acoger los "signos de los tiempos". Es preciso estar atentos a las llamadas de Dios que nos vienen de la realidad misma. Porque nuestro Dios actúa en la historia y desde ella nos llama a actuar con Él. Una mirada teologal a la realidad es básica para que nuestra iglesia viva en actitud evangelizadora. "Para cumplir su misión, es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio" (GS 4). Escrutando los signos de los tiempos a la luz de la Palabra estaremos más integrados en la vida de los hombres.

* Urgir la conversión personal comunitaria e institucional de nuestra iglesia. En la carta con motivo del Sínodo de Cuaresma, el Arzobispo expresaba con claridad: "Es decisiva la renovación callada, constante, jornada tras jornada, de persona a persona, en todos y cada uno de los ámbitos de nuestra vida. La fe es como el agua: si no corre, se estanca y se pudre. Para evangelizar y ser evangelizadores debemos estar y haber sido evangelizados". Por tanto las estructuras y organismos eclesiales están también necesitados de evangelización para hacer más transparente el servicio del Evangelio.

* Transformar la realidad: El Sínodo de los Obispos de 1971, hablando de la justicia, decía: "La acción en favor de la justicia y la participación en la transformación del mundo se nos presentan claramente como una dimensión constitutiva de la predicación del Evangelio, es decir, como la misión de la Iglesia para la redención del género humano y la liberación de toda situación opresiva".

 

1.3.3. Viviendo en el Espíritu

19. Para evangelizar hace falta un estilo, un talante, un modo de ser y de estar que ha de caracterizar a los cristianos que se reconocen como evangelizadores.

* Espiritualidad radical y evangélica. La radicalidad nos habla de raíces, que nos transmiten la savia, y de manantiales de los que brota el agua pura y cristalina, es decir, de lo genuino y lo fundamental. Espiritualidad quiere decir vida en el Espíritu y según el Espíritu. La espiritualidad radical es aquella que, por la acción del Espíritu, vive de la iniciativa del Dios que ha intervenido personalmente en la historia de los hombres para salvarlos y conducirlos a la plenitud de la vida.

a) El evangelizador ha de vivir la experiencia de filiación porque Dios se le ha revelado en Jesucristo como Padre. El Hijo experimenta la cercanía amorosa y la ternura entrañable del Padre, que le suscita agradecimiento, alabanza y adoración. La oración es el encuentro con el Padre que va transformando la propia vida de modo escondido y misterioso pero real. Por eso la adoración y la contemplación expresan la actitud de recogimiento y consuelo en ese Misterio Inefable que acoge y envuelve nuestra vida. Precisamente en un mundo cada vez más secular y profano hay que fortalecer la experiencia del encuentro con el Dios Padre de Nuestro Señor Jesucristo. El mundo exige a los evangelizadores que hablen de un Dios a quien ellos mismos conocen y tratan con la familiaridad de hijos, como si estuvieran viendo al Invisible (EN 76).

b) Dios no sólo habla al hombre, sino que le busca en Jesucristo y se acerca a él de un modo insuperable. El cristiano ha de ser consciente de vivir en la plenitud de los tiempos por la encarnación de Jesucristo. De esa plenitud vive el cristiano y es la que ha de comunicar la evangelización. Ser cristiano es estar en Cristo, hacer de Cristo el principio de nuestra vida, poder decir con San Pablo: "Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí" (Gal 2,20). Y es, a la vez, descubrir la presencia constante del Señor en la historia y en el cosmos, pues "Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos" (Heb 13,8), vivir por eso a la espera de su retorno rezando incansablemente: "Ven, Señor Jesús" (Ap 22,20).

c) Es el Espíritu el que hace posible que podamos dirigirnos a Dios llamándole Padre (Rom 8,14s), el que hace posible que podamos invocar a Jesús como el Señor (1 Cor 12,3), el que hace que Cristo habite en nuestros corazones, y el que nos estimula a vivir el misterio de Cristo como enviado y evangelizador. Al hacer al creyente templo del Espíritu hace que toda la vida sea una alabanza a Dios, porque encuentra la santidad en su vida ordinaria y cotidiana. Pero al mismo tiempo el Espíritu del Padre y del Señor Jesucristo llena el universo y por eso prepara los caminos del Evangelio y empuja a la Iglesia a entrar en contacto y diálogo con todo y con los otros. Es el Espíritu el que acoge todo lo que existe para orientarlo a la gloria de Dios, a la consumación definitiva. Es el Espíritu el que otorga a cada cristiano sus dones: la bondad, la justicia, la piedad, el gozo, la alegría, la audacia, la santidad, la valentía, la mansedumbre y sobre todo la caridad (Rm 14,17; 2 Cor 6,6s; Ef 5,9; 1Tim 6,11), a fin de que viva profundamente su fe y para que se entregue a la tarea de la evangelización. Nuestra iglesia diocesana está llamada a desprivatizar todo don, por naturaleza gratuito y concedido por el Espíritu para el bien de todos, de manera que anuncie el intercambio de dones que crea espacio y es alimento para todos en la mesa que el Padre ha preparado a la humanidad.

20. * Eclesialidad vivida. El cristiano, bajo la acción del Dios trino, ha de realizar su servicio a la evangelización como miembro de la Iglesia, es decir, eclesialmente, amando profundamente a la Iglesia. Ello quiere decir que nadie puede evangelizar por libre, de modo aislado y espontáneo, sino como enviado por su comunidad eclesial (EN 60). Por eso ninguno debe anunciar sus propias ideas o sus interpretaciones particulares del misterio cristiano, sino la fe y la experiencia de la Iglesia. Es la comunidad la que se ve prolongada y enviada en los evangelizadores. Esta visión eclesial exige una preocupación constante por la unidad de la Iglesia. Es un antitestimonio reflejar divisiones y enfrentamientos, pues ello dificulta la credibilidad del Evangelio y el atractivo que pueda ejercer la misma Iglesia, aunque el cristiano debe estar preparado para asumir los conflictos y tensiones que puedan surgir. Esta eclesialidad exige del evangelizador una participación frecuente y asidua en la vida de la comunidad, en la Liturgia y en la vida sacramental.

 

21. * La espiritualidad de encarnación. La Encarnación del Hijo es la expresión más sublime de la iniciativa del Dios Padre que busca a los hombres. La voluntad de acercamiento y aproximación a la vida real de todos los hombres debe animar al evangelizador. Éste debe tener los mismos sentimientos de Cristo quien "tomando la condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres... se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz" (Fil 2,5 ss). La encarnación recuerda que hay que adentrarse en las condiciones reales de la vida de los hombres, percibidas y analizadas con realismo. Cada hombre nos espera en su circunstancia. La evangelización que se hace desde fuera o desde lejos es insuficiente e inválida. Debemos recordar el método de San Pablo: "me hago todo con todos y para todos a fin de ganarlos a todos para Cristo" (1 Cor 9,23). Es idea constante en la Iglesia actual que todas las vías de la Iglesia conducen al hombre (RH 14). Y por eso la vía del hombre y de cada hombre es la vía privilegiada que debe recorrer en el cumplimiento de su misión, vía que recorrió el mismo Cristo y que inevitablemente pasa a través de la encarnación y la cruz, es decir, de la cercanía y de la disposición a asumir y superar el rechazo y el sufrimiento.

 

22. * Evangelizar en diálogo. Toda la historia de la salvación es un diálogo constante e incansable de Dios con los hombres. El mismo Jesús ofrecía la salvación de Dios y la vida nueva como una invitación a la libertad del hombre. Proponía, no imponía. Se acercaba al hombre concreto para que sus palabras y sus acciones resultaran comprensibles, significativas. La actitud de diálogo exige no sólo el acercamiento, sino también la acogida de la persona preocupada y desconsolada y la escucha de sus preguntas y de sus inquietudes. El evangelizador no puede hablar un lenguaje extraño o unos términos ajenos a la experiencia de los otros. La acción evangelizadora es un encuentro personal en el que se valora al otro. El encuentro ha de ser siempre enriquecedor para ambas partes, por lo que se deben acoger sus valores, sus experiencias, sus ilusiones. También la presencia del Espíritu aletea en las hondas experiencias de muchos hombres sinceros, honrados, generosos y comprometidos con sus semejantes. El diálogo ha de ser siempre diálogo salvífico, diálogo de salvación. No se puede tratar de un mero intercambio de opiniones, ni de un debate sobre ideas, sino que ha de ser ocasión de comunicar la propia experiencia de salvación y la capacidad transformadora del Evangelio. Por eso es necesario el discernimiento, es decir, la capacidad de evaluar y de analizar la situación de los otros para así descubrir lo que de novedad puede aportar el anuncio de Jesucristo como Salvador del hombre.

 

23. * Evangelizar desde el servicio. El cristiano comunica y anuncia lo que ha recibido. Y como lo ha recibido gratis lo comunica gratis. Sabe que la generosidad no es búsqueda de eficacia y que el auténtico regalo no debe exigir nada a cambio. La evangelización consiste en el placer de dar, de comunicar, de transmitir. La gratuidad ha de ser la nota esencial de la espiritualidad del evangelizador porque precisamente en eso consiste la Buena Noticia. El cristiano no sólo da gratis su mensaje, se entrega él mismo en servicio de las necesidades de los demás. San Pablo lo decía con estas palabras: "queremos no sólo daros el Evangelio de Dios, sino aún nuestras propias vidas. Tan amados sois" (1 Tes 2,8). "Yo me gastaré y desgastaré por vosotros aunque amándoos con mayor amor sea menos amado" (2 Cor 12,15). El apóstol tiene corazón de madre porque refleja la misericordia entrañable de Dios que entregó al mundo lo mejor que tenía, su Hijo Jesús. El servicio lleva también a la solidaridad y puede llevar a la denuncia. La solidaridad como expresión del amor fraterno que considera al otro como hijo del mismo Padre y que por ello se siente vinculado a sus problemas y necesidades. La denuncia debe ser expresión del servicio cuando protesta contra todo lo que atenta a la dignidad de los hombres y a sus derechos fundamentales. Por eso la espiritualidad debe incluir el riesgo de la propia vida, la pobreza que hace libres para los demás, el desapego del propio interés para hacerse hermano de aquéllos a los que ha sido enviado. El testigo que sirve ha de estar dispuesto a convertirse en mártir que sufre y padece.

 

24. * Opción preferencial por los pobres. Los pobres se encuentran en el centro del corazón de Dios. La evangelización de los pobres es el signo principal de la auténtica evangelización (cf. Mt 11,5; Lc 7,22). "Sólo una Iglesia que se acerca a los pobres y a los oprimidos, se pone a su lado y de su lado, lucha y trabaja por su liberación, por su dignidad y por su bienestar, puede dar un testimonio coherente y convincente del mensaje evangélico. Bien puede afirmarse que el ser y el actuar de la Iglesia se juegan en el mundo de la pobreza y del dolor, de la marginación y de la opresión, de la debilidad y del sufrimiento" (IP 10). Esta opción debe impregnar toda la actividad de nuestra diócesis, pues ha sido considerada línea de acción prioritaria. De modo más profundo y concreto a la vez será analizada más adelante en el apartado 2.2.

1.4. La iglesia en Burgos quiere ser hoy Buena Noticia

1.4.1. Comunidad evangelizadora

25. Jesús dijo a sus discípulos: "Poneos en camino" (Lc 10,3). "Encaminaos a todos los hombres, al mundo entero y a toda la creación" (Mt 28,19). Así se inició la historia de la evangelización. Esa historia es la que quiere prolongar nuestra iglesia diocesana, para ser hoy misionera de la propia realidad burgalesa y comprometida en la extensión del Evangelio en otras tierras y culturas, fiel a la tradición misionera "ad gentes". Por ello debemos

 

26. Potenciar un mayor conocimiento, interés y ayuda de nuestra iglesia local hacia la Iglesia misionera universal. La misión, que forma parte del ser de la Iglesia, está en sus comienzos. Por eso la perspectiva misionera ha de iluminar toda la programación pastoral de nuestra diócesis. Es necesario pasar de cristianos que cumplen a comunidades que evangelizan. En este nuevo impulso nuestra diócesis ha de seguir fiel a su gran historia misionera.

 

27. Considerar la animación y formación misionera del Pueblo de Dios como algo central de la vida cristiana, informando y formando para la misión universal de la Iglesia y promoviendo la cooperación para la evangelización.

 

28. Mantener y potenciar el compromiso de relación y comunión con los misioneros burgaleses, muy especialmente con los de carácter diocesano, ya sea en países del Tercer Mundo ya sea en otras iglesias particulares de España, respaldando y apoyando todas sus necesidades ya sean pastorales o personales, tanto en las iglesias en las que se encuentran como a su regreso a la diócesis por diferentes motivos.

 

29. Continuar profundizando el compromiso de la diócesis de Burgos en la misión "ad gentes" de la Iglesia universal, enviando misioneros, sacerdotes y laicos que voluntariamente, y previa y adecuada preparación y un proyecto fundamentado, puedan realizar la tarea evangelizadora en las iglesias de misión, bien a través de cauces directamente diocesanos o de otros cauces apropiados. Promuévanse las vocaciones misioneras con la oración, el testimonio de vida cristiana y la comunión solidaria material.

 

30. Para ser Buena Noticia nuestra iglesia debe dejarse transformar por el Espíritu en su ser y en sus expresiones (estructuras, organismos, instituciones...). Como recordaba el Congreso de Parroquia Evangelizadora: "Por muy importantes que puedan ser las acciones y los gestos individuales de cada creyente, la responsabilidad y el impulso de la misión evangelizadora está en la comunidad. Por ello, donde no se construye comunidad de seguidores de Jesús se está obstaculizando de raíz la evangelización". Dentro de este planteamiento general la renovación de medios y de cauces ha sido considerada línea de acción prioritaria.

Para facilitar la evangelización nuestra iglesia ha de asentarse en la potenciación de grupos que sean espacio de comunicación cercana y personal y favorezcan comunidades de talla humana y el crecimiento de una fe personalizada y comprometida en el mundo, siendo de este modo sal y fermento. Para ello se debe

 

31. [* P *] Tender a una parroquia de comunión y corresponsabilidad donde todos participen en la marcha de la vida parroquial y en las acciones de evangelización, celebración y compromiso cristiano.

 

32. Dar a conocer y fomentar el sentido de los ministerios de la comunidad, valorar los existentes (catequistas, ministros de la comunión, visitadores de enfermos, animadores de grupos...) y establecer otros nuevos en función de la misión.

 

33. Dotar a los grupos de adultos de las parroquias, cuando no posean una organización supraparroquial, de una organización diocesana, que garantice el protagonismo laical, la formación integral, la presencia pública en la sociedad, su participación en la vida diocesana y su permanencia como grupos.

 

34. Promover iniciativas de renovación eclesial, como misiones populares renovadas, para evangelizar al Pueblo de Dios, hacer de las parroquias comunidades evangelizadas y evangelizadoras, suscitar agentes de pastoral, salir hacia los alejados, renovarse en la fe personal y comunitariamente, crecer en corresponsabilidad... secundando así los objetivos del Sínodo.

 

35. Estudiar a lo largo de todo el próximo curso en todas las parroquias los documentos sinodales, mediante fichas elaboradas por una comisión que ha de seguir el proceso, de manera que se contraste con cada realidad, se prioricen acciones y medios y se elabore un proyecto parroquial a trabajar a medio plazo.

1.4.2. Agentes de evangelización

Para llevar a cabo esta tarea evangelizadora se ha de cuidar en primer lugar a los agentes de la evangelización.

 

36. A/ Sacerdotes: El estilo evangelizador que se propone en nuestra diócesis exige en los sacerdotes una puesta al día permanente, renovación constante en su ser y hacer ministerial, enraizados en una espiritualidad evangélica, superando estilos de mero cumplimiento administrativo-funcional de servicios religiosos: testigos sencillos, con vida interior, disponibles y acompañantes. Y es que el sacerdote tiene un papel decisivo en la evangelización. Para que su ministerio dentro de la comunidad sea eficaz necesita una fuerte dosis de creatividad apostólica. Viviendo día a día la comunión, ha de ser capaz de trabajar en equipo con los demás sacerdotes, con los religiosos y con los seglares. La formación permanente irá orientada a la actualización en una pastoral cambiante. También la formación en el Seminario, de manera que los seminaristas, antes de ordenarse, tengan clara su identidad sacerdotal, su fidelidad pública al magisterio de la Iglesia y una profunda vida interior. Para conseguirlo hay que

 

37. Promover cauces para ayudar al crecimiento permanente y actualizado a nivel espiritual, afectivo, social e intelectual del sacerdote: equipos de trabajo y de vida sacerdotal, jornadas de espiritualidad presbiteral, formación permanente. Establézcase como obligatorio, al menos cada 10 años, un curso de renovación.

 

38. B/ Religiosos: La iglesia diocesana reconoce y agradece su entrega, tanto en la vida contemplativa, mediante la oración, el trabajo, la acogida en sus hospederías y el testimonio de vida, como a los que trabajan especialmente en el campo misionero, de la caridad y enseñanza, y desea que cada vez sean más plenamente incorporados a la vida y pastoral diocesana aportando y enriqueciendo nuestra iglesia con su propio carisma.

 

39. Nuestra diócesis es rica en comunidades contemplativas. Parece que es urgente potenciar en ellas una formación más intensa, tanto cultural como teológica, para que sigan hablando de Cristo en el aquí y ahora de la Iglesia y de la sociedad.

 

40. C/ Laicos: Una iglesia que se propone su renovación para la evangelización de la sociedad ha de fomentar la participación de los laicos, facilitarles una formación idónea, encomendarles misiones propias y acompañarles en su quehacer misionero. De cara a este objetivo proponemos

 

41. Ofrecer, favorecer y garantizar una formación adecuada a los agentes de pastoral conforme a sus distintos niveles. Para lo cual en los arciprestazgos se implantarán cursos de formación y actualización, y se contemplarán períodos intensos dedicados especialmente a ello.

 

42. Elaborar y llevar a cabo un proyecto diocesano de formación de laicos que facilite la vivencia de la identidad y la responsabilidad del laicado en el mundo y en la Iglesia de hoy, coordinado por la vicaría de Pastoral y con el apoyo de la Facultad de Teología.

 

43. Facilitar la formación especializada de agentes de pastoral para la evangelización en los diversos ambientes sociales. Que la vicaría de Pastoral, en coordinación con las delegaciones, elabore un proyecto que dé a conocer los ambientes más urgentes y señale los pasos a seguir para realizarlo.

 

La formación ha sido considerada como línea de acción prioritaria. Para coordinar y articular todas las iniciativas orientadas en este campo, que surgirán a lo largo de estas Constituciones, este Sínodo establece la necesidad de:

 

44. [* P *] Crear el consejo diocesano de formación, que entre otras desempeñe las siguientes funciones: representación de las tres vocaciones en la Iglesia (sacerdotes, consagrados, laicos); programación general de formación (planes); seguimiento y evaluación de las acciones; realización de actividades conjuntas e intercambio con otras diócesis.

1.4.3. En una nueva sociedad y una nueva cultura

45. El mundo actual se está convirtiendo en la "aldea global", en un pueblo común. El mundo se está unificando cada vez más por una nueva cultura que irá dando origen a un mundo nuevo, muy distinto del actual. Nuestra diócesis no es ajena a los cambios rápidos y profundos que configuran la nueva cultura; debe tomar conciencia de esa novedad porque de algún modo nos condiciona a todos, especialmente a los más jóvenes. Y por eso mismo debe buscar el modo de estar presente, como testigo del Evangelio, en esos lugares donde se crea, se genera y se elabora un mundo nuevo y una nueva cultura; todo lo cual sólo se puede realizar si se afronta de manera conjunta y coordinada desde muchos ámbitos de la pastoral. De este mundo y de esta nueva cultura destacamos especialmente estos aspectos:

 

46. A/ La mundialización a nivel económico, social... que condiciona en gran manera las realidades y valoraciones cotidianas del hombre y mujer burgaleses. Una de las realidades más afectadas por esta mundialización es el mundo del trabajo, sujeto a profundas transformaciones ocasionadas por la implantación de las nuevas tecnologías, y tanto en el campo como en la ciudad. Esto provoca la dualización social: se abre una gran brecha entre los bien preparados e instalados y aquellos con menos posibilidades. Lo cual exige una postura clara de nuestra iglesia diocesana para hacer que llegue a todos el Evangelio desde la opción preferencial por los excluidos.

Esta mundialización e intercomunicación tiene una de sus expresiones en el desarrollo de la actividad peregrinante por el camino de Santiago que cruza la diócesis de Burgos. Ello comporta el paso, de manera creciente, de decenas de miles de personas de distintas nacionalidades y culturas. Por ello pedimos:

 

47. Estudiar y planificar una pastoral específica del Camino de Santiago.

 

48. B/ Sociedad del ocio y del tiempo libre: Esta nueva sociedad está desarrollando una nueva cultura caracterizada por el ocio y el tiempo libre con una doble perspectiva: tiempo libre consumista o liberador, que es al mismo tiempo posibilidad y obstáculo para la evangelización. Como medio para dar una respuesta cristiana proponemos

 

49. Ofrecer personas, espacios, estructuras (en las parroquias, arciprestazgos, asociaciones, movimientos e instituciones), procesos formativos y alternativas liberadoras para la convivencia y el tiempo libre de los jóvenes y de los mayores.

 

50. C/ Nuevos movimientos sociales: el actual panorama social está haciendo surgir nuevos modelos de organización entre los cuales adquieren preponderancia los nuevos movimientos, al mismo tiempo que cuestionan el modelo social vigente. Son organizaciones que buscan la promoción de intereses más específicos, por ejemplo la defensa del medio ambiente (movimiento ecologista), la defensa de la mujer (movimiento feminista), la cultura por la paz (movimiento pacifista), la cooperación y el desarrollo del Tercer Mundo (ONGs)...

 

51. Estos nuevos movimientos aportan una novedad radical fundamentada no tanto en el ámbito económico y distributivo cuanto en las nuevas formas de vida: nuevo modo de entender el empleo del tiempo, relaciones con los demás, relaciones con la naturaleza, con el otro sexo, con las otras razas, etnias y culturas. Detrás de todas ellas se está incubando la política del futuro. Nuestra responsabilidad nos ha de llevar a

 

52. Fomentar la implicación de los cristianos en los nuevos movimientos sociales, Organizaciones no Gubernamentales y otros.

 

53. Favorecer la educación para la paz, la tolerancia, el diálogo (por ejemplo en la catequesis de infancia a través de juegos pacíficos) y la presencia de los cristianos en los grupos que promueven la paz.

 

54. Realizar y potenciar las iniciativas de carácter ecológico desde una perspectiva cristiana, educando en el respeto, preservación y cuidado de la naturaleza como creación de Dios.

 

55. Colaborar de forma activa con las organizaciones que luchan por el reconocimiento, igualdad y promoción integral de todas las personas.

 

56. D/ Secularismo e increencia: aparecen como fenómenos ascendentes en nuestra sociedad burgalesa que ha pasado de ser una sociedad de cristiandad a una sociedad plural y laica, a pesar del alto porcentaje de bautizados. Hay muchos bautizados no evangelizados. Por eso se ve con gran preocupación el alejamiento de la fe, la indiferencia ante la religión. Incluso se percibe un ateísmo práctico creciente. Hay entre nosotros hombres y mujeres que, nacidos en familias y crecidos en ambientes católicos, han ido volviendo la espalda a ese pasado y al cristianismo que en cierta medida impregna nuestra sociedad. Incluso veremos cada vez más personas que se educan al margen de la fe cristiana, que no son bautizadas, que defienden valores ajenos al Evangelio. Son los postcristianos porque viven en un mundo y en una cultura que prescinde de la tradición cristiana. El número creciente de bautizados no convertidos (indiferentes, alejados, no practicantes...) son para nuestra iglesia diocesana un reto evangelizador de primer orden. Puede admitirse una Iglesia de pecadores pero nunca de increyentes, de personas no convertidas al Evangelio. El re-nacer a la fe es una categoría básica en la vida cristiana. Con este objetivo hay que

 

57. Fomentar la relación y apertura hacia los no-creyentes e indiferentes, facilitando el despertar a la fe, realizando acciones de "primer anuncio", desde la propia coherencia de vida y a través de encuentros de colaboración mutua en tareas comunes, favoreciendo el diálogo y la acogida personal.

1.4.4. Sectores a tener en cuenta

58. A/ Mundo rural. Si bien cuantitativamente (en número de habitantes), el mundo rural es una minoría y en proceso de constante recesión, constituye el sustrato que configura históricamente a nuestro pueblo, afectado en profundidad por la nueva cultura. Ya no se ve tan claramente la distinción entre lo rural y lo urbano. Muchos pueblos experimentan el aluvión del fin de semana o del período de vacaciones. Y se instalan en ellos hábitos y costumbres procedentes de la ciudad. De ahí que sea importante establecer desde los distintos organismos diocesanos un diálogo enriquecedor que responda a las dos realidades en que se vive: la ciudad y los pueblos. Desde la perspectiva de la evangelización, el mundo rural reclama una opción preferencial y específica de encarnación y servicio y por ello se debe hacer que

59. [* P *] Todas las delegaciones, especialmente las de Catequesis, Enseñanza, Familia, Apostolado seglar, Juventud, Tercera Edad, Cáritas y el Seminario Diocesano, tengan muy en cuenta en sus objetivos, programaciones y actividades de talante evangelizador-liberador, las características específicas del mundo rural, creando un mecanismo de control y seguimiento.

 

60. B/ La familia. Las familias de nuestra tierra participan en líneas generales de la misma crisis que afecta al matrimonio y a la familia en todo Occidente: se van abriendo paso otras formas de matrimonio en las que prima más la búsqueda de la felicidad que las referencias institucionales. Sin embargo, y a pesar del cambio, la familia sigue siendo el marco natural para que la persona obtenga el apoyo básico para su crecimiento integral. Sigue siendo insustituible en la educación de valores. Consciente de que la evangelización pasa necesariamente por la familia, este Sínodo ha visto ahí una línea de acción prioritaria. Referencias a este protagonismo de la familia aparecerán varias veces en estas Constituciones. En este contexto señalamos dos propuestas priorizadas:

 

61. [* P *] Crear y potenciar en las comunidades parroquiales escuelas de padres, grupos y encuentros de matrimonios para su propia formación como pareja, y que acompañen en la educación y en la fe. Promuévase de modo especial la catequesis familiar. La delegación de Familia ofrecerá a las parroquias un proyecto concreto y animará su puesta en práctica.

 

62. [* P *] Revitalizar y dar a conocer el centro de orientación familiar que ponga en marcha programas de familia y ayuda a nuevas situaciones familiares a nivel de arciprestazgos.

 

63. C/ Los jóvenes. En el seno de estos cambios se encuentran los jóvenes como actores y como espectadores, gozando y sufriendo a un tiempo. Sufren la coyuntura social, política, económica y cultural por la que está pasando nuestra sociedad con un futuro preocupante e incierto. Nuestra iglesia diocesana asiste con preocupación a esta realidad juvenil y manifiesta el deseo de encontrar respuestas apropiadas para la evangelización de los jóvenes a fin de que pueda construirse con ellos la Iglesia del futuro. Para facilitarlo proponemos

 

64. En las comunidades cristianas y desde el Evangelio y valores cristianos, crear espacios y ofrecer grupos y procesos formativos a nuestros jóvenes, especialmente alejados y marginados, ajustándose a un estudio de sus necesidades, problemáticas y preferencias en el que tenga cabida su realidad familiar haciendo partícipes a sus padres. Durante los procesos de formación las parroquias ofrecerán un abanico de ámbitos y lugares para la inserción comunitaria y el compromiso cristiano.

 

65. Garantizar en nuestras parroquias procesos educativos que permitan la continuidad de los creyentes desde la infancia hasta la edad adulta. En este sentido se potenciará y priorizará la propuesta pastoral para Grupos Parroquiales de Jóvenes (GPJ) y Acción Católica General de Jóvenes planteada por los obispos de la Región.

 

66. [* P * ] Para llevar a cabo la evangelización de los jóvenes se tendrá muy en cuenta la presencia e incorporación de jóvenes capacitados y preparados en los órganos de dirección y coordinación de la comunidad cristiana en sus diferentes niveles. En los arciprestazgos rurales se priorizarán proyectos de pastoral juvenil que fomenten el proceso de evangelización entre los jóvenes.

 

67. Que haya una opción clara por la delegación de Juventud como ámbito de comunión y relación de todos los grupos, asociaciones, movimientos, parroquias... con el fin de avanzar hacia una pastoral de juventud articulada y coordinada. Esta opción ha de darse también por la Escuela Diocesana de Educadores de Juventud y la pastoral juvenil de las parroquias, dedicando las personas y los recursos necesarios.

1.5. Cauces y tareas

68. Para que la acción evangelizadora de nuestra iglesia sea operativa y eficaz en este momento de nuestra historia, es preciso renovar y adaptar los cauces (instituciones, grupos, personas...), así como promover tareas y acciones nuevas, y todo ello desde criterios evangélicos, es decir, no apoyándose en los poderes de este mundo sino en la fuerza de Dios.

 

1.5.1. Formación y catequesis

69. La iglesia en Burgos, evangelizada y evangelizadora, es consciente de que la formación y la catequesis son pilares básicos. Son muchos los esfuerzos y recursos empleados en la catequesis de infancia. Esta es la que ocupa gran parte de tiempo y de las personas de nuestras comunidades. Sin embargo no podemos olvidar que el paradigma de la catequesis es la catequesis de adultos.

 

70. Para seguir avanzando se reclama un proceso catecumenal común a toda la diócesis, continuado y planificado, que nos ayude a superar la dispersión y la vinculación directa con la recepción de los sacramentos. Para ello habrá que

 

71. [* P *] Elaborar un itinerario educativo de la fe para toda la diócesis que sea evangélico, priorizando el conocimiento y encuentro con el Dios-Amor. Este itinerario también será gradual, permanente, actualizado y para todos, que empiece a aplicarse como máximo en uno o dos años. La delegación de Catequesis, en un plazo de dos años, pondrá en marcha el proyecto.

 

72. Extender e implantar la catequesis de adultos en las parroquias, elaborando un plan diocesano de catequesis de adultos, aportando medios materiales y humanos a las parroquias para que puedan realizarla.

 

73. Revisar, actualizar y coordinar la catequesis de infancia e impulsar el Movimiento Junior como movimiento evangelizador de infancia.

 

74. Que durante el próximo curso se fije un número determinado de escuelas de catequistas con programas y responsables y que cada parroquia garantice la formación de los catequistas.

 

75. Teniendo en cuenta que la formación es un concepto más amplio que el de catequesis, se constata la importancia y la insistencia sobre la misma. Los cambios que experimentamos reclaman que sea renovada y actualizada, fundamentada en las fuentes bíblicas que se han de conocer mejor en contraste con la vida y desplegando la dimensión sociopolítica de la fe para responder mejor a los retos del momento, conociendo para ello la doctrina social de la Iglesia. Como medio hay que

 

76. Ofrecer cursos que faciliten la lectura, estudio y comprensión de la Biblia desde la propia vida.

 

77. Para que la fe pueda crecer y dar fruto precisa estar bien arraigada y haber sido asumida voluntariamente de modo que integre criterios, actitudes y opciones, superando el divorcio fe-vida y haciendo experiencia la tradición recibida. Para ello proponemos

 

78. Dar a conocer y practicar el método de Revisión de Vida (ver, juzgar y actuar) en los distintos grupos cristianos.

 

79. Quienes ejercen tareas eclesiales y los agentes de pastoral han de cuidar de un modo especial su actualización: las instituciones, escuelas y grupos que acompañan su labor han de ponerse de relieve. En consecuencia se deberá

 

80. Aprovechar mejor y dinamizar, de cara a los nuevos tiempos, los recursos e instituciones ya existentes (Facultad de Teología, escuela de catequistas, de tiempo libre...), extendiendo sus actividades a las diferentes parroquias y arciprestazgos de toda la diócesis.

 

81. Cabe hacer una mención del patrimonio religioso-cultural de la Iglesia que se ha convertido hoy en un signo de los tiempos, pero principalmente desde el aspecto cultural-artístico e histórico, olvidando o descartando el aspecto religioso, de fe, catequético y evangelizador que le es propio, por el fin para el que fue creado. Por ello, los fieles han de valorar este patrimonio como una gran herencia de la expresión plástica de fe-Evangelio creído y vivido de los cristianos que nos han precedido. Para ello se propone:

 

82. Que la comisión de Patrimonio dé a conocer este legado a los fieles en general y a las generaciones jóvenes en particular, para que sepan conectar con las etapas anteriores de la Iglesia y estimular su conservación, de manera que se aproveche este patrimonio en la enseñanza religiosa, en la catequesis de adultos y en la evangelización de cara al turismo de nuestros templos y museos.

1.5.2. Liturgia

83. Aunque esta dimensión será desarrollada posteriormente, cabe apuntar brevemente su dimensión evangelizadora. Nuestras celebraciones son para muchos la única referencia de lo religioso. Por ello se convierten en ocasiones propicias a cuidar. Su dinamismo, simbología, lenguaje... pueden ser instrumentos de la Buena Noticia de Jesús. Ello nos invita a prepararlas más y mejor, participando y haciéndolas participativas, imprimiendo dinamismo vital más allá del puro ritualismo. En definitiva debemos hacer de las celebraciones experiencias gozosas de comprensión y vivencia del paso de Dios por nuestra historia.

 

1.5.3. Comunión eclesial

Diócesis, arciprestazgo, parroquias, delegaciones

84. También este aspecto será desarrollado más ampliamente en otro momento. Pero no ha de olvidarse que el fin de la comunión es la evangelización: "Yo en ellos y tú en mí, para que lleguen a la unión perfecta, y el mundo pueda reconocer así que Tú me has enviado y que les amas a ellos como me amas a mí" (Jn 17,23). En ese sentido se ve necesario planificar una pastoral de conjunto diocesana más evangelizadora, que pasa por una mayor relación, encuentro y coordinación pastoral de grupos, movimientos, comunidades y parroquias; así como de parroquias, arciprestazgos y delegaciones. Más en concreto, se siente la urgencia de hacer que las parroquias sean evangelizadoras por la participación y el compromiso, especialmente el social. Por ello pedimos

 

85. Que los consejos parroquiales elaboren un plan de pastoral que incluya un análisis de la realidad dando prioridad a la evangelización y al compromiso social, con la debida planificación y revisión, en sintonía con el plan diocesano. Cada parroquia, al comienzo de curso, presentará dicho plan a todos los miembros de su comunidad.

 

86. Se pide reconsiderar y potenciar el funcionamiento de los arciprestazgos, ámbitos para aunar esfuerzos y complementarse en aquellos retos evangelizadores que superan el ámbito o los recursos parroquiales. En cuanto a la diócesis, se reclama una renovación de organismos, estructuras y pastores, para que sea una iglesia más pobre de hecho y no de palabra y muestre una mayor preocupación por los problemas sociales de la gente. Como vía proponemos

 

87. Hacer un análisis, con revisión periódica, de nuestra realidad pastoral diocesana con vistas a la evangelización y que lleve a procesos de acción con prioridad hacia los más necesitados. Este análisis se concretará en planes pastorales trienales, cuyo desarrollo y cumplimiento estudiarán y seguirán anualmente tanto el consejo Pastoral diocesano como el consejo Presbiteral.

 

88. Dada la complejidad de nuestro mundo es cada día más importante desarrollar una pastoral más diversificada según ambientes y sectores. Las delegaciones sectoriales son los canales adecuados para ir suscitando y coordinando esta pastoral en las parroquias y arciprestazgos. Entre todas ellas, la delegación de Apostolado seglar cobra un valor especial. Por tanto se deberá

 

89. Impulsar y reestructurar la delegación de Apostolado seglar conforme a los criterios establecidos por el CLIM a lo largo del próximo curso pastoral.

1.5.4. Pastoral familiar

90. Dada la evolución y los cambios experimentados en la familia, ésta es motivo de fuerte preocupación para nuestra iglesia diocesana. Para la formación integral de la persona consideramos que en la formación a la vocación matrimonial debe haber una íntima correlación entre la pastoral juvenil, familiar y vocacional. El sentido de lo trascendente, el despertar a lo religioso, la iniciación cristiana, la educación en valores, el testimonio de compromiso... se desarrolla especialmente en el ámbito familiar. La familia, de esta forma, se convierte en el "humus" necesario para la evangelización. Este tema será retomado más adelante.

 

1.5.5. Pastoral educativa

91. Saber dar razón de nuestra fe se convierte en algo necesario para cualquier cristiano que quiera entrar en diálogo con el mundo. Desde esa clave, el desarrollo de la cultura religiosa, la fundamentación teológica de nuestra fe, el conocimiento de la historia sagrada y de la Iglesia... son equipaje imprescindible de todo evangelizador. Acompañar todo ese proceso en el ámbito de la comunidad escolar, más allá de la asignatura de religión, apuntando a una educación integral, es tarea especialmente a cuidar. Para ello

 

92. La delegación de Enseñanza potencie la pastoral educativa escolar general y universitaria y la enseñanza de la religión en el ámbito de la nueva evangelización, seleccionando y formando a su profesorado y procurando que la enseñanza religiosa escolar sea impartida preferentemente por laicos.

 

93. La delegación de Enseñanza debe trabajar para que la asignatura de religión tenga la misma validez y posibilidades de desarrollarse que el resto de asignaturas. Trabaje por el reconocimiento y dignidad de los profesores de religión, económica y socialmente, y favorezca la participación de los padres cristianos en las escuelas públicas.

 

94. Como gesto de apoyo a los profesores de religión con dedicación exclusiva en primaria, la diócesis les asignará mensualmente un complemento económico para que puedan pagarse al menos la seguridad social y los desplazamientos. Cada caso será estudiado por la delegación de Enseñanza y la Administración diocesana.

 

95. Atención preferente al mundo universitario, desde el punto de vista de profesionales, profesores y alumnos: a) potenciación de los cursos de formación teológica dirigidos a universitarios sobre cuestiones de actualidad. b) Desde el punto de vista pastoral, la potenciación de la capellanía universitaria: apertura permanente de la iglesia del Hospital del Rey, cursos de catequesis, atención de sacramentos...

1.5.6. Medios de comunicación social (MCS)

96. Observamos la fuerte incidencia de los medios de comunicación social en la sociedad actual. Ellos configuran cada vez más a la persona. Nuestra iglesia diocesana tiene que ser receptiva hacia los MCS, asumiendo que éstos en ocasiones pueden ser críticos. Entrar en la nueva era de la comunicación hace que se reclame un aprovechamiento mayor de los MCS en orden a la evangelización. Son uno de los areópagos de nuestra aldea global. Por ello decidimos que hay que

 

97. Lograr una mayor presencia de la iglesia diocesana en los diversos MCS.

 

98. Que el matrimonio y la familia católica estén más presentes en los diversos MCS acentuando y testimoniando los valores fundamentales del matrimonio y la familia.

 

99. Favorecer la cualificación de profesionales cristianos en los MCS.

 

100. Que la hoja diocesana Sembrar sea órgano de comunicación diocesana dando cabida en ella a cualificados profesionales y que se asuma así por toda la diócesis.

 

101. Elaborar un plan de formación en los MCS para el Seminario con carácter obligatorio de cara a concienciar y sensibilizar a los futuros agentes de pastoral.

 

102. Potenciar el servicio de documentación e información, a nivel interno y externo.

 

103. Crear la figura del portavoz diocesano.

 
           

Sínodo diocesano de Burgos