Sínodo diocesano de Burgos

   

 

2. Iglesia samaritana y solidaria


104. En el capítulo anterior dedicado a la evangelización hemos ido descubriendo en qué consiste la Buena Noticia del Reino de Dios predicado por Jesús y la Buena Noticia que es Él, sobre todo en virtud de su muerte y resurrección. Para que nosotros podamos ser también evangelizadores hemos conocido los destinatarios, actitudes y medios. Se hablaba de los pobres y necesitados como destinatarios privilegiados de la evangelización y de que la salvación cristiana afecta a todas las dimensiones de la vida humana. En caso contrario toda la obra evangelizadora de la Iglesia carece de credibilidad. En este segundo capítulo, bajo el título Una Iglesia samaritana y solidaria, abordamos esta realidad básica del cristianismo bajo tres aspectos: sus principios generales, la dimensión de la caridad y el compromiso sociopolítico de los cristianos.

 

2.1. Una Iglesia samaritana y solidaria

2.1.1. "He escuchado el clamor de mi pueblo" (Ex 3,7)

105. Al igual que Dios prestaba oído atento a la situación de su pueblo Israel, esclavo en Egipto, los cristianos en el umbral del tercer milenio estamos llamados a atender los clamores de la sociedad en que se enmarca nuestra diócesis de Burgos para ser sembradores de justicia, amor, fraternidad y solidaridad. Es tarea inaplazable amar nuestra tierra; pero, sobre todo, amar nuestro pueblo. Ello nos obliga a dirigir una mirada contemplativa, amplia, samaritana, transformadora, como la de Dios.

Oímos el clamor provocado por una sociedad donde el tener es elemento fundamental ("cuanto más tienes, más eres") que nos lleva a encerrarnos en el individualismo. Oímos el clamor sostenido de un futuro incierto: mezcla agridulce entre la posibilidad de ir abriéndonos a la fraternidad europea, y el miedo por el precio que ello puede suponer de cara a la integración total en la Unión Europea. La mirada atenta a nuestra tierra y a nuestro pueblo de Castilla resulta dolorosa. Con un rico pasado histórico, cultural y religioso, se abre hoy a serios interrogantes sobre su futuro a nivel económico, poblacional y cultural.

Oímos un clamor más cercano, más frecuente: nuestra provincia. Como tantas otras, se encuentra en creciente despoblación y envejecimiento; la agricultura está pasando a ser deficitaria, las industrias no tienen grandes posibilidades... El paro sigue aumentando. Los servicios públicos esenciales han avanzado, pero aún no son suficientes; más aún, algunos comienzan a ser cuestionados; los contratos laborales no son estables en gran número y muchos suponen un subarrendamiento del trabajo o bajos salarios; el transeuntismo avanza (con raíces manifiestas de alcoholismo, drogas o ruptura familiar); falta participación en la sociedad; la iniciativa y creatividad en esta situación cambiante es escasa o nula... Igualmente, el sondeo realizado con motivo del Sínodo, ha puesto en evidencia un gran clamor entre los cristianos en Burgos: más del 18% cree que nos movemos en el ámbito del compromiso simplemente por "buena voluntad" y respondemos, según el 28%, "dando limosna". La participación de los cristianos en las asociaciones de carácter social se percibe mayoritariamente como "poco" o "nada", y casi el 42% cree que no se conocen los organismos eclesiales en esta línea.

 

106. Todos estos clamores nos hacen reflexionar y contemplar la realidad como creyentes. Reflejo de ello son las aspiraciones, carencias, preferencias y urgencias que hemos ido detectando en el discernimiento sinodal:

* Aspiraciones fundamentales: a) Mayor solidaridad personal y comunitaria. b) Potenciar una Iglesia misionera evangelizada y evangelizadora. c) Opción preferencial personal y comunitaria por los pobres y más desfavorecidos. d) Apertura y diálogo con el mundo y sus problemas.

* Carencias: a) La estima de los pobres y necesitados en nuestra iglesia diocesana oscila entre poco (44%) y bastante (30%). b) El asociacionismo y el nivel de participación en los sindicatos y partidos políticos bascula entre poco (42%) y nada (20%); en las ONGs y otras asociaciones entre poco (35%) y bastante (25%). c) El conocimiento que se tiene de los grupos eclesiales e instituciones de compromiso caritativo-social se mueve entre poco (42%) y bastante (35%). d) El grado de formación que reciben los cristianos de nuestra diócesis respecto a la dimensión social de la fe fluctúa entre poco (49%), bastante (32%), nada (4%). e) Nuestros creyentes responden a las necesidades de los que menos cuentan en la sociedad: dando limosna (28%), compadeciéndose (15%), con la oración y creando centros de atención (11%), participando en las organizaciones (7%). f) Los cristianos de Burgos actúan en la sociedad movidos: por la buena voluntad, la colaboración y la solidaridad (18%), por creer que el Evangelio de Jesús libera, exige actuar y denunciar las injusticias (14%), por ayudar al pueblo o barrio (13%), por ganar influencia o interés (6%).

* Preferencias: Las cuestiones, a las que los cristianos de nuestra diócesis dan hoy más importancia, son la droga y el alcoholismo (26%), el paro (22%), el hambre en el mundo (19%), los enfermos y los minusválidos (10%), los ancianos (7%), el pacifismo (3%), el mundo obrero, la ecología, los presos, el mundo rural (1%). Consideran que deben estar presentes en las instituciones públicas y sociales: a) luchando por la justicia y el bien común (31%), b) colaborando en favor de una sociedad mejor y realizando con responsabilidad el propio trabajo (23%), c) denunciando los males e injusticias (16%), d) despreocupándose por esta presencia (3%). Otras apuntan a potenciar la pastoral obrera y las actividades socioculturales, presencia de los cristianos en los sindicatos, crear grupos de acompañamiento para los necesitados en el mundo rural, aportar las instituciones eclesiales el 0,7 %, actuar de forma organizada y coordinada en todos los campos.

* Urgencias: Se considera que la mejor manera de fomentar la solidaridad en la parroquia y en la comunidad diocesana es: estudiando las necesidades existentes (28%), implicando a los fieles en acciones concretas (22%), creando Cáritas y apoyando proyectos del Tercer Mundo (16%), creando grupos de formación social y obrera (12%). Se opina que las instituciones y los grupos cristianos deberían estar más presentes en estos campos: enseñanza (27%), marginación y pobreza (24%), medios de comunicación social (12%), sanidad y cultura (7%), mundo obrero y rural (6%). Otras: a) fomentar el voluntariado; b) educar en los valores desde la familia, la catequesis y la enseñanza de la religión; c) potenciar la formación, especialmente la doctrina social de la Iglesia, el asociacionismo a todos los niveles, Cáritas diocesana, arciprestal y parroquial; d) realizar, a nivel diocesano, una opción clara por los más desfavorecidos.

2.1.2. Una historia de misericordia entrañable

107. La historia de la salvación es el relato del diálogo entre Dios y la humanidad y de las relaciones entre los hombres y las naciones, donde hay encuentros y desencuentros, gestos de amor y actos de violencia, iniciativas generosas e injusticias flagrantes... La Biblia nos habla de un Dios que se acerca al hombre para acompañarlo en su sufrimiento y en su búsqueda de felicidad, para denunciar las injusticias y defender a los necesitados, para favorecer la comunión y desterrar los enfrentamientos, para ofrecer su gracia y perdonar el pecado. Por eso hablamos de misericordia entrañable.

 

108. * La vida del hombre, sueño de Dios. La creación es una obra del amor de Dios, su primer gesto de amor en favor de los hombres, para que fuera el hogar del hombre, viviera como una familia y nuestra tierra fuera un banquete donde la humanidad entera estaba invitada sin condiciones ni exclusiones. Al hombre y la mujer, creados a su imagen y semejanza (Gn 1,26-31), les comunicó la vida como el mayor regalo, para que descubrieran el gozo de vivir juntos y reflejaran de este modo la realidad misma de Dios.

 

109. * El drama de la armonía perdida y recuperada. Pero el hombre, con una libertad quebradiza, con tendencia a buscar la fuerza y la seguridad en sí mismo, a costa de Dios y de los demás, introdujo la historia dramática del dolor y de la violencia, en un palabra, del pecado: se rompe la armonía con la naturaleza; comienza la historia de los enfrentamientos y la convivencia y la comunicación entre los hombres queda rota por la violencia. No es lo que Dios quería. El hombre se aleja de Dios y de su proyecto de vida y amor. En medio de este caos a Dios mismo se le conmueven sus entrañas, cuando escucha los lamentos y quejas de sus hijos los hombres, cuando constata la injusticia y opresión que dominan las relaciones entre ellos. Pues Dios no es pasivo: "He visto la aflicción de mi pueblo, he escuchado sus clamores, conozco sus angustias. Y he bajado para librarlo". Y promete: "Lo conduciré a una tierra fértil y espaciosa, que mana leche y miel" (Ex 3,7-9). Surge su Palabra recordándonos que Dios no es el culpable ni quiere la desgracia humana y que está dispuesto a hacer lo posible para eliminarla. Y promete en el futuro la venida de un Salvador "que reinará como rey prudente y establecerá el derecho y la justicia en la tierra" (Jer 23,5). "Con amor eterno os he amado y por eso mantengo mi favor" (Jer 31,3); esta promesa es el fundamento y la garantía de nuestra esperanza. Dios se presenta como la vida del hombre.

 

2.1.3. Jesucristo, Buen Samaritano

110. La ternura de Dios adquiere rostro y figura humanos en Jesús, el Hijo enviado por el Padre y encarnado en la plenitud de los tiempos (Gal 4,4). Su misión consiste en mostrar el amor entrañable de Dios y en el ofrecimiento de una vida que alcanza hasta la eternidad (Jn 3,16). Este compromiso en favor de la vida y de la dignidad del hombre lo realizó desde el interior de nuestra experiencia, "se hizo un hombre cualquiera" (Fil 2,6s). Actúa como el samaritano que es sensible a las necesidades de los hombres que se encuentran a la orilla del camino. Por esta solidaridad su palabra resulta creíble, y porque habla desde la situación de sus hermanos los hombres, es capaz de ayudar a todos los que lo necesitan (Hbr 2,17-18).

 

111. * El jubileo del Reino de Dios. La situación de la sociedad en tiempos de Jesús no era menos dura que la nuestra. Él nació, actuó y predicó dentro de situaciones profundamente conflictivas, cargadas de injusticias y de violencia. Los pobres eran parte amplia de la población y los numerosos enfermos estaban amenazados por el abandono o la indiferencia. En aquel contexto Jesús anuncia el gran jubileo. Un día Jesús acude a la sinagoga de Nazaret y proclama unas palabras de un texto de Isaías 61: "El Espíritu del Señor está sobre mí y me ha ungido para anunciar la Buena Noticia a los pobres, me ha enviado a proclamar a los cautivos la libertad, a los ciegos la recuperación de la vista, a los oprimidos la liberación, a proclamar un año de gracia del Señor". A continuación Jesús afirma: "Hoy se realiza ante vosotros esto que acabáis de escuchar" (Lc 4,17-21). Este "hoy" no ha terminado todavía, y por tanto sigue siendo actual: invita e interpela. Todos los jubileos, nos recuerda Juan Pablo II (TMA 11), encuentran su punto de partida en este gran jubileo de Jesús; y todos ellos, por ser un tiempo consagrado de un modo especial a Dios, deben restablecer la igualdad entre los hombres y reinstaurar la justicia social.

 

112. * El comportamiento samaritano de Jesús. Lc 10,30-37 narra la parábola del samaritano. De un lado presenta como modelo a un miembro de una raza despreciada por la opinión pública judía pero que es privilegiado por Jesús frente al sacerdote y al levita. De otro lado el samaritano muestra una sensibilidad que le conduce a la solidaridad activa: no sólo se compadece, sino que se acerca y le cura, le dedica su tiempo y le ofrece su dinero, le entrega su amor y su persona. La conclusión de Jesús resulta casi innecesaria: haced vosotros lo mismo. En medio de las discriminaciones que establece la injusticia humana Jesús se sitúa siempre de parte de los que han sido colocados en la orilla del camino. Jesús no está contra nadie, pero muestra su predilección por los marginados y excluidos, defiende la dignidad de las mujeres en una sociedad machista, reivindica la fe de las prostitutas y de los paganos frente a la soberbia de los judíos, acoge a los niños. Las Bienaventuranzas (Mt 5,1-12; Lc 6,20-26) son la carta magna de ese gran jubileo, las pautas de la alternativa que ofrece Jesús. Estas actitudes en favor de la vida humana, Jesús las asumió de tal manera que llega a identificarse con el que sufre hasta el punto de estar realmente presente en él, haciendo que su causa sea la causa del mismo Jesús (no dice: "es como si me lo hicierais a mí" sino "a mí me lo hicisteis": Mt 25, 31-44).

 

113. * La convocatoria para el envío y el seguimiento. Jesús marca el camino desde la credibilidad de su actitud. Llama a unos cuantos a ser sus discípulos, para estar con Él y para la misión: los envía a anunciar el Evangelio del Reino, expulsar demonios (Mc 3,14-15), curar a los enfermos y regalar gratuitamente el don que han recibido gratis (Mt 10,8s). Jesús por tanto llama al seguimiento de sus pasos, a poner nuestros pies en sus huellas a través de los caminos de este mundo. El seguimiento es afrontar y compartir la suerte y el mismo destino de Jesús, proclamar el mismo jubileo, realizar los mismos signos, alcanzar la misma credibilidad, vivir la misma misericordia samaritana, defender con la misma pasión la vida de los hombres entregada por el Dios de la vida. Cuando Jesús resucitado envía a los discípulos a predicar, a bautizar y a proclamar sus enseñanzas, les garantiza su presencia, su fuerza y su ayuda (Mt 28,19-20). Ello nos encamina a

 

114. Educar y vivir una fuerte espiritualidad (especialmente en los planes de formación de jóvenes y adultos) desde el seguimiento de Jesús, Buen Samaritano, que descubra al Padre como misericordia entrañable y nos invite, por el Espíritu, a hacer realidad el estilo de las Bienaventuranzas.

 

115. Testimoniar personal, comunitaria e institucionalmente una vida de austeridad y sencillez, recuperando como testimonio de austeridad el trabajo por el Reino, sin merma de la calidad y de la eficacia en los modos necesarios, que valore el compartir vida y bienes y que esté arraigada en los sacramentos y en la oración solidaria, que lleve al compromiso.

2.1.4. La Iglesia, samaritana y solidaria

116. La resurrección de Jesús es la ratificación por parte del Padre de su modo de vida, la garantía de que sigue apostando por el amor que dio origen a la encarnación del Hijo y su causa. El Resucitado sigue presente hoy en su Iglesia y con la fuerza de su Espíritu continúa ese proyecto de vida y reconciliación del Padre en el mundo de hoy. Como comunidad de hermanos en torno a la mesa debemos hacer de la Eucaristía manantial, fuerza y expresión de la caridad y la solidaridad. Desde ahí es nuestra voluntad

 

117. Fomentar la Eucaristía -centro y culmen de la vida cristiana- como doble altar (Jesucristo y los pobres) y como celebración que responde a la vida: potenciando y exigiendo la salida hacia los necesitados y sintiéndonos samaritanos en las situaciones concretas -desde un talante de gratuidad, esperanza y alegría-.

 

118. Por el Amor que la convoca y la envía, la Iglesia no puede dejar de ser samaritana en las circunstancias concretas. No puede hablar de un amor genérico ni atemporal. Corremos el peligro de buscar a Dios "dentro" (entre los nuestros, en la familia, en la comunidad, en la Iglesia), sin embargo muchas veces Dios nos espera "fuera" (entre los heridos en los senderos de la historia, entre los excluidos que hemos ido creando entre todos. Jesús muere fuera de los muros de Jerusalén). La Iglesia ha de ser servidora, en cuanto seguidora del Jesús que no ha venido a ser servido sino a servir. En cuanto servidora, la Iglesia es sacramento del amor de Dios y, por eso mismo, hay que

 

119. Potenciar una iglesia diocesana misionera, comprometida y pobre, que opte por la conversión personal y comunitaria; y que tenga en cuenta la vida, situaciones, aspiraciones e interrogantes de los hombres.

 

120. Avanzar hacia una Iglesia servidora del Reino, que implante sus valores, teniendo el centro y horizonte en la promoción del hombre y de la vida, y que se sienta corresponsable en el desarrollo de una cultura de la solidaridad (llevada adelante personal y comunitariamente frente al individualismo egoísta).

 

121. La Iglesia, siendo samaritana y servidora, actúa como madre: no sólo porque engendra hijos de Dios por el bautismo sino porque abre sus brazos amorosos a todos los que están cansados por el peso de la historia y del peregrinar terrestre. Testimoniando su comportamiento samaritano y solidarizándose con los hombres, puede defender la verdad sobre el hombre y sobre la sociedad. Por eso no tiene miedo a levantar la voz denunciando todo lo que atente contra la dignidad humana. La defensa de la verdad no es, por tanto, algo ajeno a la misión de la Iglesia, especialmente en una época, como la actual, donde hay muchas opiniones acerca del hombre, no siempre acordes todas ellas con la dignidad de la persona humana tal como la presenta la revelación bíblica. Para nuestra iglesia en Burgos esto se concreta en

 

122. [* P *] Apostar por una opción clara de iglesia diocesana hacia los más pobres y desfavorecidos, que destine a su servicio más recursos humanos y económicos y avance hacia unas parroquias, movimientos e instituciones más samaritanos y servidores.

 

123. Como pueblo de Dios en camino entre los pueblos del mundo, la Iglesia (desde sus convicciones y testimonio) debe ir abriendo caminos y creando cauces de solidaridad a diversos niveles. Solidaridad supone respetar al otro en cuanto diferente y distinto. La solidaridad no consiste en imponer los propios principios sino en acudir a las necesidades de los otros, en colaborar en las grandes causas que atañen al hombre de hoy, en animar a integrarse en grupos, movimientos y asociaciones que se hacen presentes en los espacios de la desgracia humana. Y esto porque la Iglesia es comunidad, comunión, en la que el individualismo y el actuar por libre nos están "prohibidos". En suma, evangelizando, la Iglesia se evangeliza a sí misma: da y recibe. Una Iglesia samaritana y solidaria, si quiere ser la Iglesia de Jesús, debe encontrarse en actitud permanente de conversión, dadas las incoherencias de la vida de sus miembros; debe pedir perdón a Dios y a los hombres a la vez que va transformando sus estructuras institucionales. Sinodalmente hemos decidido

 

124. [* P *] Que la iglesia diocesana, a través de las cartas pastorales, homilías, hojas informativas y medios de comunicación social se pronuncie y denuncie con valentía las injusticias y opresiones que sufren los hombres.

 

125. Asegurar la coordinación a través del consejo Pastoral (diocesano, arciprestal y parroquial) de una mayor presencia del espíritu samaritano y solidario en las programaciones pastorales.

 

2.1.5. El cristiano, samaritano y solidario

126. La Iglesia no puede ser samaritana si no lo somos cada uno de los cristianos. El bautismo, en cuanto participación del misterio pascual, y la Eucaristía, como inserción plena en la comunidad eclesial, nos transforman en nuevas creaturas; y por ello todo lo que hagamos ha de ser para gloria de Dios (1 Cor 10,31), para que el mundo y las personas vivan. Esta nueva vida, en cuanto samaritanos, ha de entregarse en alma y cuerpo a la generosidad frente al egoísmo; ha de ser coherente con su fe, pues ésta sin obras está muerta (St 2,26), y ha de esforzarse por descubrir a los necesitados como sacramento de Dios. Así se precisa

 

127. Avanzar en coherencia fe-vida, que lleve al testimonio valiente y decidido.

 

128. Este espíritu samaritano y solidario necesita realizarse en la práctica desde unas claves para asegurar su significancia y efectividad y conlleva unas propuestas de acción:

* Vivir la dimensión política de la caridad (como veremos más adelante).

* Superar el mero asistencialismo, buscando más bien la promoción de los pobres.

* Realizar el discernimiento comunitario y profético (CLIM 60).

* Recibir una formación a la luz de la doctrina social de la Iglesia que integre sus principios fundamentales, sus criterios de juicio y sus directrices de actuación. Manifestación de ello es nuestro propósito de

 

129. Realizar jornadas de sensibilización y campañas de concienciación sobre la dimensión social de la fe.

 

130. Potenciar el discernimiento comunitario, realizado desde el compromiso y a través de análisis de la realidad.

 

131. [* P *] Asumir y desarrollar en todos los procesos formativos (catequesis, jóvenes, adultos, seminaristas, religiosos, etc.) la dimensión social de la fe, fundamentada en la Palabra de Dios y en la doctrina social de la Iglesia, mediante planes y una comisión de seguimiento creada a tal fin.

2.2. Samaritanos hoy ante el clamor de los que sufren

2.2.1. El clamor de los pobres

132. * Diversas situaciones de pobreza. Por pobreza entendemos la carencia de lo necesario para desarrollarse como persona en el medio en que a cada uno le toca vivir, así como el no poder ejercer los derechos esenciales. Por tanto, no podemos hablar de pobreza en general y ceñirnos a lo estrictamente económico, sino de distintas pobrezas, puesto que se trata de un fenómeno cambiante y complejo. Existen varios tipos:

- Una pobreza económica, donde se pueden distinguir distintos niveles: el umbral de la pobreza, en el que vive un tercio de la población española y cuyos ingresos totales por persona están por debajo de la mitad de los ingresos medios por persona en nuestro país. Y en ese umbral la pobreza relativa o moderada y la pobreza extrema, situación en la que se encuentra en nuestro país medio millón de personas.

- Una pobreza de exclusión social: indigencia, miseria y marginación. Entre los indigentes se puede incluir a los llamados en otra época pobres vergonzantes y, en la actualidad, con los reajustes sociolaborales, también estarían incluidos los nuevos pobres: parados indefinidos, algunos jubilados y los que perciben pensiones por motivos diversos (enfermedad, carencia de ingresos...).

- Otras pobrezas: psicológica: deficiencias, minusvalías, trastornos psíquicos; cultural: 30.000 analfabetos reales que hay sólo en Castilla y León, niños no escolarizados, fracaso escolar...; fisiológica: enfermos crónicos, terminales, disminuidos psíquicos, alcohólicos, toxicómanos; sociológica: soledad, aislamiento, especialmente en el medio rural.

 

133. * Pobrezas lejanas y cercanas. Los estudios económicos y sociales nos hablan de 1.300 millones de personas que viven en la pobreza absoluta, casi un tercio de la población mundial, cifra que aumenta aproximadamente en 25 millones de personas cada año. Y el 20% de la humanidad sobrevive con menos de un dólar diario. El hambre afecta a 768 millones de personas todas ellas en países empobrecidos del Sur. Este contexto nos exige

 

134. Ante las pobrezas humanas del Tercer y Cuarto Mundo educar en la solidaridad y en el compartir mediante gestos efectivos en el ámbito personal, familiar, social y en nuestras comunidades cristianas.

 

135. En Europa viven 52 millones de pobres, 17 millones de parados y 3 millones de personas sin hogar. En nuestro país, como ya hemos señalado anteriormente, hay casi ocho millones de pobres. En Burgos: el 17% de las familias viven bajo el umbral de la pobreza: de las 110.205 familias existentes, 18.850 familias -64.860 personas- están en esta situación; mientras que 2.150 familias -11.825 personas- viven en pobreza severa; en las nuevas situaciones de pobreza que se dan en nuestro mundo de hoy, por ejemplo pensemos en el paro.

 

136. En el medio rural no es frecuente la pobreza económica, aunque sí se dan casos de precariedad y de "dependencia" de las subvenciones, que generan falta de participación social (una persona que recibe ayuda no protesta, ni exige otras cosas). En cambio, sí existe una pobreza humana, cultural y social que tienen mucho que ver con la soledad, la incomunicación, el aislamiento geográfico y humano y el abandono por parte de las instituciones públicas. Esta situación está generando una serie de problemas graves, como enfermedades mentales y alcoholismo y nos interpela en la acción pastoral a

 

137. Dar prioridad a la opción diocesana por el mundo rural en una búsqueda de cauces de actuación samaritana: para acoger y acompañar a los necesitados en colaboración con los organismos públicos o privados.

 

138. Educar, favorecer y promover desde todas las instancias diocesanas, especialmente desde el Seminario y desde la vicaría de Pastoral, sacerdotes y equipos de sacerdotes que hagan una opción clara, comprometida y al servicio del mundo rural.

 

139. Apostar por la normalización y la integración escolar, vecinal, social y laboral de las personas con alguna minusvalía, y luchar para evitar en la medida de lo posible su segregación y aislamiento. Educar y dar testimonio en las familias, en los colegios, en las catequesis y comunidades y grupos religiosos de un compromiso claro por la integración de minusválidos, siguiendo el ejemplo que nos dejó Jesús.

 

140. Eliminar las barreras arquitectónicas para acceder a las iglesias y a sus locales. Para que los mismos enfermos y minusválidos sean los evangelizadores de los enfermos y minusválidos: vivir y hacer vivir el "Levántate y anda" como lo hizo Jesús.

 

141. Apostar por el diálogo, la convivencia y la integración escolar, vecinal, social y laboral de nuestros vecinos gitanos y de otras minorías étnicas, tales como los inmigrantes de países más pobres. Educar y dar testimonio en las familias, en los colegios, en las catequesis y comunidades y grupos religiosos de un compromiso claro por la convivencia y la integración de las minorías étnicas con riesgo de exclusión social, siguiendo el ejemplo que nos dejó Jesús. No poner trabas por motivo étnico en la venta o alquiler de viviendas y locales, en la vecindad con ellos, a la hora de contratarles, en el colegio o en la amistad con nuestros hijos, antes al contrario, defender su derecho al buen nombre y a la inserción social en un plano de igualdad.

 

142. Una de las pobrezas menos reconocida como tal es la enfermedad. En línea evangélica, nuestras parroquias seguirán considerando la atención a los enfermos como un signo mesiánico absolutamente irrenunciable. Descubrirán la enfermedad como una de las mayores pobrezas. Encarnarán en nuestra sociedad el servicio sanador de Cristo: -defendiendo la vida y la dignidad de toda persona humana, -luchando contra la enfermedad, sus causas y consecuencias, -comprometiéndose en todo aquello que ayude al hombre a vivir de manera sana, eliminando de su seno todo lo que sea patógeno; e impulsando una cultura que asuma la limitación del hombre y la realidad del dolor, la enfermedad y la muerte. Por ello debemos

 

143. Fomentar diocesanamente la pastoral de la salud a través de su delegación; y potenciar desde las parroquias los equipos que acompañan a enfermos, ancianos y a los que padecen la soledad.

 

144. Otras nuevas situaciones de pobreza, muy relacionadas con la crisis de valores de nuestra sociedad y de nuestra insolidaridad son las toxicomanías y otras adicciones, cada vez más extendidas y con una edad de inicio más temprana. Ello nos obliga a

 

145. Trabajar por la rehabilitación de personas con problemas de toxicomanía, que se prostituyen..., en colaboración con los diversos programas terapéuticos y de rehabilitación; la prevención debe ser prioritaria, desde la denuncia, educación y formación, especialmente de las potenciales víctimas.

 

146. También el sida avanza progresivamente: los casos registrados en Burgos a 1 de diciembre de 1997 son elocuentes: hay 119 nuevos casos de VIH+ y 26 de sida; se han contabilizado 94 ingresos, 1.437 consultas y 14 defunciones. En total son 316 los casos de sida. Como gesto de solidaridad proponemos

 

147. Crear un centro de acogida para enfermos de sida.

 

148. El centro penitenciario es la culminación de casi todas las pobrezas: es una pobreza cercana y lejana, que está ahí, al alcance de la mano, pero lejos del corazón de nuestra sociedad, y puede que también en algunos sectores de nuestra iglesia diocesana. Creemos que nuestra fe nos ha de llevar a

 

149. Vivir el compromiso social en los centros penitenciarios a través de la delegación de Pastoral Penitenciaria y otros colectivos.

 

150. * Posturas ante la pobreza. El conocimiento de la realidad de la pobreza y sus causas es requisito básico para responder con eficacia al reto que nos plantea. Y es aquí donde encontramos el primer obstáculo: no es que no veamos a los pobres, no queremos verlos: -en unos casos son los prejuicios personales y sociales los que no nos dejan ver con claridad; -en otros se culpa a los pobres de su situación de pobreza: la culpa no es suya, sino de esta sociedad excluyente; -también es frecuente el fatalismo: "tiene que haber ricos y pobres". Nos empeñamos en atribuir la pobreza a causas naturales, contra las que es inútil luchar y, por tanto, decidimos vivir cada uno nuestra propia vida; -otras veces es la ignorancia, la falta de formación e información, la que nos impide ver que la pobreza existe, y muy cerca de nosotros; otra de las posturas frecuentes ante la pobreza es la evasión: pensamos que es misión exclusiva del Estado o de organismos oficiales hacer frente a las situaciones de necesidad y corregir sus causas. A lo sumo, damos una limosna "para que nos dejen en paz"; -a veces mostramos un supuesto interés por la pobreza: devoramos cifras y estadísticas. Pero las recibimos fríamente, simplemente como números y porcentajes, sin más.

Frente a estas actitudes encontramos la de aquellos que se dan cuenta de que los pobres no son responsables de su situación. Nos lo recordaban los obispos en CVI: "la pobreza y la marginación que de ella se origina no es, sin más, fruto de una necesidad fatal, atribuible a factores ajenos a la libertad y a la responsabilidad humanas". Y asumen un compromiso desde el conocimiento de la realidad. Sólo en la medida en que reconozcamos que si existen pobres es porque alguien -nosotros también- provoca su existencia, seremos capaces de transformar las situaciones de injusticia e instaurar un nuevo orden donde se posibiliten formas de convivencia más conformes con la dignidad humana.

 

151. * La pobreza evangélica. A la luz de la Biblia, la pobreza material aparece como una situación escandalosa que atenta contra la dignidad humana y, por eso, contraria a la voluntad de Dios. Pero otra forma de entender la pobreza es como un valor evangélico y como elemento central de la espiritualidad cristiana: pobre es el que sabe acoger a Dios, el que tiene ante Él una disponibilidad total y espera la obra salvadora del Mesías. En el documento IP de la Comisión Episcopal de Pastoral Social se nos recuerda que: "de acuerdo con la vida y la predicación de Jesús de Nazaret, de la Iglesia primitiva y de los Santos Padres, la pobreza evangélica supone la actitud ideal del cristiano ante los bienes materiales, viviendo con sencillez y sobriedad, y compartiendo generosamente con los necesitados. Esta forma de pobreza puede y debe adoptar innumerables formas según los tiempos y las circunstancias de cada uno, pero siempre supone unas exigencias fundamentales como seguimiento de Jesús" (nº 1.1.1). Por ello, la pobreza como valor evangélico significa un compromiso de solidaridad y protesta. La razón fundamental de la pobreza voluntaria es el amor al prójimo.

2.2.2. Las causas de la pobreza

152. * Falta de conciencia social en los cristianos. La falta de coherencia entre nuestra fe y nuestra vida tiene mucho que ver con la existencia de la pobreza. No conocemos a los pobres de nuestra propia parroquia o les volvemos la espalda o les ignoramos. Reducimos la fe a una relación personal intimista e individualista. A ello ha contribuido una pastoral de "conservación", orientada fundamentalmente a los sacramentos, ignorando la dimensión socio-caritativa. Lo social es una asignatura pendiente en muchos cristianos. A nivel eclesial sentimos la necesidad de trabajar desde una caridad promocional de transformación de las causas que generan pobreza y marginación.

 

153. * Individualismo e insolidaridad. Vivimos en una sociedad en la que el afán de consumir y poseer sin medida, la valoración de la persona desde el tener y no desde el ser, el "sálvese quien pueda", lo invade todo y conduce al individualismo y a la insolidaridad.

 

154. * Causas estructurales. Existen unas causas estructurales que, sin excluir la responsabilidad individual, son causa directa de la pobreza: injusticia en el ámbito internacional y nacional, política financiera internacional, competitividad, mala distribución del trabajo, contratos en precario... Es lo que hoy llamamos neoliberalismo económico, basado en la ley del libre mercado para obtener beneficios a cualquier precio y que genera desigualdad. En la medida en que contribuimos a mantener este tipo de sociedad somos cómplices del problema de la pobreza.

 

2.2.3. El compromiso cristiano con los pobres

155. El compromiso cristiano no es una opción que se puede asumir si se quiere y rechazar si no se quiere. Es una exigencia del bautismo, por el que Jesús nos envía a transformar nuestro mundo a semejanza de su Reino: "La Iglesia se juega su presente y su futuro en el servicio a los pobres. Sólo una Iglesia que se acerca a los pobres y los oprimidos, se pone a su lado y de su lado, lucha y trabaja por su liberación, por su dignidad y por su bienestar, puede dar un testimonio coherente y convincente del mensaje evangélico" (IP 10). La Iglesia tiene que ser samaritana y salir al encuentro de los pobres. El servicio a los necesitados halla su ámbito privilegiado en la comunidad parroquial, que debe llamar a los pobres por su nombre (conocerlos y quererlos) y salir a su encuentro, en lugar de esperar a que sean ellos quienes acudan en busca de apoyo.

Tal como propone la CEE, las distintas diócesis deben "fomentar la creación y animación de Cáritas en todas las parroquias, ya como 'referencia y ámbito' de cuantos trabajan al servicio de los pobres y la promoción de la justicia, ya como ayuda a todos ellos con el fin de obtener una mejor atención a los indigentes y marginados" (IP, II.1.A). No hay que olvidar que la caridad tiene una dimensión política que exige a los cristianos y a la Iglesia trabajar por la justicia y combatir las causas de la pobreza.

2.2.4. El dónde, cómo y cuándo del compromiso cristiano con los pobres

156. * Samaritanos anónimos. Todos y cada uno de los cristianos debemos ser "samaritanos anónimos". Para ello sugerimos "la austeridad compartida": suprimiendo la limosna como sistema de ayuda, ya que, lejos de solucionar el problema, mantiene al pobre en la misma situación; y asignando un tanto por ciento de nuestro presupuesto personal y familiar a asociaciones u organizaciones que trabajan con los pobres. Y colaborar y apoyar los movimientos sociales que trabajan en este campo o aportando parte de nuestro tiempo como voluntarios en alguna organización social. Esto nos compromete a

 

157. Avanzar hacia la superación del asistencialismo fomentando la dimensión caritativa de la Iglesia (desde la promoción de la propia persona), evitando así el conformismo y/o las injusticias en nombre de la justicia.

 

158. * Comunidad parroquial. Cada miembro y toda la comunidad parroquial debe sentir la necesidad de dar una respuesta a los pobres. Esto supone plantear el lugar que deben ocupar los más necesitados en la programación pastoral y en la revisión de las acciones de la parroquia. La misma comunidad debe descubrir sus propios recursos para la acogida y acompañamiento de los pobres, como referencia de esa sociedad accesible a todos; por ejemplo, acompañando temporalmente a ancianos, enfermos crónicos o niños para posibilitar el descanso de quienes habitualmente se ocupan de ellos, etc. La comunidad parroquial tiene que cuidar especialmente la formación de los agentes de pastoral de la caridad. Estos agentes (voluntarios) descubren las diversas carencias y situaciones de necesidad y deben presentarlas a la comunidad para que toda ella se sienta responsable. El voluntariado, con el apoyo de técnicos, lleva a la práctica los programas de inserción social para la integración personal, familiar y grupal de los marginados. Por ello acordamos

 

159. Potenciar que Cáritas sea algo verdaderamente diocesano donde las parroquias, estructuradas por arciprestazgos, tengan representación y capacidad de decisión.

 

160. Allí donde sea posible, crear cáritas parroquial y donde -por razón de la poca población- no sea factible, hacerlo a nivel arciprestal desde un equipo coordinador.

 

161. Informar regularmente sobre las necesidades existentes en cada parroquia y de las ayudas y actividades desarrolladas en las mismas. Para ello será imprescindible realizar estudios sobre las necesidades concretas y reales.

 

162. La coordinación de Cáritas diocesana con cáritas parroquiales se hace en algunos ámbitos de la diócesis a través de la llamada cáritas arciprestal. Esta nueva presencia de Cáritas presta una buena labor como medio de animación y coordinación entre las parroquias, como cauce de comunión de bienes y para llevar a cabo determinados programas que requieren una actuación supraparroquial. Pero se ha de cuidar convenientemente: -que se funcione en perfecta sintonía con las parroquias para que no se perciba como algo distinto e independiente de las mismas; -que la labor de los profesionales sea una ayuda al protagonismo del voluntariado; -y que quede clara la identidad de Cáritas como cauce de expresión y animación de la acción caritativa y social de la comunidad cristiana. En esa línea optamos por

 

163. [* P *] Crear cáritas arciprestales como órganos intermedios entre cáritas parroquiales y Cáritas diocesana, estableciéndose la correspondiente comunicación de bienes de cáritas parroquiales del arciprestazgo para el cumplimiento de sus fines en la forma y cuantía o porcentaje a determinar en sus estatutos y/o reglamento. No se deberá olvidar la vinculación de éstas cáritas con las comunidades parroquiales, como expresión y animación de la acción caritativa y social de la comunidad cristiana.

 

164. * Voluntariado organizado. Es cierto que Cáritas es el organismo oficial de la caridad de la Iglesia, pero en nuestra diócesis existe un gran número de asociaciones y congregaciones religiosas que también trabajan en el campo de la acción social y que, como Cáritas, consiguen llevar a cabo su trabajo gracias a los voluntarios: "La consolidación de la Cáritas diocesana, cauce ordinario y oficial de la iglesia particular para la acción caritativa y social, es una tarea permanente. Presidida y animada por el obispo, que preside igualmente toda la caridad de la iglesia local, ha de ser lugar de encuentro de la comunidad cristiana para un mejor servicio a los pobres" (IP, II.1.C). Nosotros decidimos

 

165. Desde el discernimiento en el Espíritu crear donde no haya, y fomentar donde existan, los auténticos servicios y organizaciones del voluntariado. Cuidar especialmente su formación.

 

166. * Trabajo institucional. Nuestro compromiso cristiano debe llevarnos también a una necesaria presencia en los ámbitos y foros donde se decide el reparto de los bienes y donde entra en juego la justicia con los pobres: "Las comunidades cristianas, coherentes con su misión en la Iglesia y en la sociedad, fomentarán la comunicación y el diálogo con los responsables de los diversos sectores sociales, para establecer compromisos de colaboración que respondan a una sana concepción de la vida humana. Las instituciones de acción caritativo-social crearán los oportunos cauces de colaboración con las administraciones públicas, sin renunciar a ser conciencia crítica de la sociedad, participando equitativamente en los recursos que esa sociedad genera y son destinados a erradicar la pobreza y marginación sociales" (CVI, I.5.A). Necesariamente habrá que

 

167. Actuar de forma organizada y coordinada entre las asociaciones existentes, con las entidades sociales y con las distintas formas de vida consagrada, dando a conocer todos los movimientos que trabajan en este ámbito.

 

2.2.5. Anuncio explícito de la Buena Nueva a los pobres

168. Hemos intentado descubrir los distintos rostros de la pobreza y hemos tratado de desentrañar sus causas. Nuestro compromiso cristiano debe llevarnos a estar al lado de los más débiles, denunciar y corregir esas estructuras injustas, contribuyendo a construir una sociedad accesible a todos, a hacer presente el Reino de Dios. Pero, aunque nuestro compromiso con los pobres fuera efectivo, no podemos olvidar que en todos los procesos de formación que se proponen, debe quedar claro que, aunque éste fuera efectivo, a semejanza de alguna ONG, no podríamos hablar de verdadera evangelización si no les anunciamos personal y comunitariamente de un modo explícito a Dios como Padre que los ama con preferencia y que se hace visible en Jesucristo, Mesías de los pobres. ´Se anuncia a los pobres la Buena Noticia´ (Lc 7,22). Todo el esfuerzo por llegar a las causas de la pobreza y la denuncia ante las conductas en este campo, no terminan ahí: los pobres tienen derecho y necesidad de ser evangelizados; así quienes nos creemos ricos podremos ser evangelizados por ellos y descubrir juntos la auténtica esperanza.

2.3. El compromiso sociopolítico del cristiano

2.3.1. Qué es el compromiso sociopolítico

169. Es la actividad que desempeña un cristiano comprometido en las realidades de nuestra sociedad desde su fe cristiana y desde la autonomía de las realidades temporales para transformar y renovar el mundo. Conviene distinguir dos niveles: lo que podemos llamar política formal, la acción específica de aquellos que se dedican a esa tarea; es el nivel de la política de partidos, la de los políticos de "oficio" y de los afiliados a los partidos. Y lo que llamamos política no formal: "el conjunto de actividades sociales que afectan, repercuten, configuran y determinan la convivencia humana", la política en cuanto realidad global que determina la felicidad o la desgracia de los ciudadanos.

 

170. * Superación de los prejuicios. Nos descubrimos a veces con "prejuicios" sobre este tema: diciéndonos que la política no sólo no tiene que ver con la fe cristiana sino que la arruina; que pertenece a unos cuantos que se dedican a ella. O algo más peligroso como es identificar la fe con una sola opción de partido... Es necesario y urgente superar los prejuicios. Nadie tiene derecho a exigir a los demás cuando no es capaz de comprometerse en una tarea exigida por el bien común y la solidaridad de la familia humana. Necesitamos estar presentes como cristianos allí donde se generan las decisiones sociopolíticas, económicas, culturales" (ChL 3), porque ahí está en juego la dignidad de las personas con sus derechos.

 

171. * Es una urgencia de la fe como opción integral. Es decir, que abarca toda la vida de la persona: "La fe que profesamos no es algo privado, sino que es constitutiva y esencialmente pública y por consiguiente tiene implicaciones políticas" (CLIM 52), porque el hombre es camino primero y fundamental de la Iglesia (RH 14). Vivimos en una sociedad deshumanizada por la absolutización del ansia de poder, del dinero y del bienestar… Esto impone un cambio radical y profundo de las personas y de las estructuras desde el seguimiento de Jesús. Ante estas realidades el Evangelio no es neutral ni puede serlo. Porque donde no hay justicia ni libertad, tampoco hay fe cristiana. "El gozo y la esperanza, las lágrimas y las angustias del hombre de nuestros días, sobre todo de los pobres y de toda clase de afligidos, son también gozo y esperanza, lágrimas y angustias de los discípulos de Cristo, y nada hay verdaderamente humano que no tenga resonancia en su corazón..." (GS 1).

 

2.3.2. Por qué el compromiso sociopolítico

172. * Fundamento sociológico. Los seres humanos estamos llamados a vivir en sociedad. Una de las mediaciones -la menos mala, porque no se ha encontrado otra- es la democracia, que comporta para todo ciudadano la participación en la marcha de la sociedad y asumir sus responsabilidades. No sólo con el voto, sino con el juicio crítico, con el seguimiento de lo político, con la denuncia, con la exigencia de responsabilidades, el asociacionismo, la afiliación, etc... En estos valores nos jugamos el futuro de la familia humana y de la sociedad actual.

 

173. * Fundamento teológico-bíblico. Yahvé ha tomado partido en favor de su Pueblo (Ex 3); Jesús se tomó en serio la realidad humana de su misión (Lc 4,16); anuncia el Reino como realidad utópica de liberación, transformación y armonización para el mundo de hoy: las Bienaventuranzas (Mt 5,1ss) son la carta magna del cristiano. A Jesús se le conoce en el seguimiento de su persona y en el proseguimiento de su causa. Como seguidores de Jesús nos comprometemos a hacer visible el Reino de Dios en la historia; la política es el nuevo lugar del ejercicio de la caridad cristiana.

 

174. * Fundamento eclesiológico. El Vaticano II nos recordaba que la Iglesia es el ´sacramento de Dios´ en medio del mundo (cf. LG 1) y que tiene "el mandato de hacer de todos los hombres una sola familia" (GS 24). Oigamos estos dos textos impresionantes por su realismo, fuerza y actualidad: "La Iglesia está vivamente comprometida en esa causa porque la considera como su misión, su servicio, su verificación de su fidelidad a Cristo, para poder ser la ´Iglesia de los pobres´. No corresponde a la Iglesia analizar científicamente las posibles consecuencias de tales cambios en la convivencia humana. Pero la Iglesia considera deber suyo recordar siempre la dignidad y los derechos de los hombres del trabajo, denunciar las situaciones en las que se violan dichos derechos, y contribuir a orientar estos cambios para que se realice un auténtico progreso del hombre y de la sociedad" (LE 8 y 11). "Hoy más que nunca, la Iglesia es consciente de que su mensaje social se hará creíble por el testimonio de las obras antes que por su coherencia y lógica interna. De esta conciencia deriva también su opción preferencial por los pobres, la cual nunca es exclusiva ni discriminatoria de otros grupos" (CA 57).

 

2.3.3. Para qué el compromiso sociopolítico

175. * El Proyecto de Jesús: el Reino. Jesús anuncia un Reino que comienza aquí y supone un cambio personal y estructural. Ese Reino tiene que ver con las cosas de aquí, de la tierra. Cuando sus paisanos le oían esta expresión estaban entendiendo la llegada y realización de una sociedad nueva y distinta a la que estaban viviendo. Esta nueva humanidad estaba comenzando cuando Jesús acogía a los últimos, se saltaba una ley religiosa discriminatoria, reinsertaba a leprosos, marginados y mujeres, urgía a compartir los bienes, presentaba la autoridad bajo el servicio y denunciaba la explotación.

 

176. * Relaciones Iglesia-Reino-sociedad. Es el punto central para un correcto compromiso sociopolítico. No podemos perder de vista que el Reino es más grande que la Iglesia. La Iglesia forma parte del Reino y de la sociedad. Por eso no puede ejercer su misión ni al margen del Reino (no sería la Iglesia de Jesús) ni al margen de la sociedad (sería una realidad abstracta). La Iglesia está en medio de la sociedad y como germen del Reino tiene que estar a su servicio. Conviene dejar claro que la comunidad política y la comunidad eclesial son dos realidades independientes entre sí, pero al servicio del hombre: "La Iglesia, está presente ya en la tierra, formada por hombres, es decir, por miembros de la ciudad terrena que tienen la vocación de formar en la propia historia del genero humano la familia de los hijos de Dios... Esta familia ha sido instituida por Cristo y organizada como sociedad en este mundo y está dotada de los medios adecuados propios de una unión visible y social. De esta forma la Iglesia, entidad social y visible y comunidad espiritual, avanza juntamente con toda la humanidad, experimenta la suerte terrena del mundo, y su razón de ser es actuar como fermento y como alma de la sociedad, que debe renovarse en Cristo y transformarse en familia de Dios" (GS 40). Visto lo cual, decidimos

 

177. Promocionar la participación de los laicos en las instituciones públicas, en las estructuras sociales y en el amplio mundo del asociacionismo, con grupos de referencia donde formarse y revisar su compromiso.

 

178. Realizar el compromiso sociopolítico teniendo en cuenta y potenciando los movimientos especializados que existen para este cometido.

2.3.4. Dónde realizar el compromiso sociopolítico

179. Todos los cristianos por su ineludible implicación en el mundo han de atender especialmente a los campos de la familia, trabajo, economía y cultura en el ejercicio ordinario de la ciudadanía. No obstante a todos se les ha de hacer ver que urge implicarse en el compromiso sociopolítico en las denominadas mediaciones históricas. Describimos las que a nuestra iglesia diocesana le parecen más importantes y, junto a ellas, señalamos las propuestas operativas que hemos decidido.

 

180. * La familia. Es la célula básica de la sociedad. Un espacio privilegiado para lograr la humanización del hombre y de la mujer a todos los niveles: crecer en diálogo, corresponsabilidad, libertad, apertura y sensibilidad con los problemas del mundo, compromiso de transformación... "La familia es escuela del más rico humanismo... La familia, en la que distintas generaciones coinciden y se ayudan mutuamente a lograr una mayor sabiduría y a armonizar los derechos de las personas con las demás exigencias de la vida social, constituye el fundamento de la sociedad" (GS 52). La familia es el entorno natural para el crecimiento de la fe, de esa forma sus miembros promoverán naturalmente todos los demás valores humanos; por tanto, optamos por conseguir que

 

181. La familia eduque en valores solidarios, inspirados en el humanismo cristiano.

 

182. La escuela cristiana es un medio para crear conciencia, en los niños y jóvenes, de su compromiso sociopolítico.

 

183. * El trabajo. Una realidad que abarca gran parte del ser humano, donde el hombre y la mujer son colaboradores de Dios en una creación no acabada, para llevarla a su plenitud. Es verdad que se ha avanzado mucho a todos los niveles, pero también hemos de reconocer las grandes preocupaciones existentes en este mundo: el paro, la precariedad y temporalidad de los contratos, los empleos sumergidos, el subarrendamiento del trabajo; la incertidumbre que genera el individualismo y la insolidaridad incluso dentro de los sindicatos obreros. "No sólo la contratación del trabajo, sino también las relaciones comerciales de toda índole se hallan sometidas al poder de unos pocos, hasta el extremo de que un número sumamente reducido de opulentos y adinerados ha impuesto poco menos que el yugo de la esclavitud a una muchedumbre infinita de proletarios... La crueldad de los ambiciosos... abusa de las personas sin moderación, como si fueran cosas para su medro personal" (RN 2 y 31).

Como cristianos no podemos cerrar los ojos a la realidad dura del trabajo, sino que debemos conocerla y corregir las causas que generan tanto sufrimiento e injusticia. Se han normalizado o legalizado las estructuras injustas; por ello debemos -sensibilizarnos y tomar conciencia de estos problemas (SRS 42); -promover los valores de justicia, honestidad, coherencia y ética laboral; -y participar activamente en las organizaciones del mundo obrero y en el debate social sobre las nuevas alternativas (CA 7 y 35).

Nuestro compromiso sociopolítico nos llama a trabajar, también, dentro de la Iglesia mediante la promoción de la pastoral obrera como algo de toda la Iglesia (laicos, religiosos, sacerdotes, obispo), por ser hoy especialmente necesaria dada la realidad sufriente de muchos trabajadores, miembros muchos de ellos de nuestras comunidades. Por ello decidimos

 

184. Fomentar desde la iglesia diocesana, particularmente a través de la delegación de Pastoral Obrera, la presencia de los cristianos en el mundo del trabajo: luchando contra el paro, creando una Comisión y bolsas diocesanas de trabajo, denunciando los contratos en precario y compartiendo el trabajo.

 

185. Que la iglesia diocesana denuncie, viva y cree conciencia en los cristianos de la obligación al pago de impuestos, de la renuncia al pluriempleo, a las horas extraordinarias y, en general, al fraude laboral, apoyando iniciativas y campañas que vayan en esta línea.

 

186. Crear equipos parroquiales de Pastoral Obrera en las parroquias de barrio, como medio para conocer y sensibilizar sobre la situación del mundo obrero, y coordinados con la delegación de Pastoral Obrera.

 

187. * Economía. La economía y la productividad deben estar al servicio del hombre: la finalidad fundamental de esta producción no es el mero incremento de los productos, ni el beneficio, ni el poder, sino el servicio del hombre, del hombre integral (cf. GS 64). Los criterios que deben orientar la vida económico-laboral no deben ser principalmente los económicos sino los sociales, los que miran el bien de todos y especialmente de los pobres. Como ya manifestaron en 1993 los Obispos de Canadá: "Sobre la base de estos dos principios (opción preferencial por los pobres y el valor-dignidad del trabajo humano), queríamos sugerir políticas sociales que muestren: a) que las necesidades de los pobres tienen prioridad sobre las exigencias de los ricos; b) que los derechos de los trabajadores/as son más importantes que la maximización de los beneficios, y c) que la participación de los grupos marginados en las decisiones tiene prioridad sobre la conservación de un sistema que los excluye". En este momento tenemos dos grandes desafíos entre manos: la política de convergencia europea que no puede omitir los aspectos sociales y avanzar en la participación democrática en la gestión de empresas mediante sistemas representativos adecuados que sean eficientes y eficaces, así como también en la creación de sociedades cooperativas de trabajadores.

 

188. * Los partidos políticos. Es necesario recuperar la dignidad de la vocación política en una sociedad donde hoy día se ha deteriorado tanto. Hemos de reconocer que las instituciones políticas son las mediaciones necesarias para la construcción de una familia humana democrática, donde el pueblo pueda expresarse por las votaciones y sentirse representado. De modo que los partidos no gobiernen al margen del pueblo llegando a la absolutización del poder, con todo el peligro que esto comporta de dictadura, corrupción, falta de respeto a los derechos más elementales... Los cristianos estamos llamados a participar en los distintos partidos políticos sabiendo que ninguno de ellos agota todos los valores del Evangelio. Conviene aclarar que el cristiano no puede comprometerse incondicionalmente con ningún partido político, sindicato... donde perdiese su libertad (MM 239); para un cristiano el único absoluto es el Evangelio. Por eso necesitará ser conciencia crítica desde los valores evangélicos para discernir si está abierto a las distintas maneras de entender al hombre, a la mujer y al mundo; qué grado de democracia económica posibilita; qué grados de ayuda y apoyo solidario a los grupos más débiles ofrece; qué atención y apoyo a las minorías étnicas y nacionales presta... Siempre deberá evitar cuidadosamente utilizar la religión como palanca política, en el sentido de la política formal que antes hemos indicado; no puede usar el mensaje de Jesús como instrumento de una política partidista. En esta situación el Sínodo pide

 

189. Fomentar la participación y presencia de los cristianos en la vida política, desde la libertad y el espíritu crítico.

 

190. * Los sindicatos. Son un instrumento o mediación para defender los intereses de los trabajadores en el seno de la empresa, fuera del lugar del trabajo (vivienda, enseñanza, transportes públicos, etc.), ante las instituciones (gobierno, parlamento, partidos, etc.), con el objetivo a largo plazo de avanzar hacia una sociedad justa, democrática y solidaria. Son un elemento indispensable e imprescindible para avanzar hacia una sociedad más justa. Con sus luces y sus sombras, han sido la institución que más ha influido en el mundo obrero, pues es claro que las conquistas obtenidas por el sindicalismo en el campo económico, social y legislativo han aportado mucho a lo que hoy llamamos estado de bienestar. "La experiencia histórica enseña que las organizaciones de este tipo son un elemento indispensable de la vida social pues siguen siendo un factor constructivo de orden social y de solidaridad del que no es posible prescindir" (LE 20). Los cristianos estamos llamados a participar en ellos, a luchar para que respondan a las demandas de todos los trabajadores, a no caer en el corporativismo y a abrir fronteras adquiriendo una dimensión internacional de cara a la defensa de los trabajadores del Tercer Mundo (POTI 13). En coherencia con ello deseamos

 

191. Fomentar la participación de los cristianos en los sindicatos.

 

192. * Organizaciones populares y asociaciones. Hacemos referencia a las organizaciones que el pueblo ha asumido y que tienen una larga trayectoria: asociaciones de vecinos, asociaciones de padres, asociaciones culturales... Estas asociaciones han sido y son como el tejido intermedio entre la ciudadanía y sus representantes políticos, a través de las cuales el pueblo canaliza sus reivindicaciones y sus derechos en la vida cotidiana. Los cristianos, hoy, estamos llamados a potenciar estas asociaciones puesto que contribuyen a una sociedad más participativa y responsable, y por tanto a

 

193. Fomentar la participación de los cristianos en las asociaciones de vecinos.

 

194. Fomentar, invitar y animar a los padres para que participen en las asociaciones de padres.

 

195. Fomentar y ayudar a las asociaciones juveniles y sindicatos de estudiantes con la participación en ellas de los cristianos.

 

196. * El mundo de la cultura. Entendemos por cultura el conjunto de valores, de hábitos y comportamientos, costumbres, educación, conocimientos... que estructuran la persona y ordenan las relaciones entre los hombres. No cabe duda de que aquí se nos abre un gran reto para los cristianos: luchar contra el individualismo, la insolidaridad, el consumismo, serían aspectos concretos de este compromiso. Y como lugar especial estamos llamados a trabajar por lo que se ha llamado la "cultura de la solidaridad y la paz". Entendemos por "solidaridad la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común" (SRS 38), para cuya consecución deberemos

 

197. Fomentar la participación de los creyentes en la evangelización de la cultura. Esa participación irá desde la colaboración en actividades socioculturales hasta la participación decisiva en aquellos centros de interés que influyen en el nacimiento de la nueva cultura.

 

198. Fomentar especialmente el compromiso cristiano desde los centros de enseñanza confesionalmente católicos. Siendo testimonio claro ante la sociedad de su opción por una educación integral de la persona independientemente de su condición social.

 

199. Que los colegios religiosos opten claramente por los pobres en sintonía y coherencia con su identidad cristiana y admitan preferentemente en sus centros a los niños y niñas que la sociedad margina por motivos económicos, étnicos, culturales...

 

200. * En la Iglesia. Tenemos el peligro de colocar el compromiso sociopolítico de cara a lo externo de la Iglesia únicamente; no sería ético, ni evangélico. Los cristianos estamos llamados a transformar evangélicamente nuestra Iglesia para hacerla más conforme al Espíritu de Jesús. ¿Cómo? Mediante: a. -la recuperación del papel de los laicos en una iglesia clericalizada desde la plena corresponsabilidad que emerge de la opción bautismal y de la teología del Vaticano II; b. -la recuperación de la dignidad y papel de la mujer en la misma Iglesia; c. -la creación de pequeñas comunidades como fermento de la gran comunidad y signo visible de ella; d. -el esfuerzo de todos para que las celebraciones de la fe sean expresión del diálogo de la fe con la vida social y política.

2.3.5. Cómo estar en el compromiso sociopolítico

201. El cristiano no puede estar en el compromiso sociopolítico de cualquier forma. La fe ha de ser la columna vertebral de su actuar en la sociedad. Y en este sentido hay tres aspectos que son determinantes: