|
104.
En el capítulo anterior
dedicado a la evangelización hemos ido descubriendo en qué
consiste la Buena Noticia del Reino de Dios predicado por Jesús
y la Buena Noticia que es Él, sobre todo en virtud de su muerte
y resurrección. Para que nosotros podamos ser también
evangelizadores hemos conocido los destinatarios, actitudes y
medios. Se hablaba de los pobres y necesitados como
destinatarios privilegiados de la evangelización y de que la
salvación cristiana afecta a todas las dimensiones de la vida
humana. En caso contrario toda la obra evangelizadora de la
Iglesia carece de credibilidad. En este segundo capítulo, bajo
el título Una Iglesia samaritana y solidaria,
abordamos esta realidad básica del cristianismo bajo tres
aspectos: sus principios generales, la dimensión de la caridad
y el compromiso sociopolítico de los cristianos.
2.1.
Una
Iglesia samaritana y solidaria
2.1.1.
"He
escuchado el clamor de mi pueblo" (Ex 3,7)
105.
Al igual que Dios prestaba
oído atento a la situación de su pueblo Israel, esclavo en
Egipto, los cristianos en el umbral del tercer milenio estamos
llamados a atender los clamores de la sociedad en que se
enmarca nuestra diócesis de Burgos para ser sembradores de
justicia, amor, fraternidad y solidaridad. Es tarea
inaplazable amar nuestra tierra; pero, sobre todo, amar
nuestro pueblo. Ello nos obliga a dirigir una mirada
contemplativa, amplia, samaritana, transformadora, como la de
Dios.
Oímos el
clamor provocado por una sociedad donde el tener es
elemento fundamental ("cuanto más tienes, más
eres") que nos lleva a encerrarnos en el individualismo.
Oímos el clamor sostenido de un futuro incierto: mezcla
agridulce entre la posibilidad de ir abriéndonos a la
fraternidad europea, y el miedo por el precio que ello puede
suponer de cara a la integración total en la Unión Europea. La
mirada atenta a nuestra tierra y a nuestro pueblo de Castilla
resulta dolorosa. Con un rico pasado histórico, cultural y
religioso, se abre hoy a serios interrogantes sobre su futuro a
nivel económico, poblacional y cultural.
Oímos un
clamor más cercano, más frecuente: nuestra provincia.
Como tantas otras, se encuentra en creciente despoblación y
envejecimiento; la agricultura está pasando a ser deficitaria,
las industrias no tienen grandes posibilidades... El paro sigue
aumentando. Los servicios públicos esenciales han avanzado,
pero aún no son suficientes; más aún, algunos comienzan a ser
cuestionados; los contratos laborales no son estables en gran
número y muchos suponen un subarrendamiento del trabajo o
bajos salarios; el transeuntismo avanza (con raíces manifiestas
de alcoholismo, drogas o ruptura familiar); falta participación
en la sociedad; la iniciativa y creatividad en esta situación
cambiante es escasa o nula... Igualmente, el sondeo realizado
con motivo del Sínodo, ha puesto en evidencia un gran clamor
entre los cristianos en Burgos: más del 18% cree que nos
movemos en el ámbito del compromiso simplemente por "buena
voluntad" y respondemos, según el 28%, "dando
limosna". La participación de los cristianos en las
asociaciones de carácter social se percibe mayoritariamente
como "poco" o "nada", y casi el 42% cree que
no se conocen los organismos eclesiales en esta línea.
106.
Todos estos clamores nos
hacen reflexionar y contemplar la realidad como creyentes.
Reflejo de ello son las aspiraciones, carencias, preferencias y
urgencias que hemos ido detectando en el discernimiento sinodal:
*
Aspiraciones fundamentales: a) Mayor solidaridad personal y
comunitaria. b) Potenciar una Iglesia misionera evangelizada y
evangelizadora. c) Opción preferencial personal y comunitaria
por los pobres y más desfavorecidos. d) Apertura y diálogo con
el mundo y sus problemas.
*
Carencias: a) La estima de los pobres y necesitados en
nuestra iglesia diocesana oscila entre poco (44%) y bastante
(30%). b) El asociacionismo y el nivel de participación en los
sindicatos y partidos políticos bascula entre poco (42%) y nada
(20%); en las ONGs y otras asociaciones entre poco (35%) y
bastante (25%). c) El conocimiento que se tiene de los grupos
eclesiales e instituciones de compromiso caritativo-social se
mueve entre poco (42%) y bastante (35%). d) El grado de
formación que reciben los cristianos de nuestra diócesis
respecto a la dimensión social de la fe fluctúa entre poco
(49%), bastante (32%), nada (4%). e) Nuestros creyentes
responden a las necesidades de los que menos cuentan en la
sociedad: dando limosna (28%), compadeciéndose (15%), con la
oración y creando centros de atención (11%), participando en
las organizaciones (7%). f) Los cristianos de Burgos actúan en
la sociedad movidos: por la buena voluntad, la colaboración y
la solidaridad (18%), por creer que el Evangelio de Jesús
libera, exige actuar y denunciar las injusticias (14%), por
ayudar al pueblo o barrio (13%), por ganar influencia o interés
(6%).
*
Preferencias: Las cuestiones, a las que los cristianos de
nuestra diócesis dan hoy más importancia, son la droga y el
alcoholismo (26%), el paro (22%), el hambre en el mundo (19%),
los enfermos y los minusválidos (10%), los ancianos (7%), el
pacifismo (3%), el mundo obrero, la ecología, los presos, el
mundo rural (1%). Consideran que deben estar presentes en las
instituciones públicas y sociales: a) luchando por la justicia
y el bien común (31%), b) colaborando en favor de una sociedad
mejor y realizando con responsabilidad el propio trabajo (23%),
c) denunciando los males e injusticias (16%), d)
despreocupándose por esta presencia (3%). Otras apuntan a
potenciar la pastoral obrera y las actividades socioculturales,
presencia de los cristianos en los sindicatos, crear grupos de
acompañamiento para los necesitados en el mundo rural, aportar
las instituciones eclesiales el 0,7 %, actuar de forma
organizada y coordinada en todos los campos.
*
Urgencias: Se considera que la mejor manera de fomentar la
solidaridad en la parroquia y en la comunidad diocesana es:
estudiando las necesidades existentes (28%), implicando a los
fieles en acciones concretas (22%), creando Cáritas y apoyando
proyectos del Tercer Mundo (16%), creando grupos de formación
social y obrera (12%). Se opina que las instituciones y los
grupos cristianos deberían estar más presentes en estos
campos: enseñanza (27%), marginación y pobreza (24%), medios
de comunicación social (12%), sanidad y cultura (7%), mundo
obrero y rural (6%). Otras: a) fomentar el voluntariado; b)
educar en los valores desde la familia, la catequesis y la
enseñanza de la religión; c) potenciar la formación,
especialmente la doctrina social de la Iglesia, el
asociacionismo a todos los niveles, Cáritas diocesana,
arciprestal y parroquial; d) realizar, a nivel diocesano, una
opción clara por los más desfavorecidos.

2.1.2.
Una
historia de misericordia entrañable
107.
La historia de la salvación
es el relato del diálogo entre Dios y la humanidad y de
las relaciones entre los hombres y las naciones, donde hay
encuentros y desencuentros, gestos de amor y actos de violencia,
iniciativas generosas e injusticias flagrantes... La Biblia nos
habla de un Dios que se acerca al hombre para acompañarlo
en su sufrimiento y en su búsqueda de felicidad, para denunciar
las injusticias y defender a los necesitados, para favorecer la
comunión y desterrar los enfrentamientos, para ofrecer su
gracia y perdonar el pecado. Por eso hablamos de misericordia
entrañable.
108. * La
vida del hombre, sueño de Dios.
La creación es una obra del amor de Dios, su primer gesto de
amor en favor de los hombres, para que fuera el hogar del
hombre, viviera como una familia y nuestra tierra fuera
un banquete donde la humanidad entera estaba invitada sin
condiciones ni exclusiones. Al hombre y la mujer, creados a su
imagen y semejanza (Gn 1,26-31), les comunicó la vida como
el mayor regalo, para que descubrieran el gozo de vivir
juntos y reflejaran de este modo la realidad misma de Dios.
109. * El
drama de la armonía perdida y recuperada.
Pero el hombre, con una libertad quebradiza, con tendencia a
buscar la fuerza y la seguridad en sí mismo, a costa de Dios y
de los demás, introdujo la historia dramática del dolor y de
la violencia, en un palabra, del pecado: se rompe la armonía
con la naturaleza; comienza la historia de los enfrentamientos y
la convivencia y la comunicación entre los hombres queda rota
por la violencia. No es lo que Dios quería. El hombre se aleja
de Dios y de su proyecto de vida y amor. En medio de este caos a
Dios mismo se le conmueven sus entrañas, cuando escucha los
lamentos y quejas de sus hijos los hombres, cuando constata la
injusticia y opresión que dominan las relaciones entre ellos.
Pues Dios no es pasivo: "He visto la aflicción de mi
pueblo, he escuchado sus clamores, conozco sus angustias. Y he
bajado para librarlo". Y promete: "Lo
conduciré a una tierra fértil y espaciosa, que mana leche y
miel" (Ex 3,7-9). Surge su Palabra recordándonos que
Dios no es el culpable ni quiere la desgracia humana y que está
dispuesto a hacer lo posible para eliminarla. Y promete en el
futuro la venida de un Salvador "que reinará como rey
prudente y establecerá el derecho y la justicia en la
tierra" (Jer 23,5). "Con amor eterno os he
amado y por eso mantengo mi favor" (Jer 31,3); esta
promesa es el fundamento y la garantía de nuestra esperanza.
Dios se presenta como la vida del hombre.
2.1.3.
Jesucristo,
Buen Samaritano
110.
La ternura de Dios adquiere
rostro y figura humanos en Jesús, el Hijo enviado por el
Padre y encarnado en la plenitud de los tiempos (Gal 4,4). Su
misión consiste en mostrar el amor entrañable de Dios y en el
ofrecimiento de una vida que alcanza hasta la eternidad (Jn
3,16). Este compromiso en favor de la vida y de la dignidad del
hombre lo realizó desde el interior de nuestra experiencia,
"se hizo un hombre cualquiera" (Fil 2,6s). Actúa
como el samaritano que es sensible a las necesidades de los
hombres que se encuentran a la orilla del camino. Por esta
solidaridad su palabra resulta creíble, y porque habla desde la
situación de sus hermanos los hombres, es capaz de ayudar a
todos los que lo necesitan (Hbr 2,17-18).
111.
* El jubileo del Reino de
Dios. La situación de la sociedad en tiempos de Jesús no
era menos dura que la nuestra. Él nació, actuó y predicó
dentro de situaciones profundamente conflictivas, cargadas de
injusticias y de violencia. Los pobres eran parte amplia de la
población y los numerosos enfermos estaban amenazados por el
abandono o la indiferencia. En aquel contexto Jesús anuncia el
gran jubileo. Un día Jesús acude a la sinagoga de Nazaret y
proclama unas palabras de un texto de Isaías 61: "El
Espíritu del Señor está sobre mí y me ha ungido para
anunciar la Buena Noticia a los pobres, me ha enviado a
proclamar a los cautivos la libertad, a los ciegos la
recuperación de la vista, a los oprimidos la liberación, a
proclamar un año de gracia del Señor". A
continuación Jesús afirma: "Hoy se realiza ante
vosotros esto que acabáis de escuchar" (Lc 4,17-21).
Este "hoy" no ha terminado todavía, y por
tanto sigue siendo actual: invita e interpela. Todos los
jubileos, nos recuerda Juan Pablo II (TMA 11), encuentran su
punto de partida en este gran jubileo de Jesús; y todos ellos,
por ser un tiempo consagrado de un modo especial a Dios, deben
restablecer la igualdad entre los hombres y reinstaurar la
justicia social.
112. * El
comportamiento samaritano de Jesús.
Lc 10,30-37 narra la parábola del samaritano. De un lado
presenta como modelo a un miembro de una raza despreciada por la
opinión pública judía pero que es privilegiado por Jesús
frente al sacerdote y al levita. De otro lado el samaritano
muestra una sensibilidad que le conduce a la solidaridad activa:
no sólo se compadece, sino que se acerca y le cura, le dedica
su tiempo y le ofrece su dinero, le entrega su amor y su
persona. La conclusión de Jesús resulta casi innecesaria: haced
vosotros lo mismo. En medio de las discriminaciones que
establece la injusticia humana Jesús se sitúa siempre de parte
de los que han sido colocados en la orilla del camino. Jesús no
está contra nadie, pero muestra su predilección por los
marginados y excluidos, defiende la dignidad de las mujeres en
una sociedad machista, reivindica la fe de las prostitutas y de
los paganos frente a la soberbia de los judíos, acoge a los
niños. Las Bienaventuranzas (Mt 5,1-12; Lc 6,20-26) son
la carta magna de ese gran jubileo, las pautas de la alternativa
que ofrece Jesús. Estas actitudes en favor de la vida humana,
Jesús las asumió de tal manera que llega a identificarse con
el que sufre hasta el punto de estar realmente presente en él,
haciendo que su causa sea la causa del mismo Jesús (no dice: "es
como si me lo hicierais a mí" sino "a mí me
lo hicisteis": Mt 25, 31-44).
113.
* La convocatoria para el
envío y el seguimiento. Jesús marca el camino desde la
credibilidad de su actitud. Llama a unos cuantos a ser sus
discípulos, para estar con Él y para la misión: los envía a
anunciar el Evangelio del Reino, expulsar demonios (Mc 3,14-15),
curar a los enfermos y regalar gratuitamente el don que han
recibido gratis (Mt 10,8s). Jesús por tanto llama al
seguimiento de sus pasos, a poner nuestros pies en sus huellas a
través de los caminos de este mundo. El seguimiento es afrontar
y compartir la suerte y el mismo destino de Jesús, proclamar el
mismo jubileo, realizar los mismos signos, alcanzar la misma
credibilidad, vivir la misma misericordia samaritana, defender
con la misma pasión la vida de los hombres entregada por el
Dios de la vida. Cuando Jesús resucitado envía a los
discípulos a predicar, a bautizar y a proclamar sus
enseñanzas, les garantiza su presencia, su fuerza y su ayuda (Mt
28,19-20). Ello nos encamina a
|
114. Educar y vivir una fuerte
espiritualidad (especialmente en los planes de formación
de jóvenes y adultos) desde el seguimiento de Jesús,
Buen Samaritano, que descubra al Padre como misericordia
entrañable y nos invite, por el Espíritu, a hacer
realidad el estilo de las Bienaventuranzas. |
|
115. Testimoniar personal, comunitaria
e institucionalmente una vida de austeridad y sencillez,
recuperando como testimonio de austeridad el trabajo por
el Reino, sin merma de la calidad y de la eficacia en los
modos necesarios, que valore el compartir vida y bienes y
que esté arraigada en los sacramentos y en la oración
solidaria, que lleve al compromiso. |

2.1.4.
La
Iglesia, samaritana y solidaria
116.
La
resurrección de Jesús es la ratificación por parte del Padre
de su modo de vida, la garantía de que sigue apostando por el
amor que dio origen a la encarnación del Hijo y su causa. El
Resucitado sigue presente hoy en su Iglesia y con la fuerza de
su Espíritu continúa ese proyecto de vida y reconciliación
del Padre en el mundo de hoy. Como comunidad de hermanos en
torno a la mesa debemos hacer de la Eucaristía manantial,
fuerza y expresión de la caridad y la solidaridad. Desde ahí
es nuestra voluntad
|
117. Fomentar la Eucaristía -centro y
culmen de la vida cristiana- como doble altar (Jesucristo
y los pobres) y como celebración que responde a la vida:
potenciando y exigiendo la salida hacia los necesitados y
sintiéndonos samaritanos en las situaciones concretas
-desde un talante de gratuidad, esperanza y alegría-. |
118.
Por el Amor que la convoca y
la envía, la Iglesia no puede dejar de ser samaritana en las
circunstancias concretas. No puede hablar de un amor
genérico ni atemporal. Corremos el peligro de buscar a Dios
"dentro" (entre los nuestros, en la familia, en la
comunidad, en la Iglesia), sin embargo muchas veces Dios nos
espera "fuera" (entre los heridos en los senderos de
la historia, entre los excluidos que hemos ido creando entre
todos. Jesús muere fuera de los muros de Jerusalén). La
Iglesia ha de ser servidora, en cuanto seguidora del
Jesús que no ha venido a ser servido sino a servir. En cuanto
servidora, la Iglesia es sacramento del amor de Dios y,
por eso mismo, hay que
|
119. Potenciar una iglesia diocesana
misionera, comprometida y pobre, que opte por la
conversión personal y comunitaria; y que tenga en cuenta
la vida, situaciones, aspiraciones e interrogantes de los
hombres. |
|
120. Avanzar hacia una Iglesia
servidora del Reino, que implante sus valores, teniendo el
centro y horizonte en la promoción del hombre y de la
vida, y que se sienta corresponsable en el desarrollo de
una cultura de la solidaridad (llevada adelante personal y
comunitariamente frente al individualismo egoísta). |
121.
La
Iglesia, siendo samaritana y servidora, actúa como madre:
no sólo porque engendra hijos de Dios por el bautismo sino
porque abre sus brazos amorosos a todos los que están cansados
por el peso de la historia y del peregrinar terrestre.
Testimoniando su comportamiento samaritano y solidarizándose
con los hombres, puede defender la verdad sobre el hombre y
sobre la sociedad. Por eso no tiene miedo a levantar la voz
denunciando todo lo que atente contra la dignidad humana. La
defensa de la verdad no es, por tanto, algo ajeno a la misión
de la Iglesia, especialmente en una época, como la actual,
donde hay muchas opiniones acerca del hombre, no siempre acordes
todas ellas con la dignidad de la persona humana tal como la
presenta la revelación bíblica. Para nuestra iglesia en Burgos
esto se concreta en
|
122. [* P *] Apostar por una opción
clara de iglesia diocesana hacia los más pobres y
desfavorecidos, que destine a su servicio más recursos
humanos y económicos y avance hacia unas parroquias,
movimientos e instituciones más samaritanos y servidores. |
123.
Como
pueblo de Dios en camino entre los pueblos del mundo, la Iglesia
(desde sus convicciones y testimonio) debe ir abriendo
caminos y creando cauces de solidaridad a diversos niveles.
Solidaridad supone respetar al otro en cuanto diferente y
distinto. La solidaridad no consiste en imponer los propios
principios sino en acudir a las necesidades de los otros, en
colaborar en las grandes causas que atañen al hombre de hoy, en
animar a integrarse en grupos, movimientos y asociaciones que se
hacen presentes en los espacios de la desgracia humana. Y esto
porque la Iglesia es comunidad, comunión, en la que el
individualismo y el actuar por libre nos están
"prohibidos". En suma, evangelizando, la Iglesia se
evangeliza a sí misma: da y recibe. Una Iglesia samaritana y
solidaria, si quiere ser la Iglesia de Jesús, debe encontrarse
en actitud permanente de conversión, dadas las
incoherencias de la vida de sus miembros; debe pedir perdón a
Dios y a los hombres a la vez que va transformando sus
estructuras institucionales. Sinodalmente hemos decidido
|
124. [* P *] Que la iglesia diocesana,
a través de las cartas pastorales, homilías, hojas
informativas y medios de comunicación social se pronuncie
y denuncie con valentía las injusticias y opresiones que
sufren los hombres. |
|
125. Asegurar la coordinación a
través del consejo Pastoral (diocesano, arciprestal y
parroquial) de una mayor presencia del espíritu
samaritano y solidario en las programaciones pastorales. |
2.1.5.
El
cristiano, samaritano y solidario
126.
La
Iglesia no puede ser samaritana si no lo somos cada uno de los
cristianos. El bautismo, en cuanto participación del misterio
pascual, y la Eucaristía, como inserción plena en la comunidad
eclesial, nos transforman en nuevas creaturas; y por ello todo
lo que hagamos ha de ser para gloria de Dios (1 Cor 10,31), para
que el mundo y las personas vivan. Esta nueva vida, en cuanto
samaritanos, ha de entregarse en alma y cuerpo a la generosidad
frente al egoísmo; ha de ser coherente con su fe, pues ésta
sin obras está muerta (St 2,26), y ha de esforzarse por
descubrir a los necesitados como sacramento de Dios. Así se
precisa
|
127. Avanzar en coherencia fe-vida, que
lleve al testimonio valiente y decidido. |
128.
Este espíritu samaritano y
solidario necesita realizarse en la práctica desde unas
claves para asegurar su significancia y efectividad y
conlleva unas propuestas de acción:
* Vivir la
dimensión política de la caridad (como veremos más adelante).
* Superar
el mero asistencialismo, buscando más bien la promoción de los
pobres.
* Realizar
el discernimiento comunitario y profético (CLIM 60).
* Recibir
una formación a la luz de la doctrina social de la Iglesia que
integre sus principios fundamentales, sus criterios de juicio y
sus directrices de actuación. Manifestación de ello es nuestro
propósito de
|
129. Realizar jornadas de
sensibilización y campañas de concienciación sobre la
dimensión social de la fe. |
|
130. Potenciar el discernimiento
comunitario, realizado desde el compromiso y a través de
análisis de la realidad. |
|
131. [* P *] Asumir y desarrollar en
todos los procesos formativos (catequesis, jóvenes,
adultos, seminaristas, religiosos, etc.) la dimensión
social de la fe, fundamentada en la Palabra de Dios y en
la doctrina social de la Iglesia, mediante planes y una
comisión de seguimiento creada a tal fin. |

2.2.
Samaritanos
hoy ante el clamor de los que sufren
2.2.1.
El
clamor de los pobres
132.
* Diversas situaciones de
pobreza. Por pobreza entendemos la carencia de lo necesario
para desarrollarse como persona en el medio en que a cada uno le
toca vivir, así como el no poder ejercer los derechos
esenciales. Por tanto, no podemos hablar de pobreza en general y
ceñirnos a lo estrictamente económico, sino de distintas
pobrezas, puesto que se trata de un fenómeno cambiante y
complejo. Existen varios tipos:
- Una pobreza
económica, donde se pueden distinguir distintos niveles: el
umbral de la pobreza, en el que vive un tercio de la población
española y cuyos ingresos totales por persona están por debajo
de la mitad de los ingresos medios por persona en nuestro país.
Y en ese umbral la pobreza relativa o moderada y la
pobreza extrema, situación en la que se encuentra en
nuestro país medio millón de personas.
- Una
pobreza de exclusión social: indigencia, miseria y
marginación. Entre los indigentes se puede incluir a los
llamados en otra época pobres vergonzantes y, en la actualidad,
con los reajustes sociolaborales, también estarían incluidos
los nuevos pobres: parados indefinidos, algunos jubilados y los
que perciben pensiones por motivos diversos (enfermedad,
carencia de ingresos...).
- Otras
pobrezas: psicológica: deficiencias, minusvalías,
trastornos psíquicos; cultural: 30.000 analfabetos
reales que hay sólo en Castilla y León, niños no
escolarizados, fracaso escolar...; fisiológica: enfermos
crónicos, terminales, disminuidos psíquicos, alcohólicos,
toxicómanos; sociológica: soledad, aislamiento,
especialmente en el medio rural.
133.
* Pobrezas lejanas y
cercanas. Los estudios económicos y sociales nos hablan de
1.300 millones de personas que viven en la pobreza absoluta,
casi un tercio de la población mundial, cifra que aumenta
aproximadamente en 25 millones de personas cada año. Y el 20%
de la humanidad sobrevive con menos de un dólar diario. El
hambre afecta a 768 millones de personas todas ellas en países
empobrecidos del Sur. Este contexto nos exige
|
134. Ante las pobrezas humanas del
Tercer y Cuarto Mundo educar en la solidaridad y en el
compartir mediante gestos efectivos en el ámbito
personal, familiar, social y en nuestras comunidades
cristianas. |
135.
En Europa viven 52
millones de pobres, 17 millones de parados y 3 millones de
personas sin hogar. En nuestro país, como ya hemos señalado
anteriormente, hay casi ocho millones de pobres. En Burgos:
el 17% de las familias viven bajo el umbral de la pobreza: de
las 110.205 familias existentes, 18.850 familias -64.860
personas- están en esta situación; mientras que 2.150 familias
-11.825 personas- viven en pobreza severa; en las nuevas
situaciones de pobreza que se dan en nuestro mundo de hoy, por
ejemplo pensemos en el paro.
136.
En el medio rural no
es frecuente la pobreza económica, aunque sí se dan casos de
precariedad y de "dependencia" de las subvenciones,
que generan falta de participación social (una persona que
recibe ayuda no protesta, ni exige otras cosas). En cambio, sí
existe una pobreza humana, cultural y social que tienen
mucho que ver con la soledad, la incomunicación, el aislamiento
geográfico y humano y el abandono por parte de las
instituciones públicas. Esta situación está generando una
serie de problemas graves, como enfermedades mentales y
alcoholismo y nos interpela en la acción pastoral a
|
137. Dar prioridad a la opción
diocesana por el mundo rural en una búsqueda de cauces de
actuación samaritana: para acoger y acompañar a los
necesitados en colaboración con los organismos públicos
o privados. |
|
138. Educar, favorecer y promover desde
todas las instancias diocesanas, especialmente desde el
Seminario y desde la vicaría de Pastoral, sacerdotes y
equipos de sacerdotes que hagan una opción clara,
comprometida y al servicio del mundo rural. |
|
139. Apostar por la normalización y la
integración escolar, vecinal, social y laboral de las
personas con alguna minusvalía, y luchar para evitar en
la medida de lo posible su segregación y aislamiento.
Educar y dar testimonio en las familias, en los colegios,
en las catequesis y comunidades y grupos religiosos de un
compromiso claro por la integración de minusválidos,
siguiendo el ejemplo que nos dejó Jesús. |
|
140. Eliminar las barreras
arquitectónicas para acceder a las iglesias y a sus
locales. Para que los mismos enfermos y minusválidos sean
los evangelizadores de los enfermos y minusválidos: vivir
y hacer vivir el "Levántate y anda" como lo
hizo Jesús. |
|
141. Apostar por el diálogo, la
convivencia y la integración escolar, vecinal, social y
laboral de nuestros vecinos gitanos y de otras minorías
étnicas, tales como los inmigrantes de países más
pobres. Educar y dar testimonio en las familias, en los
colegios, en las catequesis y comunidades y grupos
religiosos de un compromiso claro por la convivencia y la
integración de las minorías étnicas con riesgo de
exclusión social, siguiendo el ejemplo que nos dejó
Jesús. No poner trabas por motivo étnico en la venta o
alquiler de viviendas y locales, en la vecindad con ellos,
a la hora de contratarles, en el colegio o en la amistad
con nuestros hijos, antes al contrario, defender su
derecho al buen nombre y a la inserción social en un
plano de igualdad. |
142.
Una de las pobrezas menos
reconocida como tal es la enfermedad. En línea
evangélica, nuestras parroquias seguirán considerando la
atención a los enfermos como un signo mesiánico absolutamente
irrenunciable. Descubrirán la enfermedad como una de las
mayores pobrezas. Encarnarán en nuestra sociedad el servicio sanador
de Cristo: -defendiendo la vida y la dignidad de toda persona
humana, -luchando contra la enfermedad, sus causas y
consecuencias, -comprometiéndose en todo aquello que ayude al
hombre a vivir de manera sana, eliminando de su seno todo lo que
sea patógeno; e impulsando una cultura que asuma la limitación
del hombre y la realidad del dolor, la enfermedad y la muerte.
Por ello debemos
|
143. Fomentar diocesanamente la
pastoral de la salud a través de su delegación; y
potenciar desde las parroquias los equipos que acompañan
a enfermos, ancianos y a los que padecen la soledad. |
144.
Otras
nuevas situaciones de pobreza, muy relacionadas con la crisis
de valores de nuestra sociedad y de nuestra insolidaridad
son las toxicomanías y otras adicciones, cada vez más
extendidas y con una edad de inicio más temprana. Ello nos
obliga a
|
145. Trabajar por la rehabilitación de
personas con problemas de toxicomanía, que se prostituyen...,
en colaboración con los diversos programas terapéuticos
y de rehabilitación; la prevención debe ser prioritaria,
desde la denuncia, educación y formación, especialmente
de las potenciales víctimas. |
146.
También el sida
avanza progresivamente: los casos registrados en Burgos a 1 de
diciembre de 1997 son elocuentes: hay 119 nuevos casos de VIH+ y
26 de sida; se han contabilizado 94 ingresos, 1.437 consultas y
14 defunciones. En total son 316 los casos de sida. Como gesto
de solidaridad proponemos
|
147. Crear un centro de acogida para
enfermos de sida. |
148.
El centro penitenciario es
la culminación de casi todas las pobrezas: es una pobreza
cercana y lejana, que está ahí, al alcance de la mano, pero
lejos del corazón de nuestra sociedad, y puede que también en
algunos sectores de nuestra iglesia diocesana. Creemos que
nuestra fe nos ha de llevar a
|
149. Vivir el compromiso social en los
centros penitenciarios a través de la delegación de
Pastoral Penitenciaria y otros colectivos. |
150.
* Posturas ante la pobreza.
El conocimiento de la realidad de la pobreza y sus causas es
requisito básico para responder con eficacia al reto que nos
plantea. Y es aquí donde encontramos el primer obstáculo: no
es que no veamos a los pobres, no queremos verlos: -en unos
casos son los prejuicios personales y sociales los que no
nos dejan ver con claridad; -en otros se culpa a los pobres
de su situación de pobreza: la culpa no es suya, sino de
esta sociedad excluyente; -también es frecuente el fatalismo:
"tiene que haber ricos y pobres". Nos empeñamos en
atribuir la pobreza a causas naturales, contra las que es
inútil luchar y, por tanto, decidimos vivir cada uno nuestra
propia vida; -otras veces es la ignorancia, la falta de
formación e información, la que nos impide ver que la pobreza
existe, y muy cerca de nosotros; otra de las posturas frecuentes
ante la pobreza es la evasión: pensamos que es misión
exclusiva del Estado o de organismos oficiales hacer frente a
las situaciones de necesidad y corregir sus causas. A lo sumo,
damos una limosna "para que nos dejen en paz"; -a
veces mostramos un supuesto interés por la pobreza: devoramos cifras
y estadísticas. Pero las recibimos fríamente,
simplemente como números y porcentajes, sin más.
Frente a
estas actitudes encontramos la de aquellos que se dan cuenta de
que los pobres no son responsables de su situación. Nos lo
recordaban los obispos en CVI: "la pobreza y la
marginación que de ella se origina no es, sin más, fruto de
una necesidad fatal, atribuible a factores ajenos a la libertad
y a la responsabilidad humanas". Y asumen un compromiso
desde el conocimiento de la realidad. Sólo en la
medida en que reconozcamos que si existen pobres es porque
alguien -nosotros también- provoca su existencia, seremos
capaces de transformar las situaciones de injusticia e instaurar
un nuevo orden donde se posibiliten formas de convivencia más
conformes con la dignidad humana.
151.
* La pobreza evangélica.
A la luz de la Biblia, la pobreza material aparece como una
situación escandalosa que atenta contra la dignidad humana y,
por eso, contraria a la voluntad de Dios. Pero otra forma de
entender la pobreza es como un valor evangélico y como elemento
central de la espiritualidad cristiana: pobre es el que sabe
acoger a Dios, el que tiene ante Él una disponibilidad total y
espera la obra salvadora del Mesías. En el documento IP de la
Comisión Episcopal de Pastoral Social se nos recuerda que: "de
acuerdo con la vida y la predicación de Jesús de Nazaret, de
la Iglesia primitiva y de los Santos Padres, la pobreza
evangélica supone la actitud ideal del cristiano ante los
bienes materiales, viviendo con sencillez y sobriedad, y
compartiendo generosamente con los necesitados. Esta forma de
pobreza puede y debe adoptar innumerables formas según los
tiempos y las circunstancias de cada uno, pero siempre supone
unas exigencias fundamentales como seguimiento de Jesús"
(nº 1.1.1). Por ello, la pobreza como valor evangélico
significa un compromiso de solidaridad y protesta. La razón
fundamental de la pobreza voluntaria es el amor al prójimo.

2.2.2.
Las
causas de la pobreza
152.
* Falta de conciencia
social en los cristianos. La falta de coherencia entre
nuestra fe y nuestra vida tiene mucho que ver con la existencia
de la pobreza. No conocemos a los pobres de nuestra propia
parroquia o les volvemos la espalda o les ignoramos. Reducimos
la fe a una relación personal intimista e individualista. A
ello ha contribuido una pastoral de "conservación",
orientada fundamentalmente a los sacramentos, ignorando la
dimensión socio-caritativa. Lo social es una asignatura
pendiente en muchos cristianos. A nivel eclesial sentimos la
necesidad de trabajar desde una caridad promocional de
transformación de las causas que generan pobreza y
marginación.
153.
* Individualismo e
insolidaridad. Vivimos en una sociedad en la que el afán de
consumir y poseer sin medida, la valoración de la persona desde
el tener y no desde el ser, el "sálvese quien pueda",
lo invade todo y conduce al individualismo y a la insolidaridad.
154.
* Causas estructurales.
Existen unas causas estructurales que, sin excluir la
responsabilidad individual, son causa directa de la pobreza:
injusticia en el ámbito internacional y nacional, política
financiera internacional, competitividad, mala distribución del
trabajo, contratos en precario... Es lo que hoy llamamos
neoliberalismo económico, basado en la ley del libre mercado
para obtener beneficios a cualquier precio y que genera
desigualdad. En la medida en que contribuimos a mantener este
tipo de sociedad somos cómplices del problema de la pobreza.
2.2.3.
El
compromiso cristiano con los pobres
155.
El compromiso cristiano no es
una opción que se puede asumir si se quiere y rechazar si no se
quiere. Es una exigencia del bautismo, por el que Jesús
nos envía a transformar nuestro mundo a semejanza de su Reino:
"La Iglesia se juega su presente y su futuro en el
servicio a los pobres. Sólo una Iglesia que se acerca a los
pobres y los oprimidos, se pone a su lado y de su lado, lucha y
trabaja por su liberación, por su dignidad y por su bienestar,
puede dar un testimonio coherente y convincente del mensaje
evangélico" (IP 10). La Iglesia tiene que ser
samaritana y salir al encuentro de los pobres. El servicio a los
necesitados halla su ámbito privilegiado en la comunidad
parroquial, que debe llamar a los pobres por su nombre
(conocerlos y quererlos) y salir a su encuentro, en lugar de
esperar a que sean ellos quienes acudan en busca de apoyo.
Tal como
propone la CEE, las distintas diócesis deben "fomentar
la creación y animación de Cáritas en todas las
parroquias, ya como 'referencia y ámbito' de cuantos trabajan
al servicio de los pobres y la promoción de la justicia, ya
como ayuda a todos ellos con el fin de obtener una mejor
atención a los indigentes y marginados" (IP, II.1.A).
No hay que olvidar que la caridad tiene una dimensión política
que exige a los cristianos y a la Iglesia trabajar por la
justicia y combatir las causas de la pobreza.

2.2.4.
El
dónde, cómo y cuándo del compromiso cristiano con los pobres
156.
* Samaritanos anónimos.
Todos y cada uno de los cristianos debemos ser "samaritanos
anónimos". Para ello sugerimos "la austeridad
compartida": suprimiendo la limosna como sistema de ayuda,
ya que, lejos de solucionar el problema, mantiene al pobre en la
misma situación; y asignando un tanto por ciento de nuestro
presupuesto personal y familiar a asociaciones u organizaciones
que trabajan con los pobres. Y colaborar y apoyar los
movimientos sociales que trabajan en este campo o aportando
parte de nuestro tiempo como voluntarios en alguna organización
social. Esto nos compromete a
|
157. Avanzar hacia la superación del
asistencialismo fomentando la dimensión caritativa de la
Iglesia (desde la promoción de la propia persona),
evitando así el conformismo y/o las injusticias en nombre
de la justicia. |
158. *
Comunidad parroquial.
Cada miembro y toda la comunidad parroquial debe sentir la
necesidad de dar una respuesta a los pobres. Esto supone
plantear el lugar que deben ocupar los más necesitados en la
programación pastoral y en la revisión de las acciones de la
parroquia. La misma comunidad debe descubrir sus propios
recursos para la acogida y acompañamiento de los pobres, como
referencia de esa sociedad accesible a todos; por ejemplo,
acompañando temporalmente a ancianos, enfermos crónicos o
niños para posibilitar el descanso de quienes habitualmente se
ocupan de ellos, etc. La comunidad parroquial tiene que cuidar
especialmente la formación de los agentes de pastoral de la
caridad. Estos agentes (voluntarios) descubren las diversas
carencias y situaciones de necesidad y deben presentarlas a la
comunidad para que toda ella se sienta responsable. El
voluntariado, con el apoyo de técnicos, lleva a la práctica
los programas de inserción social para la integración
personal, familiar y grupal de los marginados. Por ello
acordamos
|
159. Potenciar que Cáritas sea algo
verdaderamente diocesano donde las parroquias,
estructuradas por arciprestazgos, tengan representación y
capacidad de decisión. |
|
160. Allí donde sea posible, crear
cáritas parroquial y donde -por razón de la poca
población- no sea factible, hacerlo a nivel arciprestal
desde un equipo coordinador. |
|
161. Informar regularmente sobre las
necesidades existentes en cada parroquia y de las ayudas y
actividades desarrolladas en las mismas. Para ello será
imprescindible realizar estudios sobre las necesidades
concretas y reales. |
162.
La coordinación de Cáritas
diocesana con cáritas parroquiales se hace en algunos ámbitos
de la diócesis a través de la llamada cáritas arciprestal.
Esta nueva presencia de Cáritas presta una buena labor como
medio de animación y coordinación entre las parroquias, como
cauce de comunión de bienes y para llevar a cabo determinados
programas que requieren una actuación supraparroquial. Pero se
ha de cuidar convenientemente: -que se funcione en perfecta
sintonía con las parroquias para que no se perciba como algo
distinto e independiente de las mismas; -que la labor de los
profesionales sea una ayuda al protagonismo del voluntariado; -y
que quede clara la identidad de Cáritas como cauce de
expresión y animación de la acción caritativa y social de la
comunidad cristiana. En esa línea optamos por
|
163. [* P *] Crear cáritas
arciprestales como órganos intermedios entre cáritas
parroquiales y Cáritas diocesana, estableciéndose la
correspondiente comunicación de bienes de cáritas
parroquiales del arciprestazgo para el cumplimiento de sus
fines en la forma y cuantía o porcentaje a determinar en
sus estatutos y/o reglamento. No se deberá olvidar la
vinculación de éstas cáritas con las comunidades
parroquiales, como expresión y animación de la acción
caritativa y social de la comunidad cristiana. |
164.
* Voluntariado organizado.
Es cierto que Cáritas es el organismo oficial de la caridad de
la Iglesia, pero en nuestra diócesis existe un gran número de
asociaciones y congregaciones religiosas que también trabajan
en el campo de la acción social y que, como Cáritas, consiguen
llevar a cabo su trabajo gracias a los voluntarios: "La
consolidación de la Cáritas diocesana, cauce ordinario y
oficial de la iglesia particular para la acción caritativa y
social, es una tarea permanente. Presidida y animada por el
obispo, que preside igualmente toda la caridad de la iglesia
local, ha de ser lugar de encuentro de la comunidad cristiana
para un mejor servicio a los pobres" (IP, II.1.C).
Nosotros decidimos
|
165. Desde el discernimiento en el
Espíritu crear donde no haya, y fomentar donde existan,
los auténticos servicios y organizaciones del
voluntariado. Cuidar especialmente su formación. |
166.
* Trabajo institucional.
Nuestro compromiso cristiano debe llevarnos también a una
necesaria presencia en los ámbitos y foros donde se decide el
reparto de los bienes y donde entra en juego la justicia con los
pobres: "Las comunidades cristianas, coherentes con su
misión en la Iglesia y en la sociedad, fomentarán la
comunicación y el diálogo con los responsables de los diversos
sectores sociales, para establecer compromisos de colaboración
que respondan a una sana concepción de la vida humana. Las
instituciones de acción caritativo-social crearán los
oportunos cauces de colaboración con las administraciones
públicas, sin renunciar a ser conciencia crítica de la
sociedad, participando equitativamente en los recursos que esa
sociedad genera y son destinados a erradicar la pobreza y
marginación sociales" (CVI, I.5.A). Necesariamente
habrá que
|
167. Actuar de forma organizada y
coordinada entre las asociaciones existentes, con las
entidades sociales y con las distintas formas de vida
consagrada, dando a conocer todos los movimientos que
trabajan en este ámbito. |
2.2.5.
Anuncio
explícito de la Buena Nueva a los pobres
168.
Hemos intentado descubrir los
distintos rostros de la pobreza y hemos tratado de desentrañar
sus causas. Nuestro compromiso cristiano debe llevarnos a estar
al lado de los más débiles, denunciar y corregir esas
estructuras injustas, contribuyendo a construir una sociedad
accesible a todos, a hacer presente el Reino de Dios. Pero,
aunque nuestro compromiso con los pobres fuera efectivo, no
podemos olvidar que en todos los procesos de formación que se
proponen, debe quedar claro que, aunque éste fuera efectivo, a
semejanza de alguna ONG, no podríamos hablar de verdadera
evangelización si no les anunciamos personal y comunitariamente
de un modo explícito a Dios como Padre que los ama con
preferencia y que se hace visible en Jesucristo, Mesías de los
pobres. ´Se anuncia a los pobres la Buena Noticia´ (Lc
7,22). Todo el esfuerzo por llegar a las causas de la pobreza y
la denuncia ante las conductas en este campo, no terminan ahí:
los pobres tienen derecho y necesidad de ser evangelizados; así
quienes nos creemos ricos podremos ser evangelizados por ellos y
descubrir juntos la auténtica esperanza.

2.3.
El
compromiso sociopolítico del cristiano
2.3.1.
Qué
es el compromiso sociopolítico
169.
Es la actividad que
desempeña un cristiano comprometido en las realidades de
nuestra sociedad desde su fe cristiana y desde la autonomía de
las realidades temporales para transformar y renovar el
mundo. Conviene distinguir dos niveles: lo que podemos llamar
política formal, la acción específica de aquellos que se
dedican a esa tarea; es el nivel de la política de partidos, la
de los políticos de "oficio" y de los afiliados a los
partidos. Y lo que llamamos política no formal: "el
conjunto de actividades sociales que afectan, repercuten,
configuran y determinan la convivencia humana", la
política en cuanto realidad global que determina la felicidad o
la desgracia de los ciudadanos.
170.
* Superación de los
prejuicios. Nos descubrimos a veces con "prejuicios"
sobre este tema: diciéndonos que la política no sólo no tiene
que ver con la fe cristiana sino que la arruina; que pertenece a
unos cuantos que se dedican a ella. O algo más peligroso como
es identificar la fe con una sola opción de partido... Es
necesario y urgente superar los prejuicios. Nadie tiene derecho
a exigir a los demás cuando no es capaz de comprometerse en una
tarea exigida por el bien común y la solidaridad de la familia
humana. Necesitamos estar presentes como cristianos allí
donde se generan las decisiones sociopolíticas, económicas,
culturales" (ChL 3), porque ahí está en juego la
dignidad de las personas con sus derechos.
171.
* Es una urgencia de
la fe como opción integral. Es decir, que abarca toda la vida
de la persona: "La fe que profesamos no es algo privado,
sino que es constitutiva y esencialmente pública y por
consiguiente tiene implicaciones políticas" (CLIM 52),
porque el hombre es camino primero y fundamental de la Iglesia (RH 14). Vivimos en una sociedad deshumanizada por la
absolutización del ansia de poder, del dinero y del bienestar…
Esto impone un cambio radical y profundo de las personas y de
las estructuras desde el seguimiento de Jesús. Ante estas
realidades el Evangelio no es neutral ni puede serlo. Porque
donde no hay justicia ni libertad, tampoco hay fe cristiana. "El
gozo y la esperanza, las lágrimas y las angustias del hombre de
nuestros días, sobre todo de los pobres y de toda clase de
afligidos, son también gozo y esperanza, lágrimas y angustias
de los discípulos de Cristo, y nada hay verdaderamente humano
que no tenga resonancia en su corazón..." (GS 1).
2.3.2.
Por
qué el compromiso sociopolítico
172. *
Fundamento sociológico.
Los seres humanos estamos llamados a vivir en sociedad. Una de
las mediaciones -la menos mala, porque no se ha encontrado otra-
es la democracia, que comporta para todo ciudadano la
participación en la marcha de la sociedad y asumir sus
responsabilidades. No sólo con el voto, sino con el juicio
crítico, con el seguimiento de lo político, con la denuncia,
con la exigencia de responsabilidades, el asociacionismo, la
afiliación, etc... En estos valores nos jugamos el futuro de la
familia humana y de la sociedad actual.
173.
* Fundamento
teológico-bíblico. Yahvé ha tomado partido en favor de su
Pueblo (Ex 3); Jesús se tomó en serio la realidad humana de su
misión (Lc 4,16); anuncia el Reino como realidad utópica de
liberación, transformación y armonización para el mundo de
hoy: las Bienaventuranzas (Mt 5,1ss) son la carta magna
del cristiano. A Jesús se le conoce en el seguimiento de
su persona y en el proseguimiento de su causa. Como
seguidores de Jesús nos comprometemos a hacer visible el Reino
de Dios en la historia; la política es el nuevo lugar del
ejercicio de la caridad cristiana.
174.
* Fundamento
eclesiológico. El Vaticano II nos recordaba que la Iglesia
es el ´sacramento de Dios´ en medio del mundo (cf. LG 1) y que
tiene "el mandato de hacer de todos los hombres una sola
familia" (GS 24). Oigamos estos dos textos
impresionantes por su realismo, fuerza y actualidad: "La
Iglesia está vivamente comprometida en esa causa porque la
considera como su misión, su servicio, su verificación de su
fidelidad a Cristo, para poder ser la ´Iglesia de los pobres´.
No corresponde a la Iglesia analizar científicamente las
posibles consecuencias de tales cambios en la convivencia
humana. Pero la Iglesia considera deber suyo recordar siempre la
dignidad y los derechos de los hombres del trabajo, denunciar
las situaciones en las que se violan dichos derechos, y
contribuir a orientar estos cambios para que se realice un
auténtico progreso del hombre y de la sociedad" (LE 8
y 11). "Hoy más que nunca, la Iglesia es consciente de
que su mensaje social se hará creíble por el testimonio de las
obras antes que por su coherencia y lógica interna. De esta
conciencia deriva también su opción preferencial por los
pobres, la cual nunca es exclusiva ni discriminatoria de otros
grupos" (CA 57).
2.3.3.
Para
qué el compromiso sociopolítico
175. * El
Proyecto de Jesús: el Reino.
Jesús anuncia un Reino que comienza aquí y supone un cambio
personal y estructural. Ese Reino tiene que ver con las cosas de
aquí, de la tierra. Cuando sus paisanos le oían esta
expresión estaban entendiendo la llegada y realización de una
sociedad nueva y distinta a la que estaban viviendo. Esta nueva
humanidad estaba comenzando cuando Jesús acogía a los
últimos, se saltaba una ley religiosa discriminatoria,
reinsertaba a leprosos, marginados y mujeres, urgía a compartir
los bienes, presentaba la autoridad bajo el servicio y
denunciaba la explotación.
176.
* Relaciones
Iglesia-Reino-sociedad. Es el punto central para un correcto
compromiso sociopolítico. No podemos perder de vista que el
Reino es más grande que la Iglesia. La Iglesia forma parte del
Reino y de la sociedad. Por eso no puede ejercer su misión ni
al margen del Reino (no sería la Iglesia de Jesús) ni al
margen de la sociedad (sería una realidad abstracta). La
Iglesia está en medio de la sociedad y como germen del Reino
tiene que estar a su servicio. Conviene dejar claro que la
comunidad política y la comunidad eclesial son dos realidades
independientes entre sí, pero al servicio del hombre: "La
Iglesia, está presente ya en la tierra, formada por hombres, es
decir, por miembros de la ciudad terrena que tienen la vocación
de formar en la propia historia del genero humano la familia de
los hijos de Dios... Esta familia ha sido instituida por Cristo
y organizada como sociedad en este mundo y está dotada de los
medios adecuados propios de una unión visible y social. De esta
forma la Iglesia, entidad social y visible y comunidad
espiritual, avanza juntamente con toda la humanidad, experimenta
la suerte terrena del mundo, y su razón de ser es actuar como
fermento y como alma de la sociedad, que debe renovarse en
Cristo y transformarse en familia de Dios" (GS 40).
Visto lo cual, decidimos
|
177. Promocionar la participación de
los laicos en las instituciones públicas, en las
estructuras sociales y en el amplio mundo del
asociacionismo, con grupos de referencia donde formarse y
revisar su compromiso. |
|
178. Realizar el compromiso
sociopolítico teniendo en cuenta y potenciando los
movimientos especializados que existen para este
cometido. |

2.3.4.
Dónde
realizar el compromiso sociopolítico
179.
Todos los cristianos por su
ineludible implicación en el mundo han de atender especialmente
a los campos de la familia, trabajo, economía y cultura en el
ejercicio ordinario de la ciudadanía. No obstante a todos se
les ha de hacer ver que urge implicarse en el compromiso
sociopolítico en las denominadas mediaciones históricas.
Describimos las que a nuestra iglesia diocesana le parecen más
importantes y, junto a ellas, señalamos las propuestas
operativas que hemos decidido.
180.
* La familia. Es la
célula básica de la sociedad. Un espacio privilegiado para
lograr la humanización del hombre y de la mujer a todos los
niveles: crecer en diálogo, corresponsabilidad, libertad,
apertura y sensibilidad con los problemas del mundo, compromiso
de transformación... "La familia es escuela del más
rico humanismo... La familia, en la que distintas generaciones
coinciden y se ayudan mutuamente a lograr una mayor sabiduría y
a armonizar los derechos de las personas con las demás
exigencias de la vida social, constituye el fundamento de la
sociedad" (GS 52). La familia es el entorno natural
para el crecimiento de la fe, de esa forma sus miembros
promoverán naturalmente todos los demás valores humanos; por
tanto, optamos por conseguir que
|
181. La familia eduque en valores
solidarios, inspirados en el humanismo cristiano. |
|
182. La escuela cristiana es un medio
para crear conciencia, en los niños y jóvenes, de su
compromiso sociopolítico. |
183.
* El trabajo. Una realidad
que abarca gran parte del ser humano, donde el hombre y la mujer
son colaboradores de Dios en una creación no acabada, para
llevarla a su plenitud. Es verdad que se ha avanzado mucho a
todos los niveles, pero también hemos de reconocer las grandes
preocupaciones existentes en este mundo: el paro, la precariedad
y temporalidad de los contratos, los empleos sumergidos, el
subarrendamiento del trabajo; la incertidumbre que genera el
individualismo y la insolidaridad incluso dentro de los
sindicatos obreros. "No sólo la contratación del
trabajo, sino también las relaciones comerciales de toda
índole se hallan sometidas al poder de unos pocos, hasta el
extremo de que un número sumamente reducido de opulentos y
adinerados ha impuesto poco menos que el yugo de la esclavitud a
una muchedumbre infinita de proletarios... La crueldad de los
ambiciosos... abusa de las personas sin moderación, como si
fueran cosas para su medro personal" (RN 2 y 31).
Como
cristianos no podemos cerrar los ojos a la realidad dura del
trabajo, sino que debemos conocerla y corregir las causas que
generan tanto sufrimiento e injusticia. Se han normalizado o
legalizado las estructuras injustas; por ello debemos
-sensibilizarnos y tomar conciencia de estos problemas (SRS 42);
-promover los valores de justicia, honestidad, coherencia y
ética laboral; -y participar activamente en las organizaciones
del mundo obrero y en el debate social sobre las nuevas
alternativas (CA 7 y 35).
Nuestro
compromiso sociopolítico nos llama a trabajar, también, dentro
de la Iglesia mediante la promoción de la pastoral obrera como algo
de toda la Iglesia (laicos, religiosos, sacerdotes, obispo),
por ser hoy especialmente necesaria dada la realidad sufriente
de muchos trabajadores, miembros muchos de ellos de nuestras
comunidades. Por ello decidimos
|
184. Fomentar desde la iglesia
diocesana, particularmente a través de la delegación de
Pastoral Obrera, la presencia de los cristianos en el
mundo del trabajo: luchando contra el paro, creando una
Comisión y bolsas diocesanas de trabajo, denunciando los
contratos en precario y compartiendo el trabajo. |
|
185. Que la iglesia diocesana denuncie,
viva y cree conciencia en los cristianos de la obligación
al pago de impuestos, de la renuncia al pluriempleo, a las
horas extraordinarias y, en general, al fraude laboral,
apoyando iniciativas y campañas que vayan en esta línea. |
|
186. Crear equipos parroquiales de
Pastoral Obrera en las parroquias de barrio, como medio
para conocer y sensibilizar sobre la situación del mundo
obrero, y coordinados con la delegación de Pastoral
Obrera. |
187.
* Economía. La
economía y la productividad deben estar al servicio del hombre:
la finalidad fundamental de esta producción no es el mero
incremento de los productos, ni el beneficio, ni el poder, sino
el servicio del hombre, del hombre integral (cf. GS 64). Los
criterios que deben orientar la vida económico-laboral no deben
ser principalmente los económicos sino los sociales, los que
miran el bien de todos y especialmente de los pobres. Como ya
manifestaron en 1993 los Obispos de Canadá: "Sobre la
base de estos dos principios (opción preferencial por los
pobres y el valor-dignidad del trabajo humano), queríamos
sugerir políticas sociales que muestren: a) que las necesidades
de los pobres tienen prioridad sobre las exigencias de los
ricos; b) que los derechos de los trabajadores/as son más
importantes que la maximización de los beneficios, y c) que la
participación de los grupos marginados en las decisiones tiene
prioridad sobre la conservación de un sistema que los
excluye". En este momento tenemos dos grandes desafíos
entre manos: la política de convergencia europea que no puede
omitir los aspectos sociales y avanzar en la participación
democrática en la gestión de empresas mediante sistemas
representativos adecuados que sean eficientes y eficaces, así
como también en la creación de sociedades cooperativas de
trabajadores.
188. * Los
partidos políticos.
Es necesario recuperar la dignidad de la vocación política en
una sociedad donde hoy día se ha deteriorado tanto. Hemos de
reconocer que las instituciones políticas son las mediaciones
necesarias para la construcción de una familia humana
democrática, donde el pueblo pueda expresarse por las
votaciones y sentirse representado. De modo que los partidos no
gobiernen al margen del pueblo llegando a la absolutización del
poder, con todo el peligro que esto comporta de dictadura,
corrupción, falta de respeto a los derechos más elementales...
Los cristianos estamos llamados a participar en los distintos
partidos políticos sabiendo que ninguno de ellos agota todos
los valores del Evangelio. Conviene aclarar que el cristiano no
puede comprometerse incondicionalmente con ningún
partido político, sindicato... donde perdiese su libertad (MM
239); para un cristiano el único absoluto es el Evangelio. Por
eso necesitará ser conciencia crítica desde los valores
evangélicos para discernir si está abierto a las distintas
maneras de entender al hombre, a la mujer y al mundo; qué grado
de democracia económica posibilita; qué grados de ayuda y
apoyo solidario a los grupos más débiles ofrece; qué
atención y apoyo a las minorías étnicas y nacionales
presta... Siempre deberá evitar cuidadosamente utilizar la
religión como palanca política, en el sentido de la política
formal que antes hemos indicado; no puede usar el mensaje de
Jesús como instrumento de una política partidista. En esta
situación el Sínodo pide
|
189. Fomentar la participación y
presencia de los cristianos en la vida política, desde la
libertad y el espíritu crítico. |
190.
* Los sindicatos. Son
un instrumento o mediación para defender los intereses de los
trabajadores en el seno de la empresa, fuera del lugar del
trabajo (vivienda, enseñanza, transportes públicos, etc.),
ante las instituciones (gobierno, parlamento, partidos, etc.),
con el objetivo a largo plazo de avanzar hacia una sociedad
justa, democrática y solidaria. Son un elemento indispensable e
imprescindible para avanzar hacia una sociedad más justa. Con
sus luces y sus sombras, han sido la institución que más ha
influido en el mundo obrero, pues es claro que las conquistas
obtenidas por el sindicalismo en el campo económico, social y
legislativo han aportado mucho a lo que hoy llamamos estado de
bienestar. "La experiencia histórica enseña que las
organizaciones de este tipo son un elemento indispensable de la
vida social pues siguen siendo un factor constructivo de orden
social y de solidaridad del que no es posible prescindir"
(LE 20). Los cristianos estamos llamados a participar en ellos,
a luchar para que respondan a las demandas de todos los
trabajadores, a no caer en el corporativismo y a abrir fronteras
adquiriendo una dimensión internacional de cara a la defensa de
los trabajadores del Tercer Mundo (POTI 13). En coherencia con
ello deseamos
|
191. Fomentar la participación de los
cristianos en los sindicatos. |
192. *
Organizaciones populares y asociaciones. Hacemos referencia
a las organizaciones que el pueblo ha asumido y que tienen una
larga trayectoria: asociaciones de vecinos, asociaciones de
padres, asociaciones culturales... Estas asociaciones han sido y
son como el tejido intermedio entre la ciudadanía y sus
representantes políticos, a través de las cuales el pueblo
canaliza sus reivindicaciones y sus derechos en la vida
cotidiana. Los cristianos, hoy, estamos llamados a potenciar
estas asociaciones puesto que contribuyen a una sociedad más
participativa y responsable, y por tanto a
|
193. Fomentar la participación de los
cristianos en las asociaciones de vecinos. |
|
194. Fomentar, invitar y animar a los
padres para que participen en las asociaciones de padres. |
|
195. Fomentar y ayudar a las
asociaciones juveniles y sindicatos de estudiantes con la
participación en ellas de los cristianos. |
196.
* El mundo de la cultura.
Entendemos por cultura el conjunto de valores, de hábitos y
comportamientos, costumbres, educación, conocimientos... que
estructuran la persona y ordenan las relaciones entre los
hombres. No cabe duda de que aquí se nos abre un gran reto para
los cristianos: luchar contra el individualismo, la
insolidaridad, el consumismo, serían aspectos concretos de este
compromiso. Y como lugar especial estamos llamados a trabajar
por lo que se ha llamado la "cultura de la solidaridad y
la paz". Entendemos por "solidaridad la
determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien
común" (SRS 38), para cuya consecución deberemos
|
197. Fomentar la participación de los
creyentes en la evangelización de la cultura. Esa
participación irá desde la colaboración en actividades
socioculturales hasta la participación decisiva en
aquellos centros de interés que influyen en el nacimiento
de la nueva cultura. |
|
198. Fomentar especialmente el
compromiso cristiano desde los centros de enseñanza
confesionalmente católicos. Siendo testimonio claro ante
la sociedad de su opción por una educación integral de
la persona independientemente de su condición social. |
|
199. Que los colegios religiosos opten
claramente por los pobres en sintonía y coherencia con su
identidad cristiana y admitan preferentemente en sus
centros a los niños y niñas que la sociedad margina por
motivos económicos, étnicos, culturales... |
200.
* En la Iglesia. Tenemos el peligro de colocar el
compromiso sociopolítico de cara a lo externo de la Iglesia
únicamente; no sería ético, ni evangélico. Los cristianos
estamos llamados a transformar evangélicamente nuestra Iglesia
para hacerla más conforme al Espíritu de Jesús. ¿Cómo?
Mediante: a. -la recuperación del papel de los laicos en una
iglesia clericalizada desde la plena corresponsabilidad que
emerge de la opción bautismal y de la teología del Vaticano
II; b. -la recuperación de la dignidad y papel de la mujer en
la misma Iglesia; c. -la creación de pequeñas comunidades como
fermento de la gran comunidad y signo visible de ella; d. -el
esfuerzo de todos para que las celebraciones de la fe sean
expresión del diálogo de la fe con la vida social y política.

2.3.5.
Cómo
estar en el compromiso sociopolítico
201.
El cristiano no puede estar
en el compromiso sociopolítico de cualquier forma. La fe ha de
ser la columna vertebral de su actuar en la sociedad. Y en este
sentido hay tres aspectos que son determinantes:
|