|
312.
La iglesia concreta, en la
pluralidad de sus miembros y de sus funciones, recibe su vida
del Dios que permanentemente la convoca. La liturgia y la
celebración de la fe es la prolongación en el tiempo del
misterio de Dios que se revela. Esta celebración mantiene la
comunión de sus miembros y alimenta su compromiso y su acción
evangelizadora.
313.
Cualquier acontecimiento,
singular o extraordinario, relacionado con la vida del hombre,
encuentra eco en su corazón y necesita celebrarlo, destacarlo,
reseñarlo como parte de su vida, compartirlo con los demás.
Para el cristiano, esto mismo adquiere otra dimensión: sabe que
desde el comienzo hasta la consumación de los tiempos, toda la
obra del Señor es bendición; descubre la huella, la presencia
y la acción de Dios en la naturaleza, en la vida y en la
muerte, al llegar a la juventud y en el atardecer de la
jubilación, en la tarea por la justicia y en las víctimas de
un mundo insolidario, en los signos sacramentales, en la
comunidad...
A
continuación se intenta "recrear" esta presencia
salvadora de Dios en las celebraciones litúrgicas, con objeto
de dialogar, reflexionar y dar respuesta a un anhelo manifiesto:
vivir unas celebraciones más sinceras, comprometidas y
participativas que nos ayuden a adherirnos así a Dios,
compañero de camino y presente en los sacramentos y en la
oración cristiana.
4.1.
Dios se hace
cercano
314.
Comunicarse significa hacer
partícipe a otro de nuestra propia interioridad. Para ello, ha
sido necesario previamente sentirle cercano. Comunicarse
con Dios significa también dirigirse al Otro para abrir
el corazón a quien habita en nuestro interior y que, desde el
comienzo de la Historia de la Salvación, ha apostado por
el hombre y se adelanta haciéndose cercano y amigo.
4.1.1. El
diálogo entre Dios y el hombre
315.
Como un buen maestro que va
iniciando al niño, paso a paso, en el camino de la sabiduría y
de la vida, Dios se ha ido manifestando progresivamente al
hombre desde los orígenes: lo ha creado "a su imagen y
semejanza" (Gn 1,26); pacta una alianza con Noé: "Pongo
mi arco en las nubes y servirá de alianza entre mí y la
tierra" (Gn 9,13) y encuentra en Abrahám y su
descendencia una respuesta fiel. Cuando Israel se constituye
como pueblo, Dios se revela a Moisés -"Yo soy el que
soy" (Ex 3,14)- y establece con él una nueva
alianza, que se prolonga en la historia de Israel. Los profetas
se constituyen en conciencia del pueblo y recordatorio de la
fidelidad a Dios. Ellos son, además, los anunciadores de la
última y definitiva promesa: "Saldrá un vástago del
tronco de Jesé, reposará sobre él el Espíritu de Yahvé"
(Is 11,1-2).
Jesús, el
Signo de Dios, es la culminación del diálogo entre Dios y el
hombre, pues toda su vida es expresión de una relación íntima
con Dios: anuncia con sus palabras el Reino y hace realidad con
sus gestos y con su persona el amor de Dios. Pentecostés marca
el punto de partida para la Iglesia, continuadora e
intermediaria de la manifestación de Dios (cf. SC 6); desde
este momento, la Iglesia se reúne en el nombre de Jesús y hace
presente al mismo Dios y su misterio de salvación. La
expresión por excelencia de este diálogo será la celebración
litúrgica en comunidad.
4.1.2.
La
celebración, don de Dios y tarea del hombre
316.
La celebración litúrgica, "acción
de Cristo y de su Iglesia" (SC 7), adquiere su sentido
pleno cuando es expresión de ese viaje de ida y vuelta entre
Dios y el hombre, cuando celebramos no sólo el antes
(recuerdo de un encuentro en la historia de la salvación), sino
también el durante (nuestro encuentro con él aquí y
ahora) y el después (el encuentro cotidiano en los
caminos de la vida). Como consecuencia de esta afirmación,
surgen los siguientes principios fundamentales en torno a
la celebración litúrgica:
317.
* Celebración
litúrgica y vida ordinaria van unidas y no se pueden separar.
En la liturgia celebramos un gran acontecimiento: se hace
presente y se ofrece la salvación. Por eso la liturgia es don
de Dios -tiene un poder santificador que transciende nuestra
historia- y tarea del hombre -supone un reconocimiento
del amor de Dios y un compromiso en la historia concreta-. Una
fe coherentemente celebrada se prolonga en la vida, y los
acontecimientos cotidianos se recogen para celebrarlos y
presentárselos a Dios.
|
318. Nuestras celebraciones litúrgicas
deberán recoger la vida de la comunidad concreta, de la
iglesia diocesana y universal y del mundo entero, como
expresión de la fe y presencia salvadora de Jesucristo,
siendo llamada a un compromiso con la realidad en que se
vive. |
|
319. La celebración de la Eucaristía
y de la Liturgia de las Horas está regulada por el
Calendario General de la Iglesia; en él ha de estar el
calendario de cada iglesia particular. No habiéndose
actualizado el de la diócesis de Burgos, se propone su
revisión y su posterior aprobación por la Santa Sede. |
320.
* Tiene más sentido
celebrar en comunidad. "Las acciones litúrgicas
no son acciones privadas, sino celebraciones de la Iglesia, que
es sacramento de unidad" (SC 26): los cristianos nos
reunimos en el nombre del Señor, no a título individual.
Resulta lógica la denuncia de celebraciones al margen de la
comunidad, bien sea de grupos particulares o por el interés de
personas individuales que buscan celebrar su sacramento de un
modo privado, particular y aislado. Las celebraciones sin
limitación de tiempo y con participación espontánea de
pequeñas comunidades y grupos estarán siempre abiertas a
todos. Este principio establecido nos exige
|
321. Educar en el sentido y en el valor
comunitario que tienen las celebraciones litúrgicas, por
ser celebración de la Iglesia que vive su fe dentro de la
historia concreta. Por ello se recomienda que sean
comunitarias y abiertas a todo el Pueblo de Dios. |
322.
* Para celebrar
convenientemente se requiere formación litúrgica.
La formación litúrgica es indispensable para que nuestra
"participación en las celebraciones sea plena,
consciente y activa" (SC 14). La fidelidad y
renovación necesarias exigen una preparación adecuada de
sacerdotes, seminaristas y seglares. Dicha preparación ha de
ser sobre temas concretos para todos los fieles, aunque en
algún aspecto puede ser especial para las personas que tienen
una tarea encomendada en las celebraciones (ministerios). Más
en concreto, urge una ‘alfabetización litúrgica’, para que
nuestras celebraciones no sean en un idioma ininteligible, como
paso previo a una iniciación y formación del sentido y
simbolismo de lo que se celebra. Para alcanzar ese objetivo
deberemos
|
323. Realizar desde las parroquias y
arciprestazgos, asistidos por la delegación de Liturgia,
cursos y charlas para actualizar y renovar la liturgia
teniendo en cuenta las orientaciones de la Iglesia. Pueden
versar sobre lenguaje, gestos y símbolos litúrgicos, el
canto, actitudes, silencios, año litúrgico... |
|
324. La delegación de Liturgia se
coordinará con la de Catequesis para procurar una
formación litúrgica en los catequistas, y preparará
materiales sobre los aspectos relacionados con la
celebración de la fe. |
325.
*
Gratuidad frente a consumo. La liturgia es
don de Dios, regalo, total gratuidad. Él se nos da y nos deja
en libertad para aceptarle o rechazarle, pero no nos cobra nada:
"gratis lo habéis recibido, dadlo gratis" (Mt
10,8). No debemos convertir las celebraciones cristianas en un
autoabastecimiento de las cosas divinas que consideramos
necesarias para tener nuestra conciencia tranquila, y además
pagando. Sería empobrecer la grandeza del don de Dios. Es
preciso desterrar todo lo que suene a "consumismo" en
nuestras celebraciones. De este principio también se desprende
la necesidad de separar el necesario mantenimiento económico de
la Iglesia, comunidad de creyentes, de la recepción y
celebración de sacramentos. Pedimos, como signo,
|
326. Concienciar a los creyentes del
mantenimiento económico de la Iglesia fomentando los
cauces que permitan financiarla. De cara al futuro se
estudiará la posibilidad de ir suprimiendo los aranceles
y modificando la normativa en torno a estipendios para que
aparezca con claridad el sentido gratuito y comunitario de
los sacramentos y de toda celebración litúrgica,
teniendo en cuenta que ello es competencia de los Obispos
de la Provincia eclesiástica. |

4.1.3.
Equipos
de liturgia y ministerios
327.
San Pablo nos recuerda en la "parábola
del cuerpo humano" (cf. 1 Cor 12,12ss) la diversidad de
carismas dentro de la comunidad, en la que cada cristiano está
llamado a desarrollar su papel específico en coordinación con
los demás. La misma Iglesia desea ardientemente que los fieles
participen plena, consciente y activamente en las celebraciones
litúrgicas (cf. CEC 1141). Por este motivo los equipos de
liturgia, expresión de una responsabilidad compartida, son una
petición hecha a voces por los cristianos de Burgos para
preparar y animar las diferentes celebraciones.
|
328. Promover y fomentar desde la
delegación de Liturgia la creación de equipos de
liturgia a nivel parroquial y arciprestal, creando los
cauces suficientes para garantizar una formación adecuada
e integral, que comprenda no sólo lo doctrinal, sino
también el uso de los medios apropiados para hacer unas
celebraciones más vivas y participadas, dando entrada a
los diferentes grupos y movimientos. |
|
329. Preparar por parte de estos
equipos de liturgia celebraciones variadas y adaptadas a
las necesidades y circunstancias de la comunidad
celebrante, según edad, vinculación y participación de
los fieles en la vida de la Iglesia. |
|
330. Desarrollar la corresponsabilidad
litúrgica a través de los diversos ministerios,
tendiendo a que sean ministerios estables y reconocidos
oficialmente e invitando a la participación de personas
con carismas y aptitudes para ejercerlos. |
|
331. Cuidar la preparación, acogida y
ambientación de las celebraciones, fomentando la
creatividad y la participación de toda la comunidad
mediante la atención especial al canto, los signos, la
catequesis litúrgica, los medios audiovisuales, hojas,
etc. |
|
332. Crear en las parroquias un equipo
pastoral de acogida y acompañamiento de las personas que
se acercan a recibir los sacramentos. Este equipo no debe
actuar en nombre propio sino junto al sacerdote y al
servicio de la acción evangelizadora de la comunidad y
para la comunidad. |

4.2.
La
iniciación cristiana
4.2.1.
Sentido
teológico y problemática pastoral
333.
Qué entendemos por
iniciación cristiana. La iniciación cristiana se refiere a
las etapas indispensables para entrar en la comunidad eclesial,
para ser un cristiano adulto. Porque, del mismo modo que en el
plano humano no se hace uno persona madura nada más nacer, sino
que necesita tiempo, alimento, formación... así también, en
el plano de la fe, uno no lo recibe todo con el bautismo, sino
que necesita la confirmación y la Eucaristía para completar su
iniciación (cf. RICA, praen. 1_2; CEC 1212). Dada su
transcendencia para la vida eclesial de nuestra diócesis el
Sínodo determina que la iniciación cristiana sea una línea
de acción prioritaria para los próximos años. Por esta
importancia se ha de
|
334. Nombrar una comisión especial que
estudie la manera de coordinar y proponer proyectos de
iniciación en línea catecumenal adaptados a las edades y
a las situaciones pastorales de las personas y que a corto
plazo ofrezca materiales catequéticos (catequesis
juveniles, de adultos, de ancianos...). |
335.
Problemática pastoral en
torno a estos tres sacramentos. El bautismo, la
confirmación y la Eucaristía son un verdadero "don de
Dios" para quienes los reciben. Pero existen ciertas
deficiencias a la hora de celebrarlos.
a) En
primer lugar, a veces, se observan lagunas en los
destinatarios: niños, jóvenes, padres, padrinos... Por
ejemplo se nota falta de fe, interés y preparación. Se piden
los sacramentos por costumbre, cumplimiento, motivos
sociales...; se consideran como actos que se hacen por
pertenecer a la Iglesia Católica, o como ceremonias impuestas
por costumbres sociales y circunstanciales que no obligan a
mucho.
336.
b) Falta de
catequistas. Los catequistas no son suficientes y algunos no
están bien preparados: sería necesario pedirles, en todos los
niveles -especialmente en confirmación-, una mayor formación,
experiencia de fe y coherencia de vida. Por otra parte, vemos
que las familias, en muchos casos, apenas colaboran. No hay
relación ni continuidad entre lo que se expone en la catequesis
y lo que practican o enseñan algunos padres. Resulta por ello
urgente
|
337. [* P *] Implicar, animar y
preparar a padres y padrinos en los procesos catequéticos
de los hijos, cuando se trata de los sacramentos de la
iniciación cristiana, fomentando en ellos un sentido
comunitario y responsable, mediante planes de formación,
reuniones y catequesis y concienciando a las familias como
primeras educadoras en la fe de sus hijos y como el lugar
más idóneo de preparación para la recepción de los
sacramentos. En esos procesos, ténganse en cuenta las
distintas situaciones con relación a la fe y los casos de
irregularidad matrimonial. |
|
338. Que los cursos específicos de
catequesis para los sacramentos de iniciación cristiana,
especialmente la primera comunión y la confirmación, se
impartan dentro de un proceso catequético progresivo,
donde el niño o el joven vaya creciendo en su fe y sea
él mismo el que, según su preparación, pida la
recepción de esos sacramentos, siempre con el
asesoramiento y beneplácito de sus padres, catequistas,
sacerdotes y comunidad cristiana. |
339.
c)
Nuestras celebraciones litúrgicas dejan mucho que desear. Todos
tenemos que mejorar nuestra formación litúrgica para evitar la
contradicción entre lo celebrado y lo vivido y para asumir el
compromiso que pide cada sacramento. Para superar esta
situación se deberá
|
340. [* P *] Mejorar las celebraciones,
realizándolas con respeto, sencillez y dignidad,
fomentando el sentido religioso y comunitario y
purificándolas de ritos vacíos, para que no se reduzcan
a acontecimientos meramente sociales, costumbres o
encuentros familiares viciados por el consumo y las
apariencias. |
341.
d) Los sacramentos son
considerados como actos individuales o familiares. A veces,
más que celebraciones "comunitarias" suelen ser
celebraciones "colectivas". Incluso muchos padres
prefieren el sacramento privado, bien por no sentirse insertos
en la comunidad parroquial o bien por motivos sentimentales o
individualistas u otros. Para ayudar a corregirlo se propone:
|
342. Realizar la preparación y
celebración de los sacramentos de la iniciación
cristiana en la propia parroquia o en aquella parroquia en
la que ordinariamente celebra la Eucaristía dominical,
pues requieren una comunidad estable donde se vaya
madurando y afianzando la fe. Para ello, informar a toda
la comunidad de aquellas personas que van a recibir los
sacramentos de iniciación y también del matrimonio. |
343.
e) Conveniencia de
directorios pastorales de los sacramentos de iniciación.
Los sacramentos de iniciación, en especial, necesitan unas
líneas directrices o directorios que sirvan para llevar a cabo
una pastoral más uniforme. Ahora bien, es necesario que todos
acojan, conozcan y pongan en práctica tales normas. Por tanto
habrá que
|
344. [* P *] Confeccionar directorios
de todos los sacramentos, en dos años, para tener en la
diócesis unos criterios de pastoral sacramental claros,
definidos, actualizados y que sean vinculantes. |

4.2.2.
El
bautismo
345.
El don del bautismo. El
bautismo es el fundamento de toda la vida cristiana, el pórtico
de la vida en el espíritu y la puerta que abre el acceso a los
otros sacramentos. Por el bautismo somos liberados del pecado y
regenerados como hijos de Dios, llegamos a ser miembros de
Cristo y quedamos injertados a su misterio pascual, somos
incorporados a la Iglesia y hechos partícipes de su misión (cf.
CEC 1213).
Algunas
pautas en torno a la pastoral del bautismo.
No cabe duda de que se está procurando una pastoral bautismal
más seria y más acorde con los deseos y la mente de la
Iglesia. No obstante hay cosas que convendría revisar y
mejorar. En la preparación: Que haya en las parroquias
algunos días señalados para catequesis bautismales
preparatorias dirigidas a padres y padrinos, exponiendo
convenientemente lo que es y lo que exige el bautismo. Que se
clarifique el sentido que tienen los padrinos en el bautismo,
mediante los cauces más convenientes y profundizando en su
significado, eliminando de este modo el carácter meramente
protocolario. Incluso que se imparta una catequesis para padres
y padrinos antes del nacimiento del niño, para que, cuando
llegue el momento, pidan el bautismo con prontitud y
responsabilidad. En la celebración: Preparar y celebrar
el bautismo como una verdadera fiesta para la persona y la
familia del bautizado y para toda la comunidad, haciendo que
padres y padrinos participen activamente en la celebración y
que la comunidad cristiana se implique. Después de la
celebración: Con la familia del recién bautizado habrá
que seguir una pastoral de cercanía y profundización, evitando
que todo termine en la celebración bautismal. Por eso se
propone:
|
346. Como norma, el sacramento del
bautismo se celebrará en el ámbito de la Eucaristía
dominical. La celebración fuera de la Eucaristía se
considerará como caso excepcional por razones pastorales
serias. |
|
347. Tener unas orientaciones claras
cuando los padres no tienen o no viven la fe, están en
una situación irregular en el matrimonio y piden el
bautismo para sus hijos. Estas orientaciones respetarán
la dignidad de las personas y no supondrán ninguna
condena ni exclusión por su situación concreta. En estos
casos serán los padrinos, con la garantía que les
compete, quienes presenten y avalen a los niños para ser
bautizados. Los padres manifestarán su conformidad en que
su hijo sea bautizado. |

4.2.3.
La
confirmación
348.
La confirmación ha de
significar un avance en el proceso de la iniciación cristiana
pues podemos compararla con el crecimiento o la mayoría de edad
en la fe. "Puesto que bautismo, confirmación y
Eucaristía forman una unidad, de ahí se sigue que ‘los
fieles tienen la obligación de recibir este sacramento en
tiempo oportuno’ (CDC, can. 890), porque sin la
confirmación y la Eucaristía, el sacramento del bautismo es
ciertamente válido y eficaz, pero la iniciación cristiana
queda incompleta" (CEC 1306). La confirmación
perfecciona la gracia del bautismo; es el sacramento que da el
Espíritu Santo para enraizarnos más profundamente en la
filiación divina, incorporarnos más firmemente a Cristo, hacer
más firme nuestra unión con la Iglesia, asociarnos aún más a
su misión y ayudarnos a dar testimonio de la fe cristiana por
la palabra y por las obras (cf. CEC 1316).
Cuestiones
pastorales. No cabe duda de que se está trabajando mucho en la
pastoral del sacramento de la confirmación. Generalmente los
confirmandos reciben catequesis durante dos o tres años;
asimismo se prepara con esmero la liturgia del sacramento. Pero
quedan también por resolver algunas cuestiones: En la
preparación: Hay que informar a los confirmandos -y
también a sus padres, padrinos y comunidad cristiana- sobre la
naturaleza y exigencias del sacramento que van a recibir;
también habrá que revisar si la edad en que se confirman es la
más idónea, estudiar si la pastoral con confirmandos es una
pastoral de "estrategia" (tener un motivo para atraer
a esos adolescentes a la fe y poder evangelizarlos), o realmente
una respuesta al proceso de maduración en la fe iniciado en el
bautismo (cf. CEC 1309). En la celebración: Las
celebraciones ordinariamente suelen prepararse bien, pero hay
que cuidar que la participación de los confirmandos, de sus
padres y de la comunidad no sea más apariencia que realidad. Después
de la celebración: La experiencia manifiesta que, una vez
celebrado el sacramento, permanecen muy pocos confirmados en la
catequesis y en la pastoral juvenil. Hay que preguntarse: por
qué este abandono y "desbandada" de los jóvenes
después de recibir el sacramento. ¿Existen cauces para que los
jóvenes confirmados se integren y se realicen cumpliendo con
los compromisos adquiridos? Los grupos sinodales en una gran
mayoría han pedido:
|
349. Ordenar la pastoral de la
confirmación dentro de un proceso catequético,
personalizado y continuado, vivido dentro de la comunidad,
en el que se tenga en cuenta la preparación, grado de
madurez, edad, decisión del confirmando y participación
en las celebraciones, procurando su posterior
incorporación a la comunidad cristiana, sobre todo a
través de asociaciones y movimientos juveniles
apostólicos, para lo cual créese una comisión que
estudie a fondo estas cuestiones y que elabore un programa
común para toda la diócesis. |
|
350. Que se sitúe la celebración del
sacramento de la confirmación dentro del proyecto
diocesano de Pastoral Juvenil, al finalizar la etapa de
los G.P.A. (Grupos Parroquiales de Adolescentes) y antes
de los G.P.J. (Grupos Parroquiales de Jóvenes), alrededor
de los 18 años. |

4.2.4.
La
Eucaristía
351. * La
Eucaristía, culmen de la iniciación cristiana
"La
Sagrada Eucaristía culmina la iniciación cristiana. Los que
han sido elevados a la dignidad del sacerdocio real por el
bautismo y configurados más profundamente con Cristo por la
confirmación, participan por medio de la Eucaristía con toda
la comunidad en el sacrificio mismo del Señor" (CEC
1322).
* La
Eucaristía, centro de la vida de la Iglesia. La Eucaristía
es "el centro de toda la vida cristiana para la Iglesia,
universal y local, y para todos los fieles individualmente... De
modo que todas las demás acciones sagradas y cualesquiera obras
de la vida cristiana se relacionan con ella, proceden de ella y
a ella se ordenan" (OGMR 1). Es fuente y culmen de toda
la vida de la Iglesia; es como el corazón para la Iglesia y
para cada cristiano. "En la Eucaristía se contiene todo
el bien espiritual de la Iglesia" (PO 5,2).
*
Necesidad de una participación auténtica en la Eucaristía.
"La Iglesia, con solícito cuidado, procura que los
cristianos no asistan a este misterio de fe como extraños y
mudos espectadores, sino que comprendiéndolo bien a través de
los ritos y oraciones, participen consciente, piadosa y
activamente en la acción sagrada, sean instruidos con la
palabra de Dios..." (SC 48; cf. 14; 19). Para lograrlo
se propone
|
352. Hacer una campaña de formación,
coordinada por la delegación de Liturgia, sobre el
significado de la misa (en su conjunto y de cada una de
sus partes) y la participación en ella. Los días
festivos ayudar a esta tarea con introducciones oportunas
en los momentos adecuados de la celebración. |
|
353. Preparar exhaustivamente los
tiempos litúrgicos por parte de los sacerdotes y de los
equipos litúrgicos para hacer que las celebraciones de la
Eucaristía sean más vivas, comprendidas y participadas. |
354.
* La Eucaristía bien
participada produce sus frutos:
a) La
Eucaristía es vínculo de unidad (cf. CEC 1325).
b) La
Eucaristía nos separa y preserva del pecado
(cf.
CEC 1393 y 1395).
b) La
Eucaristía nos lleva a amar al hermano.
No se puede separar el sacramento del altar del compromiso en
favor de los pobres (cf. CEC 1397), porque para recibir en
verdad el Cuerpo y la Sangre de Cristo entregado por nosotros
debemos reconocer a Cristo en los más pobres, sus hermanos (cf.
Mt 25,40).
d)
Valorar "la mesa de la palabra y del Cuerpo de Cristo"
(DV 21). Todo el tiempo que dura la celebración es muy
importante, pero sobre todo destacamos dos partes centrales: la
"liturgia de la Palabra", desde las lecturas,
homilía, hasta las preces y la "liturgia de la
Eucaristía", desde las ofrendas hasta la comunión,
pasando por la consagración (cf. CEC 1408). Cristo se nos hace
presente y se nos da como alimento (cf. CEC 103).
e)
Sacramento para ser adorado. La Eucaristía no termina en el
momento de la celebración, sino que Cristo permanece presente
en las especies eucarísticas para ser alimento y compañero
(viático) en nuestro peregrinar, y también para ser adorado.
Existen diversas formas de devoción eucarística: plegarias
personales ante el Santísimo, horas de adoración,
exposiciones, bendiciones y procesiones eucarísticas, Congresos
eucarísticos, Adoración Nocturna...
|
355. Preparar convenientemente las
homilías entre sacerdotes, religiosos y seglares: que
sean claras, concisas, que estén en relación con las
lecturas bíblicas, adaptadas a los creyentes y orientadas
al compromiso cristiano. |
|
356. Revitalizar el culto a la
Eucaristía fuera de la misa y la exposición del
Santísimo Sacramento en las parroquias y comunidades. |
357.
* Algunas cuestiones
pastorales acerca de la primera comunión. Al tratar de la
Eucaristía hay que hacer referencia expresa al tema de las
primeras comuniones. En la preparación: Se ve el
esfuerzo que se hace en las parroquias y colegios en orden a
preparar a los niños y a los padres a este acontecimiento. Pero
se habrá de procurar que la catequesis que se imparte entre
dentro de un proceso catequético y no sea más bien esporádica
y de circunstancias, implicando a los padres y a la comunidad
cristiana. En la celebración: Que no se quede todo en
una celebración vistosa, extraordinaria y sentimental, donde lo
que impera son los regalos, la comida y la fiesta social. Después
de la celebración: Que la primera comunión incida en la
vida de los niños y de sus familias y que los niños sigan
asistiendo a la catequesis posterior, insertándose en sus
parroquias respectivas. La práctica pastoral deberá
|
358. Trabajar para que la primera
comunión sea celebración comunitaria de un sacramento,
donde padres, familiares, catequistas y comunidad ayuden a
comprender y vivir el verdadero sentido de este encuentro
especial con Cristo, evitando, mediante normas concretas y
comunes, establecidas y aplicadas diocesanamente, toda
clase de despilfarro y boato social. |
|
359. Concienciar a los padres,
familiares, y a toda la comunidad cristiana:
1.- de que la catequesis no es sólo un
paso previo a la primera Eucaristía, sino un proceso
continuo de educación en la fe;
2.- mentalizar a los padres y a los
niños para que usen un sencillo traje de calle en la
primera Eucaristía;
3.- concienciar a los padres y niños
para que siempre, y especialmente ese día, compartan con
los más necesitados;
4.- se organizarán celebraciones
sencillas, evitando todo tipo de espectáculo. |

4.3.
Los
sacramentos de curación
360.
Hay otros sacramentos
llamados de "curación", porque tienen como fin sanar
o aliviar al cristiano pecador o enfermo: son la penitencia y la
unción de enfermos.
4.3.1.
La
penitencia o reconciliación
361.
* Cristo, redentor de todo
hombre. Todos los bautizados vemos que no siempre somos
fieles a nuestros compromisos bautismales, sino que
"enfermamos" y nos debilitamos en la vida cristiana:
"Si decimos que estamos sin pecado, nos engañamos a
nosotros mismos y la verdad no está con nosotros. Si
reconocemos nuestros pecados, Él que es fiel y justo nos
perdonará los pecados" (1 Jn 1,8; cf. también CEC
1420).El Evangelio nos presenta a Jesús encontrándose con los
pecadores y con los enfermos. Sus gestos y sus palabras revelan
la bondad y misericordia de Dios y dan el perdón y la paz.
* Sacramento
del perdón y la misericordia. La penitencia es el encuentro
de la misericordia de Dios con la miseria humana. Es como un
segundo bautismo que vuelve a situarnos en el momento inicial,
nos devuelve la alegría de ser hijos del Padre, perdida por el
pecado que es la rebeldía del hombre contra el plan amoroso de
Dios (cf. CEC 1422-1424).
* Sacramento
de la reconciliación. La penitencia: nos reconcilia con
Dios, restituyéndonos la gracia perdida y uniéndonos a él
con profunda amistad; nos reconcilia con la Iglesia, a la
que hemos ofendido, reparando o restaurando la comunión
fraterna quebrantada por nuestros pecados; nos reconcilia con
nosotros mismos: devolviéndonos la paz, el gozo, la
serenidad, el amor. Nos renueva interiormente. Somos otros. (Cf.
Rit. Pen. 31; CEC 1440; 1469).
362. *
Propuestas pastorales.
Cuando se hagan celebraciones comunitarias, tratar de que estén
bien preparadas, subrayando el aspecto liberador del sacramento,
el encuentro con Dios Padre y con la comunidad, el sentirnos
todos pecadores y todos también amados y perdonados por Dios,
explicando bien la necesidad de la confesión personal y de la
absolución individual, salvo casos especiales de gravedad y
urgencia (cf. CEC 1482). Habrá que conocer bien el espíritu y
las posibilidades que ofrece el Ritual de la penitencia poniendo
el acento en la reconciliación e ir modificando el sistema de
penitencias. De modo especial recomendamos
|
363. Que todos los agentes de pastoral,
a través de la catequesis y del apostolado personal, y
los sacerdotes, -también a través de la predicación, la
dirección espiritual y la dedicación generosa al
ministerio de la reconciliación-, fomenten la práctica
de la confesión frecuente como medio especialmente eficaz
para la purificación interior y el desarrollo de la vida
sobrenatural. |
|
364. Dar catequesis sobre la naturaleza
y los frutos del sacramento de la penitencia, el pecado,
la conversión y otras actitudes fundamentales para
recibir auténticamente este sacramento. |
|
365. Impulsar las celebraciones
penitenciales comunitarias de modo especial en los tiempos
fuertes, procurando prepararlas con toda dedicación y
esmero. |
|
366. Que las celebraciones de la
penitencia no coincidan con la Eucaristía dominical,
facilitando lugares y horarios para su celebración, tanto
individual como comunitaria. |

4.3.2.
La
unción de los enfermos
367.
*
Encuentro con Cristo Salvador. Jesús murió y resucitó; se
hizo uno de nosotros y camina a nuestro lado para darnos su amor
y su fortaleza, especialmente en los momentos más difíciles de
la vida. La Iglesia, desde los primeros tiempos, siguiendo al
Maestro, ha tenido presente que el hombre, al enfermar
gravemente, necesita de una especial gracia de Dios para que su
ánimo no desfallezca y su fe no se debilite. Y ha celebrado
este sacramento atendiendo a la dimensión integral del hombre (cf.
CEC 1510).
* Otorga el
consuelo, la paz y la curación del alma y del cuerpo.
"La gracia primera de este sacramento es un gracia de
consuelo, de paz y de ánimo para vencer las dificultades
propias del estado de enfermedad grave o de la fragilidad de la
vejez. Esta gracia es un don del Espíritu Santo que renueva la
confianza y la fe en Dios y fortalece contra las tentaciones del
maligno, especialmente tentación de desaliento y de angustia
ante la muerte (cf. Hb 2, 15). Esta asistencia del Señor por la
fuerza de su Espíritu quiere conducir al enfermo a la curación
del alma, pero también a la del cuerpo, si tal es la voluntad
de Dios. Además, si hubiera cometido pecados, le serán
perdonados" (CEC 1520).
* Propuestas
pastorales. Este Sacramento no es suficientemente conocido
ni valorado por muchos cristianos. Por diversos motivos
históricos se ha asociado con "extrema unción", es
decir, con un rito previo a la muerte y no se ha celebrado
suficientemente su vinculación con Cristo médico y salvador.
Es preciso despertar y avivar el sentido cristiano de la
enfermedad, la vejez, la vida y la muerte, a la vez que valorar
este sacramento como don para momentos tan importantes. Y sobre
todo
|
368. Formar y apoyar los equipos de
atención a los enfermos y que estos equipos ofrezcan
compañía, oración, comunión y hagan seguimiento de la
situación de los enfermos. |
|
369. Favorecer que los enfermos de
cualquier parroquia o comunidad cristiana puedan recibir
la Sagrada comunión el domingo, como Día del Señor,
mediante la colaboración, si es preciso, de ministros
extraordinarios de la Comunión. |
|
370. Fomentar la celebración
parroquial del "Día del enfermo" y donde sea
posible fomentar las celebraciones comunitarias del
sacramento de la unción de enfermos con la debida
catequesis parroquial y personal. |
|
371. Que la delegación de Pastoral de
la Salud indique y sugiera la forma de atender mejor a los
enfermos hospitalizados, buscando una mayor coordinación
con las parroquias y con los equipos de atención al
enfermo. |
372.
Muerte cristiana, funerales y exequias.
La Iglesia, que ha acompañado al creyente a lo largo de su
vida, lo hace de modo particular en los últimos días de cada
persona, para vivirlos de un modo más personal, más digno,
acompañando y abriendo a la esperanza. Los funerales en la
Iglesia suelen ser, en nuestra tierra burgalesa, el único acto
social en torno al difunto y a su familia, aunque hay diferencia
de clima humano y religioso dependiendo de si se trata de
pueblos pequeños o de parroquias urbanas.
No
obstante, y en medio de la variedad de personas y su
vinculación a la Iglesia y el grado de fe, se realizan una
serie de oraciones que no son de angustia ni de desesperación,
sino de confianza, esperanza y consuelo. Es preciso cuidar con
esmero la liturgia para que sea atrayente y catequética,
especialmente para quienes se sienten distantes de la Iglesia y
participan en esos ritos: se celebra la muerte del cristiano
como acontecimiento de salvación y como inicio de la vida
definitiva.
La
Iglesia, servidora de los hombres, está impulsada por su fe en
Cristo resucitado (cf. CEC 1681); ella misma ha de ser y
aparecer como signo de esperanza y ha de invitar al hombre de
hoy a mirar, afrontar y vivir la muerte con realismo y con
esperanza, desde la cercanía y el respeto, mediante
celebraciones dignas y preparadas, con la participación del
mayor número de personas. En este sentido sería enriquecedor
un estudio, selección y renovación de cantos de exequias que
ayudaran a una mayor profundización en la esperanza cristiana.
De este modo, los creyentes confían al recuerdo de Dios a quien
pronto quizá comenzará a ser olvidado por los hombres. Por
ello, proponemos:
|
373. Cuidar con esmero todo lo relativo
a la celebración cristiana de la muerte para manifestar y
proclamar la esperanza cristiana en esos momentos y
prestar a la familia la atención y ayuda necesarias antes
del funeral facilitando un acompañamiento posterior,
sobre todo en los días siguientes al entierro, para que
la esperanza cristiana no quede en bonitas palabras, sino
que sea una realidad al sentir la cercanía de los
hermanos. |
|
374. Promover al respecto la creación
de cementerios municipales, ir clausurando los adosados a
los templos y desprendernos de ellos en favor de los
municipios respectivos. |

4.4.
Los
sacramentos de servicio
4.4.1.
El orden
375. * Los
sacerdotes actúan en nombre de Cristo.
"El orden es el sacramento gracias al cual la misión
confiada por Cristo a sus apóstoles sigue siendo ejercida en la
Iglesia hasta el fin de los tiempos: es, pues, el sacramento del
ministerio apostólico. Comprende tres grados: el episcopado, el
presbiterado y el diaconado" (CEC 1536). La misión
principal del presbítero en la Iglesia es
servir
en nombre de Cristo buen Pastor:
- A la
Palabra de Dios: porque tiene como primer deber la
predicación del Evangelio.
- Al
culto: ya que es oficio propio de los sacerdotes presidirlo
como ministros.
- A la
comunión fraterna: procurando promover la fraternidad
cristiana entre los fieles y la aceptación del amor de Dios con
espíritu de servicio como Jesús, que no vino a ser servido
sino a servir (cf. Mt 20,28) (cf. LG 28).
*
Hombre de Dios y hermano de sus hermanos. El sacerdote es el
"hombre de Dios" (1 Tim 6,11), porque ha sido
consagrado a Dios y porque su dedicación primordial es
comunicar el amor y la gracia de Dios a sus hermanos: "Todo
pontífice escogido de entre los hombres es constituido a favor
de los hombres para las cosas que se refieren a Dios" (Hb
5,1). Es también hermano de sus hermanos. Hoy más que nunca es
necesaria su cercanía a todos, especialmente a los pobres y
necesitados; el sacerdote, de este modo, es testigo de la
caridad de Jesús, que no conoce límites, en estrecha comunión
con su obispo y los hermanos sacerdotes.
Los
presbíteros, con el obispo, forman el Presbiterio Diocesano,
especial fraternidad cristiana originada por el sacramento del
orden ( PO 7,8; PDV. 17,15). Como fraternidad está suponiendo:
igualdad radical que supera y elimina todas las diferencias
derivadas del hacer, del cargo, del puesto; reconocimiento y
valoración de los diferentes carismas dentro del mismo
Presbiterio; unidad que nunca puede ser suplantada por, ni
subordinada a otras fraternidades de referencia;
corresponsabilidad y colaboración a las que se oponen todas las
formas de individualismo, protagonismo, monopolios, privacidades
de lo que es común, celos, suspicacias; preocupación activa
por los hermanos del Presbiterio, sobre todo por los más
necesitados; solidaridad y comunión en los bienes que
pertenecen a todo el Presbiterio y que, en ningún caso, pueden
considerarse como propios (Cf. CDC. cc. 280-282).
Ha de
procurarse formar y concienciar en la pertenencia al Presbiterio
y evitar, de forma real, las desigualdades que se oponen a la
auténtica fraternidad sacerdotal. Deben potenciarse los
organismos e instrumentos de control necesarios que, con verdad
en la caridad, salvando la pluralidad, justicia y libertad,
hagan efectiva la solidaridad y el compartir: formación,
trabajo, bienes, descanso.
* Problemas
pastorales y pistas de reflexión. En nuestros días y a
pesar del secularismo reinante, la figura del sacerdote y su
ministerio están de actualidad, si bien es cierto que entre la
miel (alabanza y reconocimiento) y la hiel (críticas y
desprecios). Sin embargo la importancia de los sacerdotes y de
su misión en la Iglesia y en el mundo es indudable, porque
radica en el mismo ser de Cristo Sacerdote.
Habrá
aspectos históricos que pueden cambiar y ser revisados, pero lo
fundamental es inalterable. Los laicos han de dar a los
sacerdotes, para el desarrollo pleno de su misión, una
entusiasta colaboración y todo el amor, apoyo y comprensión
que sean necesarios. Pero también entre los sacerdotes ha de
crecer el sentido de ayuda mutua y disponibilidad, mejorando los
sistemas actuales de comunicación de bienes, tiempo, etc. En
especial, sería necesario crear cauces que ayuden en el
crecimiento de la vida espiritual, afectiva, social e
intelectual del sacerdote joven, mediante su incorporación a
equipos de trabajo y de vida de otros sacerdotes. A ello
contribuirán estas propuestas:
|
376. Trabajar decididamente, a nivel
familiar, parroquial y de movimientos en la pastoral
vocacional y preocuparnos de los seminaristas y del
Seminario. |
|
377. Organizar períodos de
formación-renovación para sacerdotes como agentes
especiales que son de las celebraciones cristianas y de
toda la pastoral eclesial, para que redescubran su
identidad y responsabilidad. |
|
378. Celebrar el sacramento del orden
en las parroquias de origen de los que van a ser ordenados
o en aquellas donde están trabajando pastoralmente, de
modo que las comunidades cristianas tengan más
posibilidades de vivir y participar en este sacramento. |

4.4.2.
El
matrimonio
379.
El matrimonio, base de la
familia, es el camino más común de vivir la fe cristiana. Es
el contrato entre los contrayentes que hace que el marido y la
mujer sean dos en una sola carne y que Cristo convierte en
sacramento por significar la unión suya con la Iglesia (cf. CEC
1660). No obstante, en nuestros tiempos, la institución
matrimonial ha sido puesta en discusión, ofreciéndose otras
"alternativas" para vivir el amor humano y orientar la
vida familiar. Recordar lo fundamental del sacramento nos
ayudará a redescubrir su importancia.
*
Consagración del amor humano.
El amor es una de las realidades humanas más hermosas que hay
en este mundo. Vemos la belleza del amor entre los novios, los
esposos, los padres e hijos... El matrimonio es el amor de los
esposos asumido y santificado por Cristo. El amor de los esposos
ha sido creado por Dios y Cristo lo sublima, bendice y hace
fecundo (cf. CEC 1604).
* La
unión matrimonial, abierta y defensora de la vida. Por su
naturaleza misma la institución del matrimonio y el amor
conyugal están ordenados al bien de los esposos y a la
procreación y a la educación de los hijos (cf. GS 48,1; 50,1;
EV 42 y 49). Esto exige asumir la necesidad de una paternidad y
maternidad responsables que son aquellas que se guían por la
razón humana, iluminada por el amor y la fe. Esta
responsabilidad no sólo supone engendrar, sino también educar
a los hijos, y conlleva no sólo limitar el número sino
generosidad cuando es posible el sustento y educación de los
hijos. Por otra parte en la familia habría que educar en el
valor de la vida en todos sus momentos y condiciones, poniendo
atención en la gravedad del aborto y de la eutanasia. Para
esto, que la delegación de Familia y Vida fomente la
celebración de la Jornada por la vida en todas las las
parroquias de la diócesis y que la pastoral familiar promueva
acciones educativas.
* La
unión matrimonial como comunión total de vida de los esposos.
El matrimonio no ha sido instituido solamente para la
procreación, sino también para que el amor de los esposos se
manifieste, progrese y vaya madurando ordenadamente. Por esto,
aunque la descendencia falte, siempre seguirá el matrimonio
como intimidad y comunión total de la vida, conservando su
valor e indisolubilidad (cf. GS 50,2).
* La
familia cristiana, "iglesia doméstica". Del
matrimonio nace la familia, considerada, desde la más antigua
tradición, como "iglesia doméstica", pues en ella
está presente en cierto modo la Iglesia con sus principales
realidades y funciones: oración, Palabra de Dios, amor,
servicio, etc. (cf. FC 38). La familia cristiana se
desarrollará como una comunidad de la Palabra de Dios: los
padres serán para los hijos los primeros predicadores de la fe.
También se potenciará como una comunidad de culto, sobre
todo por la práctica de la oración familiar y el proceso de
iniciación cristiana de los hijos. Crecerá como una comunidad
de servicio, sirviendo con amor y desinterés al Pueblo de
Dios y a la sociedad como ciudadanos responsables de sus deberes
y derechos cívicos (cf. FC 60-64). Así la familia y sus
miembros se transformarán en testigos y colaboradores en la
obra de la salvación.
* Dimensión
social de la familia. La familia, especialmente la
cristiana, ha de estar abierta a las necesidades sociales de
nuestro mundo (paro, droga, enfermedad, contratiempos...) (cf.
FC 21; 41). Ha de ser también "escuela de valores",
escuela del más puro humanismo, donde el individuo es valorado
por sí mismo (cf. FC 21; 33). Lo que se aprende en la familia
ordinariamente suele permanecer más que todo lo que se aprende
en otras instituciones.
*
Cuestiones pastorales y pautas de acción. El entorno social y
la cultura de "sólo vale lo práctico" y "todo
vale mientras dura" están planteando muchos interrogantes
sobre el sentido que pueda tener, en el presente y en el futuro,
el sacramento del matrimonio y la familia. Por otra parte,
percibimos cada vez más el fenómeno de las separaciones,
divorcios, uniones de hecho, menosprecio o desprecio de la
institución matrimonial y familiar, descenso de la nupcialidad
y natalidad... También bastantes jóvenes se acercan al
matrimonio sin una preparación adecuada; cuando se acercan por
primera vez a pedir el matrimonio, sería necesario un diálogo
sobre lo que supone el matrimonio, sin esperar al cursillo
prematrimonial o al expediente posteriores. No existe una
pastoral familiar programada en muchas parroquias. Los
movimientos y grupos familiares a veces no están abiertos a
otros matrimonios y les cuesta trabajar coordinados.

Concretamente
en la preparación al matrimonio proponemos:
|
380. [* P *] Recomendar encarecidamente
a los novios que piden el sacramento del matrimonio la
realización de cursos prematrimoniales que potencien la
maduración en la fe y la vida cristiana; estos cursos han
de ser actualizados en contenidos y metodología,
organizados por la parroquia, el arciprestazgo o la
diócesis en colaboración con las delegaciones de Familia
y de Liturgia. |
En la
celebración:
|
381. El celebrante preparará la
celebración con los novios y hará lo posible para que
todos los asistentes a la celebración matrimonial estén
atentos y activos. |
|
382. Procurar que la celebración del
sacramento del matrimonio tenga lugar en la parroquia
donde se haya realizado el expediente o en la comunidad
parroquial de referencia, evitando que se haga en otros
lugares de culto sin ninguna conexión con los
contrayentes. |
Después
de la celebración:
|
383. Revitalizar en las parroquias la
pastoral familiar y crear o potenciar grupos de
matrimonios preparados y con inquietudes que acojan a los
novios, a los recién casados y a otros matrimonios con
quienes puedan compartir los anhelos y esperanzas
matrimoniales. |
|
384. Crear o potenciar los organismos
diocesanos, arciprestales o parroquiales oportunos para
dar respuestas apropiadas y claras respecto a las
situaciones irregulares creadas por los divorcios,
separaciones, parejas de hecho, matrimonios civiles,
nuevos matrimonios, madres y padres solteros... |

4.5. El
domingo
cristiano
385.
Los judíos celebran el
sábado como su día religioso, sagrado, el "día de
Yahvé": es un día reservado para Dios, pues "al
séptimo día descansó" (Gn 2,2). Este día era, a su
vez, recordatorio del mayor acontecimiento de la historia de
este pueblo: la liberación de la esclavitud de Egipto, esto es,
la Pascua. Jesús marca sus distancias con respecto al sábado
judío, sobre todo porque había caído en una serie de
normativas tan extremas y severas que se estaba perdiendo el
sentido religioso de este día (cf. Mt 12,9-14). "El
Hijo del hombre es señor del sábado" (Mt 2,28). La
resurrección, acontecida "el primer día de la semana"
(Mc 16,2), va a cambiar las cosas. Este suceso quedó
fuertemente grabado entre los primeros cristianos: cada semana,
en el "octavo día" se reunían de forma asidua
para celebrar la presencia del Señor Resucitado y la "fracción
del pan" (Hch 2,42). Se convirtió en el día de los
cristianos (cf. SC 106).
4.5.1.
Riqueza
y variedad del domingo
386.
Es el día del Señor. La
vida cristiana tiene su único fundamento en Cristo, el Señor,
el Hijo de Dios, nuestro Salvador, muerto y resucitado. Y es la
resurrección de Jesús lo que provoca que los cristianos se
reúnan para celebrarlo.
Es el día
de la Eucaristía. La forma más plena de renovar nuestra fe en
Jesús es la participación en la Eucaristía. Dice el Concilio
Vaticano II que "en este día, los fieles deben reunirse
a fin de que, escuchando la Palabra de Dios y participando en la
Eucaristía, recuerden la pasión, la resurrección y la gloria
del Señor Jesús y den gracias a Dios, que los hizo renacer a
la viva esperanza por la resurrección de Jesús de entre los
muertos" (SC 106). Es precioso aquel pasaje de Emaús,
en el cual se dice que "le reconocieron al partir el pan"
(Lc 24,30s). La misa dominical, por tanto, supera el mero
cumplimiento de un precepto.
Es el día
de la comunidad. La mayoría de las personas sigue pensando que
lo que nos diferencia a los cristianos de otras personas es la
participación en la misa de los domingos. Así es como el
23,80% de los cristianos de Burgos se sienten más profundamente
miembros de la Iglesia. La celebración del domingo es un
termómetro más del funcionamiento de nuestra comunidad
parroquial. Actualmente el excesivo número de misas en las
ciudades, la falta de sentido comunitario y la práctica de
algunos grupos de cristianos que celebran la Eucaristía de un
modo aislado de la comunidad parroquial, pueden dificultar una
comprensión adecuada del día de la comunidad.
Es el
día del descanso. La mayor parte de las actividades
culturales, sociales, deportivas e incluso religiosas, se
concentran en el sábado y en las mañanas del domingo. Incluso
en nuestro vocabulario hablamos de "fin de semana" o
de "puentes" para indicar el descanso o actividad
extralaboral, sin acordarnos para nada del domingo como día de
sosiego y paz. En la base del descanso dominical existen razones
muy profundas en las que se une la necesidad humana de fiesta en
el marco de la experiencia religiosa. Para adorar a Dios es
necesario reconocer la bondad y belleza de la creación,
recomponer la armonía del hombre, muchas veces rota por el
estrés y el cansancio de la vida ordinaria, y cultivar la vida
familiar, social y cultural (cf. CDC can. 1247). Se traduce en
un mayor tiempo dedicado a la conversación o tertulia, en una
mesa más cuidada, en unos vestidos más distinguidos...
Es el
día de la caridad. El domingo es el día más
adecuado para ejercer la caridad (cf. CEC 2186). De hecho, en
este día se realizan diversas formas de ejercer el voluntariado
(visitas a enfermos, presencia en la cárcel, actividades con
ancianos o niños...). En la celebración de la Eucaristía de
los domingos es cuando se suele aprovechar para la realización
de campañas eclesiales y sus respectivas colectas (Campaña
contra el Hambre, Domund...). Dada la importancia de la
celebración del domingo, se deberá
|
387. Realizar una campaña diocesana de
mentalización sobre lo que es y significa el domingo para
los cristianos. |

4.5.2.
Celebraciones
dominicales en ausencia del sacerdote
388.
En nuestra geografía rural
burgalesa existen varias parroquias que no celebran la
Eucaristía todos los domingos. La despoblación de numerosos
núcleos rurales, unida a la dispersión de los mismos y a la
abundancia de pueblos a atender por un solo sacerdote, es una
gran dificultad para que la comunidad de un determinado lugar se
reúna. El 31,45% de las respuestas al sondeo apuntaba a una
reducción del número de misas en las parroquias grandes para
celebrar en las pequeñas, teniendo en cuenta el gran número de
parroquias rurales y la escasez de sacerdotes. En otros lugares
es ya un hecho la agrupación de varias parroquias en otra más
céntrica para celebrar la Eucaristía, si bien la presencia y
cercanía de la Iglesia no puede reducirse a los "servicios
religiosos". Además de estas "soluciones", y por
muy perdidos que se encuentren algunos cristianos en la sierra,
los valles o los páramos, hay otra modalidad llamada "celebración
dominical en ausencia de sacerdote", regulada en el Directorio
para las celebraciones en ausencia del presbítero de la
Sagrada Congregación del Culto Divino (2 de junio de 1988).
Existen en
la diócesis muchos cristianos que, con la debida actualización
y supervisión, pueden compartir el Pan de la Palabra a través
de las lecturas, de la homilía y de la oración universal, y el
Pan de la Eucaristía distribuyendo la Comunión entre los
asistentes. Es más, sería preciso suscitar y mimar a personas
que hicieran esta misma tarea en su comunidad cristiana y
coordinadas con los sacerdotes. Otra solución es que se
promueva la colaboración de los sacerdotes menos ocupados, de
los religiosos y de los diáconos, si los hubiera. Para
facilitarlo se pide
|
389. Mentalizar a los cristianos y
crear una escuela de formación de animadores litúrgicos
para las celebraciones dominicales en ausencia del
presbítero sin renunciar a la presencia del sacerdote de
manera periódica. |
|
390. Reducir el número de misas
dominicales en las parroquias urbanas para que los
sacerdotes puedan ayudar en otros lugares, especialmente
en la zona rural. |

4.6.
Religiosidad
popular
391.
La religiosidad popular o
piedad popular ha existido siempre en la Iglesia, aunque el
número y las formas de sus manifestaciones han variado con el
paso del tiempo (cf. EN 48). Entendemos por ella " el
modo peculiar que tiene el pueblo, es decir, la gente sencilla,
de vivir y expresar su relación con Dios, con la Virgen o con
los Santos" (CEE, Evangelización y renovación de
la piedad popular, 1987), buscando relaciones con lo divino
o lo sagrado que sean más sencillas, más directas y más
rentables. En estas manifestaciones no sólo se dan expresiones
religiosas; en todo ello van los valores, los criterios, las
conductas y las actitudes que nacen del mensaje cristiano y se
encarnan en una cultura concreta: es lo que se ha venido
llamando la "inculturación de la fe".
En nuestra
tierra burgalesa están renaciendo y resurgiendo ciertas
tradiciones religiosas, aunque también muchas de ellas han
quedado sepultadas con el paso del tiempo. Podemos enumerar
varias manifestaciones de este género: romerías, fiestas
patronales, procesiones, peregrinaciones, rosarios, novenas,
viacrucis, imágenes, estampas, agua bendita, exvotos, medallas,
escapularios, fiestas de Navidad, Semana Santa, huevos de
Pascua, asociaciones, cofradías, santuarios, ermitas, pozos,
velatorios, aniversarios, novenarios... Todo esto suele ir
acompañado de gestos que pueden realizarse solos o acompañados
y que normalmente sirven para congregar a muchas personas, de
todas las edades y condiciones sociales.
Sería
necesario que en la catequesis infantil y juvenil se enseñe el
significado de ciertas manifestaciones religiosas, como el rezo
del Ángelus, santo rosario o Vía Crucis, fomentando su
participación en ellas.
392.
La religiosidad del pueblo es
un fenómeno ambiguo; contiene valores humanos y
evangélicos, pero con frecuencia comporta límites y riesgos.
* Entre
los aspectos positivos (cf. CT 54) cabe destacar que se
pone de relieve el sentido de la trascendencia y se captan los
atributos de Dios (Padre, providente, compañero y amigo del
hombre y de la vida); se rescata a los hombres de una sociedad
sofisticada, anónima, compleja, impersonal, aportando un
sentido alegre, familiar, comunitario y festivo; fomenta la
participación de los seglares a través de asociaciones,
cofradías; engendra actitudes como la paciencia, el desapego,
la solidaridad, el esfuerzo... (cf. Documento de Puebla,
1979, nº 448).
* Hay deformaciones
que empañan lo anterior: carencia de una adecuada formación
religiosa que hace prevalecer el sentimentalismo sobre lo
racional de la fe; el sentido materialista o mercantilista de
muchos actos en los cuales se pretende "hacer trato" o
negociar con Dios; el quedarse en medios, imágenes,
devociones... sin llegar al Dios anunciado por Jesús; la
ausencia de coherencia y de compromiso con la vida real para
buscar una mayor justicia, fraternidad y solidaridad; la falta
de referencia dentro de una comunidad cristiana o de pertenencia
a la Iglesia; prevalencia de lo folclórico-anecdótico sobre
una fe entendida correctamente.
Es preciso
estar atentos para revisar, corregir e incluso suprimir aquellas
manifestaciones claramente inadecuadas como expresión de la fe
donde se mezcla lo pagano con lo profano o que se convierten en
espectáculo pagano, por lo que se propone:
|
393. Promover un proceso de revisión
crítica y actualización desde el Evangelio para corregir
posibles desviaciones de religiosidad popular y hacer
coherentes las celebraciones, coordinado desde la vicaría
de Pastoral. |
394.
Algunos desprecian estas
prácticas por entenderlas como algo del pasado o como
pertenecientes a épocas trasnochadas. Otros las defienden a
ultranza porque es su único modo de participar de lo religioso.
Ante unos y otros se necesita una tarea que incluya respeto,
sensibilidad y discernimiento, teniendo en cuenta que "estas
expresiones prolongan la vida litúrgica de la Iglesia, pero no
la sustituyen" (CEC 1675s; cf. SC 13). Por eso se ha de
procurar la necesaria actualización y renovación en su
lenguaje, sus contenidos y sus prácticas ya que son un medio
apto para la evangelización de las personas, la manifestación
popular de la fe y la práctica de oración personal y
comunitaria (cf. SC 9). Los acentos vienen puestos en lo
siguiente:
* Los
grupos sinodales han denunciado el consumo y el folklore
introducidos en muchas prácticas de religiosidad popular, en
donde se subastan, se pagan y se compran algunos objetos, lo
cual desvirtúa cualquier planteamiento cristiano.
* Muchas
oraciones de novenas y ejercicios piadosos no han sido
renovados; en ellos es escasa la Palabra de Dios (cf. SC 13; 24
y 35); su lenguaje y contenido no están actualizados.
* Algunas
cofradías, las menos, han revisado sus estatutos. Muchas de
ellas apenas tienen miembros, aunque en otras se ha dado un
aumento considerable de los mismos. Es importante recuperar su
sentido asistencial y solidario; actualizar sus constituciones,
estatutos o reglamentos; vincular más a los cofrades en la
comunidad cristiana. A la luz de estos criterios
|
395. Revísese la costumbre de subastar
objetos, imágenes, andas... dentro de un contexto
religioso, como medio para recaudar fondos, aunque el fin
sea bueno. |
|
396. Renovar el lenguaje de las novenas
y ejercicios piadosos existentes que se han quedado
anticuados y resultan incomprensibles e inadecuados,
introduciendo más la Palabra de Dios en las reflexiones y
en el conjunto de las oraciones. |
|
397. Fomentar en todos los campos y
niveles la auténtica devoción a nuestra Madre, la
Virgen, basada en la Biblia, Tradición y magisterio
eclesiástico (especialmente del Vaticano II y posterior). |
|
398. Elaborar un estatuto-marco
diocesano para las cofradías y, en cinco años, renovar
los estatutos de éstas, que incluya para sus miembros una
práctica cristiana y una relación adecuada con la
parroquia. |

4.7.
|