1.     FUNDAMENTACIÓN

 

La evolución social de estas últimas décadas en los países occidentales, y de forma especial en nuestro país, ha venido acompañada de muchos signos positivos para la sociedad, las familias y, por lo tanto, las personas.

Ejemplo de esto es el camino emprendido por las generaciones nuevas hacia el efectivo reconocimiento en lo cotidiano de la igual dignidad del varón y la mujer. También lo es la generalización de la sociedad del bienestar que permite, entre otras cosas, un aumento del tiempo de ocio, que puede servir para dedicarlo a los demás, de forma particular a la familia. Así mismo, se ha conseguido un mayor grado de reconocimiento y respeto a las libertades políticas y civiles. Y un largo etcétera que es fruto de la visión y el esfuerzo de las generaciones que nos han precedido.

 Sin embargo estos progresos están yendo acompañados también de cambios que están influyendo negativamente en las personas y en la familia.

 
 
 

 

   

Nos encontramos actualmente con avances importantes y signos positivos en nuestra sociedad.

 

 

 
 

Están surgiendo a la vez también nuevas dificultades y retos para las familias.

     
 

 
     
 

Algunas de estas dificultades con las que podría encontrarse la familia actualmente son:

  • Factores de estrés externos, como los laborales (horarios de trabajo y conciliación de vida familiar y laboral) o los económicos (sueldos insuficientes para el sostenimiento de la familia, acceso a la vivienda…)

  • Familias nucleares más aisladas, con falta de red familiar y social de apoyo.

  • Relativización del compromiso matrimonial, no abierto en muchos casos a una aceptación plena y total del otro.

  • Una alienante despersonalización de las relaciones entre varón y mujer, a lo que contribuye no poco el uso generalizado de la sexualidad personal como objeto de comercio por parte de los medios de comunicación.

  • Cambio de valores, más materialistas y funcionalistas y que tienden a encerrar al individuo en un consumismo interesado por parte de quienes lo promueven.

  • Dificultad para lograr unas pautas educativas parentales eficaces y ausencia de límites.

  • Delegación de funciones educativas en instituciones cuya principal función es instruir o como mucho formar.

  • Incremento paulatino del número de embarazos no deseados y abortos, fruto en buena parte de los contactos sexuales sin marco afectivo ni relacional entre jóvenes y adolescentes. Esto a pesar del aumento de la información sexual, en detrimento, muchas veces, de la formación afectiva.

  • Aumento de la esperanza de vida, pero no así de su calidad, con un crecimiento exponencial de las personas dependientes cuyo cuidado recae principalmente en las familias.

  • Falta de tiempo y espacio para los mayores, lo que dificulta la experiencia intergeneracional, imprescindible para que los más jóvenes adquieran perspectiva en el tiempo y aprendan la solidaridad intergeneracional.

  • Dificultades para poder tener hijos.

 
     
 

 
     
 

La familia, como célula básica de la sociedad, atesora en sí misma fuerzas vitales y positivas que le permiten crecer y desarrollarse en los medios más inhóspitos.

Aún así estos factores señalados inciden de forma habitual en las relaciones entre la pareja y entre padres e hijos. Además van acompañados de las crisis normales producidas en el seno familiar. Y es que no se puede olvidar que la vida de las familias está jalonada por una serie de crisis, crisis naturales debido al ciclo vital.

Los habituales escollos con los que nos vamos encontrando en el desarrollo de cada familia y de cada uno de sus miembros, se superan normalmente con los recursos personales y familiares. Y si éstos no son suficientes contamos con la ayuda de personas cercanas, la red social: amigos, vecinos, un sacerdote u otra persona de referencia...

En todo caso, cuando los factores ambientales son adversos, resulta imprescindible manejar con soltura unos conocimientos básicos sobre la dinámica de las relaciones interpersonales en general, y de la vida familiar y de pareja en particular, que ayuden a normalizar y a encontrar soluciones a las crisis, de la propia familia y de sus miembros, de forma autónoma.

Si faltan estos conocimientos básicos y esas ayudas naturales del entorno cercano no estén disponibles, o no sean suficientes, es muy posible que llegue  un momento en que este proceso se paralice. Éste es el momento de la intervención de un recurso social específico como el Centro de Orientación Familiar.

Toda familia pasa crisis naturales debido a su ciclo vital.

Son importantes unos conocimientos básicos para afrontar las crisis.

     

 

 

 

 

 

 

 

Archidiócesis de Burgos

Familia y vida Centro de Orientación Familiar