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1. FUNDAMENTACIÓN
La evolución social de estas últimas décadas en los países occidentales, y de forma especial en nuestro país, ha venido acompañada de muchos signos positivos para la sociedad, las familias y, por lo tanto, las personas. Ejemplo de esto es el camino emprendido por las generaciones nuevas hacia el efectivo reconocimiento en lo cotidiano de la igual dignidad del varón y la mujer. También lo es la generalización de la sociedad del bienestar que permite, entre otras cosas, un aumento del tiempo de ocio, que puede servir para dedicarlo a los demás, de forma particular a la familia. Así mismo, se ha conseguido un mayor grado de reconocimiento y respeto a las libertades políticas y civiles. Y un largo etcétera que es fruto de la visión y el esfuerzo de las generaciones que nos han precedido. Sin embargo estos progresos están yendo acompañados también de cambios que están influyendo negativamente en las personas y en la familia. |
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Algunas de estas dificultades con las que podría encontrarse la familia actualmente son:
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La familia, como célula básica de la sociedad, atesora en sí misma fuerzas vitales y positivas que le permiten crecer y desarrollarse en los medios más inhóspitos. Aún así estos factores señalados inciden de forma habitual en las relaciones entre la pareja y entre padres e hijos. Además van acompañados de las crisis normales producidas en el seno familiar. Y es que no se puede olvidar que la vida de las familias está jalonada por una serie de crisis, crisis naturales debido al ciclo vital. Los habituales escollos con los que nos vamos encontrando en el desarrollo de cada familia y de cada uno de sus miembros, se superan normalmente con los recursos personales y familiares. Y si éstos no son suficientes contamos con la ayuda de personas cercanas, la red social: amigos, vecinos, un sacerdote u otra persona de referencia... En todo caso, cuando los factores ambientales son adversos, resulta imprescindible manejar con soltura unos conocimientos básicos sobre la dinámica de las relaciones interpersonales en general, y de la vida familiar y de pareja en particular, que ayuden a normalizar y a encontrar soluciones a las crisis, de la propia familia y de sus miembros, de forma autónoma. Si faltan estos conocimientos básicos y esas ayudas naturales del entorno cercano no estén disponibles, o no sean suficientes, es muy posible que llegue un momento en que este proceso se paralice. Éste es el momento de la intervención de un recurso social específico como el Centro de Orientación Familiar. |
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