4. Valoración global y líneas de actuación

 

 

 

 

 

* De todo lo anteriormente expuesto podemos deducir que la realidad migratoria en Burgos está siendo un fenómeno amplio, rico y variado: las condiciones económicas de la provincia, prácticamente con un pleno empleo masculino, son atractivas para la población inmigrante, si bien sigue existiendo mayor porcentaje de paro femenino y bastante economía sumergida. Burgos no suele ser destino de "primera inmigración", sino que muchas personas llegan a esta tierra desde otras provincias españolas o porque tienen aquí ya conocidos o familiares; en este sentido la precariedad primera es menor que en otras regiones españolas.

* ¿Están integrados los inmigrantes en Burgos? Quizá la pregunta está mal formulada, porque somos todos los que tenemos que integrar e integrarnos. Hemos visto las dificultades (de uno y otro lado), las posibilidades y las realidades. Hay quien dice que la integración es imposible, que a lo sumo hay que aspirar a una convivencia. Frente a esto habría que decir que la integración es posible para quien la quiere. No es cierto que haya colectivos enteros que no la quieran (a veces se habla de los marroquíes, de los argelinos, de los pakistaníes, de los chinos...); cada persona es un mundo y existen experiencias muy interesantes. Tampoco toda la sociedad de acogida está abierta a la integración; bastantes personas la confunden con "asimilación", y "si no son iguales que yo, fuera". Pero buena parte de la ciudadanía burgalesa y de su tejido social están trabajando en línea positiva, y hasta ahora no ha habido episodios graves ni públicos de intolerancia o de racismo en nuestra provincia. La integración es un camino largo, y no ha hecho más que comenzar.

* Ciñéndonos al campo religioso y eclesial, las cifras muestran cómo la mayoría de la población inmigrante en Burgos comparte consciente o al menos culturalmente la fe cristiana, mayoritaria en esta tierra; incluso dentro de las diversas Iglesias, es también mayoritaria la Católica, si bien existe un grupo grande y creciente de cristianos ortodoxos. En cuanto a la población musulmana, podríamos hablar de una minoría significativa, bastante visible, con la cual es necesario tender puentes de conocimiento y diálogo. La religión debe ser un elemento que una a los inmigrantes entre sí y con los países que los reciben, pese a que algunos se empeñen en difundir la opinión de que la religión divide, y propugnen el laicismo como vía privilegiada para la unidad e integración de una sociedad compleja, plural y democrática.

* Con los datos analizados en la mano, podemos afirmar que la inmigración es una prioridad en nuestra Iglesia a nivel social: con mucho, la Iglesia Católica es la institución que en Burgos dedica más tiempo, recursos y personas a los inmigrantes, especialmente a quienes tienen más necesidad; y esto desde el principio (año 2000 Cáritas y Casa de Acogida, año 2002 Atalaya). Hace diez años esto era impensable: como muestra de ello, en las Constituciones Sinodales (1998) no aparece ni una sola propuesta en la que se hable de inmigrantes. Es positivo por tanto el que desde los distintos carismas y niveles diocesanos, religiosos, parroquiales... se haya hecho presente la Iglesia en este campo. Pero también podemos afirmar, generalizando, que la inmigración no es una prioridad en nuestra Iglesia a nivel pastoral. La balanza está desequilibrada. Por supuesto que todo, pastoral y social, entra dentro de la tarea evangelizadora de la Iglesia. Pero nos absorbe lo social, que es necesario y urgente, que en cierto modo es más fácil (la gente viene), y nos hemos planteado poco lo pastoral, que parece que no urge, que es más difícil (hay que ir a la gente), que no sabemos cómo hacerlo... Las parroquias, sobre todo las urbanas, siguen siendo como un gran "despacho" donde acuden las personas, también los inmigrantes, a pedir algo: ropa, trabajo, misas, bautizos, catequesis... Si no se da un paso más allá, en clave misionera, difícilmente se puede plantear una pastoral con inmigrantes.

* ¿Es necesaria una "pastoral con inmigrantes"? Sí. Dentro de la pastoral general, no aparte. Pero es necesaria una pastoral específica. Como, por ejemplo, la pastoral juvenil. ¿No se hacen esfuerzos en muchas parroquias, y con bastantes pocos resultados, para que los jóvenes maduren en su fe y se sientan comunidad parroquial? Y para ello se ponen medios específicos: grupos, celebraciones, convivencias, locales, monitores... Con el objetivo de que se inserten en la comunidad, pero adaptando los medios a su situación concreta y dando pasos progresivos, en un proceso. Pues igual podríamos decir de la pastoral con inmigrantes: necesita algunos medios propios que respondan a la situación y características de las personas inmigrantes, de modo que a través de un proceso lleguen a sentirse comunidad parroquial. Sabiendo que los resultados pueden ser pocos. Y añadiendo otra característica especial: también en la pastoral con inmigrantes debe haber hueco para aquellos que no comparten nuestra Iglesia o nuestra fe. Con estas personas no sólo hay un campo común, que es el social, en el cual la Iglesia diocesana es significativa por su apertura y su universalidad; debe haber otro campo de encuentro que es el diálogo ecuménico e interreligioso, a nivel diocesano y a nivel parroquial.

* Centrados ahora en el ámbito de los inmigrantes católicos, podemos deducir de este informe que su implicación, participación e integración en nuestras comunidades es sensiblemente inferior a la media general. Sin duda que el hecho de la inmigración influye grandemente en la conciencia religiosa y en las prácticas y manifestaciones de fe de las personas. Muchas veces van unidas las expresiones religiosas al contexto cultural, y cuando desaparece este segundo se cae también lo primero. La situación de desinstalación ("no ser de allí ni de aquí") puede llevar a la desorientación en las actitudes, en las relaciones, y también en el terreno religioso. Las situaciones de precariedad, de dispersión o de largos horarios de trabajo tampoco facilitan la participación en las celebraciones y actividades religiosas. Y, en el caso de los católicos, tampoco nuestras comunidades son lo suficientemente vivas ni son vistas como "lugar de integración" por los inmigrantes, en su mayoría personas jóvenes. Si comparáramos el tramo de edad de 20 a 40 años, mayoritario entre los inmigrantes, posiblemente su grado de participación sea superior al de la feligresía burgalesa en general. Puede ocurrir también que se dé un "desencuentro entre la oferta y la demanda": desde nuestras comunidades ofrecemos unas celebraciones, grupos, servicios... que no responden en todo a lo que ellos necesitan, esperan, demandan.

* Aun así, aunque andemos muy verdes en pastoral con inmigrantes, hasta cierto punto no es para alarmarse, es "normal": las diócesis españolas de algún modo pioneras en esta pastoral han comenzado a plantearse estos temas hace poco, y llevan ya quince o veinte años con una realidad inmigratoria fuerte en sus territorios; eso sí, debemos aprender de ellas. Un logro que vemos en nuestra diócesis es que empiece a sonar lo de "pastoral con inmigrantes", que se empiece a entender como algo distinto aunque no distante de Cáritas; necesariamente tiene que desembocar en los próximos años en realidades concretas y esperanzadoras. Para que esto sea posible, ¿por dónde caminar? Proponemos a continuación algunas líneas de avance que, a nuestro juicio, deben orientar las programaciones a todos los niveles de los próximos años:

1.- Es necesario conocer a las personas inmigrantes. La cercanía es el primer paso de una buena pastoral. No basta con hacer análisis de la realidad, que también son necesarios. Hay que buscar espacios de encuentro, especialmente en el mundo urbano. Y para ello, dos vías:

- Aprovechar las plataformas que ya tenemos (programas específicos, acogidas parroquiales, voluntariados) como ámbito de encuentro y diálogo, además de prestar unos servicios: ahí pueden aflorar planteamientos religiosos. Aprovechar también nuestros centros educativos y catequesis para acercarnos a las familias a través de sus hijos. Todo esto, más allá de la acogida, necesita seguimiento. Y el seguimiento requiere personas.

- Crear y potenciar iniciativas misioneras, de "comunidades que salen y se encuentran" con los inmigrantes en sus trabajos, sus viviendas, sus reuniones, sus fiestas, sus asociaciones...

2.- Nuestra Iglesia tiene que hacerse presente de un modo especial allí donde los inmigrantes sufren. Como se está presente y se ayuda en las necesidades básicas, vivienda, trabajo... hay que descubrir y ponerse a su servicio en otros ámbitos: situaciones de soledad y depresión, problemas y rupturas familiares, menores en situación de riesgo, sensación o experiencias de rechazo... Esto, si no lo hacemos nosotros como Iglesia, posiblemente se quede sin hacer por parte de otras instituciones. Para ello, habrá que re-orientar o acercar algunas estructuras ya existentes en la diócesis, y quizá haya que crear algunas nuevas.

3.- Es urgente plantear ya una propuesta parroquial de pastoral con inmigrantes que, animada y coordinada a nivel diocesano, ayude a las parroquias a conocer su realidad, plantearse esta pastoral, formar algunos agentes o equipos, iniciar ofertas evangelizadoras, sensibilizar a toda la comunidad parroquial, enriquecerse con las aportaciones que vienen de otras culturas... Por eso, la pastoral con inmigrantes debe estructurarse y hacerse presente en toda la provincia, evitando el riesgo de centrarse en la capital. En este sentido, los arciprestazgos deben ser una plataforma de presencia, discernimiento y animación, donde confluyan la realidad de las comunidades concretas con el impulso de las estructuras diocesanas.

4.- Desde la fe que compartimos, nuestra Iglesia diocesana debe apoyar expresamente y ayudar a los cristianos orientales (católicos y ortodoxos), discerniendo cuáles son los cauces más adecuados. Y asimismo debemos iniciar un acercamiento, conocimiento y diálogo con el Islam, que elimine recelos y favorezca una adecuada convivencia.

5.- En todo lo anterior, y en todas las actividades e iniciativas, es imprescindible contar "con" las personas inmigrantes a la hora de pensar, programar, realizar y evaluar. Hay que intentar conocer y conectar más con su carácter. La integración no sólo viene por lo que se hace, sino por cómo se hace.

6.- El tema laboral es fundamental para la inmensa mayoría de las personas inmigrantes; desde nuestra Iglesia hemos de buscar cauces para hacernos presentes en este mundo del trabajo desde la reflexión, el apoyo, la denuncia y la pastoral.

7.- Nuestra propia Iglesia, toda ella, es también destinataria de la pastoral con inmigrantes. Habrá que avanzar en la sensibilización de nuestras comunidades, buscando los cauces más adecuados para proclamar el derecho a emigrar y también el derecho a no emigrar (poder vivir cada uno en su tierra con dignidad), para sacar las consecuencias del sentido cristiano de la justicia, para descubrir las verdaderas causas de la inmigración, para no ver en los inmigrantes "pobres" a los que acoger por compasión sino personas que quieren ser miembros de nuestra sociedad y, bastantes, de nuestra Iglesia: personas que pueden aportar energías nuevas y contribuciones solidarias.

8.- Finalmente, como Iglesia de Burgos hemos de hacer oír nuestra voz en la opinión pública, no solamente informando de lo que hacemos, sino también creando opinión, ofreciendo luz sobre los acontecimientos, siendo voz de los sin voz, favoreciendo una sociedad más acogedora y más justa, más al estilo de Dios.

 
     

 

 

 

 

Archidiócesis de Burgos

Pastoral con Inmigrantes