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OBISPOS DE IGLESIA EN CASTILLA Y LEÓN FUNDACIÓN EDADES DEL HOMBRE El patrimonio cultural de la Iglesia en Castilla y León
Instrucción Pastoral
El rico y variado patrimonio cultural y artístico de nuestra Comunidad Autónoma constituye un signo claro de su identidad y tal vez sea nuestro mejor y más relevante valor diferencial. En torno al 80% de ese patrimonio de propiedad eclesiástica, pues la vivencia y expresión de los misterios de la fe cristiana ha inspirado desde hace casi 1.500 años a los artistas que, según los tiempos y las épocas, supieron modelar estilos complejos y diversos para expresar la fe. Los Obispos de las once diócesis de la Iglesia en Castilla y León, sintiéndose responsables, con todo el Pueblo de Dios, de la administración, conservación y uso correcto de dicho patrimonio, hemos valorado la oportunidad y consideramos la urgencia y el deber de comunicar algunas preocupaciones y orientaciones pastorales en este campo. Más en concreto, mediante la presente Instrucción Pastoral, como Obispos y pastores del Pueblo de Dios, al tiempo que "reiteramos nuestra voluntad de continuar ofreciendo el patrimonio cultural, histórico, artístico documental de nuestras iglesias como un servicio a la sociedad", tal como se afirmaba ya en 1979 en el Art. XV del acuerdo sobre Enseñanza y Asuntos Culturales entre la Santa Sede y el Estado Español, deseamos señalar a nuestros fieles y a la opinión pública en general algunos criterios y orientaciones para discernir, en su sentido objetivo e integral, las características y el uso de dicho patrimonio. Estas orientaciones vienen siendo reclamadas por el debilitamiento del sentido sagrado del patrimonio eclesial (que no se reduce a simple bien cultural o generador de riqueza); el olvido, en la práctica, del propietario y administrador de dicho patrimonio; la creciente tendencia, por parte de entidades públicas o privadas, a invertir recursos sin respetar muchas veces ni el sentido ni la propiedad de sus legítimos titulares, aun cuando se haga con el fin loable de paliar el manifiesto deterioro del patrimonio; la inclinación, por motivos de seguridad, a concentrar el patrimonio sacro en os museos, alejado del espíritu y la finalidad para el que fue creado; la necesidad de seguir plasmando en acuerdos y leyes autonómicos una normativa jurídica en este campo y hacer más operativa la denominada "Comisión Mixta Junta de Castilla y León‑Obispos de la Iglesia Católica de Castilla y León para el Patrimonio Cultural". 2. Finalidad del patrimonio eclesial El patrimonio cultural de la Iglesia que nos ha llegado hasta hoy, se articula en una triple dimensión: patrimonio inmueble, patrimonio mueble y patrimonio documental. Fábricas, retablos, tablas, esculturas, pergaminos, libros, lienzos, forjados, telas, orfebrería, vidrios..., conforman este extenso y variado patrimonio, manifestación de todas las épocas y estilos. No se concentra en un solo lugar, ni está en manos de una única institución propietaria, sino que se encuentra en ciudades y pueblos, poblaciones y descampados, a lo largo y ancho de nuestra geografía castellano‑leonesa, y se reparte en miles de templos y ermitas, en catedrales y monasterios, en archivos y bibliotecas episcopales, catedralicias, monacales y parroquiales. Pero esta herencia patrimonial se ha configurado en el seno de la Iglesia para cumplir la misión que le es propia: la manifestación de la fe comunitaria de los creyentes en Cristo que la celebran y se alimentan de ella, se identifican con la misma y la expresan y la anuncian con variadas manifestaciones. La finalidad originaria de su patrimonio es, pues, esencialmente evangelizadora, catequética, litúrgica y devocional. Las comunidades cristianas conservan este magnífico conjunto de bienes no para su lucro, su prestigio o su poder, sino para integrarlo en su misión salvadora y, por lo mismo, para promover la cultura en todas sus formas, como recuerdan estas palabras del Concilio Vaticano II: "Entre las actividades más nobles del ingenio humano se cuentan, con razón, las bellas artes, principalmente el arte religioso y su cumbre, que es el arte sacro... Por esta razón, la santa madre Iglesia fue siempre amiga de las bellas artes, buscó constantemente su noble servicio, principalmente para que las cosas destinadas al culto sagrado fueran en verdad dignas, decorosas y bellas, signos y símbolos de las realidades celestiales. Más aún: la Iglesia se consideró siempre, con razón, como árbitro de las mismas, discerniendo entre las obras de los artistas aquellas que estaban de acuerdo con la fe, la piedad y las leyes religiosas tradicionales y que eran consideradas aptas para el uso sagrado" ("Sacrosanctum Concilium", 122). Los bienes patrimoniales y culturales de la Iglesia están destinados también, por su misma naturaleza, a un servicio social y de interés público. Pero siempre lo cultural y artístico debe armonizarse con el valor propiamente religioso. Son bienes que forman un género especial y exigen, por lo mismo, un tratamiento especial. 3. Marco jurídico del patrimonio cultural de la Iglesia La propiedad, administración y uso del patrimonio cultural de la Iglesia corresponde siempre, en conformidad con la legislación vigente, canónica y civil, a los diversos entes jurídicos que integran la Iglesia Católica. La existencia y conservación de este patrimonio, a pesar de las vicisitudes históricas, muchas veces complejas y adversas, no sólo pone de manifiesto el interés de la Iglesia por potenciar las bellas artes y la cultura y ofrecerlas como un servicio a nuestro pueblo, sino que la hace acreedora de reconocimiento social y, por lo mismo, jurídico. Este patrimonio de la Iglesia, en su ámbito jurídico, ha de ser contemplado a la luz de los Acuerdos entre la Santa Sede y el Estado Español, firmados en 1979 y que, según los principios de la Constitución Española de 1978, exigen desarrollos legislativos ulteriores en las diversas comunidades autonómicas. El tratamiento que la Constitución Española otorga al factor religioso permite unas relaciones positivas y fecundas en los dos planos, estatal y autonómico, si se busca realmente el bien común. Aun no siendo confesional, el estado valora la dimensión social de lo religioso, como garantía de respeto a los derechos básicos de libertad de conciencia del ciudadano, de libertad religiosa y de igualdad. En el ámbito estatal se firmó ya en 1980 un primer acuerdo, por parte del Ministerio de Cultura y de la Presidencia de la Conferencia Episcopal, que puntualizaba algunas aplicaciones en sus líneas operativas: el Estado reconoce los derechos de la Iglesia sobre los bienes que integran su patrimonio cultural; por el servicio que este patrimonio presta a la sociedad, el Estado ha de compensar a la Iglesia mediante una eficaz cooperación técnica y económica, encaminada a procurar la conservación y el enriquecimiento de dicho Patrimonio; se precisan el uso y las funciones litúrgicas de estos bienes; que tendrán dicho carácter prioritario sobre otros usos meramente "culturales"; se reitera el compromiso de la Iglesia de ponerlos al servicio de la sociedad, con tales condiciones, y de cuidarlos y conservarlos con arreglo a su valor histórico y artístico. El documento prevé también la aprobación de acuerdos sucesivos que desarrollen estos mismos principios. En virtud de estas orientaciones y directrices, se firmaron posteriormente los acuerdos entre las Autonomías y las Iglesias Particulares, o Diócesis, organizadas bien por Provincias Eclesiásticas o bien por Regiones. Nuestra Comunidad Autonómica, ya en 1984, firmó el "Acuerdo sobre la constitución, composición y funciones de la Comisión Mixta Junta de Castilla y León‑Obispos de la Iglesia Católica de Castilla y León para el Patrimonio Cultural". En el marco de nuestra propia Comunidad Autonómica, las normas legales que puedan emanar de las autoridades y organismos civiles competentes sobre esta materia, han de ser coherentes con los acuerdos y principios aludidos, para que puedan favorecer, y nunca dificultar, el buen uso de estos bienes culturales que la Iglesia desea poner al servicio de nuestro pueblo. En la relación de nuestras Diócesis con el Gobierno de la Comunidad Autonómica no se puede olvidar la historia, la cultura y la religiosidad concretas de la sociedad y de los sujetos de derecho. Por ser el tejido social una realidad viva, se plantean constantemente, como en todo ser orgánico, nuevas exigencias que reclaman, a su vez, nuevas respuestas adecuadas. Para la aplicación de los principios jurídicos y normas legales, una fórmula viable y eficaz ha sido la creación de "Comisiones Mixtas" Iglesia‑Comunidad Política. Dichas "Comisiones Mixtas" deberán regular las actuaciones concretas de colaboración en materias como la preparación conjunta de programas y presupuestos; dictámenes técnicos en función de obras y ayudas; establecimiento de prioridades; catalogación e inventarios; criterios y formas de seguridad para los bienes culturales, etc. En consecuencia, cualquier normativa o decisión que pueda afectar al patrimonio eclesiástico ha de contar obviamente, sin suplantarlos, con los representantes e interlocutores legales de la misma Iglesia en fluida comunicación y cordial colaboración. Teniendo en cuenta los presupuestos anteriores, expresamos en nombre de nuestras Iglesias el reconocimiento agradecido a la colaboración efectiva de la Junta de Castilla y León en los últimos años para la conservación de nuestro patrimonio inmueble. Merece destacarse que, junto a las ayudas cuantiosas, provenientes de la contribución tributaria de todos los españoles, hay que añadir la aportación generosa de nuestros pueblos, nacida de la gran estima que tienen por sus bienes inmuebles. Ayudas, unas y otras, no obstante, angustiosamente insuficientes, dadas las graves necesidades que surgen de continuo. Tarea de la Comisión Mixta será la de seguir seleccionando y priorizando acciones concretas de intervención en el patrimonio, con rigor, realismo y ecuanimidad. 4. Algunos criterios concretos para el discernimiento pastoral en el uso y conservación del patrimonio de la Iglesia
4.1 Valoración y sentido de los objetos sacros Hemos afirmado expresamente en el apartado primero de esta Instrucción, que no siempre se comprende el sentido y la finalidad del patrimonio sagrado, sin duda, porque muchas veces no se valora en su justa medida lo religioso. Superadas las discusiones recientes sobre el fenómeno religioso, considerado por algunos como un valor meramente arqueológico o del pasado, los observadores y pensadores actuales no dudan en afirmar la persistencia y crecimiento del hecho religioso, no sólo en las conciencias individuales, sino también en sus manifestaciones sociales. Si bien esta nueva sensibilidad religiosa no siempre se integra en la única matriz cristiana ni se presta a su valoración de una forma unánime y concorde. Este fenómeno reclama atención social y política, tal como se decía en el prólogo del Catálogo de la Exposición de Las Edades del Hombre en Salamanca, "porque el compromiso socio‑político, como servicio al hombre, implica el empeño por una cultura, en sus formas de expresión, que corresponda a la medida y dignidad de la persona humana y que pueda estar siempre abierta a la solidaridad interhumana y a la trascendencia". En ocasiones, cuando no se admite lo anteriormente expuesto, el proceso secularizador se expresa como reclusión de lo religioso en aspectos turísticos. La Iglesia debe velar, en tales casos, por la custodia del sentido religioso y pastoral de sus bienes, sin negar otros valores sociales y religiosos inherentes a los mismos. 4.2. Respeto a los lugares de culto Después de nuestra insistencia sobre la propiedad y la finalidad de los lugares de culto, deseamos recordar expresamente a este propósito que el Código de Derecho Canónico prescribe: "En un lugar sagrado sólo puede admitirse aquello que favorece el ejercicio y el fomento del culto, de la piedad y de la religión, y se prohíbe todo lo que no esté en consonancia con la santidad del lugar. Sin embargo, el Ordinario puede permitir, en casos concretos, otros usos, siempre que no sean contrarios a la santidad del lugar (c. 1.210). Como aplicación concreta conviene recordar el documento de la Congregación para el Culto Divino, del 5 de noviembre de 1987, sobre la música o conciertos en las iglesias fuera de las celebraciones litúrgicas. Contiene elementos de reflexión y disposiciones suficientemente prácticas para ser observadas. En él se afirma que el lugar sagrado es para servir prioritariamente al culto y, complementariamente, a la cultura. Hacemos una llamada de atención, en este capítulo, para recuperar los órganos como instrumentos musicales secularmente privilegiados en nuestra Liturgia. Y, con ello, estimular a nuevas generaciones de organistas a seguir esta tradición musical y a ejercer como maestros de coros y escolanías. 4.3. Lugar propio de las imágenes La rica y variada iconografía religiosa no se creó sólo ni principalmente para contemplarla estéticamente. Es un libro plástico en el que se refleja y se recuerda la historia de nuestra Salvación. Por ello debemos subrayar que el lugar más idóneo para dichas imágenes y objetos de culto es aquel para el que fueron destinados, mientras exista una comunidad capaz de celebrar su fe y participar en esos servicios religiosos, y siempre que cuente con las debidas garantías de seguridad. Sólo cuando estas condiciones no se cumplan o por otros motivos graves, determinados por la autoridad diocesana, se podría pensar en museos u otros lugares que ofrezcan mayores ventajas para su conservación o para su mejor servicio en favor del Pueblo de Dios y de la sociedad. 4.4. Inventario y catalogación Una preocupación constante ha sido el conocimiento y valoración real de nuestro patrimonio eclesial. Se han realizado significativos esfuerzos de catalogación e inventariado. Urgimos y animamos a los responsables y administradores de los bienes inmuebles a proseguir los trabajos de inventariado detallado de este patrimonio y a dotarle de suficientes sistemas de seguridad en aquellos que pudieran considerarse más amenazados, en aras de un servicio pastoral y cultural. Hacemos una llamada de atención relacionada con los archivos documentales. Si los mismos han de estar abiertos al servicio de la investigación y de la sociedad, es preciso que se les dote de recursos para que puedan realizar digna y eficazmente este cometido. Recursos que la Iglesia, por sí misma, no puede afrontar. 4.5. Escuelas‑Taller de restauración y creatividad Los grandes monumentos arquitectónicos y las obras artísticas encontraron en nuestras tierras acreditados talleres artesanales. La sabiduría y bien hacer de los maestros, en los más diversos estilos y materiales, se transmitió como apreciada herencia secular. Abogamos para que no se pierdan dichos talleres donde subsistan y para que se sigan potenciando, o en su caso creando, Escuelas‑Taller de creatividad y de restauración en todas y cada una de las gamas que comprende el patrimonio: cantería, talla, vidrio, orfebrería, telas, documentación, etc. Para las nuevas generaciones, además de ser una oferta vocacional y laboral, puede ser un medio privilegiado para descubrir el tesoro artístico, cultural y sacro de dicho patrimonio. Una vez más, la fluida colaboración entre la Iglesia y la sociedad civil, con sus entidades públicas y privadas, debe hacer posible pequeños y grandes proyectos en el sentido antes apuntado y a lo largo de nuestra extensa geografía castellano‑leonesa. Estrechamente unido a esta iniciativa de Escuelas‑Taller, se debe valorar la apertura de centros docentes específicos, la instauración de cursos y masters universitarios o, al menos, el desarrollo de cursillos, encuentros y simposios sobre la historia, sentido y valoración del patrimonio en general y del eclesiástico en particular. Es un servicio necesario que se debe prestar a estudiantes, profesores, intelectuales, investigadores, periodistas y guías turísticos. La fórmula de acuerdos y convenios entre Iglesia y Centros Docentes, desde la normativa regulada por la Comisión Mixta, reclama con urgencia la plasmación concreta de esta realidad como visión y apuesta de futuro. 5. "Las Edades del Hombre" al servicio del patrimonio cultural, en el diálogo fe‑cultura En la presente Instrucción Pastoral sobre el Patrimonio cultural de la Iglesia no podemos silenciar el acontecimiento cultural "Las Edades del Hombre", mediación privilegiada en la última década para dar a conocer y valorizar nuestro patrimonio. Este proyecto de diálogo fe‑cultura vio su nacimiento en el acuerdo de los Obispos de las once diócesis de Castilla y León, con la colaboración de la entonces llamada Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Salamanca, hoy Caja de Salamanca y Soria. Pronto se unió la Junta de Castilla y León, a través de la Consejería de Educación y Cultura, para realizar las sugestivas actividades programadas y con el fin, como ha escrito uno de los Arzobispos de esta Región, de "recuperar la memoria de nuestra identidad colectiva, las raíces cristianas de nuestra historia y la estima de nuestra región castellano‑leonesa, como generadora de un valioso patrimonio histórico‑artístico. Poniéndose de manifiesto al mismo tiempo la labor evangelizadora y catequética realizada por la Iglesia en esta comunidad regional". Las exposiciones iconográficas (Valladolid, 1988), bibliográfico‑documental (Burgos, 1990), musical (León, 1991), de diálogo fe‑cultura (Salamanca, 1993), de arte flamenco (Amberes, 1995) y otros eventos culturales como el Congreso de Fe y Cultura (Salamanca, 1994), los conciertos, las investigaciones, las publicaciones, etc., han cumplido lo programado, al tiempo que ha ido aumentando la estima y acogida popular, manifestadas en la demanda de nuevas exposiciones ya previstas y otras actividades culturales en las restantes diócesis castellano‑leonesas. Todo esto ha sido posible merced a los patrocinadores aludidos y a tantas personas que han aportado su inteligencia, su entusiasmo, su creatividad, su gusto artístico, sus investigaciones y sus estudios, para recobrar la memoria, el relato y la "recreación" de este patrimonio que hoy es contemplado como grandiosa oferta de belleza y sentido. La alta calificación que han otorgado los críticos especializados y los visitantes de cada una de las exposiciones, los galardones recibidos, la resonancia nacional e internacional de los proyectos, las significativas repercusiones económicas en el entorno de los eventos, hicieron aconsejable a los Obispos, para seguir ofreciendo dicho patrimonio al servicio de la evangelización y la cultura, erigir el 5 de diciembre de 1994, la Fundación "Las Edades del Hombre", "con el fin de continuar y aun ampliar el diálogo fe-cultura en todas sus posibles dimensiones con una adecuada y oportuna mediación evangelizadora", tal como se expresan sus Estatutos. Esta Fundación no es ciertamente el único cauce para promover y conservar nuestro patrimonio, pero sí una instancia privilegiada. "Las Edades del Hombre" evocan las edades de toda la historia humana a la luz del misterio de Jesucristo, el Hijo de Dios, Salvador, el Hombre para los demás. Con Él y en Él, imagen cumplida de Dios, se desvela el misterio de todo ser humano, llamado a ser un "hombre nuevo" (cfr. "Gaudium et spes", 22; Juan Pablo II, Encíclica "Redemptor hominis", 11). El arte cristiano, en todas sus manifestaciones, refleja este acontecimiento único. Por eso, se afirma en sus Estatutos: "El fin esencial de la Fundación es la promoción de la evangelización en el campo de la cultura. Los instrumentos a utilizar son la conservación, promoción, desarrollo, protección y fomento del patrimonio histórico‑artístico y cultural, propiedad de las Diócesis Católicas radicadas en la Comunidad Autonómica de Castilla y León, así como toda clase de estudios, investigaciones y actividades sociales, económicas, culturales y artísticas en el ámbito de la Comunidad de Castilla y León que contribuyan a su conocimiento y al de las finalidades para el que fue creado" (Art. 5). El Papa Juan Pablo II llamó a san Juan de la Cruz, en su discurso de noviembre de 1990 a una Comisión de la Junta de Castilla y León, con motivo de la celebración al año siguiente del IV Centenario de su muerte, modelo de cristiano dialogante, hombre de amplitud cultural que expresa bien aquella apertura propia de los hombres y mujeres de la tierra castellana... precisamente cuando en nuestros días existe el riesgo de disociar la fe de la cultura, como si existiese una laguna incolmable entre ambas". Por eso, añadía: "Tales actitudes no responden a vuestra tradición cultural más genuina, que tiene valores imperecederos y otras riquezas humanas. Así lo muestra el programa cultural que en Castilla y León ha encontrado expresión encomiable en la exposición Las Edades del Hombre, que tanta resonancia está teniendo. Edades del Hombre que llevan las marcas de Dios y han reflejado una huella imborrable en la cultura de vuestra tierra y de vuestras gentes". El futuro de la sociedad castellano‑leonesa se está fraguando, en gran pedida, en el campo cultural. Nuestro patrimonio, lo subrayábamos al principio, es un hecho diferencial, una clara seña de identidad. Entre este tesoro patrimonial destaca, cuantitativa y cualitativamente, el de la Iglesia. Una Iglesia que, fiel a su misión, ha sabido crear, conservar y ofrecer sus bienes desde el sentido más propio y prioritario que éstos tienen: culto, enseñanza y evangelización. Una Iglesia que desea seguir potenciando las Universidades y las Facultades de Teología como ámbitos primeros y adecuados para el diálogo fe‑cultura y que quiere, al mismo tiempo, seguir consolidando instancias estables y operativas en cada Diócesis, mediante la promoción de organismos y equipos idóneos, junto a proyectos coordinados interdiocesanamente, avalados por las resoluciones de la denominada "Comisión Mixta". Ojalá el Pueblo cristiano valore y respete la identidad y uso de su patrimonio eclesial, bajo la responsabilidad de sus pastores, y sepa ofrecer, en gratuidad, esta misma riqueza a la sociedad de su tiempo. Y ojalá, en esta tierra, la Iglesia, autoridad civil y la sociedad en general acertemos a promover y conservar dicho patrimonio, en independencia y sana colaboración, con voluntad de diálogo y de concreción eficaz en formas jurídicas e iniciativas culturales. La creatividad y la imaginación, junto a la valoración del pasado, se hacen necesarias, aunque sin nostalgias, para reactivar el presente y dinamizarlo hacia el futuro, pues la memoria histórica, la creatividad artística y el proyecto cultural de complementan. Nos atrevemos finalmente, con palabras del Papa Juan Pablo II, en su discurso del 19 de noviembre de 1980 pronunciado en Munich y dirigido a los artistas, a invitar a "todos los creadores de arte para promover una nueva cooperación y diálogo con la Iglesia y a descubrir de nuevo la profunda dimensión espiritual‑religiosa que el arte ha señalado en todos los tiempos en las formas de expresión más nobles y elevadas". Valladolid, Pentecostés de 1997. JOSÉ, Arzobispo de Valladolid. SANTIAGO, Arzobispo de Burgos. JUAN MARÍA, Obispo de Zamora. ANTONIO, Obispo de León. BRAULIO, Obispo de Salamanca. RAFAEL, Obispo de Palencia. LUIS, Obispo de Segovia. ANTONIO, Administrador Apostólico de Ávila. JULIÁN, Obispo de Ciudad Rodrigo. CAMILO, Obispo de Astorga. FRANCISCO, Obispo de Osma‑Soria. |