Todos experimentamos la incapacidad existencial de decidir acertadamente el camino que lleva al bien, pues nuestra percepción de la Verdad es equívoca. Jesús se nos presenta como la Verdad que proporciona la Libertad (Jn 8, 32). El hombre ha de optar por la Verdad o por la mentira, por una libertad que le ponga a disposición total de los demás o por una falsa libertad que en su mal uso le va a encadenar interiormente.
Esta lucha que anida en el corazón de toda persona se intensifica en personas que viven situaciones límites por carencias exteriores (enfermedad, pobreza, inmigración, transeuntismo, drogas, cárcel, falta de vivienda, falta de trabajo...) o interiores (soledad, ausencia de valores o escala incorrecta de valores, falta de motivaciones, avaricia, ambición, lujuria, indiferencia ante la vida, depresiones...). Hay demasiadas personas angustiadas por los problemas de cada día, por las situaciones que les oprimen. Necesitan una luz que les ilumine y colme su existencia de fuerza y esperanza.
Existen, pues, muchos hermanos nuestros privados de libertad. Viven en sus carnes la crudeza de vivir. Hoy más que nunca hemos de presentarles un Libertador que les anuncie la libertad a los oprimidos y la redención de los cautivos. Quizá también nosotros sintamos con relativa frecuencia el zarpazo del caos que nos invita a tomar atajos que conducen a la esclavitud: esclavos del dinero, del egoísmo, de la comodidad, de nuestras pasiones, de nuestro yo... Todos necesitamos un Libertador que nos conceda la semilla de la Verdad y el gozo de la libertad.
La libertad sorprendente de Jesús es el dato primero y mejor confirmado tanto por la oposición de sus adversarios como por la admiración del pueblo y la adhesión de sus seguidores. Jesús se impone como un hombre libre frente a todo y frente a todos los que pueden obstaculizar su misión.
Jesús es un hombre libre frente a sus familiares que tratan de apartarle de su vida peregrinante de anuncio de la Buena Noticia (Mc 3, 21)
Jesús
se mantienen libre frente al círculo de sus amigos que quieren dictarle cómo
debe ser su conducta en contra de la voluntad última del Padre (Mc 8, 31-33).
Jesús se atrevió a enfrentarse y criticar libremente a los escribas y a las clases cultas de la sociedad judía (Mt 23).
Jesús
manifiesta una libertad total frente a la presión social ejercida por las
clases dominantes.
Jesús es libre frente al poder político de las autoridades romanas sin entrar en cálculos políticos o juegos diplomáticos (Lc 13, 31).
Jesús no se deja llevar por la estrategia de las fuerzas de la resistencia a los ocupantes romanos (Mc 4, 26 – 29)
Jesús no se deja esclavizar por las “tradiciones de los antiguos que alejaban a los judíos de la voluntad de Dios (Mc 7, 1-12). Tampoco se ata a las últimas corrientes Rabínicas que circulan en la sociedad judía.
Jesús se manifiesta libre frente a los ritos, prescripciones y leyes litúrgicas que quedan vacías de sentido si se olvida que deben estar al servicio del hombre (Mc 3, 1-6)
Estas actitudes y manifestaciones de hombre libre, Jesús las adquiere y nutre en su relación íntima con Dios a quien llama “Abba”. Jesús con su vida y predicación nos enseña que la Verdad es la Voluntad del Padre escuchada, aceptada y encarnada en la vida de cada día. El Evangelio de Juan es presentado por su autor como un combate encarnizado entre la Verdad y la mentira que tiene la pretensión de dominar este mundo con las armas del más fuerte. Este Evangelio nos presenta a Jesús como Hombre Libre, entronizado en la Cruz, regalándonos a todos el Espíritu de Dios, que lo recrea todo en la Verdad para invitar a todo hombre a la fiesta de la libertad.
Jesús no ofrece dinero, cultura, poder, armas, seguridad..., pero su vida es una Buena Noticia para todo el que busca liberación.
Jesús es un hombre que cura, que sana, que reconstruye a los hombres y los libera del poder inexplicable del mal. Jesús trae salud y vida (Mt 9, 35).
Jesús garantiza el perdón a los que se encuentran dominados por el pecado y les ofrece posibilidad de rehabilitación (Mc 2, 1-12)
Jesús contagia su esperanza a los pobres, los perdidos, los desalentados, los últimos que están llamados a disfrutar la fiesta final de Dios (Mt 5, 3-11)
Jesús descubre al pueblo desorientado el rostro humano de Dios. Ayuda a los hombres a vivir con una fe total en el futuro que está en manos de un Dios que nos ama como Padre (Mt 6, 25-34)
Jesús ayuda a los hombres a descubrir su propia verdad (Lc 6, 39-45), una verdad que les puede ir liberando (Jn 8, 31-32)
Jesús invita a los hombres a buscar una justicia mayor que la de los escribas y fariseos, la justicia de Dios que pide la liberación de todo hombre deshumanizado (Mc 6, 33).
Jesús busca incansablemente crear verdadera fraternidad entre los hombres aboliendo todas las barreras raciales, jurídicas y sociales (Mt 5, 38-48).
Si quisiéramos resumir de alguna manera la actuación liberadora de Jesús, podríamos decir que desde su fe total en un Dios que busca la liberación del hombre, Jesús ofrece a los hombres esperanza para enfrentarse al problema de la vida y al misterio de la muerte.
El reto y la oferta de Jesús son claros. El hombre puede cambiar y liberarse cuando se siente personalmente responsable ante un Padre cercano.
Dios no sólo reclama lo exterior, lo controlable, sino lo interior, lo incontrolable, el corazón del hombre. No sólo espera unos frutos sanos, exige el árbol sano. No sólo el obrar también el Ser. No sólo algo de mí sino mi propio yo y éste entero.
Para el que vive desde la dinámica del Reino de dios está claro que no es el hombre para le ley sino la ley para el hombre. Es decir, el hombre está por encima de todo.
No es justa en la línea del Reino de Dios y su justicia una ley que provoca, mantiene o acrecienta el clasismo, la marginación de los débiles, la opresión de los más indefensos.
El anuncio que hace Jesús del perdón liberador de Dios para todo hombre pecador tiene que tener una traducción jurídica en nuestra sociedad. La ley no debe abandonar a ningún hombre ni siquiera al culpable.
El que vive desde la realidad del Reino de Dios no puede aceptar que el Derecho Penal devuelva mal por mal. No debe hundir al delincuente en su pasado, ni abandonarle sin ofrecerle posibilidades de rehabilitación.
El mundo de las cárceles, reformatorios y centros de rehabilitación es quizás uno de los campos más descuidados y abandonados por la conciencia de los creyentes cristianos.
Jesús no justificó nunca el pecado pero adoptó siempre una postura constructiva, liberadora con los culpables sin despreciar, sin excluir a nadie del Reino de Dios y su justicia.
No es posible creer en un Dios que se ha hecho hombre buscando la liberación de la humanidad y no esforzarse por ser más hombre cada día y trabajar por un mundo más humano y más liberado.
No es posible creer en un Dios que ha querido compartir nuestra vida por restaurar todo lo humano y al mismo tiempo colaborar en la deshumanización de nuestra sociedad, atentando contra la dignidad y los derechos de la persona.
No es posible creer en Dios que se ha entregado hasta la muerte por defender y salvar al hombre y al mismo tiempo pasarse la vida sin hacer nada por nadie.
No es posible creer en un Dios que se ha hecho solidario de la humanidad y al mismo tiempo organizarse la propia vida de manera individualista y egoísta.
No es posible creer en un Dios que busca para el hombre un futuro de justicia, liberación y amor y al mismo tiempo no hacer nada por conseguirlo.
1. Jesús, Hombre Libre: ¿cuáles son mis mentiras personales, las que me aprisionan? ¿Cuál es el nombre de las seudo libertades que hoy continuamente se nos presentan?
2. Jesús, hombre liberador: ¿qué contenido tiene en mi vida esta afirmación? Mi vida y mi libertad ¿en qué se basan: en mis opciones autosuficientes o en la escucha cotidiana de la Voluntad divina que me revela mi camino y misión?
3. Jesús: Libertad de los presos: ¿nuestro quehacer en la pastoral penitenciaria es liberador, expresión del quehacer redentor de Cristo?
4. Mi libertad se basa en creer en Jesús como Liberador de mi vida: ¿a qué me compromete esta afirmación? ¿A qué nos compromete como equipo?
Canto:
El pueblo gime en el dolor, Ven y sálvanos...
Experiencia: “estos barrotes me producen sentimientos de odio y rencor. Estos meses no he aprendido otra cosa que a odiar. Odiar a todos, a los jueces, a los funcionarios, a toda la sociedad... Pero, la verdad es que no quiero salir con odio de aquí porque me carcome por dentro, me quita energías... Quiero vivir, no quiero morir de odio”.
Evangelio: Lc 4, 16 – 21.
Reflexión:
Jesús nos invita a ser nosotros mismos, a reconocer nuestra limitación y
pedir ayuda; a repeler la comedia de ser justo: no jugar a ser buenos. El reto
y la oferta de Jesús son claros: el hombre entra en la dinámica de la libertad
cuando deja entrar a Dios en su vida para que le libere del pecado de su origen
y aprenda el Camino de la Verdad y la Vida.
La invitación que se nos hace es al perdón, la
curación y sanación de toda persona herida interior o exteriormente. No se
puede abandonar a ningún hombre, ni siquiera al culpable. Esto nos obliga a
reconocer que nuestra sociedad que funciona según una ley del ciudadano ideal
es injusta e inhumana con muchos personas marginadas, incapacitadas para vivir
integrada en esta sociedad y que necesariamente terminan en la delincuencia.
Quien vive
la realidad del Reino apuesta por: “devolver bien por mal”, es decir, no abandonar
a la persona equivocada a su pasado, sino ofrecerle perspectivas de un futuro
distinto, en contraposición al derecho penal que nos involucra a todos a
“devolver mal por mal”. Las exigencias del amor no tienen límite, lo que nos
compromete a promover una acción constante de renovación y reforma de leyes.
Todos: Creemos en Jesús libre y liberador.
Voz
1: Jesús de Nazaret fue
un hombre libre y valiente:
libre ante su familia,
libre ante los escribas y
fariseos,
libre ante el poder político y
religioso,
libre ante las riquezas,
libre ante el futuro,
libre ante la ley.
Todos: Creemos en Jesús libre y liberador.
Voz 2: Jesús de Nazaret fue un hombre cercano
a los necesitados,
acogió los pecadores,
curó a los enfermos,
defendió a los marginados,
a los oprimidos trajo un
mensaje de liberación.
Todos: Creemos en Jesús libre
y liberador.
Voz
3: Jesús de Nazaret
después de pasar muchas
penalidades
entregó su vida por nosotros.
Todos: Creemos en Jesús libre y liberador.
Voz
4: Jesús de Nazaret ha resucitado.
Él es la Vida; es la Verdad;
es el Camino de Libertad
y en su Resurrección
realiza nuestra liberación.
Todos:
Creemos en Jesús libre y liberador.
Voz 5:
Y porque creemos en Jesús de Nazaret
nos sentimos miembros de su
equipo
y nos comprometemos
en la tarea de Liberación de
todo hombre.
Amén
Todos: Padre nuestro...
Tú dirás que soy un loco;
yo conozco muchos más
y confío que algún día
junto a ti podré soñar.
Soñé que desmontaban las rejas
de cautividad
y cada cárcel era una
universidad.
Soñaba que la gente vivía en
libertad.
Soñé que no había muerte,
tampoco había enfermedad.
No eché a nadie de menos al
compartir el pan.
Soñaba que toda la gente esta
junto a mí para cantar.
Padre bueno que nuestros
sueños sean los tuyos
para que la Verdad nos
embriague y la Libertad resplandezca.
Te lo pedimos por Jesús, el
hombre libre
que nos enseñó el camino de la
felicidad
que dura por los siglos de los
siglos. Amén
Canto Final: Libertador de Nazaret, Cristo nos da la Libertad,...