Toda alternativa social, política o religiosa, que tenga como sujeto beneficiario la persona humana, para ser eficaz y real, ha de haber surgido de la opción personal de quienes forman un grupo o toda una sociedad. No se puede hablar de alternativas, si no se modifica el corazón; no se puede apostar por alternativas que alivien y mejoren las vidas de los demás, si no dejamos que el cambio se instaure en nuestro interior.
Los conflictos que vivimos y originamos son la manifestación de estilos de vida que responden a unas formas y a unas expectativas determinadas. Casi todos conocemos las posibles alternativas al deterioro que sufre el hombre actual y más cuando acaba con la privación de su libertad, pero somos bien reacios a cambiar en nuestras vidas personales actitudes personales y comportamientos concretos.
“Recordáis que se os dijo...., pues Yo os digo....”. ¡Cuántas precisiones tendría que hacer hoy, este Cristo de Mateo, a nuestros modos de vivir! Todos estamos experimentando en las últimas décadas una profusión de cambios y transmutaciones exteriores, que lejos de transformar el interior de la persona, le van alejando de esa realidad interior, por lo que hablar hoy, en términos filosóficos, religiosos o místicos, de la fascinación de ser uno mismo, suena a entelequia e irrealidad. Es una frecuencia para la que ya no parece servir de receptor el corazón del hombre actual.
Es esta represión del ámbito interior del ser humano y un exacerbado desbordamiento de lo exterior, lo que está provocando un desequilibrio social emocional que se está expresando en conductas violentas y reduccionismos individualistas. Lo social, lo político, lo familiar, lo religioso, lo..., sólo es válido si provoca mayor confort y comodidad a lo individual. Da la impresión que la “persona” ni existe ni cuenta.
En esta dirección, no queda más remedio que ver como útil y necesario reprimir todo aquel individuo que entorpece esta dinámica; y parecerá normal, suprimir y eliminar, a todo trance, cualquier individuo que no acepte esta mecánica. La represión, el castigo, el olvido y postergamiento de quienes no entren en el juego –no importan ni las circunstancias, ni los motivos, ni los condicionamientos...-, se ven como los medios e instrumentos más adecuados para que el engranaje siga funcionando. En este mecanismo, presidido por la estética y la economía, no hay espacio para consideraciones de carácter ético, moral o religioso. Hablar de alternativas que no lleven a “ganar más”, “gastar más”, “gozar más” ¿no es hablar hoy de quimeras imposibles?
Balanceándonos en esta misma onda, oímos y decimos que se han perdido los valores humanos, que todo lo que suene a compromiso y gratuidad tiene la batalla perdida... “Ser bueno” es sinónimo de “hacer el tonto”.
Si aceptamos este panorama de fondo, luchar por alternativas sociales, políticas, penitenciarias, da la impresión que es “pan para hoy y hambre para mañana”. No se trata de tirar la toalla ni de caer en la desesperación, sino de situarnos, desde la utopía del Reino, en una situación de privilegio e incomprensión:
“Procedamos con limpieza de vida, con conocimiento de las cosas de Dios, con paciencia, con bondad, penetrados del Espíritu Santo, con un amor sincero, apoyados en la palabra de verdad y en la fuerza de Dios; estamos por todas, a las duras y a las maduras: en gloria y afrenta, contando con la buena fama y también con la calumnia; somos los impostores que dicen la verdad, los ignorados que están en boca de todos, los moribundos que están bien vivos, los condenados nunca ajusticiados, los afligidos siempre alegres, los pobretones que a todos enriquecen, los necesitados que todo lo poseen”.(2 Cor 6, 1 – 10)
Y es que sólo desde el privilegio de la Verdad podemos ofrecer alternativas, pero dando por supuesto que ofuscarán e irritarán a la mentira, entronizada como reina y señora del devenir. Sólo proclamando la Verdad con formas alternativas de enfocar la vida, será plausible ofrecer respuestas humanas y efectivas a los conflictos causados desde el no respeto a la libertad propia y ajena.
Y es que sólo en y desde la fuerza del Espíritu podemos estar con todos, a las duras y a las maduras, apostando por que cada persona sea radicalmente libre, hijo/a de Dios y hermano/a nuestro.
Sin el cambio de estas alternativas interiores, esas otras alternativas que todos, más o menos sabemos (casas de acogida, terapias, comunidades, talleres, empresas, granjas, ámbitos familiares, espacios educadores, ....), serán un oasis en medio del desierto (¡que no es poco!), pero no se provocará la transformación del desierto en un vergel.
Toda alternativa que la historia ha almacenado y hoy podemos evocar, nos revela que es una apuesta de pocos, de hombres sencillos que están en la base; esa apuesta, en cada momento determinado, sería sólo el primer eslabón de una serie de transformaciones que fraguarán nuevos tiempos. Nosotros, como ellos, estamos llamados a ser levadura, a ser ese pequeño grano de mostaza, que en la osadía interior de las posibilidades del misterio, roturamos nuevas vías en las que el Espíritu moldea el don de la libertad en todo ser humano.
Desde que Dios se hizo hombre podemos hablar
con El, con toda confianza, de cosas como éstas: “Señor, dame un poco de sol, un poco de
trabajo y un poco de alegría, dame el pan de cada día. Dame un alma que
ignore el aburrimiento, los lamentos y los suspiros. No permitas que me preocupe
excesivamente de esa cosas embarazosa a la que
llamo “yo” Dame humor para que cada día saque un poco de
felicidad de esta vida y así ayude a los demás. Dame una pizca de canción
para mis labios. Enséñame a comprender los sufrimientos sin ver en ellos una
maldición. Dame sentido común, lo necesito. Hazme, Señor, ser en todo
momento, manifestación de tu Bondad”
Bienaventurado,
tú que sin vivir de rentas,
sabes ser útil a los demás,
porque en tu vejez te llamarán honrado.
Bienaventurado,
si además de sol, luz, vida,
sabes que existe otro Sol, otra luz,
otra vida.
porque tu alma tendrá paz y descanso.
Bienaventurado,
si huyendo de la vida cómoda, amorfa e irresponsable
haces algo de provecho para los demás,
porque la conciencia te sonreirá.
Bienaventurado,
tú que sin querer ser mayor antes de tiempo,
aprovechas tu tiempo,
porque un día te dirán: he ahí una gran
persona.
Bienaventurado,
cuando en tu vida hay nitidez
porque entonces serás alegre compañero,
e irradiarás un gozo contagioso.
Bienaventurado,
si viviendo la primavera de tu vida
sabes fraguar tu porvenir
porque a ti la vida te será pródiga en
bendiciones.
Bienaventurado,
si tu alma refleja en tus ojos serenidad,
profundidad, elevación de montañas y nobles
ideales,
porque todos admirarán en tus ojos la
belleza que desborda.
Bienaventurado,
si luchando por la justicia,
la fraternidad, la libertad, la paz,
el amor...
echas las redes de tu vida en los
océanos del mundo,
Porque tú
saborearás lo que es la alegría que no conoce fin.
Tan iguales y tan diferentes, tan comunes y tan originales, tan homogéneos y tan variados, tan afines y tan variopintos, tan parejos y tan diversos, tan regulares y tan dispares, tan exactos y tan desiguales, tan simétricos y tan asimétricos, tan pequeños y tan grandes, tan grandes y tan limitados, tan limitados y tan divinos...
La grandeza de Dios se nos revela en nuestra miseria, su semejanza en nuestras desemejanzas, su riqueza en la complementariedad de nuestros talentos. Todo ser vivo y, sobre todo, cada hombre es único y original y lleva una impronta divina única y original; si nos lo perdemos, si no lo sabemos descubrir y valorar nos perderemos una pauta divina irrecuperable.
No es el frío conocimiento de cuanto nos rodea y el desentrañamiento del misterio que encierra lo que nos hace sabios y nos madura como personas, sino la escucha atenta y prolongada de cada ser vivo al que reconozco como mi hermano y portavoz de esa parte única de la inmensidad divina.
Así pues, en el que es distinto a mí, en el que piensa de otra manera y me lleva la contraria, en el que me rompe los esquemas, pautas y programas, en el que combina otras letras y parlotea otra lengua, en el que ve a Dios desde otro ángulo, en el que viste distinto y me hace sonreír, en el que se mueve distinto por las esferas del universo..., lo Absoluto se me está revelando, la Verdad me está liberando de mi parcialidad, el Misterio me envuelve entre velos de sorpresa y desconcierto.
Todo ser vivo, que me encuentro en mi peregrinar, me invita a estar abierto a la diversidad, a sintonizar la música de tantos seres diferentes que interpretan la partitura de la vida con tonalidades y sonidos dispares. Es esa escucha atenta y profunda la que me conducirá a descifrar mi original partitura de la existencia, para formar parte de esa sinfonía de Verdad que dirige el Amor absoluto, a quien cada uno vemos y adoramos de diversas formas porque cada uno le percibimos desde una relación única y personal.
Y será así como anticiparemos la victoria definitiva del Amor sobre todo individualismo y egoísmo (Ap 7, 9-12). Cada momento de acogida, acompañamiento, diálogo y aceptación son ya un anticipo de esa victoria definitiva al que todos estamos llamados a disfrutar y compartir.