INMIGRACION

 

introducción

 

Los inmigrantes son un tema estrella; en los últimos años se han multiplicado los artículos, conferencias y programas que hablan de ellos.... (que no es lo mismo que hablar con ellos). Su presencia entre nosotros es causa de conflicto. Nos hemos empeñado en convertirlos en un problema para así justificar el rechazo y la discriminación.

Os invitamos a mirarlos con otra mirada: la de la acogida, la del Evangelio. Hay que romper esquemas. No se trata sólo de plantearnos qué podemos hacer por ellos, cómo podemos ayudarles y acogerles, sino ponernos en actitud de recibir, conscientes de lo mucho que nos pueden aportar y de las ilimitadas posibilidades que la inmigración brinda para el enriquecimiento mutuo.

En definitiva hacemos una apuesta por el encuentro con “el otro diferente”, porque representa una posibilidad de crecimiento personal para ambos.  Nuestra apuesta es, pues, convertir el hecho migratorio, el desplazamiento del otro, en un encuentro enriquecedor e integrador para ambos.

reflexión teológica

 

1. Abiertos a la realidad

 

Es cierto que están aquí y viven entre nosotros. Es verdad que hemos pasado de ser un país de emigrantes a ser un país receptor de migración, y este fenómeno, que lleva décadas produciéndose en Europa, supone en España una novedad social.

Pero...¿Cuál es la percepción de este fenómeno?. Cuando no se ha producido un encuentro personal, subyacen por lo general un cúmulo de prejuicios que navegan por alguno de estos dos caminos: considerar al inmigrante como víctima o como indigente (predisponiéndonos a cierto paternalismo) o bien, como una amenaza (generador de actitudes defensivas cuando no agresivas).

En la primera línea se mueven tanto algunos medios de comunicación, que explotan el filón noticiable  de muertos, pateras, redes de prostitución y agresiones cometidas por actitudes intolerantes, como, lamentablemente, algunas organizaciones y comunidades más ansiosas por ofrecer muestras de cierta caridad, que por comprometerse  políticamente en la justicia.

Con todo, más frecuente que percibir al inmigrante como víctima o como indigente es sentirle como amenaza. Esta actitud responde, en numerosas ocasiones, a mensajes emitidos desde diversas fuentes con intereses económicos o políticos más o menos manifiestos. Propio de este tipo de discursos es el miedo a la invasión, la asociación de la inmigración con la delincuencia, el actualmente tan aireado miedo a la islamización... datos que tomados sin perspectiva ni rigor permiten justificar actitudes discriminatorias, situaciones de explotación laboral  y medidas políticas poco respetuosas con los derechos humanos.

Más allá de los pre-juicios sobre las personas inmigrantes la realidad nos muestra un mundo heterogéneo de personas con procedencias, historias y situaciones diferentes. Dentro de la diversidad algunos datos pueden ayudarnos a comprender cabalmente este fenómeno:

Las cifras oficiales[1] contabilizan a un número de 1.109.060 extranjeros residentes en España (comunitarios: 449.881 y no comunitarios: 659.179), de los cuales la proporción entre hombres (53%) y mujeres (47%) está prácticamente equilibrada.

La distribución de nacionalidades difiere considerablemente de un país a otro. En el ámbito nacional, los países de procedencia mayoritaria son: Marruecos, Ecuador, Gran Bretaña, Alemania, Colombia, Francia, China.

Dentro de este colectivo ”extranjero” (el 2,7% de la población española) se suele reservar el término inmigrante sólo para aquellos extranjeros que están en España por razones políticas o económicas [2].

El inmigrante es un hombre o una mujer que sale de su tierra con la idea de un futuro más digno para él o ella y los suyos mediante su trabajo. En la génesis de un proyecto migratorio hay un gran abanico de causas: estructuras de pobreza, carencia de empleo, corrupción, problemas económicos y políticos, situaciones de violencia, catástrofes naturales, guerras... de un modo u otro la presión de su entorno (familiar, económico, político..) le empuja a lanzarse hacia otros lugares.

El inmigrante no es una persona sin recursos personales. El último estudio presentado por el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales[3] nos aporta datos interesantes: la mayor parte de los inmigrantes que llegan a España poseen un nivel cultural  “medio-alto” y edades que oscilan entre los 20 y 39 años, es decir, están en edad laboral, por lo tanto, son los que tienen más recursos para afrontar situaciones tan límites y costosas como iniciar un proyecto de migración.

Estas personas con toda su carga de expectativas (propias y familiares) se enfrentan en España con una situación con frecuencia distinta a la imaginada:

En el ámbito laboral ocupan tareas que por sus condiciones laborales o sus connotaciones sociales  son rechazados por la población española. Los sectores de actividad que desempeñan son Agropecuario (33,2%), Construcción (14,9%); Servicio Doméstico (14,9%) y Hostelería (11,3%).[4] Su aportación en el año 1999 al Erario Público[5] fue de 373.097 millones pesetas. Como contrapartida, el gasto del Estado en inmigrantes fue de 164.801 millones de pesetas.

El 23 de Enero de 2001 entró en vigor la Ley de Extranjería  8/2000. Una legislación más orientada hacia el control que hacia la integración de los inmigrantes y que ha agravado considerablemente la situación de todos aquellos que no están regularizados.

El último proceso de regularización, concluido el 31 de Julio de 2001,  ha supuesto un ejemplo sangrante de atosigamiento para este colectivo que debe esperar meses y meses a una resolución sin poder trabajar aun teniendo una oferta firme de empleo.

Hay una clara desigualdad respecto a los nacionales y comunitarios: no es fácil trabajar en condiciones dignas incluso con permiso de trabajo, cuánto más sin él[6], ni tampoco es fácil encontrar vivienda... dos elementos que unidos al desarraigo personal y el choque cultural pueden desembocar en procesos de exclusión social.

Desde el punto de vista social hay dos elementos que llaman la atención: la vinculación acrítica entre inmigración y delincuencia y la asociación de la inmigración con la  degradación cívica.

Si bien es innegable la notable presencia de extranjeros en nuestras cárceles (un 20% de la población reclusa), ésta no es razón suficiente para criminalizar a todo el colectivo. Apreciaciones de personas documentadas (incluidas fuentes policiales) matizan este tema y apuntan como causa del aumento de la delincuencia al incremento de situaciones de marginalidad (asunto en el que el propio Estado y la actual Ley de Extranjería no están exentos de responsabilidad)[7].

Por otro lado, la concentración de inmigrantes en determinados núcleos urbanos o rurales no siempre trae parejo por parte de la Administración una mejora de la red de servicios públicos. Un incremento de población en un lugar con un déficit previo en estructura social y de servicios da lugar fácilmente a situaciones de colapso y malestar que encuentra su chivo expiatorio  en la gente foránea.

...Abrirse a la realidad en un campo tan complejo como éste, es, pues, romper primeramente aquellos prejuicios que distorsionan nuestra percepción, y después de ello, enfrascarse en un trabajo riguroso de análisis evitando con igual cuidado las trampas de la generalización y de la simplificación.

2. Abiertos a la Buena Noticia: ni víctimas, ni indigentes, ni amenazas: Hermanos

 

La revelación del Evangelio es explícita: somos hermanos, porque “Cristo es nuestra paz. Él que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro que los separaba, la enemistad” (Ef 2, 14).

La misión de Jesús es universal y supera las fronteras de Israel. Hace presente la realidad que proclamará Pablo: “ya no hay judío ni griego, ni hombre ni mujer, ni esclavo ni libre, porque todos sois uno en Cristo (Gal. 3, 28)

Con la Pascua de Cristo no existe ya el vecino y el lejano, el judío y el pagano, el aceptado y el excluido. El cristiano considera a todo hombre como el “prójimo”, al que es preciso amar.

Desde Pentecostés, la acción del Espíritu sigue abriendo incesantemente a la Iglesia a lo diferente y haciendo de ella  una nueva creación en la que sea posible el orden querido por Dios que, desde el Génesis, creó separando y diferenciando. Sólo en el respeto y la acogida de lo diferente, respetamos la alteridad del orden de la creación querida por Dios.

La diversidad de lenguas, manifestadas en las diferencias étnicas y culturales (Cf. Hech 2, 9-11), puede dejar de ser un motivo de confusión y de oposición y convertirse en un instrumento de unidad y de comunión en la totalidad. La acción redentora de Cristo consiste en reconciliar a los hombres con Dios y reconciliarlos entre sí; en Cristo “unos y otros tenemos acceso al Padre en el mismo Espíritu “. (Ef. 2, 18).

La categoría de hermanos devuelve nuestra relación con los otros a su sitio deslegitimizando tanto las  actitudes paternalistas y condescendientes como las defensivas y agresivas.

El ejercicio del cristiano no reside en tratar al prójimo como si fuera pobre sino en tratarle como hermano (especialmente si se muestra en situación de indigencia). Quizás desde aquí, podríamos replantear algunas de nuestras actuaciones pastorales, a veces, más cargadas de buena voluntad que de sentido común.

Por otra parte, cualquier intento de justificar desde el Evangelio las actitudes preventivas o agresivas por motivos religiosos o culturales cae por su propio peso ante la rotundidad de la paternidad universal de Dios.

La buena noticia de la fraternidad encuentra su eco en el Magisterio cuando se abordan situaciones concretas:

Valoración del fenómeno migratorio. Contradicciones.

“Las migraciones presentan dos aspectos: la diversidad y la universalidad. El primero deriva de la confrontación entre hombres y grupos de pueblos diversos, y comporta tensiones inevitables. El segundo está constituido por el encuentro armónico de sujetos sociales diferentes, que coinciden en el patrimonio común de todo ser humano, formado por los valores de la humanidad y de la fraternidad. Se produce así un enriquecimiento recíproco a través de la puesta en común de culturas diferentes”. (Juan Pablo II. Mensaje de la Jornada del Emigrante.1991)

“Las migraciones son hoy un medio para que los hombres se encuentren, puedan ayudar a derribar prejuicios y a aumentar la comprensión y la fraternidad con vista a la unidad de la familia humana”. (Juan Pablo II. Mensaje de la Jornada del Emigrante. 1987)

 

Dignidad de la persona humana.

De “ la  dignidad de la persona humana... se desprenden los derechos esenciales , universales e irrenunciables ...: el derecho a habitar libremente en el propio país , a tener una patria, a emigrar por el interior y el extranjero y a establecerse , por motivos legítimos , a convivir en cualquier lugar con la propia familia,  a disponer de los bienes necesarios para la vida; el derecho del hombre a conservar y desarrollar el propio patrimonio étnico, cultural, lingüístico, a profesar públicamente la propia religión, a ser reconocido y tratado en conformidad a la dignidad de la persona en cualquier circunstancia”. (Carta: La Iglesia y la movilidad humana, B.II.3; Pablo VI. Mensaje a la ONU con ocasión del XXV aniversario de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre,. AAS 65, 1973, 674ss).

 

Derecho a emigrar.

“ Entre los derechos de la persona humana debe contarse también el de que pueda lícitamente cualquiera emigrar a la nación en donde espera que podrá atender mejor a sí mismo y a su familia. Por lo cual, es un deber de las autoridades publicas admitir a los extranjeros que llegan y, en cuanto lo permita el verdadero bien de su comunidad, favorecer los propósitos de quienes pretenden incorporarse a ella como nuevos miembros”. (Juan XXIII, Pacen in terris, 106; Pío XII, Radiomensaje de “La solemnitá della Pentecoste”.AAS,XXXIII,1941, 231-235; Juan XXIII, Mater et Magistra, 45).

 

Derecho al trabajo

“ Lo más importante es que el hombre que trabaja fuera de su país natal, como emigrante o como trabajador temporal, no se encuentre en desventaja, en el ámbito de los derechos concernientes al trabajo, respecto a los demás trabajadores de aquella determinada sociedad. La emigración por motivos de trabajo no puede convertirse de ninguna manera en ocasión de explotación económica o social...” (Juan Pablo II. Laborem exercens, 23c; C. Vaticano II. Constitución pastoral Gaudium et Spes, 66).

“ ...la condición de irregularidad legal no permite menoscabar la dignidad del emigrante, el cual tiene derechos inalienables, que no pueden violarse ni desconocerse. “(Juan Pablo II. Mensaje de la Jornada del Emigrante. 1995).

 “ ... el trabajo con el que los clandestinos participan ene el empeño común de desarrollo económico, constituye una forma de pertenencia de hecho a la sociedad. Se trata de dar legitimidad , finalidad y dignidad a esta pertenencia, a través de medidas oportunas”. (Juan Pablo II. Mensaje de la Jornada del Emigrante. 1992).

Respeto al  pluralismo cultural y religioso

 “ La acción pastoral... no puede prescindir de tener en cuanta aquellas peculiaridades culturales de las destinatarios, que son al fin y al cabo la fisonomía de su espíritu... patrimonio que debe ser reconocido y cuidado... porque sólo así los emigrantes están en grado de ser portadores de un enriquecimiento cultural y social. Entre los elementos esenciales de la identidad cultural de los emigrantes debe tenerse en cuenta también el modo de expresar su propia fe y sus prácticas religiosas”. (Carta del cardenal Secretario de Estado  con motivo de la Jornada del Emigrante. 1981)

“ La fe no puede ser comunicada y desarrollada si no es a través de las canales de la cultura humana. Ignorar esa exigencia y obligar al emigrante a vivir su propia fe con formas que no siente como propias significa forzarlo a la auto-marginación “. (Juan Pablo II. Mensaje de la Jornada del Emigrante. 1990).

“ Las Iglesias de acogida se desarrollan y maduran como Iglesia en la medida con que acogen en su seno la riqueza espiritual , religiosa y cultural de los emigrantes, en una genuina experiencia eclesial de universalidad “. (Juan Pablo II. Mensaje de la Jornada del Emigrante 1987).

Relación con los no cristianos

 “ Entre los grandes cambios del mundo contemporáneo, las migraciones han producido un fenómeno nuevo: los no cristianos llegan en gran número a los países de antigua cristiandad, creando nuevas ocasiones de comunicación e intercambios culturales, lo cual exige a la Iglesia de acogida el diálogo, la ayuda y, en una palabra, la fraternidad”. (Juan Pablo II. Redemptoris missio, 37 i)

 abiertos a la conversión

En el recorrido de esta exposición hemos presentado algunas pinceladas de la realidad y de su lectura creyente. Entre la evidencia y la esperanza nos queda el camino de lo posible: el día a día de nuestra conversión personal y la transformación social... Desde esta clave proponemos algunas preguntas para la reflexión.

 

1.     ¿Cuáles son mis prejuicios sobre el fenómeno de las migraciones?

 

2.     ¿Qué ideas, sentimientos, actitudes personales son susceptibles de ser transformadas por el Evangelio?

 

3.     ¿Qué actitudes y situaciones sociales en relación con la migración son signo del Reino?

 

4.     ¿Qué elementos debería contemplar la legislación en materia de extranjería para ser respetuosa con el Evangelio y la dignidad de las personas?

 

5.      ¿Qué actuaciones personales, eclesiales, sociales y políticas pueden ayudarnos a vivir, anunciar y celebrar la fraternidad evangélica?

abiertos a la diversidad

 

“ Hubo un tiempo en que yo rechazaba a mi prójimo

si su religión no era como la mía.

Ahora mi corazón se ha convertido en el receptáculo de todas las formas:

es pradera de las gacelas y claustro de monjes,

templo de ídolos y Kaaba de peregrinos,

Tablas de la Ley y Pliegos del Corán.

Porque profeso la religión del amor

y voy adonde quiera que vaya su cabalgadura,

pues el amor es mi credo y mi fe.”

 

Ibn Arabi (místico sufí)

 



[1] Fuente: EFE. Ministerio del Interior. Enero de 2002

[2] Curiosamente no es frecuente utilizar expresiones del tipo “futbolista inmigrante”, “Jubilados inmigrantes”, “promotores inmigrantes”... el lenguaje no es en absoluto neutro.

[3] Fuente: La voz de los inmigrantes. Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. Febrero de 2002

[4] Fuente: INEM. Delegación del Gobierno para la Inmigración. Febrero de 2001

[5] Fuente: Carlos Gómez Gil, a partir de datos de la Agencia Estatal de Administración Tributaria,   utilizando la metodología del Instituto de Migraciones de la Universidad Pontificia de Comillas por encargo del IMSERSO.

[6]  La actual Ley penaliza con multas entre 1 y 10 millones por trabajador a aquellos empresarios que tengan a su cargo trabajadores sin permiso.

[7] En este contexto de generación de alarma social, se encuentra el hecho habitual, de los medios informativos, de aportar el dato del país de procedencia del delincuente sólo cuando es extranjero... en contraste, se obvia el dato del gentilicio de los delincuentes nacionales.