INTEGRACION

introducción

 

         ¿Rodeados de gente extraña? ¿Ocupantes de mi espacio vital? ¿Enemigos que se nos echan encima? ¿No estamos primero los españoles, y si luego se puede hacer algo, ya pensaremos en los demás? La situación es así. El otro, el extranjero nos pone los pelos de punta. Lo percibimos como una amenaza, como un peligro.

         El mundo penitenciario no escapa a esta percepción negativa de la inmigración y de la presencia, no oculta, sino bien presente de los inmigrantes, sobre todo cuando los diferencia el color de la piel, la lengua, las costumbres y la religión. Se perciben las diferencias con los de “aquí”, Se establece la diferencia y la segregación.

         Se percibe en tono de agresión la convivencia dentro de los mismo muros de gentes de diversa procedencia. Esta situación no ha sido conducida ni desde la serenidad, ni desde la tolerancia ni desde la integración. Esta situación a veces desesperante desde una mirada humana y creyente, está pidiendo una palabra y una acción por parte de los creyentes en toda la sociedad, y de forma especial en un medio cerrado como es el mundo penitenciario.

 

         Esta situación que carga en cierta forma los aspectos negativos o de falta de integración, no puede dejar fuera una situación que no se ve como irresoluble, sino que hay esperanza en hacer surgir los resortes humanos, las mejores cualidades humanas que permitan afrontar el futuro sin el miedo al otro.

 

         Sin duda, los acontecimientos del 11 de septiembre se han presentado como una lucha de civilizaciones o de culturas, agudizando todavía más las distancias, e imposibilitando una comprensión más global de los seres humanos, cercenando las débiles esperanzas de ir superando estadios de cara a un planteamiento universal del destino del hombre.

 

reflexión teológica

 

La mirada creyente se fija en la actividad de Jesús, en su forma de vida y en sus palabras. Rastreando por las páginas del evangelio no dejamos de ver a un Jesús que es acogida a todos los que se acercan hasta él. Gentes de todas clases sociales, y gentes de todos los pueblos. Esta singularidad del Maestro de Nazareth la queremos reflejar en estas pequeñas notas:

 

-Acogida a las mujeres: Mt 9,18-26 (la hemorroisa y la hija de Jairo); 28,1-8 (anuncio de la resurrección); Mc 12,41-44 (la ofrenda de la viuda); 14,3-9 (la unción de Betania); Lc 7,36-50 (la mujer pecadora en casa de Simón el fariseo); 8,1-3 (discípulas de Jesús); 13,10-17 (curación de la mujer encorvada); Jn 20,10-18 (aparición del resucitado a María Magadalena)

 

-Acogida de los niños: Mt 19,13-15; Lc 9,46-48;

 

-Acogida a los griegos: Jn 12,20-26;

 

-Acogida a los samaritanos: Lc 9,51-56 (no admiten a Jesús en Samaría); 17,11-19 (curación del leproso samaritano); Jn 4,6-26 (encuentro con la samaritana);

 

-Acogida a los publicanos y pecadores: Mt 9,9-13 (en casa de Leví); Lc 7,36-50 (la mujer pecadora en casa de Simón el fariseo); 19,1-10 (Zaqueo);

-Acogida a los enfermos: Mt 4,23-25 (curaciones en general); 8,1-4 (leproso); 8,14-17 (suegra de Pedro; 8,28-34 (endemoniados); 9,27-31 (los dos ciegos); Mc 7,31-37 (sordomudo); 10,46-52 (ciego Bartimeo); Lc 5,17-26 (paralítico);

 

-Acogida al centurión romano: Mt 8,5-13;

 

-Acogida a la mujer sirofenicia: Mt 15,21-28

 

-Texto de referencia: Mt 25,31-46.

 

         ¿Qué descubirmos en estos textos? Descubrimos un rostro. El rostro de Jesús, que manifiesta la preferencia de Dios por los más pequeños, por los más desvalidos, por los que no cuentan. Dios ha elegido lo necio del mundo, lo despreciable para confundir a los sabios y a los fuertes (cfr. 1Cor 1,26-28).

         Esta visión del obrar del Padre, en la persona y en las palabras de Jesús tiene una interpelación para la comunidad creyente. Si es en este Dios en quien creemos, nuestra actuación y nuestras palabras se situarán en la misma perspectiva. De otra forma, nuestra fe y nuestra vida irán terriblemente dislocadas, produciendo una esquizofrenia que deja tranquila la conciencia.

 

para reflexionar

 

1.     A la luz del texto de Mateo 25,

 

4   ¿Descubrimos el valor de la acogida como don permanente de uno mismo en favor de los que llegan de lejos: transeúntes, emigrantes, exiliados?

4   ¿Somos capaces de compadecer (padecer - con), situarnos en la problemática del que ha tenido que salir de su tierra y venir a tierra extraña?

4   ¿Nos es fácil descubrir la presencia de Cristo en cada uno de los que padecen necesidad?

 

2.     A la luz de los textos de acogida de Jesús:

 

4   ¿Qué rasgos descubrimos como novedad en el mensaje de Jesús en el contexto cultural y social de su tiempo? Trasladando a nuestro tiempo, ¿cuáles son los gestos de ruptura, esto es nuevos debe mostrar la comunidad de Jesús, y cada uno de los cristianos en particular? Tratar de elaborar una lista de actitudes que implican la acogida, la tolerancia...

4   ¿Cuál debe ser la visión cristiana con respecto al fenómeno de la inmigración?

4   ¿Cuál debe ser la implicación en el desarrollo de los pueblos de procedencia de los inmigrantes?

 

3.     Hacer una valoración de experiencias positivas y negativas de integración y de acogida tanto en el ámbito penitenciario como en el exterior de prisión. Exponer los pros y contras de la integración y la acogida. (se ruega ser los más reales posibles, haciéndonos eco de las situaciones concretas de la calle y del interior de prisión). En segundo lugar, iluminar la realidad que descubrimos con la luz del Evangelio, tratando de aplicar en cada momento la palabra de Jesús. Como tercer paso, expresar cauces operativos en los que se pueda hacer realidad en nuestra sociedad y nuestra iglesia la acogida, que exprese un diálogo, una tolerancia y una convivencia entre hombres y mujeres de diferentes lenguas, culturas y religiones.

 

4.     El Papa Juan Pablo II en la encíclica Redemptoris Missio 55 propone:           «El diálogo interreligioso forma parte de la misión evangelizadora de la Iglesia. Entendido como método y medio para un conocimiento y un enriquecimiento recíproco, no está en contraposición con la misión ad gentes; es más, tiene vínculos especiales con ella y es una de sus expresiones. A la luz de la economía de la salvación, la Iglesia no ve un contraste entre el anuncio de Cristo y el diálogo interreligioso; sin embargo, siente la necesidad de compaginarlos en el ámbito de su misión ad gentes. En efecto, conviene que estos dos elementos mantengan su vinculación íntima, y, al mismo tiempo, su distinción, por lo cual no deben ser confundidos, ni tampoco ser considerados equivalentes, como si fueran intercambiables».

 

5.     El Cardenal Martini en su libro “Sueño una Europa del Espíritu” propone una serie de cauces de acercamiento entre los hombres, a pesar de su diversidad de procedencia:

-- Debemos usar un lenguaje comprensible. Un lenguaje de acogida, de asistencia, de caridad y de hechos más que de discursos y de palabras.

-- Será necesario buscar una común plataforma de tolerancia y de mutua aceptación, olvidando viejos prejuicios que atan a los tópicos e impiden en avance del acercamiento de los pueblos y de los hombres.-- La experiencia religiosa de los distintos pueblos y culturas bien puede ser un cauce que con creatividad y buena voluntad puede enseñarnos a caminar en la diversidad.

 

ORAMOS JUNTOS

 

         El mejor gesto de comunión es la oración. No solamente hay una unión efectiva, sino también afectiva, donde ponemos en común nuestra pertenencia a un pueblo que se dirige a Dios desde el corazón. Por eso, será interesante el poder elaborar un pequeño esquema de oración según las características de cada grupo.

 

Que no se me acostumbre, Señor, el corazón,

a ver hombres sufriendo en situaciones injustas.

Que no vea normal que cada día miles y miles hombres

van dando tumbos por doquier porque no tienen donde pasar la noche.

Que me escandalice cada día de este mundo que hemos montado

en el que unos tenemos de todo y a otros les falta de todo.

 

Que no se me acostumbre el corazón, a la mirada triste y perdida,

al olor denigrante del alcohol, al gesto caído y desanimado,

a la palabra soez o socarrona, a las pocas ganas de vivir,

a cualquier deterioro del hermano, que es su grito desde la cuneta de la vida.

 

Que no se me acostumbre el corazón, Padre,

a ver como normal al recién llegado, enjaulado y esposado,

como si fuera un terrible animal salvaje

del que hay que preservarse y esconderse.

 

Que no se me acostumbre el corazón, al que llega de puntillas,

y nunca ha vivido una experiencia igual y se siente humillado en la fila

y le avergüenza la situación en que se encuentra

y se le caen las lágrimas al cruzar la puerta del chabolo.

 

Que no se me acostumbre el corazón, Padre, al ver al hermano muy pesado

pues se ha ido en la dosis y encima se le ha olvidado lavarse,

y se manifiesta apestoso, gritón, faltón y borde sin parar...

Sólo Tú sabes qué pasa por su corazón.

 

Que no se me acostumbre el corazón, Padre, a volver a mi casa

y tener la nevera bien llena, los armarios repletos de prendas,

y los míos esperándome con cariño, para cenar en una sala acogedora,

y al teléfono, llamándome, un montón de gente,

mientras mañana me espera mi trabajo.

 

Que no se me acostumbre el corazón, Padre,

a creer que me quieres como a ellos,

pues seguro que ellos son tus preferidos

y por eso me has puesto a su lado,

para, en tu nombre, acogerlos en mi corazón.

 

Pon ternura, Señor, en mi mirada;

pon caricia en mi mano que saluda,

pon misericordia en mi mente que hace juicios;

pon sabiduría, Padre, en mi lenguaje;

pon escucha en mis oídos y empatía en mi corazón,

pon una sonrisa en mi rostro que exprese tu perdón.

 

Padre, que no se me acostumbre el corazón,

al dolor del hermano tirado en la cuneta.

Que sepa por qué está hecho la puñeta,

Que acaricie su historia con ternura

Que tu amor sea bálsamo para su dolor y cicatriz para sus heridas.

Que mi vida se encuentre con la suya,

y en la aventura de ser hijos tuyos, dignifiquemos nuestras vidas

en la alegría de disfrutar de tu fiesta de Padre.