INTRODUCCIÓN

 

Responder al interrogante que encabeza este texto reclama el mismo atrevimiento que nos embargaba a la hora de afrontar el interrogante ¿qué piensan los presos de la Iglesia?. Aquí no vamos a partir de encuesta alguna, sino de una simple intuición y constatación que sostenemos la mayoría de los que leemos este cuadernillo. En este momento, al hablar de la Iglesia, nos estamos refiriendo a la gente de a pie que se confiesa creyente y practicante .

 

La respuesta no es única sino múltiple y ambigua; quizá podríamos atrevernos a encuadrar la mayoría de las respuestas en cuatro espacios-ámbitos, con un sinfín de precisiones:

 

_    Una respuesta de condena-sanción: la dureza y el castigo son la base de toda educación. La cárcel es espacio de punición pura y dura.

 

_    Una respuesta de condena – justicia retributiva: “el que la hace que la pague”. La justicia de Dios exige justicia. La cárcel es espacio de reparación...

 

_    Una respuesta de falsa compasión: ¡pobrecitos! Todo se pierde en posibles y falsos interrogantes y algún gesto de piadoso paternalismo.

 

_    Una respuesta de compromiso. Ver la persona y acompañarla en un proceso personal de crecimiento y habilitación.

 

REFLEXIÓN

 

         Tratemos de ver qué hay detrás de las tres primeras actitudes-respuestas, dejando la cuarta para el tema siguiente. Si pudiésemos profundizar en cada una de estas actitudes, nos toparíamos con una imagen deteriorada de Dios que conlleva una visión corrompida del hombre y, mucho más, cuando éste vive una situación deficitaria como puede ser la privación de su libertad.

 

         Partimos de una afirmación taxativa que desarrollaremos en el siguiente tema: el Dios de Jesús es un Dios que apuesta por la VIDA, un Dios que sufre con el deterioro de vida que sufren incontables hijos suyos de mil y una manera; un Dios que es Amor entregado a regalar VIDA y en abundancia (Jn 10, 10).

 

         Desde esta apuesta por la VIDA a la que todos los humanos somos invitados, quienes se atreven a condenar y atenuar la calidad de vida de los demás son personas que no creen en lo que viven y hacen y mucho menos en lo que son y tienden a justificar su carencia con la condena arbitraria del otro (Mt 7, 1-5). Lo más curioso es que esta condena la realizan apelando a un dios, hecho a su medida, que, lejos de favorecer un proceso de humanización y personalización, despersonaliza y deshumaniza, forjando falsas culpabilidades que, como no se pueden llevar ni soportar, se necesita echar sobre otros a quienes se condena desde ajados y trasnochados códigos y religiones sospechosas... Mt 23.

El ser humano ha sido creado a imagen de Dios y su misión es EXISTIR: vivir hacia fuera. La existencia humana es como hornear un bizcocho: si la levadura es buena se esponja hacia fuera; si la levadura es mala o no existe se apelmaza y es incapaz de ser entreabierto para ser rellenado. Cuando el ser humano no está adornado con la levadura de los valores del Reino, su vida también se apelmaza y endurece, quedando incapacitado para la aventura del Amor.

 

Cuando el ser humano, en vez de esponjarse y EXISTIR, se hunde para dentro, aparecen las culpabilidades, iniciando una fuga de la realidad, a la que se tratará de compensar con un sinfín de engaños, entre los que fácilmente sobresaldrá una falsa religiosidad-espiritualidad. Mientras no se cambie la dirección de este modus vivendi, se camina en dirección equivocada y las culpabilidades se acrecen hasta vegetar en la superficialidad del vivir.

 

Nos educan para el éxito y la competitividad, pero no nos enseñan a estar contentos en nuestro propio pellejo y PALADEAR desde dentro la VIDA. Nos pasa algo parecido al tullido de la piscina que siempre está esperando lo imposible: alguien que le resuelva el problema de ser dueño de su vida. Jesús le interpela, le invita a mirar hacia dentro y se produce el milagro: se pone en el camino de la VIDA, cargando con su camilla (Jn 5, 1-10).

 

Quien no está contento consigo mismo tiende a comparar su vida con los que están a su lado: sufre la impotencia de no ser como aquellos que envidia y siente el ácido goce de pisar y condenar a quienes siente peor que él. En nombre de ese dios de papel, se crean cielos e infiernos (prisiones) a medida y conveniencias personales. Ni que decir tiene que la alegría es para estas personas un artículo de lujo,  contentándose con nimios sorbetes de dudoso placer.

 

Desde esta sucinta reflexión, podemos aseverar que nuestra visión-posición ante la persona privada de libertad nos revelará la realidad que vivimos para afrontarla, liberarnos de culpabilidades y desarrollar nuestras responsabilidades. Toda condena se vuelve contra nosotros: “el que esté sin pecado que tire la primera piedra...” (Jn 8, 7); toda actitud de compasión paternalista nos está revelando nuestro déficit afectivo; cada muestra de agresividad y violencia nos muestra el descontento interior que mantenemos sin atrevernos a abordar y desenmascarar. No se trata de ir dejando caer las piedras de nuestro corazón, con la sensación de sentir el rabo entre las piernas, sino de permitir que el mismo Dios abra de, par en par, las puertas del perdón, la reconciliación y la misericordia.

 

INTERPELACIONES

 

_    Podemos desarrollar y ampliar las formas y modos de expresar las tres posturas negativas hacia las personas privadas de libertad, que con, más frecuencia de lo esperado, seguimos oyendo y percibiendo en ámbitos y espacios eclesiales.

 

_    Puede ser orientador hacer una lista de formas y modos con que intentamos justificar nuestro modo de ser y actuar, al estilo del hijo mayor de la parábola del hijo pródigo (Lc 15, 25-32).

 

_    Cuando te contemplas en el otro, en la persona privada de libertad ¿qué imagen te devuelve el espejo? Quizá sea mejor dejar que Dios nos diga cómo nos ve.

ORACIÓN – PLEGARIA

 

Señor, Tú me sondeas, me penetras y me conoces;

sabes de mi vida más que nadie; lo sabes todo.

Cuando me siento, allí te tengo; cuando me acuesto, allí estás;

donde quiera que esté..., Tú te haces siempre presente.

¡Tú estás aquí: Dios, Tú eres Amor!

 

Cuando voy de camino, cuando corro como un loco;

cuando huyo de mí mismo buscando lo que no encuentro;

cuando llamo a una y otra puerta y todas se me cierran...,

donde quiera que vaya o huya, allí presente estás Tú.

¡Tú estás aquí: Dios, Tú eres Amor!

 

Tú conoces los pensamientos de mi corazón;

Tú sabes de los deseos limpios o confusos de mi alma;

Tú estás al tanto de las tensiones o conflictos de mi vida;

Tú sientes mi dolor cuando quiero ocultarlo; en el dolor estás Tú.

¡Tú estás aquí: Dios, Tú eres Amor!

 

Cuando la crisis me aprieta y me siento desesperado,

cuando la prueba me golpea y me siento cansado y sólo;

cuando la soledad y el absurdo llaman a mi puerta,

en medio de mi agitación y confusión, de nuevo estás Tú.

¡Tú estás aquí: Dios, Tú eres Amor!

 

¿A dónde iré, Señor, que pueda alejarme de ti y no verte?

¿A dónde huiré y dejar tu rostro a mis espaldas?

¿A dónde caminaré que no encuentre tus huellas en el camino?

Donde quiera que vaya, allí donde yo llego, estás Tú.

¡Tú estás aquí: Dios, Tú eres Amor!

 

Si en alas de la aurora cabalgo por los aires y cruzo mares;

si corro agarrado a la velocidad y huyo de mí mismo;

si me meto en la tiniebla y apago la luz para no verte,

aun ahí, en medio del pecado y de lo sucio... otra vez estás Tú.

¡Tú estás aquí: Dios, Tú eres Amor!

 

Si cierro mis ojos y miro en lo profundo de mi mismo;

si peregrino a lo más secreto y hondo de mi corazón;

si hago silencio y escucho dentro de mí una palabra,

allí te siento, allí te oigo, allí en mi interior estás Tú.

¡Tú estás aquí: Dios, Tú eres Amor!

 

Cuando me encuentro conmigo mismo y me sondeo a fondo;

cuando toco mis sentimientos y palpo mi corazón;

cuando callo y me dejo surgir como realmente soy,

en lo profundo de mi ser joven estás y surges Tú.

¡Tú estás aquí: Dios, Tú eres Amor!

 

Siempre Tú; siempre Tú, vaya donde vaya;

Tu presencia inunda mi vida y todo cuanto existe.

Porque eres Amor lo llenas todo, lo vives todo, lo sabes todo;

¡Tú estás aquí: Dios, Tú eres Amor!