INTRODUCCIÓN

        

Responder al interrogante que encabeza este texto exige un gran atrevimiento, pero si quitamos el espacio para poder equivocarnos también puede ser que nos quedemos sin la oportunidad de acertar. La incógnita planteada es compleja pero provoca emociones y contradicciones, conscientes de esa especie de “trinidad” que todos llevamos dentro interpelándonos:

 

_    -Lo que piensan los otros de mi.

_    -La imagen que tengo de mi mismo.

_    -Lo que en realidad soy.

 

         Esto mismo lo podemos aplicar a esa realidad tan compleja llamada Iglesia, extendida por todo el mundo, y con una historia de más de 2000 años. Complejidad que se agiganta al afrontar la opinión de la población reclusa. La clave a la pregunta: ¿qué piensas de la Iglesia? la podemos encontrar en el refranero: “Cada uno cuenta la feria como le va en ella”.

 

          De la Iglesia se puede oír absolutamente de todo; desde las más grandes alabanzas, hasta las más resentidas descalificaciones. De todo se oye, y un poco de todo esto puede que conforme su realidad. Pero para no caer en ambigüedades y vaguedades, hemos calibrado, de alguna forma, la oscilación de los diferentes sentimientos por medio de una sencilla y casera encuesta, que quizás no se sostenga en manos de técnicos en estas lides, pero que en las nuestras esperamos que, aunque sea por casualidad “suena la flauta” y se acerque a la realidad. Ya sabemos cómo son las estadísticas, incluidas las más profesionales: “Si tu tienes dos coches y yo no tengo ninguno..., según las estadísticas cada uno tenemos un coche”.

 

         La encuesta, que nos va a servir de referencia, se ha realizado a 100 personas presas (80 hombres y 20 mujeres) en Picassent (Valencia); los datos obtenidos, teniendo en cuanta el porcentaje y el género, muestran parecidos niveles y coincidencias, lo que, a primera vista, tiende a reafirma que hay una realidad bastante objetiva, que nos servirá de base para nuestro estudio. Creemos que el planteamiento hecho desde el anonimato ha proporcionado un espacio de libertad a la hora de expresar con sinceridad lo que cada persona siente hacia la realidad de la Iglesia.

 

Nos parece obvio afirmar que detrás de cada persona hay unos sentimientos religiosos, que no siempre sabemos expresar y que a veces lo hacemos con frases o titulares aportadas por otros (medios de comunicación, escritores, personas a las que hemos atribuido cierto prestigio...) por creer tienen más peso. La respuesta a esta pregunta conlleva posturas personales quizá no demasiado elaboradas, por lo que tendemos a escudarnos en respuestas rápidas para salir del paso. Amén de todo esto, no siempre acertamos con la precisión de la palabra a la hora de expresar nuestras ideas. De las 100 personas entrevistadas 75 se declararon católicas, 15 pertenecientes a otras religiones y 10 se confesaron ateas.

REFLEXIÓN

        

 

1.- ¿Qué dices de ti mismo?

        

Antes de pedir opinión sobre la Iglesia, nos pareció interesante saber cómo se consideraba la persona entrevistada: como creyente, como no creyente o ajeno a la Iglesia. Antes de juzgar a una Institución conformada por la suma de individuos con virtudes y defectos, planteamos esta pregunta: tú, ¿qué piensas de ti mismo?, ¿qué nota te pones, en el caso de ser cristiano?

 

Nos sorprendieron con una respuesta crítica con ellos mismos: un 40% consideró positiva y suficiente su postura creyente mientras un 31% la valoró insuficiente y negativa. Ahondando en su sinceridad les preguntamos por su oración en sus dos vertientes: la particular y la comunitaria (quien mantiene una oración personal en su celda, suele buscar también la oración comunitaria en celebraciones y eucaristías). En sus respuestas se valoraba y sobresalía más la oración personal con sus pequeños ritos, estilos y costumbres..., cargados de fervor; los momentos de soledad y puro, que en la cárcel no son pocos, acentúan las ocasiones de orientar más la vida en la dirección trascendente. La oración comunitaria también era valorada, pero su sentido y su fervor se mezclan con otro tipo de intereses: curiosidad,  pasar el tiempo, estar con gente de la calle, etc.

 

2.- ¿Qué dices de la Iglesia?

 

         De las definiciones de Iglesia que les presentamos, la que más les gustó fue la de “Pueblo de Dios o Familia de Creyentes en Cristo” (68%). Los que tendieron a valora la Iglesia de forma negativa optaron por definirla como “gente que va a misa, obispos, curas, monjas...”; detrás persiste la sospecha que todo es un perfecto montaje para hacer negocio por parte de gente aprovechada (26%).

 

         Aún siendo conscientes de que el mensaje del evangelio es un camino largo de recorrer, en el que nos juegan malas pasadas nuestras deficiencias e incoherencias... más de la mitad de los presos entrevistados aseveró su esfuerzo cotidiano por ser cada día como Dios espera de él (66%). Un 26% no se pronunció (por desgana o ignorancia) sobre si en el fondo de su persona existen ganas de mejorar.  Nos encontramos con un 8% que mantenía con seguridad que la Iglesia se ha acomodado en su propia mediocridad dispuesta a prolongar su incoherencia hacia el mensaje que lleva entre manos.

        

         3.- Relación de la persona privada de libertad con la Iglesia

        

Más allá de lo que habían oído en los medios de comunicación e información multiforme, hicimos a las personas entrevistadas una pregunta concreta y directa: tú, ¿qué experiencia has tenido con la Iglesia?

 

         Un porcentaje considerable (38%) afirma no tener una experiencia-relación concreta con la Iglesia..., por lo que no sabe qué decir. Nos encontramos con una minoría (5%) que sí tiene claro que la experiencia ha sido traumática y profundamente negativa. Una mayoría de un (57%) alude, con esperanza, al “buen sabor de boca” que ha dejado la relación con la Iglesia, al considerarla buena y positiva.

         Esta experiencia con la Iglesia puede seguir o cambiar en ambos sentidos, una vez que se encuentran con la presencia y labor que la Iglesia realiza en los Centros Penitenciarios. Un 35% de las personas entrevistadas no mantienen trato habitual con quienes integran la Pastoral Penitenciaria; un 56% afirman que ha habido una mejora en su percepción de la labor de la Iglesia; sólo un 1% ha mostrado un agravamiento negativo de la imagen de la Iglesia al entrar en prisión.

 

         A la hora de gestionar la encuesta, con cierta frecuencia, hemos de deshacer el entuerto de que la Iglesia no se reduce a la jerarquía y el Vaticano. Ante la pregunta directa, una vez presentada la Iglesia como Pueblo de Dios (todos nosotros): ¿Me siento parte de la Iglesia? , un 47% responden con un rotundo, un 24% afirman que les gustaría estar más integrados, superando apatías y faltas de motivación que llevan a abandonarse por excusas de la propia dinámica de la vida. Frente a este 71% afirmativo está un resto, 29%, que afirma no sentirse parte de la Iglesia. 

 

El porcentaje coincide exactamente a la hora de preguntar sobre el amor a la Iglesia. Y es que la pertenencia surge siempre del amor: “el que te quiere, hagas lo que hagas te querrá; quien no te quiere hagas lo que hagas no te querrá”. Estamos muy limitados por las euforias y por la fobias, que nos llevan siempre a analizar la realidad por impresiones y no por una verdadera profundidad en los asuntos.

 

         Aunque predomina una espiritualidad sin Iglesia, sobresalen los que afirman que la Iglesia les ayuda a crecer en su experiencia de Dios (63%). Asimismo un 62% cree que, dentro de la limitación institucional eclesial, predomina el buen testimonio, mientras un 48% resaltan el mal testimonio eclesial fijándose en el  poder y riquezas acumuladas. El 55% afirma pertenecer a la Iglesia por una tradición y costumbre, en tanto un 45% aseveran no haber sido llevados nunca a la Iglesia o haber sufrido una decepción por parte de la institución.       

 

Los que hablan en positivo dicen que la Iglesia es camino que conduce a la vida; ayuda en el personal giro de vida hacia Cristo; se sienten bien..,etc. Los que la ven de forma negativa expresan que siguen buscando pues no han encontrado lo que esperan; que lo más importante es seguir la conciencia propia y no creer en la Iglesia; se sienten ajenos totalmente a ella; aunque algunos de vez en cuando la necesitan; malas experiencias llevan a no querer oír ningún planteamiento que provenga de ella; inseguridades y falta de fe que lleva a consideraciones de falsedad, o ver su estructura como una gran secta.

 

         4.- Los Medios de Comunicación

 

         El gran poder en la actualidad son los Medios de Comunicación. Ellos influyen hasta niveles subliminales sobre nuestras opiniones. No sabemos si la autoridad que ellos tienen ha influido en su autocrítica pues solo un 16% piensa que los Medios no respetan a la Iglesia, o que solo ofrecen información eclesial en los asuntos negativos. Un 32% piensa que esta actitud provoca favorecimiento en su imagen pública. A favor de un trato neutral, con una consideración objetiva de la Iglesia, se declara un 37%. El resto de opiniones se debaten entre los que piensan que todavía se ocultan muchas cosas negativas, tratándola mejor de lo que se merece; y los que piensan que respetan más a otras religiones que a la católica.

 

         5.- Presencia y labor de la Pastoral Penitenciaria: Capellanes y Voluntarios

 

         Llegada la hora de concretar la presencia y labor de la Iglesia en el interior de los Centros Penitenciarios, con rostros y personas  muy concretas..., resulta satisfactorio constatar la alta valoración de un trabajo que nos desborda por lo que no se llega a esa atención que a todos nos gustaría: un 88% califica la labor de Pastoral Penitenciaria con un notable para arriba; un 5% la desaprueba con un insuficiente para abajo y un 7% la aprueba con un modesto suficiente. Distinguiendo entre voluntarios y capellanes la valoración es prácticamente parecida:

        

          Capellanes                                        Voluntarios

          Sobresaliente:   61 %                               Sobresaliente:   54 % 

          Notable:            27 %                               Notable:            33 % 

 

 

         6.- Mensajes dejados en el test.

        

         En la respuesta a nuestro cuestionario-encuesta, nos hemos encontrado con mensajes telegráficos, casi de móviles, que apuntamos pues pueden ser significativos:   negativos:

 

_    Son hipócritas.

_    Deberían hacer más por las personas adictas.

_    Podrían hacer más por los presos y ayudar a quitar tanta indigencia.

_    Hay curas que no respetan sus compromisos.

_    Desde que estoy en prisión creo menos en Dios y en el sistema.

 

positivos:

 

_    Buen lugar para escuchar la Palabra de Dios.

_    Las cosas de Dios es de lo poco que nos ayuda y da paz.

_    Me gusta asistir a misa; cosa que antes no hacía.

_    Ayuda a superar la tristeza de estar en estas “casas”.

_    Medio de salvación y evasión.

_    Gracias por estar aquí.

_    Los únicos que nos ayudan son gente de la Iglesia.

_    Iglesia: espacio de libertad y de encuentro con Dios.

_    En estas circunstancias tristes es de agradecer muestras de afecto y cariño.

_    Nos tratan como personas y eso en prisión es todo un lujo. Gracias.

_    Dios me ha llenado el vacío espiritual, y luz en la oscuridad.

_    Gracias por los Capellanes y Voluntarios, ellos nos traen a Dios.

_    El preso se encuentra bien con la Iglesia. En la calle no iríamos nunca, pues solemos estar con la droga. Aquí es una buena influencia.

_    Me encuentro mejor desde que voy a la Iglesia.

_    Me ayuda mucho leer la Palabra de Dios.

_    Para el preso es un desahogo y un regalo, pues la vida aquí dentro es muy mala; y con la Iglesia notan una mano amiga.

                                                                 

(Juan Carlos Fortón, mercedario)

 

INTERPELACIONES

 

_    ¿Consideras que la encuesta y su valoración coinciden con la realidad?

 

_    ¿Te sorprende la valoración que personas privadas de libertad hacen de la Iglesia?

 

_    ¿Estás de acuerdo con las contestaciones realizadas mayoritariamente?

 

_    ¿Que retos implicarían a la Iglesia estas consideraciones?

 

_    ¿Este panorama, tal como lo hemos presentado, anima o desanima nuestra acción pastoral? ¿Cómo incide en la labor que desarrollamos?

 

 

ORACIÓN – PLEGARIA

 

No deseo pedirte nada, mucho me falta,

pero he encontrado el camino.

Ya tengo todo lo que necesito;

me desprenderé de los pesos materiales;

emprenderé mi camino, no me planteo preguntas.

Tú eres la respuesta a todo lo imaginable.

Sólo ten paciencia con este niño

que tanto yerra antes de acertar,

porque mi única certeza es que voy hacia Ti.

 

No deseo hacer lo correcto por obligación

mas sí por convicción.

No deseo ser bueno por temor,

sino por amor a la bondad.

No deseo dejar de ser con todos mis defectos,

porque de ellos aprenderé a mejorar.

No deseo aquello que puedo desear,

sólo acepto lo que ha de llegar.

 

Soy mucho de lo que no quiero ser,

y no consigo ser lo que quiero;

no hay receta mágica,

y el milagro es la vida,

y la libertad de actuar.

Si quiero podré, porque Tú

me has dado todo lo que necesito para amar.

 

Lucho entre tinieblas,

como un ciego percibe el calor del sol,

yo te percibo.

En mi búsqueda paso por lugares sombríos;

las noches suceden a los días,

y éstos puede que estén nublados.

Cuando mi alma desfallece,

y siento el final de mi existir,

Tú te abres paso en mi mente

como un tibio rayo de sol.

Fuerzas las oscuras nubes

y si la noche se prolonga,

eres la luna y las estrellas.

Días y noches cubiertos,

profundos abismos donde pierdo la fe,

la fe que Tú nunca pierdes en mi.

 

Conscientemente débil,

sólo soy un poco de agua salada;

ante Ti estoy.

Mis ojos los tuyos encuentran,

me sumerjo en tu inmensa bondad.

No siento temor;

que Tú no esperas que me postre,

me tratas de igual a igual,

y nada me exiges.

Sólo aceptas lo que tengo para darte.

Pacientemente esperas...

Sabes que necesito tiempo,

tiempo para entender..,

tiempo para ser...

¡Oh, mi Señor!

¡Tú eres la mejor de las enseñanzas!

 

Abres tus brazos y con amor me recibes.

Sé que mi arrepentimiento es sincero;

pero no me basta.

Querría ser capaz de no equivocarme;

mi naturaleza me domina;

mi imperfección precede mi existencia.

Sé que no me culpas por ello;

pero.., ¿por qué esta sensación?

Sensación de no haber dado..,

De no haber dado todo lo que podía...

 

Objetivamente inexistente en el cosmos;

tan insignificante que mi presencia

o mi ausencia no son relevantes.

Tu grandeza supera el universo.

Tu creas y cuidas todo lo que existe.

Tu magnificencia está en todo lo creado.

Yo, menos que nada,

navego en el río universal

sobre un grano de arena arrastrado,

arrastrado por la corriente cósmica.

No te merezco.., pero Tú me ves,

me amas y más allá de mi entendimiento;

¡Existo!

(G.R.D, interno del Centro Penitenciario de Picassent)