
Introducción
Cuando consultamos, en el diccionario de la Real
Academia Española, el término educar podemos leer: dirigir, encaminar,
adoctrinar; desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales
del niño o del joven por medio de preceptos, ejercicios, ejemplos, etc.; educar
la inteligencia, la voluntad; perfeccionar, afinar los sentidos, gustos;
enseñar los buenos usos de urbanidad y cortesía.
Al contrastar estos términos con la realidad
personal que encontramos en el interior de nuestros Centros Penitenciarios,
sentimos que algo está fallando en nuestro proyecto educativo pues constatamos
amplias carencias en facultades, habilidades, disciplina personal, formas de
relacionarse en los ámbitos familiares, sociales, laborales…
Solemos equivocar educación con instrucción y,
mientras ésta se relaciona más con el aprendizaje, aquélla es más amplia pues
supone una serie de vínculos personales e interpersonales a través de los
cuales se asimilan además de conocimientos, valores, costumbres, habilidades,
formas de actuar…, que ayudan y favorecen la relación con el mundo que nos
rodea. Una adecuada educación irá provocando cambios de carácter social,
intelectual, emocional, afectivo: ello supondrá la integración de vivencias,
emociones y sentimientos, generando y madurando una personalidad concreta.
Reflexión
Desde que saltamos del vientre de nuestra madre, la
curiosidad nos acompaña, como si una especie de instinto innato de controlarlo
y dominarlo todo nos cortejara. Es cierto: nacemos dotados de curiosidad pero,
desde el punto de vista de la retribución psicológica, constatamos dos grandes
bloques de actividades: las de consumo y las de auto-realización.
Compatibilizar el consumo con la auto-realización, la gratificación inmediata
con la autodisciplina es una tarea que abarca y ocupa toda la vida.
Hasta hace dos o tres décadas, la impresión que se
tenía era que una educación adecuada había de ser acompañada por una disciplina
rígida y estricta. La falta de gratificación efectiva y afectiva conllevaba la
ausencia de auto-realización y se generaba ciertos grados de represión.
En el momento presente parece predominar la
gratificación inmediata y lo que no ‘gusta’ parece ser anticuado y no sirve,
pues se cree que todo lo que no es grato no ayuda a crecer. Predomina el
estímulo exterior y la persona depende de sus sentimientos, lo que provoca
dispersión y falta de concentración para lo esencial.
Quienes nos movemos en el ámbito de la educación
tenemos la sensación de que todavía no hemos acertado con ese esquema educativo
que conjugue certeramente la exigencia interior y la gratificación, la
confianza y la disciplina, la auto-realización y el consumo. Educar
(etimológicamente, viene del latín educere:
guiar) es una labor paciente y
prolongada de ayudar a la persona a encontrar su camino personal; ello
conlleva:
F
incentivar la estructuración
del pensamiento.
F
impulsar la imaginación
creadora a través de formas de expresión y comunicación verbales y gráficas.
F
favorecer procesos sensoriales
inclinados hacia manifestaciones lúdicas y estéticas, estéticas y deportivas.
F
auspiciar relaciones que
favorezcan la dimensión afectiva y contribuyan a ir haciendo propios criterios
y valores éticos y morales.
F
estimular hábitos de
integración grupal que favorezca la convivencia social, la tolerancia, la
cooperación y la solidaridad.
F
fortalecer la vinculación
social: familia, lugar, educación, cultura, hábitos, creencias.
F
acompañar para que cada
persona haga suyo personal y original lo que va asimilando: conocimientos,
habilidades, valores, actitudes…
Para que esto sea viable se hace imprescindible una
serie de connotaciones y condiciones:
F
en la época de la infancia,
una apuesta y proyecto común familia y escuela.
F
acierto a la hora de conjugar
la disciplina y la relación afectiva (confianza) el esfuerzo y la constancia
con la gratificación del premio.
F
favorecer la atención,
concentración para que la abstracción y la contemplación puedan tener lugar.
F
atender y respetar los
procesos personales con ritmos distintos.
F en este mundo, dominado por el ruido, propiciar
espacios de silencio externo e interno que posibilite el estudio. El exceso de ruido e imagen erosiona la abstracción.
F
forjar una visión del éxito
desde el interior de la persona y no desde logros externos conseguidos: dinero,
poder, gloria.
F
presentar modelos de personas con dominio de sí
mismas: capaces de respetar y relacionarse consigo mismo y con los demás.
F
valorar socialmente la
función, espacio y lugar de la familia, las instituciones educativas y la
sociedad.
F
Estimular y apoyar un adecuado
uso de los medios de comunicación.
F
apreciar los procesos
educativos más allá de lo inmediato y fácil.
Uno de los riesgos más amenazantes que sufre hoy el
educando es descubrir que se le exige valores, actitudes y metas que
socialmente nadie parece valorar y tener en cuenta: el esfuerzo cotidiano, la
disciplina, el sacrificio y privaciones, ahorrar previendo un futuro, la
gratuidad, la atención y escucha del otro… Algún autor, cuyo nombre ahora no
recuerdo, apuntaba, en este sentido, que la escuela se ha convertido en un tipo
de camión de basura sagrada, que recoge todo lo que la sociedad rehúsa,
menosprecia o defeca, obligando al profesorado a replantarlo en la vida de unos
jóvenes, a los que abiertamente confiesa no saber cómo tratarlos.
Y es que vivimos en el seno de una sociedad donde
la ausencia de valores sólidos hace que nada tenga consistencia priorizando el
ocio, la opinión y la superficialidad. Es la era de la tecnología y el consumo
donde lo que hoy sirve mañana ya ha pasado de moda y la única preocupación es
ir en busca de nuevas y rutilantes sensaciones. Definitivamente, si no hay
posibilidad de un compromiso vital, la educación es imposible y solo cabe que
la frustración, la amargura y el hastío se apodere de los corazones.
Iniciábamos esta breve reflexión aludiendo a la
curiosidad con que todos abordamos la vida y que se basa en la sospecha de que
más allá de lo inmediato se oculta ese sentido profundo del que necesita
alimentarse nuestro corazón; una sospecha que va horadando la superficialidad
para abrirse a la sorpresa del misterio que sólo puede ser visto, admirado y
contemplado con el corazón. Y sólo la contemplación del más allá en el más acá
nos posibilita el riesgo del compromiso: acceder a esa inflexión del tiempo en
que el futuro se vive en cada uno de los segundos que la bolita de la ruleta
rueda hasta pararse en su destino. La persona, que ha vivido y vive su
educación como el proyecto de ser ella misma, está capacitada para regalarse en
ese compromiso que conlleva el riesgo de apostar ya en el presente por un
futuro que tiene toda la fragilidad de lo que aún no existe, de lo que no es
demostrable ni manipulable.
Si en ese compromiso se percibe la presencia de
Alguien, que carga con la energía de la confianza la batería de nuestro
corazón, ese misterio del más allá y de ese mañana que nos desborda es
percibido además de cómo posibilidad como plenitud.
Para seguir reflexionando
1.
¿Diferencias y aproximaciones
entre instruir, enseñar, formar y educar?
2.
En la educación que has
recibido ¿qué es lo que más valoras? ¿lo
más débil?
3.
Ser una persona educada en los
ámbitos que te desenvuelves ¿es sinónimo de madurez o simplemente de
comportamiento y saber estar?
4.
Desde la reflexión que hemos
hecho, ¿en qué aspectos crees que hay que incidir con más urgencia?
5.
A nivel personal, ¿hay algún
replanteamiento particular que requiere más atención y apremio?
Pensamientos
La educación es algo que todo el mundo recibe, muchos transmiten y pocos
tienen (Karl Kraus).
La educación abarca desde la cuna hasta la tumba (José Marti).
Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres
(Pitagoras).
La educación ayuda a la persona a aprender a ser lo que es capaz de hacer
(Hesiodo).
La parte mas importante de la educación del hombre es aquella que el
mismo se da (Walter Scott)..
La naturaleza hace que los hombres nos parezcamos unos a otros y nos
juntemos; la educación hace que seamos diferentes y que nos alejemos. (Confucio).
Tan solo por la educación puede el hombre llegar a ser hombre. El hombre
no es más que lo que la educación hace de él (Inmanuel Kant).
La educación es algo admirable, sin embargo es bueno recordar que nada
que valga la pena se puede enseñar (Oscar Wilde).
La educación es, tal vez, la forma más alta de buscar a Dios (Gabriela
Mistral).
Educar no significa sólo desarrollar la inteligencia, sino formar al
hombre entero, incluso el corazón y el carácter. Educar quiere decir
transmitir, de generación en generación, aquellos valores espirituales que dan
a la vida significado y densidad. Esta transmisión no se consigue sólo por
medio de palabras, exige, sobre todo, que las palabras se vuelvan palpables y
visibles en la vida personal. Educar es una misión común para las familias, las
escuelas, las universidades, la prensa, la radio, la televisión y la
publicidad. Una gran responsabilidad. (Phil Bosmans)
No educas cuando impones tus convicciones,
sino cuando suscitas convicciones personales.
No educas cuando impones caminos,
sino cuando enseñas a caminar.
No educas cundo impones el sometimiento,
sino cuando despiertas el coraje de ser libres.
No educas cuando impones tu autoridad,
sino cuando cultivas la autonomía del otro.
No educas cuando impones la uniformidad,
sino cuando respetas la originalidad que diferencia.
No educas cuando impones a Dios,
sino cuando lo haces presente con tu vida.