Servidores de libertad 

 

 


Introducción

Libertad: palabra mágica detrás de rejas y muros que coartan y aprisionan; libertad: realidad de la que más abusan quienes más la anhelan; libertad: don de lo alto más manipulado, mal interpretado y conculcado; libertad: anhelo de todo ser humano, equívocamente buscado fuera de uno mismo; libertad: vehículo de expresión de la necesidad irrenunciable de ser uno mismo. Libertad es mucho más que una facultad o un estado; es autodeterminación de la propia voluntad para actuar de una manera determinada.

 

Los servidores de la libertad han de ser acompañantes de cautiverio ayudando a solventar personalmente dos preguntas consideradas clave: liberarse de qué y ser libres para. Los servidores de la libertad han de ser hábiles para conciliar conflictos y ejercitar en el perdón hasta situar en la vida. Los conflictos suelen provenir de determinismos que sufre el ser humano a lo largo de su vida o de una apuesta por decisiones desacertadas, que acaban situando en la culpabilidad y la violencia.

 

Reflexión

 

Quien sufre privación de libertad, tanto física como mentalmente, vive en conflicto, que habitualmente va acompañado de ofuscación; ésta, en vez de ayudar a ver y abordar el problema, tiende a justificarlo o buscar compensaciones que, con el tiempo, abren la llave de nuevos conflictos. Es por ello que todo conflicto, si no se aborda y afronta, suele afectar al auto-control, a la confianza, a la honestidad y a la humildad. En el nivel personal, todos sabemos que las deficiencias afectivas y de aprendizaje, en los primeros años de la infancia, conllevan falta de adaptaciones personales y sociales que repercutirán en el devenir de la persona y en el ejercicio de su libertad.

 

La palabra conflicto en su origen significa choque: choque con uno mismo, con los demás o con realidades externas. Aunque el origen de los conflictos es muy amplio, apuntamos aquí algunos puntos: subjetividad de la percepción, información incompleta, miedos a repetir experiencias del pasado, fallos de comunicación interpersonal o con uno mismo, diferencias de carácter, intentos de controlar, manipular e imponer ideas, esquemas, obligaciones…

 

Si el conflicto se alimenta acaba enquistándose, ejerciendo fuerte presión sobre el individuo, lo que producirá frustración y hostilidad; si se persiste, provocará aumento de ansiedad con expresiones psicosomáticas y estallidos de agresividad. Quienes viven esta situación, lo que menos necesitan a su lado son individuos conflictivos o paternalistas que les pasen la mano por encima o repriman sus sentimientos sin afrontarlos ni resolverlos.

infarto.jpgApoyar y acompañar la libertad del otro comporta ayudar a descubrir, afrontar y conciliar sus conflictos. Para ello, será preciso, en primer lugar, quitar el follaje de justificaciones triviales y conflictos secundarios hasta llegar a las causas reales y originales. Todo ello en un ambiente de confianza y cercanía, lejos de la dramatización, la polémica y cualquier tipo de condena. Un claro ejemplo de un certero acompañamiento en la resolución personal de conflictos lo tenemos en el encuentro de Jesús con la Samaritana (Jn 4, 7-42).

 

Analizar el problema-raíz del conflicto exige apostar por la persona más allá de su situación y etiquetas puestas por ella misma o por los demás. Dialogar empáticamente hasta escuchar y entender al otro, haciendo de espejo para que la persona sea capaz de vislumbrar las realidades positivas ocultas tras la problemática que entreteje todo conflicto. Será conveniente dar amplio espacio al desahogo para que los sentimientos no exploten ni sean reprimidos.

 

El afrontamiento positivo de los conflictos conlleva la oferta de procesos donde la persona empiece a gestionar y trabajar los talentos, hasta ahora, ocultos tras los conflictos (Mt 24, 14-30) en una comunicación asertiva consigo mismo. Quien se atreve a hacer una oferta es porque él primero la ha vivido y experimentado en su realidad personal: no podemos acompañar ningún proceso de libertad si no disfrutamos de esa Verdad que hace libre a la persona (Jn 8, 32). Es el cara a cara con la Verdad quien nos libera de objetos extraños en nuestro corazón y nos impulsa a contemplar al otro más allá de todo juicio (Mt 7, 1-5).

 

A medida que avance el proceso, se plasmará el ejercicio del perdón, no como un hecho espontáneo, sino como la experiencia gozosa de ir situando nuestros valores personales en el don de la gratuidad. Vivir el perdón es vivir, en y desde el don, la esplendidez divina: “la esplendidez da valor a la persona: si eres desprendido, toda tu persona vale; si eres tacaño, toda tu persona es miserable. Y si por valer tienes sólo miseria, ¡qué miseria tan grande!”  (Mt 6, 22-23).

 

Ser servidores de la libertad nos exige prolongar en nuestras vidas el programa enunciado y vivido por Jesús en Nazaret de anunciar y provocar la libertad (Lc 4, 18-19). Y podemos hacerlo porque el mismo Jesús nos ha liberado para ser libres y no dejarnos atar por ninguna esclavitud interior o exterior (Gal 5, 1).  Ser provocadores de libertad comporta expresar y contagiar los valores del Reino sin los cuales  la libertad personal es imposible, aunque no haya coacciones externas. A la vez, todos somos conscientes de que la ausencia externa de libertad también puede condicionar e imposibilitar procesos internos de personalización. Lo más adecuado es que ambos procesos de libertad (externo ß à interno) vayan de la mano.

 

La libertad para muchas personas sigue siendo una asignatura pendiente y las deformaciones del rostro de Cristo siguen siendo multiformes. Detrás de cada rostro desfigurado y desgarrado hay una persona, un icono del Crucificado que constantemente nos interpela y demanda nuestro compromiso. Cristo nos sigue llamando y contagiando de una la libertad que solo será plena cuando quiebre y rompa toda cadena y esclavitud. Hemos sido llamados a ser libres, a ser servidores de libertad. Que ésta sea nuestra pasión y nuestra felicidad.

 

Para seguir reflexionando

 

1.        ¿Tienes experiencias de haber vivido tú personalmente y haber desencadenado en otras personas procesos internos de libertad?

 

2.        Los conflictos son inevitables, dada nuestra naturaleza humana: ¿qué hacer para que ayuden a crecer personalmente?

 

3.        Libertad = don + tarea. Comparte cómo vives y resuelves esta ecuación personal, en el día a día.

 

 

Libertad

 

 

La libertad es ser quien soy y no lo que los demás esperan que yo sea.

Libertad de decidir dónde quiero estar en cada momento. 

Libertad es pensar lo que pienso y no necesariamente lo que debería sentir,
o lo que otros hubieran sentido, o lo que esperan que yo sienta.

Libertad es correr los riesgos que yo decida correr, siempre y cuando esté dispuesto a afrontar por mi mismo los costos de dicho riesgo. 

Libertad es salir al mundo a buscar lo que creo que necesito, en lugar de vivir esperando que otro me dé el permiso para conseguirlo...


Tenemos el don y la tarea de la libertad... 

Libertad de pensar, de sentir, de expresarnos libertad de elegir. 

De elegir lo que pensaré y encauzar mis sentimientos. 

Quizá no podamos elegir todo lo que nos ocurra,

pero podemos elegir qué hacemos con ello.

La sensación de libertad es intransferible,

es una invitación a respirar hondo y profundo

hasta llenarse de misterio.

Aunque estés en la cárcel, o haciendo algo que no te gusta,

Puedes elegir y hacer uso de tu libertad. 

 

Qué maravilloso es vivir

cuando se toma conciencia de que todo lo que nos pasa

es el fruto de nuestras elecciones...

 

 

 

Mirarán al Traspasado

Tu rostro, Señor, me vuelve loco cada día:

es un reproche vivo, un largo grito que golpea mi paz.

Es un rostro indefenso, abierto a los ultrajes,

capaz de soportar todo ensañamiento.

 

Tu rostro, Señor, es un libro abierto:

el libro de la miseria y del pecado de los hombres,

el libro del egoísmo, del orgullo y de la cobardía;

el libro de las avaricias, de las sensualidades,

de los despidos, de las trampas.

 

Tu rostro es una queja dolorosa, un grito de rabia,

pero también llamada desgarradora,

a todo ser humano que quiera vivir más allá de su cieno.

 

Señor, tu rostro me vuelve loco, me da miedo, me condena,

porque yo he trabajado como todos para que fuera así,

o, al menos, he dejado que lo hicieran así,

018.jpgy ahora pienso que este rostro

es el rostro de un hermano mío y tuyo.

Oh Dios, ¡cómo hemos hecho con el hermano!

 

Es el momento del juicio:

Tú haces desfilar ante mí todos los rostros

de los hombres, mis hermanos,

y especialmente los de la gente de mi ciudad,

los de mi barrio, los de mi puesto de trabajo,

los de la cárcel, los que no quise conocer.

 

Y a tu luz inexorable yo leeré estos rostros:

la arruga que yo he abierto, la boca que torcí,

la mueca que esculpí, la mirada que manché,

la disculpa que inventé, la vida que extinguí.

 

Vendrán todos  inexorables, desfilando ante mí,

maniquíes vengadores de la miseria y del pecado.

Vendrán  conocidos y desconocidos, los de hoy los de ayer,

y yo estaré allí, inmóvil, aterrado, en silencio.

Será entonces cuando Tú me dirás: Aquel rostro era el mío.

 

Señor, perdón por este rostro que hoy me condena.

Señor, gracias por este rostro que hoy me despierta

y me emplaza en el perdón de tu misericordia.