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¿DONDE ESTA LA LIBERTAD?

Ahora que estoy sólo, me pongo a cavilar en algo, con la vista perdida, y me pregunto si sabré fluir en tinta lo que pretendo expresar. Cuando ya el dolor me alcanza el fondo de los huesos, me pregunto ¿dónde está la libertad? No está y nadie sabe dónde ha ido. Yo le soy fiel a ella, pero ¿dónde está ella?

No puedo dejar de pensar en ella en este lugar donde el día se hace eterno y la soledad desfila en todos los momentos de esta jaula gris, de este camino gris que andas medio sin ganas. Camino gris, que como desfiladero de la muerte, van pasando en cautive­rio hombres ya desahuciados. Morir cautivo, oculto a la vergüenza del pueblo que así nos creó, para de esta manera no tener ellos mismos que sentir vergüenza al tener que mirarnos. Sin ilusión, sin casi amigos, negándose la justicia al sol de una muerte digna.

Recuerdas cuando recién llegado, llegabas cargado de suicidio, de horas de llanto y de pastillas para el sueño. Mis entrañas se me revuelven al pensar que se me niega lo más preciado, la libertad, nuestra libertad, un don que se nos negó desde el primer brote de vida, negándosenos a vivir con ella ahora. Libertad, justicia, dignidad, nos son cosas negadas. Cuántos años de cautiverio y de cansancio para el hombre que nos reniega y que por ello enseña los colmillos; con insistencia cruel es tortuosamente machacado por un sistema implacable que sólo desea alimentarse con una cobarde recta de vileza escondida a su servicio, tratando de engañarlos sin ley ni justicia por personas llenas de cinismo e hipocresía que ofenden cuando hablan, y que por esa hipocresía no son capaces de sostenernos la mirada cuando nos hablan.

Todo pasa pero no se olvida, y a pesar de estar destrozados mil veces, caminamos sin bajar la cabeza, superamos las ofensas provocadas. Porque poseemos nuestras esperanzas en nuestros bolsillos, en nuestros corazones, en todo nuestro ser, ahí donde no la podéis dañar y que sí está cuando se la precisa y se la quiera descubrir.

Pensé en el simbólico equilibrio de la balanza que parió la justicia y lloré de rabia e impotencia al ver que se inclinaba desmesuradamente hacia el poder, no hacia la justicia.

Libertad, es la palabra que de boca en boca, va siendo el estandarte que con rabia se grita. Esa libertad existe cuando se la ama de verdad, aunque carezcas de ella, si sientes en ti mismo esa propia realidad. Estamos llenos de esperanza y antes que vacíos de ella...nuestros, jamás escupiré a las cenizas del recuerdo.

Sigo pensando, y me doy cuenta que aquí sólo soy una sombra, porque los muros hacen que así sea. Soy apenas un pedazo de carne olvidado que se pregunta dónde está la libertad, mi compañera infiel; pero esa pregunta se pierde en el viento, estamos en ese lugar donde los gritos de cada rostro, de cada garganta se hacen sordos, inaudibles. Que no me vengan "ellos" con sus hipocresías, sus trapos, porque dentro de nosotros la cosa arde, nos arde el corazón de ver con qué cinismo nos ofrecen unos muros sin sombras a cambio de nuestros valores, pero ya nos hemos encontrado con demasiadas zancadillas y nos dimos cuenta hace tiempo de que esa premonición es imposible. Quería soñar con mi ansiada libertad y no podía, la realidad absorbía todos mis pensamientos porque aquí todo sueño es negado.

Pero a pesar de todos, día tras día, seguimos soñando porque tenemos espe­ranzas. Sólo la noche es el momento donde no tratan de robarnos la ilusión: siempre sabremos que hay un rayo de luz y ese siempre nos mantendrá en pie, nos hará perder el miedo y la impotencia. Porque por mucho que quieran "yo" siempre seguiré siendo libre. Se lo digo y se lo cuento.

Félix López Díez

 

ALMA MIA

Hubo un tiempo en el que pensé que iba directo al camino que conduce al estrellato. Era arrogante, voluntarioso, listo..., sabía lo que quería y cómo hacerlo, pero me estrellé.

Luego vino el infierno: pensaba: no hay nada peor que lo que ahora tengo. Vivo entre altos muros, con rejas y llaves que cau­tos velan por mi encierro. Me dejé llevar por ese antisentido de mi auténtica reali­dad, pero erré y me estrelle.

Ahora, en estas horas en las que mis viejos muros han sido derribados, en las que el corazón me dicta mi camino, en las que el dolor no es ya más que un mero com­pañero de viaje, es donde realmente veo donde estoy.

Ya no solo vivo cautivo de materia crea­da por otros hombres; ¡no!, ahora vivo preso en una cárcel aún más espantosa que cualquier otra barbarie creada por nin­gún ser humano: mi propia soledad.

El tan temido momento en el que las ilusiones, los sueños y las esperanzas de­saparecerían, casi ha llegado.

Puedo sentir cómo el vacío cobra ca­da vez más en mi interior, como mi indife­rencia hacia todo lo demás llega a su pun­to más álgido y cómo ya no soy capaz si­quiera de amar, cómo tampoco lo soy de odiar.

Ya sólo me hago una pregunta: ¿qué Dios o dioses pueden ser tan crueles como para permitir a un hombre morir en vida? Si ese es mi destino, sólo me queda rezar a esos Dioses que tengan piedad de mí y me permitan morir de una vez.

Ya sólo me queda el dolor por vivir. ¿Qué sucederá cuando también pierda es­to? Ni tan siquiera sé si me importa. Qui­zás sea mejor así.

 

CUANTAS VECES

Cuantas noches me despierto sudoroso

y sobresaltado y me veo en mi antigua celda.

Soy libre, pero los recuerdos de prisión

me atenazan.

Hazme nacer de nuevo

y haz de mí una persona diferente

para no seguir haciendo mal,

para no caer en los errores de antaño.

Quítame las viejas etiquetas

que esta sociedad se sigue empeñando

en colocarme cuando voy a buscar trabajo,

cuando intento alquilar un cuarto,

cuando me encuentro con los míos.

Hoy he vuelto a mirar la cruz

que siempre cuelga de mi cuello,

esa cruz que tantas veces

he apretado fuerte con la mano

en los momentos duros pasados en la cárcel,

esa cruz que me recuerda

que Tú la viviste y sufriste,

esa cruz que hoy me recuerda

que tengo que cargar con mi cruz.

Ayúdame a sentirme vivo,

a sorprenderme con las pequeñas cosas

y valorar el vuelo de un gorrión

o de una mariposa.

Quiero volver a confiar en ti,

a quien tantas veces culpé de mi situación

e incluso te cubrí con alguna que otra blasfemia.

Cierro los ojos, respiro hondo

y desde lo más profundo de mi ser

quiero sentir que ya no estoy solo,

porque Tú estás conmigo

para realizar lo imposible.

 

ORACION TRAS UNAS REJAS

¡Cristo!,yo soy un preso.

Tengo más tiempo que los cartujos para rezarte.

Pero quizás Tú sólo sabes lo que cuesta rezar a un preso.

En nuestro ser más profundo explota a cada instante la rebelión.

Es difícil rezar, es difícil creer, cuando uno se siente abandonado por la humanidad.

También para Ti fue difícil rezar en la cruz y gritaste tu angustia, tu cólera, tu desilusión, tu amargura:" ¿Por qué me has abandonado?"

Quizás sea ésta la única oración que podamos hacer, pero frente a ella el mundo se ríe.

Un "por qué", que en tus labios era distinto, porque Tú eras inocente.

Nosotros no somos inocentes: no lo es ningún hombre de la tierra.

Pero nuestro "por qué" es una petición de justicia, aunque a veces, además de la cólera, lleve el sello de la desesperación y de la desconfianza.

Sabemos que nuestro "por qué" no lo escucha ya esa sociedad que rechaza al hombre como persona, y lo escucha sólo por lo que hace o por lo que tiene.

Quizás Tú tengas todavía un poco de paciencia, un poco de compasión, y hasta un poco de fe en nosotros, para escuchar, sin irritación y sin sarcasmo, nuestro "por qué" angustioso.

También Tú fuiste un preso, un torturado, un acusado y un condenado.

Tú, cuyo último escándalo para los virtuosos de oficio fue el de canonizar, sin milagros ni procesos, a un ladrón condenado a muerte.

A Ti, Señor, víctima viva de todas las injusticias cometidas por la justicia humana, dirigimos nuestro grito.

Acéptalo como oración, aunque algunos "buenos" se rasguen las vestiduras.

¿Por qué, Señor, la sociedad tiene que ser inhumana con nosotros, si te acepta a Ti como el Dios del perdón y de la misericordia?

Tú perdonas y olvidas; y hasta excusas.

Pero los hombres, cuando nos perdonan, no se olvidan de nuestra lepra.

Estamos marcados para siempre. Somos delincuentes para toda nuestra vida.

¿Cómo podremos esperar la resurrección, si la sociedad se niega a creer en nosotros?

Probablemente, cuando salga de la cárcel, no encontraré trabajo y tendré que robar de nuevo.

Pero, aunque lo encuentre, seguiré siempre siendo el "ex-presidiario".

Siempre que los "inocentes no fichados" planeen alguna cosa a mi lado, las sospechas caerán irremediablemente sobre mí.

En adelante ya no tendré la fuerza de la defensa.

Pero eso no es todo.

¿Por qué tienen que sospechar también de la madre y de los hijos del preso?

Ellos no tienen nada que ver. Pero también quedarán marcados para siempre.

¡Y ten mucho cuidado!

La sociedad no perdona.

 

DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS

Toda roca es polvo,

todo tiempo es ilusión,

toda semejanza apariencia.

Eterno corredor de fondo soy,

origen mismo de todo lo que del mundo me afecta y compromete.

Hacia donde soplan todos los vientos voy.

Demasiadas incógnitas se me antojan

para tan incondicional respuesta:

todo lo que tiene sentido tiene su sentido si se lleva a cabo con amor.

 

TÚ PUEDES

 

Aunque una y otra vez hayas errado,

también erraron cuantos han vencido,

cuanto más duro el golpe recibido,

más honda la lección que habrá dejado.

Tú puedes rescatar tu sueño hundido

como al bello tesoro más preciado,

así como el barro y sepultado

vuelve el loto a elevarse florecido.

Si el rumbo que una vez has elegido

palpita como un fuego esperanzado

no dejes que se apague en el olvido.

Luchar ya es medio triunfo conquistado,

que no importa las veces que has caído,

si después de caer te has levantado.

Francisco Martínez

 

UN DÍA MAS

Es una noche de otoño en la que la luna brilla en el cielo oscuro. Hace frío, y el silencio cubre las horas que pasan muertas, sin ningún fundamento, para esas vidas curtidas por el dolor. El contraste de las rejas con la noche lúgubre nos hace pensar en esa vida pasada, en una vida dura, llena de obstáculos para una juventud impaciente, una impaciencia que nos impidió hacer grandes cosas.

La radiosuena agobiante,siempre las mismas canciones,las mismas baladas, que le hacen pensar a uno en todas las oportunida­des perdidas, esas oportunidades que solamente se encuentran una vez en la vida. Y ahora ¿qué queda? ¡nada! ¡sólo el recuerdo!, el recuerdo de un camino duro, lleno de lucha satisfactoria, en el que nosotros claudicamos y nos tiramos al barro como hacen los cerdos en sus pocilgas, conde­nados a estar siempre rodeados de porquería.

La noche pasa apaciblemente, como todas en este lugar, sin ninguna novedad,sin ninguna peculiaridadque le haga a uno salir de su "ego" y quitarse esa "apatía" que seha metido en nosotros, do- dominán­donos por completo.

Van creándose estigmas en nosotros,marcas que sin querer van saliendo a la luz, haciendo de nosotros personas marginadas para el mundo exterior,personas desagradables queno tienen voz ni voto, como vegetales enun metro cuadrado de tierra,impotentes, depen­diendo dela mano del amo,que es el que nos riegay nos permite vivir día tras día sin pronun­ciar palabra alguna.

¿qué vamos a hacer?¡Decídnoslo vosotros!Vosotros que no habéis tenido ningún tropiezo en la vida como el nues­tro, y por eso os sobrevalorais a costa nuestra,tratándonos comoa enfermos que causan lástima. Aunque lástima es la minoría, casi todos nos odiá­is.

Se oyen paso acercándose,¡otro recuento!:el sonido de las llaves, los cerrojos y trampillas quiebra el silencio, ese silencio que le hace a uno dar vueltasy vueltas a la cabeza preguntándose: ¿Qué es lo que ha pasado? ¿En qué hemos fallado? ¿por qué hemos te- nido que ser nosotros?De nuevo se oyen pasos, pasos que se alejan tras la cancela y lanoche tranquila se vuelve a apoderar de noso­tros dejando revolotear nuestros pensamientos.

¡Ya nos queda menos!: ha sido un día más, lo que supone un día menos en el calendario, acercándonos al día en que nos permitan ser uno más en el mundo extraño para nosotros, ese mundo del que nos han dado mil ideas distintas para poder ser unciudadano más, pero que en la práctica nadie nos echará una mano, por culpa de esos estigmas que nos han quedado, haciéndonos volver a lo que siempre hemoshe- cho: llenarnos de barro.Pero nos da igual, nosotros anhe­lamos ese día, queremos probarnos anosotros mismosy nos agrada la idea de tener una nueva aventura.

Los radiadoresya están fríos como elhielo y nos refugiamos entre las mantas,como un ave cuando sale del huevo, siempre busca refugio entre las plumas de su madre.

La voz quejosay aburrida de un compañero atraviesa la penum­bra: ¡bueno, un día menos! Los demás guardamos silencio, pensati­vos, como ratificando la expresión de nuestro compañero de infortu­nio. ¿Cuántos han sido ya?¿Quién lo sabe? ¿A quién le importa? ¿Dónde se ha quedado el amor, la comprensión, el perdón la justi­cia, la familia...?

Otra vez el recuerdo inunda nuestras mentes, haciendo sin querer comparaciones en nuestra vida: ¿Dónde se quedó aque­llafeli­cidad que todos nos deseaban y auguraban?¿Inte­resamos, realmente a alguien?

Es medianoche, las luces se apagan, la gente empieza a dormir y en sus rostros creo apreciar una sonrisa:seguro que sueñan con la libertad.

RECORDADNOS POR LO QUE FUIMOS Y NO POR LO QUE EL MUNDO HA HECHO DE NOSOTROS

VIVENCIA

 
Viví en las tinieblas.
En la profundidad de mi soledad ficticia
pensando que no tenía nada,
creí haberlo perdido todo.
Muda en un mundo de sordos,
no supe encontrar la salida
para mi alma dolorida
que un día fue inocente,
y con los años confundida
por corazones inconscientes de su daño.
Me dejé llevar a la deriva
en un mar de inseguridad,
de sueños incumplidos
de recuerdos dañinos, de lamentaciones.
Y como rompen las olas contra las rocas
rompió mi alma contra barrotes
naufragando en prisión.
Mi corazón se hundió hondo, muy hondo,
hasta tocar fondo

en una celda fría, gris y sola,
muy sola, sentí miedo;
mi cuerpo temblaba,
mis lágrimas se deslizaban por mi rostro,
aterrada por la incertidumbre.
Con el tiempo y reflexionando
comprendí mi vida,
y a las personas que forman parte de ella.
Limpié mi corazón de rencores.
Olvidé el pasado, para mirar el futuro.
Y me sentí feliz, esperanzada.
Mi corazón es libre esté donde esté.
Siento que la vida es maravillosa,
no quiero desaprovecharla.
Me siento fuerte,
luchadora y llena de amor.
Sé que no estoy sola,
el cariño y apoyo de los demás
es lo que me da energía para vivir.

Edurne Sánchez

 

YALTE: una alternativa a la prisión

Cuenta la leyenda que en tierras del planeta SILEX nació un niño, llamado Yalte, que fue elegido para guiar a su pueblo. Una mañana cuando Yalte sólo contaba 9 años de edad, decidió hacer novillos de sus clases espirituales.

lomos de su caballo Libertad se alejó del Templo en dirección del mar, desde donde se podía divisar la vieja y sucia cárcel de su planeta. Todas aquellas personas que había saqueado casas, robado tiendas o matado a alguien... se encontraban encerradas por largo tiempo. Incluso algunas, para siempre.

Yalte jamás llegó a comprender por qué. A menudo, sentado ante la orilla del mar, mirando aquellos muros se decía: “yo no quiero ser GUÍA de un pueblo que no sea libre. No quiero vivir en estas tierras donde se encierra a las personas sin intentar hacer algo por ellas. ¿De qué les sirve a esa pobre gente dormir bajo un techo, comer cada día, estudiar o trabajar atrapados entre cuatro paredes, si nadie se atreve a darles una oportunidad? ¡Dímelo tú, Libertad! Dame una solución ¡Cuánto me gustaría eliminar del paisaje esa construcción!

Los años transcurrieron y el niño Yalte creció, convirtiéndose en el joven más triste y pensativo del planeta. No asistía a fiestas, no tenía amigos, ni se conocía mujer que deseara estar a su lado. Nadie veía en aquel joven un futuro GUÍA del planeta. Sin embargo, llegó el día en que el Padre Supremo enfermó, se vio obligado a abdicar a favor del joven elegido para sucederle: Yalte. Entonces Yalte puso una condición:

Sólo sucederé a nuestro Padre Supremo cuando alguien consiga dar una solución alternativa a la prisión. Quiero que nuestro planeta sea un planeta en el cual sus ciudadanos vivan en libertad y dónde la cárcel se utilice como último recurso para paliar delitos. Es importante que entre todos encontremos un instrumento más humano para acabar con las conductas ilícitas del planeta.

 Nadie entendía por qué el futuro GUÍA había puesto esa extraña condición para suceder a su Padre. Sin embargo, los que llevaban años en prisión vieron en el joven Yalte la posibilidad de volver a empezar. Por ello, todos los internados en aquella cárcel empezaron a idear una solución alternativa a la privación de libertad. Se reunían cada mañana en el patio de la cárcel y discutía entre ellos:

Algunos defendían la tesis de trabajar en beneficio de la comunidad. Otros hablaban de arrestos de fin de semana para así poder trabajar durante la semana y atender a sus familias. Otros planteaban la posibilidad de reparar directamente el daño provocado mediante un trabajo que beneficiara exclusivamente a la víctima del delito.

 

¿QUIÉN INVENTÓ ESTE LUGAR?

“Quien inventó este lugar se olvidó de los sentimientos, del amor, del aire y de su madre. No hablo de los motivos que me han traído a este lugar; tan sólo intento hacer ver que se debería buscar otra solución. Si estuviese sólo en el mundo, sin padres, mujer e hijos, no sufriría tanto. Miras a tu madre a través de unos cristales..., ves cómo te sonríe, cómo finge que no sufre... Mi esposa... recuerdo su brillo al mirarme..., recuerdo cuando me decía en mis primeros días de encierro que su amor, como su espera, sería eterno... Pasaron los meses y esa llama empezó a apagarse, no tenía forma de seguir manteniéndola... Un beso..., un te amaré siempre..., y un triste adiós definitivo. Con mis hijos fue más doloroso, pues toda la infancia de ellos es algo que nunca podré recuperar... y, aunque saben que existo, no saben quién soy. Y ¿dónde están los amigos?... Definitivamente, quien creó este lugar, nunca pensó en el daño que hacia a la vida. ¿Está Dios conmigo?..., necesito pensar que Él es el único que acompaña mi soledad y vacío”.

¿De verdad creen los jueces que soluciona algo meter a la gente presa? Quizás algún caso raro, pero en la mayoría de los casos nos destrozan psicológica y físicamente y envejecemos antes de lo normal, ¡madre mía! Sólo quiero que os paréis a pensar el sufrimiento que supone, aunque una cosa es suponer y otra vivirlo, el día a día de estar en prisión.Yo quizás no sea inocente, pero tampoco voy a decir que soy culpable y eso es comprensible, seguro que nadie cree que es culpable de nada. Lo que sí aseguro es que no soy culpable de padecer una enfermedad que me ha llevado aquí, bastante tenía yo con que tenía que buscarme la vida para que no me faltara.

Pero además de buscarte la vida aquí dentro para vicios menores como el tabaco o el café, lo más duro es sobrevivir sin que nadie te pise. Bueno, si me pusiese a pensar daría un largo etcétera de cosas que aquí son diferentes que ahí fuera, y creedme que no le deseo esto ni a mi peor enemigo. Sobrevivir aquí es fuerte, muy fuerte. Ver las cosas desde fuera es como la noche y el día. Yo lo estoy viviendo. Pedirle al Señor que jamás os veáis aquí porque situaciones que te pone la vida cualquiera se puede ver en ellas ¿os consideráis de otro planeta por eso? No, claro que no. Nosotros, tampoco, sólo que necesitamos que nos den una oportunidad, por que precisamente somos muy humanos y a veces cometemos uno que otro error que pagamos caro, muy caro.

“La prisión es ausencia y vacío. Te sientes arrancada de un mundo donde al menos suenan las risas de los niños. Te ves aquí, aparcada de las corrientes de la vida, como si de repente te vendaran los ojos, te ataran las manos, te arrebataran la voz, como se corta la voz de la radio. Te ves colocada en un mundo frío y hostil. No ha soledad más terrible que la impuesta.

Lo más insoportable es una puerta cerrada desde fuera. Los muros de la cárcel los vives como espejo que te escupiera tu triste imagen de presa, no son los muros, precisamente el cristal que te dejara ver aquello que amas. Estos vienen a amplificar sonidos y gritos, que te están agrediendo sin cesar.

Cuando fuera es primavera y sientes penetrar en tu jaula los aromas del campo, grima más fuerte en ti el ansia de la libertad y de la vida. ¿Cómo no sentirte, entonces, como un árbol que, en flor, es arrancado de su tierra y tirado a un rincón estéril? Dentro ves una difícil suerte para estas semillas de esperanza que aún conservas. Quisieras volver tus ramas, aún verdes, hacia la luz..., pero no encuentrasotra luz que la gris del cemento que te envuelve. Deambulamos en el patio buscando, como girasoles, la luz, que, al no encontrarla, se retuercen y caen abatidos. Entonces aparece el vacío de la desesperación, dolorosa antesala de la locura.

Si en las noches pudieras ver las estrellas, tendrías la oportunidad de soñar mundos más altos, pero el brillo de las alambradas que coronan los muros, te lo impiden, hiriéndote los ojos. Desde tu rincón ves impotente cómo el tiempo va devorando tu vida. Sólo en una carta o a través de una llamada te llegan noticias que iluminan las sombras de tu vida y sientes que tu corazón se recarga de energía.

No sé si podéis llegar a intuir cómo una quisiera respirar hasta el fondo la presencia de los suyos en las siempre breves visitas que te conceden. El otro día, mi hija se echo en mis brazos, llorando: “mamá, voy a tener mi tercer hijo y tú no estarás conmigo”; a mi lado tenía mi nietecita, me agaché para besarla y ella me miró con extrañeza hasta decirme: “¡hola, señora!”La sangre se heló en mis venas”.

Parece mentira, que viviendo en el mismo mundo, la vida en prisión sea tan diferente a la vida en libertad. Son dos mundos distintos: aquí, en prisión, todo te hace más daño, te sientes impotente, la rabia en ocasiones se apodera de ti, como cosa del diablo. No puedes ser tú mismo, no puedes actuar en según qué ocasiones... son detalles que te hace que te sientas muy pequeñito. Lo único que te hace seguir adelante es el pensamiento, que aquí no hemos nacido, estamos de paso, y que de aquí, más pronto o más tarde, saldremos, pero hasta que esto ocurre tiene que tragártelas como puños, suena un poco fuerte pero es lo que hay.

Los jueces dicen que nos meten entre rejas para reinsertarnos en la sociedad, y lo que ocurre es que nos da miedo salir a la calle, porque te has tirado tanto tiempo en estas casas que no estás seguro cómo te lo tomarás cuando te veas en la calle, y si eso es bueno que venga Dios y lo vea. Necesitamos que nos traten como lo que somos: PERSONAS.

Cuando nos sacan a juicio o al hospital, he observado la gente del exterior y nos observan como si fuésemos bichos raros, como extraterrestres, helecho que vivamos en un mundo diferente no quiere decir que seamos bichos de otro planeta, sino que hemos vivido en un ambiente poco agradable.

 

 

  LA PREVENCION DE LA DELINCUENCIA, TAREA DE TODOS

Son comunes en los medios de comunicación las noticias que hacen referencia a jóvenes delincuentes enviados a centros de menores, a jóvenes escolarizados violentos en nuestras escuelas, lo primero que debemos hacer es tomar conciencia de que la prevención de la delincuencia es tarea de todos.
   La prevención empieza en la infancia y sigue en la adolescencia. Muchos han nacido en condiciones de vivienda, economía, hábitos de vida de sus padres que no son saludables ni dignos. La mayoría han crecido con carencia de satisfacción positiva de necesidades. En la desintegración y la confusión, con la vivencia de ausencias donde se necesitaban presencias de limitaciones y malos tratos donde se necesitaban constancias de seguridad y límites.
   Nadie es malo de repente, ni bueno de repente. Las actitudes y comportamientos habituales se configuran como fruto de un largo proceso de aprendizaje. Hay tres factores imprescindibles para que se dé el perfecto delincuente:  
        
- un contexto de insufrible explotación
- una consecuente vulneración o destrozo de la persona y en su sociabilidad
- un proceso de formalización de su conducta repudiable pero rentable.

   Cuando en la vida de cualquier muchacho se dan estas tres circunstancias tenemos un " delincuente juvenil" seguro. Y con la misma certeza podemos afirmar que no lo habrá si falta uno cualquiera de estos elementos.
   Muchos piensan que salieron retorcidos y son retorcidamente malos, los que así opinan suelen tener cierta aprensión sobre las posibilidades humanas y prefieren aniquilar o negar todo lo que les culpabiliza, irrita o desborda, porque la prevención y nuestros niños y jóvenes son cosa de todos.
   La actitud que debemos tener debe ser solidaria para alinearse al lado de los muchachos y educar desde el conflicto, para la superación, con tolerancia entendimiento e implicación evitando así un futuro incierto y por qué no, su posible ingreso en prisión.

Noelia Cordeiro

 

 

 AÑO NUEVO, VIDA NUEVA.

 

Es esta una de las frases que más nos repetimos durante estos primeros días de Enero. Es tiempo de mirar el año que se nos presenta por delante, a estrenar, y llenarlo de buenos propósitos; esas buenas ideas que siempre nos han acompañado y que nunca nos decidimos a materializar. Son momentos en los que pensamos positivamente y soñamos con hacer posible aquello que se nos ha ido “atravesando” a lo largo del camino y que no nos resignamos a dejar sin intentar. Aparte de los buenos deseos para el año que comienza, cruzamos frases e intenciones como dejar de fumar, aprender inglés o informática, ponernos a dieta, dedicar más tiempo a los hijos, ir al gimnasio o aprender a tocar la guitarra… Luego llegarán Febrero y Marzo y se encargarán de hacernos aterrizar al tiempo que nos vuelven conscientes de que apuntábamos demasiado alto.

Pero, ¿sería lícito en estos días privarnos de esa capacidad de soñar? Creo sinceramente que no. El ser humano tiene derecho y capacidad para mirar su vida, descubrir sus errores o sus momentos perdidos y afrontar el resto de ella de forma diferente, siempre y cuando tenga en su entorno los apoyos necesarios. Es esta capacidad de cambio la que hace de nuestra vida algo dinámico, vivo, impredecible y, por ello, también intransferible.

¿Nos atreveríamos a negarle a alguien esta posibilidad? Estoy segura de que la primera respuesta es rápida y sincera: ¡por supuesto que no! Pero la realidad es que lo estamos haciendo: unas veces conscientes y otras no tanto, pero nuestras respuestas las están sufriendo seres humanos, personas como nosotros, vulnerables, con sus sueños y sus esperanzas vapuleadas hasta la saciedad. Hoy hay miles de personas encerradas en nuestras cárceles, privadas de libertad. Están ahí porque nuestra justicia determinó que habían cometido un delito, en un momento determinado y debían pagar la deuda contraída con esa sociedad. No voy a entrar a juzgar si son inocentes o culpables - esa dura tarea se la hemos dejado a los jueces –  pero creo que, en todo caso, ya han pagado suficiente por ello. Lo que sí sé es que, cuando la puerta de la institución se abre, considerando pagado su delito, son muchas otras las que empiezan a cerrarse y es esa misma sociedad – o sea, nosotros – la que se encarga de recordarles, una y otra vez, quienes son y de dónde vienen. Lo hacemos cuando buscan trabajo y nos empeñamos en que justifiquen por qué han estado sin trabajar durante tanto tiempo; o cuando intentan alquilar un piso y no tienen quién les avale aunque tengan el dinero para pagarlo; o cuando al volver al barrio en el que vivieron siempre todavía los dedos les señalan y les miran de reojo a pesar del tiempo que pasó de “lo suyo”…

Todos les recuerdan por su delito, como si su vida se hubiera limitado únicamente al hecho concreto por el  que los condenaron. Y hoy son pocos, muy pocos, los que se atreven a apostar, de nuevo, por esa persona, por su capacidad de cambio, por una vida nueva.  ¿Cómo nos sentiríamos si sólo nos recordaran como el hombre o la mujer que quiso aprender a tocar la guitarra y nunca lo consiguió? ¿O si fuéramos aquel o aquella que vino dos días al gimnasio y no volvió más? ¿No tendríamos la necesidad imperiosa de gritar que somos mucho más que eso y que nos están negando nuestras capacidades? ¿Cómo creeis que puede sentirse alguien si, después de vivir años esperando una segunda oportunidad, de centrar esfuerzos e ilusiones en ella, ve que las puertas se le cierran, sin escuchar siquiera lo que tiene que decir?

Nuestra sociedad presume de ser pluralista, reconocedora de derechos y muy humana. No es que dude de que así sea pero creo que, para que esto sea del todo real, necesitamos volver a confiar en el hombre; necesitamos decidir si nos consideramos tan profundamente atados como seres humanos,  que no tenemos más remedio que repetir una y otra vez nuestros fracasos, o, por el contrario, apostamos por las posibilidades y  miramos al futuro esperanzados en la capacidad de cambio.

En nuestro tender la mano o cerrar las puertas, esta nuestra respuesta. O somos catastrofistas, o, más bien, - y yo así lo creo-  preferiremos pensar que no todo está perdido y siempre queda tiempo para una vida nueva.

Es Año Nuevo…


Ana Belén
Varga

20 Octubre, 2007e -->e --> Sobre nosotros | Archidiocesis de Burgos | Contacta con nosotros | ©2004 Pastoral Penitenciaria Burgos