JESUCRISTO Y LOS PRESOS

 

 

Señor, hoy te pido por los presos, por los hombres y mujeres que han sido detenidos, encarcelados; que viven, día y noche, entre vallas, puertas y más puer­tas cerradas: vigilados día y noche hasta en su misma intimidad.

Tú, que también fuiste detenido violentamente y encerrado y torturado, ayuda a los hermanos torturados y encerrados. Aunque lo sean con culpa.

Tú, Señor, que fuiste condenado injustamente, apiádate, sobre todo, de los que cumplen una condena injusta, o que, incluso, son del todo inocentes.

Tú que fuiste considerado delincuente y antisocial; que fuiste avergonzado y escarnecido públicamente, dulcifica la represión y el desprecio y el rigor con que son tratados “nuestros” delincuentes.

Tú, Señor, Justo entre los justos; Dios de justicia amorosa, haz que se trate con justicia justa y respetuosa a quienes condenamos y rechazamos.

Tú, que ofreciste tu ejecución por amor, y por tu crucifixión conquistaste el amor de todos, haz que nuestros condenados encuentren amor y encuentren siem­pre a quien amar.

Tú, Señor, que saliste del sepulcro, tu último encierro, victorioso y triunfal, haz que los presos puedan recuperar su libertad, con esperanza de una vida nue­va.

Tú, Cristo Resucitado, haz que todos los presos puedan un día resucitar a la vida y que siempre haya quien celebre su resurrección.

Salva, Señor, a los presos de la ruindad y la depresión y el resentimiento y el espíritu de venganza.

Que todos aprendan de Ti, inocente y manso, pero abriendo todas las puer­tas a todas las libertades y para siempre.