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Entre lo nuevo y lo viejo |
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José Valdavida Lobo |
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Decir verano en Burgos es decir a la vez Semanas de Misionología. Así al menos, viene siendo desde hace más de cincuenta años. Decir Semanas es decir apertura, aires nuevos. Sus sesiones pronunciaron las palabras más iluminadoras, plantearon las cuestiones más del momento. Este año decir Semanas es decir examen, tomar el pulso. Acentuar que "la misión está entre", hacer importante la conjunción, no es postura retórica. La misión está entre un ayer muy distinto y un mañana tan apasionante como meritorio fue su ayer. Por realismo, nota que siempre ha caracterizado a la misión, por coherencia, exige un examen. Es lo que han buscado las Semanas en esta edición, como oferta a hombres y mujeres de hoy, antes incluso de sus motivaciones de fe. Porque la misión ha sido uno de los elementos más influyentes en la vida de la sociedad. En campos tan amplios como la cultura; las actitudes ante pueblos y grupos humanos; las relaciones internacionales, cuando sólo viajaban los diplomáticos y algunos pocos comerciantes; o el conocimiento de personas y cosas. Los primeros reporteros, los primeros puentes que acortaron distancias, fueron los misioneros, sus revistas, su presencia, su palabra. Porque el escenario está cambiando, el examen se hace insoslayable. Las nuevas presencias humanas en todas las manifestaciones de la vida: turismo, trabajo, comercio, ocio; las nuevas fuentes de información en un despliegue de crecimiento nunca conocido. Todo ello plantea nuevos retos, hace necesarias nuevas actitudes, que empiezan a ponerse de relieve en comportamientos más o menos xenófobos, en interrogantes religiosos mejor o peor resueltos. Si la misión se examina, todo observador de la realidad debe estar pendiente del resultado. Las Semanas no ofrecen soluciones. Buscan. Se alegrarán de compartir la búsqueda con personas interesadas por la realidad que se esconde tras la afirmación de estar "entre". ¿Por dónde tiramos? |
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