Una imagen de la Virgen, en la capilla de Juan XXIII

El pasado 3 de septiembre el Papa Juan XXIII era proclamado Beato.

El Papa Juan, siendo Nuncio en París, visitó algunos lugares significativos de la geografía española: Covadonga, Santiago, El Pilar, Montserrat, Burgos. Estaba impresionado de la vida religiosa en nuestro país: la presencia de la Virgen le golpeó especialmente el corazón. Quedó prendado de una imagen, ¡realizada en Burgos!, y que se venera en Covadonga, gemela de la que se encuentra en Cillaperlata.

Qué alegría saber que encargó una copia que le fue llevada a la Nunciatura de París y, luego, le acompañó a Venecia y Roma.

Y ahora Juan XXIII, que llevó una nueva sonrisa al Vaticano, es beatificado. Su nuevo estilo de cercanía a los fieles le hizo popular en la Ciudad Eterna y en todos los que acudían a Roma o le saludaron en los viajes fuera de la Capital cristiana.

Juan XXIII, hombre de oración profunda y continuada, rezaba cada día, entre otras oraciones, los quince misterios del Rosario.

Sus raíces humanas y religiosas habría que buscarlas en la propia familia, en el norte de Italia; nunca la olvidaría. Desde Roma escribía a sus hermanos Roncalli, en el pueblo: "Allí, al lado vuestro y de nuestros padres, aprendí las cosas más importantes, que me han ayudado en toda mi vida de sacerdote, de obispo y, ahora, de Papa".

La familia fue su principal escuela, que le marcó para siempre.

A Juan XXIII lo recordaremos, entre otras cosas, por sorprendernos con la celebración del Concilio Vaticano II. Aquella mañana, en San Pablo Extramuros, después de celebrar la misa, a la hora del desayuno, dejó a todos con la boca abierta: "Voy a convocar próximamente un Concilio Ecuménico".

Un estremecimiento corrió por toda la Iglesia. La noticia llenó de entusiasmo las filas de la cristiandad. Y el Papa nos puso a trabajar a todos: un momento estelar en el siglo XX.

Otro Papa continuó la aventura y dio remate a la corazonada del Papa que vino de Oriente.

En Roma, el 3 de septiembre, una imagen del Beato ondeaba en los balcones de la Basílica Vaticana. A él volverán la mirada los ojos de hombres y mujeres que han visto en él a Dios cercano a las inquietudes de los seres humanos.

Dios conceda a la Iglesia muchos corazones como el de Juan XXIII.

Santiago Martínez Acebes, Arzobispo de Burgos
Santiago Martínez Acebes, Arzobispo de Burgos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"A Juan XXIII lo recordaremos, entre otras cosas, por la celebración del Concilio Vaticano II. La noticia llenó de entusiasmo las filas de la cristiandad"

 

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