E n t r e v i s t a

Mons. Rafael Cob García

Monseñor Rafael Cob García nació en La Horra (Burgos) el 23 de octubre de 1951, en una familia profundamente cristiana: son siete hermanos, de los cuales cuatro son consagrados y tres casados. 

Estudia en su infancia en el pueblo con los Hermanos de la Sagrada Familia, y posteriormente entra en el Seminario de Burgos, y realiza sus estudios eclesiásticos en la Facultad de Teología de Burgos. Es ordenado sacerdote el 23 de octubre de 1976. Trabaja posteriormente como formador de los seminaristas en el Seminario de San José durante seis años y posteriormente ejerce como párroco en la Sierrra burgalesa, en las parroquias de Tolbaños y Canicosa de la Sierra. En 1990 sale como misionero, cruzando nuestras fronteras, para llegar a la selva amazónica en  Ecuador, en el Vicariato Apostólico de Puyo, donde es obispo desde el 6 de enero de 1999, en el que el Papa Juan Pablo II le consagra obispo en Roma, siendo hoy el obispo más joven en Ecuador.

"El corazón del Evangelio es vivir el amor de Cristo"

Miguel Ángel Delgado López

¿Cómo lleva "ser" obispo en el Vicariato Apostólico de Puyo?

Ser obispo supone partir de que es una forma de servir a la Iglesia, llevar la carga o cruz que supone ser obispo, es ser consciente de que es aceptar una gran responsabilidad como un carisma y gracia recibida de Dios para servicio de la comunidad. Sólo puede llevarse con un gran amor a la Iglesia. La misma Iglesia que deseamos hacer crecer y madurar cada día con un compromiso y deber misionero y confiando en que Dios, al dar esta difícil tarea, también da su gracia para cumplirla. Ser obispo es constatar que se nos multiplican las ocupaciones y preocupaciones, y las ilusiones y proyectos.

 

¿Cómo es su Vicariato?

Es una porción de la Iglesia ecuatoriana, con una extensión más de dos veces la provincia de Burgos, unos 30.000 Km2. Está en la Amazonia; el 90% es selva, con una población pequeña y dispersa; el 70% son colonos-mestizos y el 30% indígenas de distintas étnias y culturas.

En ella sólo somos14 sacerdotes y 70 religiosos y religiosas de distintas congregaciones, casi todas femeninas (sólo una de religiosos), de distintos países, lo cual habla de la universalidad de la Iglesia; también hay algunos laicos comprometidos a tiempo completo. Todos día a día entregan su vida por el Reino de Dios desde su vocación misionera. Hay mucho por hacer.

 

¿Las grandezas y las pobrezas de la Iglesia latinoamericana?

Es una Iglesia joven que día a día la ves crecer como un pueblo lleno de vida y de esperanza, hospitalaria, buscando ser una Iglesia con rostro materno y espíritu comunitario, que sabe compartir y ser solidaria desde su fe con sus hermanos, consciente de que le queda un camino por recorrer. Con una gran religiosidad popular, a la vez que con una gran riqueza  cultural de los distintos pueblos y etnias.

Los pueblos de Latinoamérica también siguen su calvario, sufriendo marginación, olvido y explotación por parte de los poderosos, a la vez que viviendo el contagio de la corrupción social, con ansias de tener más que de ser, proveniente de una cultura adveniente. Con grandes injusticias y una brecha que crece entre ricos y pobres, aumentando cada día el número de pobres y su falta de poder adquisitivo.

 

¿Ser obispo misionero es comprender y vivir lo que es el corazón del evangelio?

Si todo cristiano debe ser consciente de su compromiso apostólico y misionero, cuánto más debemos serlo los obispos, a los que nos han encomendado la tarea de regir este territorio de misión, donde la Iglesia todavía no ha llegado a una suficiente implantación del Evangelio ni a una madurez tal que pueda ser autónoma y tenga los propios pastores nativos que guíen a sus propias comunidades.

Vivir el corazón del Evangelio creo que es vivir el amor de Cristo. Por ello en mi lema escogí: "Haced Todo con amor". Sin esta dimensión nuestra evangelización carecería de sentido. Y comprender este corazón del Evangelio es comprender que amar es servir. Este servicio pastoral como obispo es acompañar, comprender, animar y entusiasmar, ser el padre y hermano, y todo ello para hacer que nuestros pueblos sean comunidades fraternas. Todo un reto y un hándicap, pero ahí debemos apuntar. Aunque muchas veces estemos lejos de conseguirlo o no lleguemos, no cansarnos de intentarlo cada día.

 

¿Hasta dónde tiene que llegar la fraternidad de las Iglesias diocesanas con la misión?

Pregunta interesante la que nos hace. Quizá la respuesta varía según donde pongamos la mirada o la vivencia de nuestro espíritu misionero.

En una familia, cuando un hijo o una hija forma otra familia, la madre se alegra porque corre por sus nietos la misma sangre, los hermanos sin darse cuenta se sienten atraídos por un amor fraterno que les lleva a quererse, apoyarse, ayudarse y defenderse siempre. Creo que la fraternidad de las Iglesias diocesanas con las Iglesias misioneras no se debe quedar en palabras ni en letra escrita, sino que debe quedar demostrada en hechos concretos, como nos diría el apóstol Santiago para demostrar nuestra fe.

Por ello pensamos que hasta que una Iglesia hermana se consolida, se hace adulta y autónoma, la fraternidad debe pasar por entregar ayuda de personal, espiritual y material. El amor no pasa nunca.

Queremos agradecer la fraternidad de la Iglesia diocesana de Burgos con las misiones, y en especial con nuestro Vicariato. Quizás sea la diócesis española que más misioneros y misioneras tiene en el mundo. No obstante, podría dar más, especialmente de sacerdotes diocesanos para las misiones. Tiene que llegar a un desprendimiento mayor de los propios sacerdotes, al igual que de laicos comprometidos. Es fácil ser fiel un día, un mes; lo importante y lo que vale la pena es ser fiel todos los días.

 

¿Algo más que decir a su diócesis de origen o madre?

Una palabra: gracias; una oración, una súplica: "levántate y anda".

Hace unos días un cura de la diócesis me decía: "Sobramos curas en Burgos"; y otro decía: "Al paso que vamos, tendréis que venir un día a evangelizarnos desde allí".

Hay miedo al riesgo, miedo al compromiso, a las opciones de por vida. O falta fe o falta confianza. Hay gente que sólo sabe hacer cálculos humanos para las cosas de Dios, cuando sólo es necesario ponerse en sus manos. 

Cristo misionero nos quiere misioneros. Quizá falta la vivencia misionera. Aquí o allí, en vanguardia o retaguardia, necesitamos sintonizar con el espíritu misionero de Jesús, es Espíritu renovador de Pentecostés para este nuevo milenio recién estrenado. El mundo necesita más que nunca de Dios. ¿Quién se lo dará?

Hará falta una sacudida fuerte a tanto cristiano adormilado que se envejece antes de tiempo en medio de un ambiente que, sin darnos cuenta, nos envuelve y aleja de los auténticos valores de la vida y nos mece en un sueño de ausencia de Dios. 


"La fraternidad de las Iglesias diocesanas con las Iglesias misioneras no se puede quedar en palabras ni en letra escrita, sino que debe quedar demostrada en hechos concretos"



"El mundo necesita más que nunca de Dios. ¿Quién se lo dará?"



"Cristo misionero nos quiere misioneros. Quizá falta la vivencia misionera. Aquí o allí, en vanguardia o en retaguardia, necesitamos sintonizar con el espíritu misionero de Jesús"


 

Arriba          Cartas del Arzobispo          Noticias

Opinión          Entrevistas          Cultura

Nuestras Parroquias          Documentos          Misiones

Números anteriores          Foros de debate          Buscar en Sembrar