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Mons. Santiago Martínez Acebes |
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Santiago Martínez Acebes nació el 13 de julio de 1926 en San Cristóbal de la Polantera, diócesis de Astorga y provincia de León. Cursó las humanidades en los Aspirantados de la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos de Astorga y Burgos, y los estudios de Filosofía y Teología en Salamanca. Licenciado en Sagrada Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca. Realizó estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de Valencia. en el Alfonsiano de Roma concluyó la especialidad en Moral. En 1949 ingresó en la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos y fue ordenado sacerdote el 30 de julio de 1950. Ha desempeñado, entre otros, los cargos siguientes: Vice-Rector y profesor del Colegio Mayor "Maestro Ávila", de Salamanca (1950); Director del Colegio Pío XII, de Valencia, por espacio de trece años, en donde inició el Movimiento Pastoral Familiar (1954); Director espiritual del Colegio Español de Roma y Consejero del Director General de la Hermandad (1966); Director Regional de la Hermandad para España, volviendo de nuevo a Roma como Vice-Rector del Pontificio Colegio Español y Consejero del Director General (1972). En 1977 se le confía la parroquia de Santa Cruz de la Herradura, en México, siendo, al mismo tiempo, Delegado de la Hermandad para ese país. Vuelto a España en 1983, se hizo cargo del Seminario Mayor de Toledo, primero como Rector en funciones y luego como Rector. El 29 de diciembre de 1987 fue nombrado Obispo de Plasencia, y el 30 de octubre de 1992 Arzobispo de Burgos. Tomó posesión de esta sede metropolitana el día 20 de diciembre de 1992. En 1995 convocó el XXIII Sínodo Diocesano de Burgos, que se clausuraba el 31 de mayo de 1998. El pasado 30 de julio se cumplían los 50 años de su ordenación sacerdotal. Con este motivo, se celebró el 20 de octubre una Eucaristía de acción de gracias en la Catedral, que sirvió como homenaje de la diócesis burgalesa. |
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"Deseo a mi querido Burgos que sueñe, como sus héroes, para hacer un mundo más libre, más justo y más cristiano" |
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Julián Gumiel Velasco |
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¿Cómo resumiría estos cincuenta años de sacerdocio? Qué difícil resumir cincuenta años transcurridos en tan diversos lugares: España, Roma, México; con tareas distintas en momentos históricos de nuestra patria y de la Iglesia que ya van quedando lejos, como la transición democrática, el Concilio Vaticano II... Ciertamente, dar una mirada rápida a esos caminos recorridos, donde encontré personas admirables, es algo que no cabe en una respuesta concisa para una entrevista de nuestra Sembrar.
¿Cómo recuerda el despertar de su vocación sacerdotal? Mi despertar a la vocación sacerdotal comenzó en mi pueblo, viendo a otros amigos algo mayores que iban al Seminario u otros centros de distintos institutos religiosos. La vida religiosa de las familias y de la parroquia favorecían el germinar de la vocación en los muchachos y muchachas del pueblo. Y escogí el camino del sacerdocio en Astorga; luego en Burgos y Salamanca.
En estos cincuenta años habrá habido momentos buenos y malos... En cinco décadas caben muchos momentos de dolor y de alegría, de tensión ante nuevas situaciones, de paz. Me da la impresión de que ha sido un caminar continuo recorriendo caminos nuevos que, un día, terminarán en el abrazo de Dios para siempre, abrazo que espero ilusionado.
También habrá muchos motivos para la acción de gracias... Claro. La palabra "gracias" la he repetido constantemente, convencido de la ayuda que me ha dado el buen Dios, por una parte; y, por otra, convencido de mis limitaciones enormes.
¿En algún momento estuvo tentado de "tirar la toalla"? No, eso jamás. Pasé malos ratos al tener que decir que sí a algunas tareas. Sentía miedo. No me veía con las cualidades que uno soñara. Pero, una vez puesta la mano en la mancera, ¡adelante! ¡Que el Buen Dios camina a mi lado, aunque mi paso no sea tan ligero como antaño!.
La Iglesia y la sociedad han cambiado mucho en estos años... ¡Que si han cambiado! Como mi vestimenta: de la sotana y dulleta, hemos pasado al traje con "clergyman". Por la calle, los niños te besaban la mano. Los libros de teología los leíamos en latín. Y la Misa, en la misma lengua. En medio de mi vida está el Concilio Vaticano II: sus documentos nos han cambiado el estilo de vivir, el modo de ver la Iglesia. A quien no haya pasado por esta raya del Concilio le será difícil comprender ese cambio tan grande.
¿Cuáles cree que son los pilares de la vida sacerdotal? Los pilares de la vida sacerdotal: Cristo y los hombres. Por una parte, vivir muy dentro del Corazón de Jesús; y, por otra, un amos apasionado al hombre como el del Señor, que llegó a dar la vida propia por el hombre. Es duro aceptar morir para que otros vivan.
¿Cuál fue su reacción cuando le propusieron ser obispo? Ya no quiero recordar esos momentos, los más duros en la elección de caminos. No andaba yo por lugares en que se dan mitras. Por eso, me cogió desprevenido la propuesta. En esos momentos siempre hay alguien que te invita a mirar más arriba: "Es cosa de lo alto..." Pues bien, "he aquí la esclava del Señor".
¿Ser obispo le ha privado de muchas cosas? Ser obispo, como ser cura, conlleva decir adiós a muchas cosas. Las tareas del Reino son nuestra única preocupación. Siguiendo a Jesús se deja TODO. Pero, no hay tristeza en el alma, pues nos hemos llevado el gran tesoro.
En 1992 llegó a Burgos. ¿Qué recuerdos guarda de aquel momento? Volví a Burgos en 1992. Un día de sol del mes de diciembre. Al ver el Seminario de San José, me vinieron los recuerdos de mi adolescencia. El santo, que cuidó a Jesús, cuidó de este chaval que estudiaba para ser un día sacerdote de Jesús. Alguna guerra le di; pero tuvo paciencia conmigo. Aquellos dos años los tengo muy grabados en el alma: eran los años de decir un sí, con toda conciencia. Amigos inolvidables, aunque siguieron otro camino. Los paseos por los alrededores de la ciudad, la Cartuja, Cardeña, las evocaciones del Cid...
¿Qué destacaría de su estancia en Burgos? En esta estancia en Burgos, al final de mi vida, me ha alegrado comprobar la fuerte vitalidad religiosa y misionera, característica de esta tierra, y que ha sabido conservar. He advertido con pena cómo Jesús y su Evangelio ya no están en el corazón de mucha gente joven. Y me da dolor, porque es el gran tesoro de este pueblo que vive a la sombra de la preciosa catedral.
¿Qué mensaje enviaría a nuestra Diócesis en sus bodas de oro sacerdotales? Mi mensaje a Burgos hoy: Amigos, el Señor viene de nuevo a visitarnos en este nuevo siglo. Viene, con el amor de nuestro Cristo de Burgos, para decirnos cuánto nos quiere. Viene con el cariño de esos dos mil paisanos que, lejos, en la misión, enseñan a otros pueblos la lección aprendida en el corazón de su familia. Deseo a mi querido Burgos que sueñe, como sus héroes, para hacer un mundo más libre, más justo y más cristiano. |
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"Ser obispo, como ser cura, conlleva decir adiós a muchas cosas. Las tareas del Reino son nuestra única preocupación" |
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"He advertido con pena cómo Jesús y su Evangelio ya no están en el corazón de mucha gente joven" |
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"Al ver el Seminario de San José me vinieron los recuerdos de mi adolescencia" |
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"En esta estancia en Burgos, al final de mi vida, me ha alegrado comprobar la fuerte vitalidad religiosa y misionera" |
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