Punto de Vista

¡Gracias, don Santiago!

Tasio Villanueva Riu

Poder festejar un acontecimiento como éste me produce sentimientos de alegría y gratitud.

Alegría, porque creo firmemente que tener sacerdotes cerca de nosotros es constatar el amor que Dios nos tiene al poner en nuestro camino, a nuestra disposición, personas totalmente entregadas al servicio de los demás que hacen presente la Buena Noticia de Jesucristo entre los hombres. La existencia de sacerdotes es garantía de la presencia de Jesucristo entre nosotros.

Gratitud al Señor y a cada uno de los sacerdotes, personificados y representados hoy en usted, don Santiago, porque en este momento en que virtudes como la fidelidad y la perseverancia no son habituales en nuestra sociedad, que valora los éxitos fáciles a corto plazo y no da importancia al trabajo realizado con esfuerzo y mantenido a lo largo del tiempo, hay que agradecer que existan personas que, venciendo las dificultades de la vida, sean capaces de llevar a buen término compromisos, como el sacerdocio, que duran toda la vida y que suponen una renuncia personal grande a cosas y situaciones legítimas, como formar una familia, por ejemplo. Es ésta una expropiación voluntaria, aunque no la única, realizada en favor de los demás, para la que no existe «justiprecio» que se pueda medir con magnitudes humanas y que, cada vez que reflexiono sobre ello, surde dentro de mí una mezcla de admiración y asombro, de cariño y adhesión no exentas de emoción.

Me consta que ser sacerdote no es fácil y que el de obispo es un oficio casi imposible hoy. Me consta también que los laicos no siempre hemos sido capaces de valorar y agradecer suficientemente haber tenido siempre sacerdotes cerca de nosotros, sobre todo cuando se ha vivido en un entorno de clero gracias a Dios tan abundante y, quizás en parte, precisamente por ello.

Sin embargo, también es un hecho, que nadie lo dude, que cada día más cristianos de a pie sentimos la necesidad y apreciamos de verdad el «lujo» que supone trabajar codo a codo por el Reino con nuestros hermanos sacerdotes y con nuestro obispo y agradecemos al Señor su servicio alegre y gratuito animando nuestra fe y acompañándonos a lo largo de toda la vida.

Deseo de corazón que estas líneas sirvan de pequeña pero cálida muestra de gratitud, de ánimo, de reconocimiento y de cariño sinceros para cada uno de mis hermanos sacerdotes, y de manera especial para usted, don Santiago, en el 50º aniversario de su ordenación sacerdotal.

 

Arriba          Portada          Cartas del Arzobispo

Buena Noticia         Noticias          Opinión          Entrevistas

Cultura          Intenciones          Números anteriores

Foro de debate          Nuestras Parroquias          Documentos

Buscar en Sembrar