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Carta de los religiosos a don Santiago |
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Confer Burgos |
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Querido don Santiago: A todos los religiosos y religiosas que vivimos el seguimiento de Jesús en esta Iglesia particular de Burgos nos brota del corazón un saludo entrañable para usted. En primer lugar, nos agrada unirnos con todos los demás hermanos cristianos burgaleses, para celebrar esta fiesta familiar de las bodas de oro de nuestro obispo. Recordamos con san Pablo que "la gracia concedida a uno debe ser agradecida por todos". Pero también recordamos que "amor con amor se paga", y que el afecto con que nos ha saludado miles de veces, en sus homilías y alocuciones, en sus escritos e intervenciones en los medios de comunicación, sólo puede ser respondido con el cariño y el afecto más entrañables. Gracias, don Santiago, porque a los religiosos nos ha dado espacio, tarea y palabra en esta Iglesia diocesana de Burgos. En su corazón de padre, de pastor, de hermano y amigo, estamos muy presentes, junto a los hermanos laicos, junto a los hermanos sacerdotes del clero secular. Usted sabe muy bien, don Santiago, que en los años en los que usted ha ejercido su ministerio como arzobispo de Burgos, la Iglesia ha mirado con cariño a los religiosos de todo el mundo, para decirnos una palabra de luz y de aliento en esta hora difícil que nos toca vivir. Usted ha sido el encargado de prolongar y acercar esa mirada a cada uno de nosotros, a cada una de las abundantes familias religiosas que, con su entrega, hacen más hermoso en dones el horizonte de la Iglesia diocesana. Fruto de esa mirada ha sido el documento Vita consecrata. No podemos olvidar, a la hora de hacer concreto nuestro agradecimiento, el momento de gracia que ha supuesto la vivencia del Sínodo Diocesano. Desde el primer momento percibimos su sensibilidad hacia la comunión eclesial, donde siempre estábamos los religiosos, no como quien está por encima de los demás cristianos, sino como quien camina codo con codo, en la teoría y en la práctica, con todos los que formamos el Pueblo de Dios. Aparentemente puede parecer que las cosas no han cambiado mucho, pero la realidad creemos que es otra, y eso nos da esperanza. En estos comienzos del tercer milenio, tenemos que afrontar los religiosos y religiosas retos de envergadura. No es fácil ser fieles en esta hora de debilidad, a causa de la edad avanzada de muchos de nosotros, de la falta de vocaciones o de nuestra propia incoherencia; sin embargo, creemos que esta sigue siendo la hora de la fidelidad y la entrega, de vivir para Dios, de hacer presente en el mundo la ternura de Jesús. Estamos seguros, don Santiago, de que en esta tarea diaria le vamos a tener a usted, nuestro obispo, prestándonos su apoyo y ánimo, poniendo su mano en nuestro hombro, para que nuestro paso no se desoriente ni nuestros pies se tambaleen. Don Santiago, ¡gracias! ¡Gracias por todo! ¿Sabe una cosa? Nos hemos sentido queridos por usted. Y eso nos da fuerzas para amar a todos. Sepa que también nosotros le llevamos en el corazón. |
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