Buena Noticia

5 de noviembre                 12 de noviembre

  

5 de noviembre de 2000

Domingo 31º de tiempo ordinario

Deuteronomio 6, 2-6

Hebreos 7, 23-28

Marcos 12, 28b-34

 

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó:

- «¿Qué mandamiento es el primero de todos?»

Respondió Jesús:

- «El primero es: "Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amaras al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser." El segundo es éste: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo." No hay andamiento mayor que éstos.»

El escriba replicó:

- «Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios. »

Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo:

- «No estás lejos del reino de Dios.»

Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

La retirada de los burlescos saduceos suscita la aparición del único interlocutor sincero: un maestro de la ley, empeñado en la búsqueda auténtica de la verdad. Su pregunta nace e una exigencia particularmente sentida en el judaísmo de entonces. Un número exagerado de imposiciones y prohibiciones, no pocas veces insignificantes, impedía ver con claridad lo realmente importante.

La respuesta de Jesús, que recoge dos textos del Pentateuco, se caracteriza por la seguridad soberana con une el amor a Dios y el amor al prójimo. Sólo el amor a Dios hace posible el amor al prójimo y sólo en el amor al prójimo puede manifestarse e1 amor a Dios. Este mandamiento de1 amor es el mayor porque sólo él sentido y orientación a los demás.

 

12 de noviembre de 2000

Domingo 32º de tiempo ordinario

1º Reyes 17, 10-16

Hebreos 9, 24-28

Marcos 12, 38-44

 

En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo:

- «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Éstos recibirán una sentencia más rigurosa.»

Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos, les dijo:

- «Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de los que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.»

Atacados los maestros de la ley en el plano doctrinal, ahora lo son también en el plano de la vida práctica. Aquellas personas tan estimadas y admiradas por el pueblo esconden, bajo un comportamiento aparentemente irreprochable, dos defectos que hacen inútil cualquier acto de culto: vanidad y avaricia. Su vanidad queda resaltada con cuatro pinceladas que encuentran fácil confirmación en las fuentes judías. Su avaricia es singularmente grave por llevarles a la explotación de los más indefensos, sirviéndose precisamente de su prestigio religioso. En lugar de ayudar a los pobres y necesitadas, no dudan en aprovecharse de ellos, recurriendo a una devoción ostentosa, hecha como espectáculo para atraer la admiración y la estima de la gente. Nada puede haber más corrupto y abominable que un comportamiento hipócritamente religioso en función de una ambición sin escrúpulos.

5 de noviembre                 12 de noviembre