E n t r e v i s t a

María Ángeles Peña Ortega

Sor María Ángeles Peña nació en 1920 en Ibeas de Juarros (Burgos). Celebra ahora las bodas de diamante (60 años) de consagración religiosa en la Compañía de Hijas de la Caridad. Toda una vida dedicada al servicio de Dios y de los hermanos necesitados.

"Pido a Dios el relevo de alguna joven que dé el sí al Señor"

Miguel Ángel Delgado López



¿Cómo surgió su vocación?

Yo era la tercera de la familia. Al mayor, cuando terminó el servicio militar, lo llamó Dios. Al año siguiente sentí en mi interior una voz que me decía: «Tú, ven y sígueme».

Fui al apostólico de Rabé y allí fue madurando mi vocación al lado de aquellas Hijas de la Caridad tan ejemplares. Después de tres años me nombraron para hacer la prueba en el Hospital Provincial de Burgos, al lado de los enfermos. Después he estado en el Seminario de Madrid y dedicada a la enseñanza hasta 1990.

¿Qué significa para usted celebrar estos sesenta años de su consagración religiosa?

Es un motivo de agradecimiento a Dios y a las personas con quienes he convivido y compartido esta vida.

Y motivo también de enorme alegría por lo que suponen estos sesenta años consagrados a su servicio. Y pido a Dios que los años que me depare permanezca no solamente estando, sino siendo.

¿Qué significa haberío vivido como Hija de la Caridad?

Haberme realizado como persona, tanto espiritual como profesionalmente.

¿Cuál es su carisma propio?

Después de los tres votos de todos los religiosos, el servicio a los pobres más pobres, tanto de cultura como de medios materiales, viendo a Cristo en ellos.

 

Han cambiado mucho las cosas, incluso en la vida religiosa. ¿Qué recuerda del pasado como bueno que hoy se ha perdido y qué hecho del presente le parece que hemos mejorado y estima atrayente?

Sí, la vida religiosa ha cambiado mucho, como la vida en general. Ya se dice que «renovarse o morir». No se puede permanecer estancados.

Un aspecto actual que me parece positivo es una participación más activa en lo que se refiere a la Iglesia local.

¿Qué diría a los jóvenes que se plantean o sienten inquietud por vivir la vida de consagración religiosa?

Que merece la pena; y Dios, que no se deja vencer en generosidad, les ayudará siempre que recurran a El. Por eso les animo a responder a la llamada del Señor y a darse por entero.

Díganos lo más atrayente que usted ve o siente en la vida de San Vicente de Paúl.

Muchas cosas. Entre ellas destacaría las tres virtudes que poseía en alto grado: humildad, sencillez y caridad. Lo más importante: el servicio a los necesitados; el santo dice en una frase: «Ellos son mi peso y mi dolor».

También su celo por la salvación de las almas. Decía: «Si la caridad es el fuego, el celo es la llama».

¿Se siente feliz, volvería a ser religiosa hoy?

, enormemente feliz. No me arrepiento en absoluto, volvería a ser religiosa. Pido a Dios el relevo de alguna joven que se decida a dar ese al Señor, porque una ya ha cumplido los ochenta.

¿Quiere añadir algo?

Dar las gracias por todo y a todos los que me hacen feliz, pequeños y grandes.


"Pido a Dios que los años que me depare permanezca no solamente estando, sino siendo"


 

 

 

 


"Un aspecto actual que me parece positivo es una participación más activa en lo que se refiere a la Iglesia local"


 

 

 

 


"Soy enormemente feliz. No me arrepiento en absoluto, volvería a ser religiosa"


 

 

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