Adviento: "Ven, Señor, que te esperamos"

Cada año renovamos nuestra petición secular: "Ven, Señor", que el mundo te espera. Un día llegaste a Belén, a un humilde establo entre cantos de ángeles y ofrendas de pastores. Luego, recorriste la tierra palestina para anunciar la Buena Nueva y enviar a tus Apóstoles con el encargo de anunciar el Evangelio por toda la Tierra.

Nuestra oración sigue insistente: "Ven, Señor".

Nos dice tu evangelista: "Y los suyos no le recibieron". Esto nos preocupa: que yo, u otros, no te recibamos, que te cerremos las puertas de nuestra casa, de nuestra vida. Ya nos dijo Juan: "Preparad el camino al Señor; que los montes se allanen y los valles se levanten". Y nos lo repite en estas fechas milenarias.

Todos los hombres estamos convocados a crear caminos y sendas que el Salvador quiere recorrer para encontrarse con los hombres. El misionero, el sacerdote, el laico: todos son convocados para preparar los caminos del Buen Dios.

Muchas son las actividades programadas para preparar los caminos que ha de recorrer el Dios que nos salva.

"A toda la tierra llega su pregón". ¿Lo conseguiremos? Con nuestra presencia, con los medios de comunicación, haremos un nuevo esfuerzo para que el mensaje se oiga en todos los rincones del mundo.

Cuánto admiramos a tantos hijos e hijas de nuestra Diócesis que, lejos de sus familias, llevan la Buena Noticia a quienes esperan con ilusión el mensaje que nos salva. Por eso, nuestra oración no será egoísta en estos días: Ven, Señor, a todos los pueblos, a los hombres de todos los colores. Ven, Señor, con la fuerza del amor.

Necesitamos nuevos mensajeros, nuevos cristianos que se comprometan en el anuncio del Evangelio. Es cuestión de amor: el que ama de verdad, es como una madre, cuyos desvelos se dirigen a todos, sin excepción, con la ambición de abarcar a todos.

Pocos días nos separan de la Navidad. Es tiempo de preparar el viaje a Belén; de dejar la casa, para ponerse en camino.

Cuesta dejar la propia situación y embarcarse en la aventura de la ruta que lleva a Belén.

Ya me llegan ecos de villancicos y zambombas, y tarjetas, y cartas con felicitaciones. Señor, que sepamos enviarnos los mejores presentes que fortalezcan nuestras amistades.

Ven, Señor, sobre todo, al que no tiene casa, o pan, o amor, o fe. Ven al corazón de los que más sufren, que te esperan.

¡Ven, Señor!


Santiago Martínez Acebes, Arzobispo de Burgos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"Necesitamos nuevos mensajeros, nuevos cristianos que se comprometan en el anuncio del Evangelio. Es cuestión de amor: el que ama de verdad, es como una madre, cuyos desvelos se dirigen a todos"

 

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