Punto de Vista

Sembrar, 20 años de intrahistoria diocesana

Juan José Pérez Solana

Me piden, y con sumo gusto acepto, alcanzar con lanumero1.jpg (273905 bytes) memoria los orígenes de nuestra Hoja Diocesana Sembrar.

Estrenábamos los 80 y en pleno posconcilio había en los ambientes eclesiales ansias verdaderas de renovación, de acercamiento a las gentes, de conocimientos recíprocos y de ayudas mutuas. Era aquella una ilusión colectiva y un reto a los tiempos nuevos que, efectivamente, ya estaban encima.

En nuestra Diócesis, por ejemplo, había que contemplar dos mundos bien diferenciados: el mundo rural, antiguo y nuevo, enraizado en sus tradiciones y abierto a la modernidad pero con señas inequívocas de un empobrecimiento demográfico, y el mundo urbano en cuarto creciente, lleno de vitalidad y lleno también de contradicciones. En aquél se refugiaba la tradición secular; en éste, la nueva y compleja demografía demandaba infinidad de soluciones. Allá, en los pueblos, estaba la rica hacienda de un patrimonio religioso que, poco a poco, amenazaba ruinas; aquí, en la ciudad, las nuevas feligresías exigían templos, colegios, instituciones, nuevos modos de atención.

Pues bien, en ese contexto nace Sembrar con el ánimo que le confería su título de poner en el surco de la geografía burgalesa una semilla de esperanza. La idea fundamental de aquella "Hoja" era la de acompañar a los fieles de la Diócesis en esa andadura por los tiempos nuevos y la de hacer este viaje en sintonía.

¿Cómo hacerlo? Esa fue, en aquel entonces, una pregunta esencial a la que, seguramente, dieron, dimos, muchas respuestas y ninguna suficiente. Pero iniciamos el viaje en el que ahora otros perseveran con idénticos entusiasmos.

Aquellos años iniciales estuvieron, eso sí, llenos de iniciativas: propusimos que la "Hoja" fuera, por decirlo de algún modo, el centro de información de las distintas zonas pastorales, de las diferentes delegaciones, de los movimientos apostólicos, de la Curia diocesana, etc.

Propusimos y llevamos a cabo una sección litúrgica, preferentemente del domingo, para que todos los lectores rezáramos juntos. De igual manera, entre los proyectos llevados a cabo figuran los de sacar a la luz aquellos comunicados o documentos eclesiales que analizaban o zanjaban cuestiones candentes.

La Hoja Sembrar debía ser también, y así lo hizo, la crónica fiel de cuantas empresas diocesanas, campañas, obras, cursos y otros programas realizaba la Diócesis.

En su afán por conectar con las raíces de la tierra burgalesa, Sembrar hizo números especiales dedicados a la Semana Santa, a la Navidad, al mes de mayo, rescatando hermosos cancioneros de los pueblos y delicadas costumbres lugareñas. Quisimos, y ahí están los testimonios gráficos, que por sus páginas pasaran las imágenes fotográficas de una buena parte de las iglesias burgalesas por humildes que fueran (un formidable archivo de don Emiliano Nebreda sirvió para el caso).

Se buscó el humor, que sólo nos salía en ocasiones; se buscaban las noticias eclesiales que, en aquella hora, sonaban de distinta manera; se buscaron buenos comentarios catequéticos a la doctrina de siempre: la s Bienaventuranzas, el Credo, las obras de misericordia, los novísimos, el Padrenuestro, etc.

En fin, queríamos ponernos y nos pusimos al lado de las gentes sencillas para compartir el pan y la palabra de la intrahistoria diocesana.

Fueron aquellos unos inicios ciertamente modestos, pero pletóricos de ilusión al menos en cuantos, semana tras semana, soñábamos con un nuevo número de la "Hojita".

Sembrar cumple ahora veinte años. Veinte años en la historia de una Diócesis son una anécdota, pero la anécdota trasciende cuando se sueña en una comunión tan singular como es la eclesial. Personalmente creo que ese sueño sigue en pie en los que ahora dirigen y llevan a cabo este servicio modesto entre los que más, pero plenamente significativo para los que se saben Pueblo de Dios.

La Hoja Sembrar nunca pretendió hacer historia, se conformaba con registrar la intrahistoria diocesana.

Los tiempos exigían ya entonces esta modalidad evangelizadora; ahora, si cabe, mucho más.

 

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