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Entre
los días 8 y 10 de noviembre la Facultad
de Teología de Burgos ha
celebrado las
VIII
Jornadas del Aula "Pensamiento y Sociedad", que en la presente
edición estaban
dedicadas
al tema "Sociedad y experiencia de lo nuevo". Como en años
anteriores estas
Jornadas
pretenden afrontar de modo interdisciplinar
las cuestiones decisivas del debate
social
y cultural. Las diversas intervenciones
quedarán recogidas
posteriormente en una
publicación, que será la sexta de una colección iniciada hace ya
cinco años (Sociedad,
tolerancia
y religión; Sociedad, democracia y libertad; Sociedad y
tendencias de futuro;
Sociedad
y culturas en el siglo XXI; Sociedad en los tiempos finales).
El
tema de este año pretendía afrontar la sospecha, entre tópico y
convicción, de que nos
encontramos
no en una época de cambios sino en un cambio de época. Los
interrogantes que
motivaron
el planteamiento general de las Jornadas abarcaban un amplio abanico en
torno a
ese
eje central: ¿es cierto
que estamos iniciando una
época histórica nueva?, ¿cuáles son sus
posibilidades
y riesgos?, ¿cuáles son sus fundamentos y sus manifestaciones más
llamativas?,
¿qué
factores están provocando de modo especial la novedad de la situación?,
¿quiénes son los
protagonistas
más significativos?, ¿qué retos y desafíos plantea para el futuro?
La
primera de las conferencias, "¿Estamos comenzando una época histórica
nueva?", a cargo del
historiador
y filósofo César Vidal,
ofreció una respuesta afirmativa al interrogante central.
Justificó
su respuesta en la conjunción de transformaciones en el ámbito económico,
técnico,
demográfico
y político. Reconociendo los logros que ello implica, señaló
igualmente algunos
riesgos:
la tendencia a eludir las cuestiones radicales, la carencia de veracidad
en la
información,
la carencia de un discurso coherente de la realidad. Señaló como tarea
la
recuperación
del concepto de persona, la defensa permanente de la democracia, la
consolidación
de una fibra moral centrada
en valores como compasión y caridad.
Blanca
Muñoz, profesora de Teoría Social en la Universidad Carlos III de
Madrid, presentó
"La
experiencia de la novedad desde una perspectiva sociológica". Como
innovaciones resaltó
el funcionalismo (se educa para desempeñar una función) y el
culturalismo (rebajando los
contenidos
a favor de la masificación). Los nuevos métodos y medios de comunicación
transmiten
un nuevo código de valores: anti-intelectualismo, reivindicación de
los héroes
mitológicos,
retorno de las supersticiones,
aceptación de la sicopatologóa como normal.
Como
alternativa propuso la educación de la empatía, la construcción de la
identidad en el
diálogo,
el cultivo de la sabiduría en profundidad para reaccionar frente a la
fragmetación y la
integración
sistémica.
Como
ejes vertebradores de la nueva cultura se analizaron el mundo de la
información y de la
economía.
Javier Echeverría, del Instituto de Filosofía del Consejo Superior de
Investigaciones Científicas (CSIC) y reciente Premio Nacional
de
Ensayo, presentó el tema "Hacia
la nueva sociedad de la información y del conocimiento",
defendiendo
la tesis de que la acción
conjunta de las nuevas tecnologías
está generando un
nuevo
espacio humano (el "tercer entorno", frente al
"primero" del mundo agrario y al
"segundo"
del ámbito político-urbano) y advirtió contra el peligro de los
"señores del aire". José Ramón Pin Arboledas, Profesor del
Instituto de Estudios Superiores de Empresa, de
Madrid,
disertó sobre "La
nueva economía y la transformación del trabajo",
destacando el
nuevo
dinamismo y concepción de las empresas, la transformación
revolucionaria del
mercado
laboral y la necesidad de la actualización y formación permanente.
Lluis
Oviedo, del Antonianum de Roma, reflexionó sobre "La novedad como
interpelación al
cristianismo".
Reticente ante las tendencias a adaptarse a las modas culturales,
apostó por el
uso
innovativo de la tradición y de las tradiciones. Asunción Herrera, de la Universidad de
Oviedo,
habló de "La mujer, protagonista del cambio cultural",
defendiendo más bien un
co-protagonismo
que permita introducir valores que vayan más allá del pragmatismo de
las
sociedades occidentales. Frente a la ética anterior (del deber o de la
justicia) defendió una
ética
de la vida buena o del cuidado (compasión, sensibilidad, ternura).
La
radicalidad y el alcance de las cuestiones planteadas,
presentada de modo interdisciplinar
por
la especialistas de reconocida competencia, confirma la necesidad que
tienen tanto la
teología
como la pastoral de conocer el contexto de real desde el que se deben pensar la fe y
las
prácticas eclesiales y evangelizadoras.
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