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El primer belenista |
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Emilio Vadillo Vallejo |
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También los profetas, sobre todo Isaías, fueron en cierto modo belenistas, porque desde la atalaya de los siglos prepararon con sus vaticinios mesiánicos el ambiente de la primera Navidad. Ahora somos nosotros, los belenistas, los que debemos guardar ese fuego sagrado de la Navidad y avivarlo cada año con nuevos afanes, encaminados a actualizar el sublime misterio del nacimiento de Cristo. En Navidad ejercemos el gesto
a veces caritativo y siempre amoroso del aguinaldo. Ni los pastores, ni
los Magos se presentaron ante el Niño con las manos vacías. Aquellos Estando absorto en una noche de Navidad, se le aparece el Niño Jesús: "Jerónimo, ¿qué regalo me vas a hacer esta noche?". "Señor, no tengo nada, te di todo: mi vida, mis bienes, mi corazón, mi alma... Todo es tuyo". "Hay algo que todavía no es mío -le dice el Niño-, algo que debe ser mío. Jerónimo, dame tus pecados para que los queme en el fuego de mi corazón". Lector amigo, no te extrañe que al Niño de Belén le agrade tanto ese aguinaldo, porque "no vino a buscar a los justos, sino a los pecadores". Termino con un pensamiento de Tagore: "Cada vez que nace un niño es señal de que Dios sigue amando a los hombres". Esto tiene especial relieve cuando nace el Niño-Dios. Por eso dice Santa Teresa: "Si hacemos alegrías cuando nace uno de nos, ¿qué debemos hacer cuando nace el Hijo de Dios?". |
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