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A propósito de los 20 años de Sembrar Comunicación para la comunión: una revista "interactiva" |
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José María Gil Tamayo |
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Asistimos así -como "paisanos del mundo"- a unas elecciones americanas que nunca terminan o vemos en primera fila y en directo una competición deportiva del otro lado del planeta. El mundo se nos ha quedado chico y el conocimiento de todo esto provoca en nosotros comentarios, simpatías, discrepancias, alegrías y tristezas -depende del caso- como si se tratara de acontecimientos cercanos de nuestro pueblo o de nuestro barrio, de los que somos protagonistas. Esta relevancia de las comunicaciones sociales también ha sido percibida por la Iglesia, que camina con los hombres y mujeres de cada época y que en esta cuestión no ha "perdido el tren". Prueba de ello es esta hoja diocesana que el lector tienen en sus manos. Desde hace 20 años Sembrar acerca a los fieles de la diócesis Burgos, de manera humilde, pero no por eso menos trabajada, la realidad viva de sus comunidades parroquiales y religiosas, los acontecimientos señalados, y otros más sencillos, que viven y celebran sus gentes, sin olvidar el patrimonio artístico, en el que se ha materializado de forma bella la fe de sus antepasados para espiritualizar y acercar a Dios la vida de los que han de venir. No ha faltado en estas dos décadas el mensaje cristiano, traído al ritmo de la liturgia o con las palabras del Pastor diocesano, que guía al pueblo en medio de sus avatares. Todo esto sin que la proximidad entrañable del campanario ocultara para esta Iglesia local los dichos y hechos de la universal. Así con este quehacer periodístico en toda regla, en el que no han faltado los errores y las erratas, propias de lo humano, cuando no de las prisas, Sembrar ha querido hacer posible en la diócesis de Burgos la comunión con la comunicación. Estoy convencido de que así lo ha hecho. Ese es su mérito, pero también su tarea irrenunciable para hoy y para mañana, de la que los lectores -y con ellos sus comunidades cristianas- no son sólo destinatarios pasivos, sino protagonistas, sin los cuales la propia hoja diocesana no tendría sentido ni sería posible. Exijan ellos, pues, el reflejo en sus páginas de la vida que protagonizan y los criterios evangélicos han de animarla, pero den, a su vez, cuenta a los responsable de la revista de sus opiniones y de lo que hacen. La comunicación si es tal es interactiva. No es otra cosa la comunión. ¡Felicidades y adelante con la interactividad!
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