E n t r e v i s t a

Cristeta González Sanchidrián

Nació el 27 de octubre de 1900 en Herreros de Suso (Ávila). Fue la quinta de siete hermanos. Madre de siete hijos, de los cuales viven cuatro. Vino a Burgos acompañando a su hijo sacerdote, que falleció tras una dolorosa enfermedad. Una centenaria con una entereza sorprendente.

"En mi vida nunca sentí miedo ni prejuicios"

Miguel Ángel Delgado López

Cristeta González Sanchidrián

¿Qué significó para usted venir a Burgos?

Vinimos a Burgos en 1977. Acababa de fallecer mi marido. Era la voluntad de Dios. Burgos era para mí atender a mi hijo, sacerdote, ir a rezar a la iglesia y hablar con cariño a todos.

Una enfermedad se llevó a su hijo en pleno trabajo. ¿Cómo lo asumió?

La enfermedad y muerte de mi Teodo las llevé con conformidad, con aceptación, en medio del dolor indecible. Era todo para mí. Era un hijo sacerdote, tan especial...

Dios me concedió un consuelo para que lo sobrellevara. Momentos antes de morir, mi hijo se incorporó y preguntó a su hermana: "¿Madre?" -"Aquí, aquí está". Entonces él me tocó la cabeza diciendo: "Yo te bendigo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Madre, deme un beso que me muero". Y tras el beso falleció.

 

¿Qué representa para usted cumplir cien años?

Cumplir tantos años lo considero una gracia de Dios, pero me parece imposible que sean tantos.

 

¿Cómo fue su vida?

Feliz en medio de las dificultades y trabajos. Nunca sentí miedo ni prejuicios; tal vez se deba a que los de arriba siempre me han ayudado.

 

¿Qué momentos recuerda con mayor alegría?

Hay muchos momentos que recuerdo con alegría. Quizás el mayor cuando mi hijo cantó misa; también cuando volvió de Roma, cuando venían a darme las gracias por favores que les había hecho, etc.

 

Díganos lo que más quiere de Ávila.

De Ávila lo quiero todo, pero en primer lugar el Cristo del Humilladero de mi pueblo y la Virgen Dolorosa.

De Ávila capital: la catedral, donde mi hijo era Penitenciario y decía Misa; la Virgen de Sonsoles, patrona de Ávila, a la que mi hijo quería mucho y siempre defendió; la Basílica de los mártires Vicente, Sabina y Cristeta, que contiene el sepulcro de los mártires y la Virgen de la Soterraña, que salvó al judío que mandó matar a los tres hermanos. Para visitar a la Virgen hay que bajar una escalera en la que hay una lápida con una inscripción que dice así, más o menos: "Si a la Soterraña vas, ve que la Virgen te espera, que por esta su escalera quien más baja sube más, pon silencio al compás de lo que vayas pensando, baja y subirás volando, que para ir al cielo se sube siempre bajando".

¿Y de Burgos?

De Burgos lo que más quiero es a la parroquia de San Martín de Porres, a D. Miguel Ángel, que fue alumno de mi Teodomiro; igualmente a D. Eloy, a D. Fermín, que siempre me saluda y me dice: "Es usted más valiente que el Cid Campeador"; a D. Santos, D. Calixto, D. José...

 

¿Cómo ha celebrado los cien años?

Con toda la familia, cuatro hijos, trece nietos, seis biznietos y los sobrinos. Primero una Misa en la catedral de Ávila, en la capilla de San Segundo, donde mi hijo decía Misa, y después un pequeño ágape.


"Cumplir tantos años lo considero una gracia de Dios, pero me parece imposible que sean tantos"



"La enfermedad y muerte de mi Teodo las llevé con conformidad, con aceptación, en medio del dolor indecible. Era todo para mí. Era un hijo sacerdote, tan especial..."



"Hay muchos momentos que recuerdo con alegría. Quizás el mayor cuando mi hijo cantó misa"


 

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