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Oración frente a ETA |
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Miguel Ausín González |
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Los creyentes creemos que para Dios no hay nada imposible, naturalmente incluido el final de ETA. La Iglesia universal, el Pueblo de Dios, apuesta por la vida, por toda vida. También nuestra Iglesia diocesana, como no puede ser de otra manera. Está de moda guardar un minuto de silencio y aplaudir a los muertos. No es suficiente con aplaudir a las víctimas como póstumo homenaje cuando debería imponerse el silencio, el dolor callado, hondo y sentido. Pero tampoco es suficiente el silencio vacío de fe, de oración y de compromiso. Es necesario, urgente, más fecundo y eficaz penetrar la caña hueca de tantos minutos de silencio con la fuerza de una plegaria, abiertos al misterio de Dios que ama la vida. Y después, a trabajar por la causa de la vida. En cualquiera de los mil frentes abiertos, desde el terrorismo hasta la clonación de embriones o seres humanos, pasando por el aborto, la eutanasia, la pena de muerte... Dios mío, qué letanía tan interminable. Ten compasión. Quetzalcoatl exigía la inmolación de jóvenes vírgenes para aplacar su ira; el Dios de los cristianos es misericordioso y clemente, y puede tocar el corazón de los que no aman la vida. El arrepentido Soares Gamboa confesó que después de cada crimen le asediaba una nausea horrible que le obligaba a vomitar, y a preguntarse si lo que había hecho tenía justificación. Lucas, el evangelista, dejó escrito: "¿Y Dios no hará justicia a sus elegidos, que claman a Él día y noche? Os digo que les hará justicia prontamente. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?". ¿Oración frente a ETA? Creámoslo o no, hay demonios que sólo se expulsan con oración y ayuno. Necesitamos fe en el Dios de la Vida. |
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