Buena Noticia

14 de enero                 21 de enero

  

14 de enero de 2001          

Domingo 2º del tiempo ordinario

Isaías 62, 1-5

1ª Corintios 12, 4-11

Juan 2, 1-11

 

 

 

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21 de enero

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.

Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo:

- «No les queda vino.»

Jesús le contestó:

- «Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora.»

Su madre dijo a los sirvientes:

- «Haced lo que él diga.»

Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una.

Jesús les dijo:

- «Llenad las tinajas de agua.»

Y las llenaron hasta arriba.

Entonces les mandó:

- «Sacad ahora y llevádselo al mayordomo.»

Ellos se lo llevaron.

El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo:

- «Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora.»

Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él.

Desde que Jesús comienza su "ministerio público", debe actuar movido sólo por la voluntad del Padre. No admitirá ingerencias de nadie; ni siquiera de su madre. Esto justifica esa respuesta. La hora que aún no ha llegado no es la de hacer milagros, sino la de la cruz, pues la "hora" indica el momento supremo en el que Jesús se halla cumpliendo de forma plena su misión específica.

Liturgia Dominical

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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14 de enero

21 de enero

 

21 de enero de 2001

Domingo 3º del tiempo ordinario

Nehemías 8, 2-4a. 5-6. 8-10

1ª Corintios 12, 12-30

Lucas 1, 1-4; 4, 14-21

 

 

 

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14 de enero

Excelentísimo Teófilo:

Muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han verificado entre nosotros, siguiendo las tradiciones transmitidas por los que primero fueron testigos oculares y luego predicadores de la palabra. Yo también, después de comprobarlo todo exactamente desde el principio, he resuelto escribírtelos por su orden, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.

En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan.

Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:

«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido.

Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista.

Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor.»

Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles:

- «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.»

Imitando el estilo de los historiadores de su tiempo, Lucas nos indica (es el único evangelio que lo hace), el cuidado con el que ha procurado reunir las tradiciones anteriores. Él no es un testigo ocular y con su obra no sólo quiere hacer historia, sino confirmar la enseñanza que los miembros de su comunidad han recibido.

Liturgia Dominical

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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14 de enero

21 de enero

 

 

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