"Padre, que todos sean uno"

Me encanta, cuando entro en una casa, ver el muro o la mesa repletos de fotografías: niños sonrientes, apuestos novios, ancianos llenos de paz. Las distintas generaciones se dan cita en ese lugar maravilloso del hogar.

También me he alegrado, al entrar en otros lugares de culto no cristiano, y poder contemplar al Señor crucificado, el icono de María, la Santa Biblia con su lamparilla encendida.

Y desde luego, he acompañado con emoción a los cristianos que se recogen en oración en esos lugares en que el Padre habla a todos los hombres, escucha a todos los que le suplican. Y cuánto me ha complacido encontrarme con cristianos que ponen sus limosnas en la misma hucha para ayudar a hermanos nuestros que viven en lejanas tierras.

Siempre recuerdo, en esas ocasiones, la plegaria de Jesús: "Que sean una misma cosa, como Tú, Padre, y Yo somos uno".

Pero, un día, se rompió esa convivencia de los cristianos. Qué poco nos duró el buen deseo de Jesús. Es fácil romper un precioso vaso. Qué difícil rehacer su hermosura.

La historia nos habla de guerras entre hermanos cristianos. ¡Qué pena! ¡Si todos levantamos el estandarte de Jesús! ¡Si todos llevamos colgada en el cuello la cruz donde murió el Señor!

Y Jesús nos enseñó a rezar diciendo: "Padre nuestro que estás en el cielo". ¿Cómo es posible decir esta bella oración con el hacha en la mano para matar a algún hermano? ¿Cómo es posible no abrir la puerta de casa al hombre que profesa otra religión? Dios es Padre de todos. Todos somos hermanos.

Cada año dedicamos un tiempo para rezar por la unión de todos los cristianos y de todos los hombres. Estamos llamados a formar una sola familia, bajo la mirada de un solo Padre, Dios, que hace salir el sol sobre todos, buenos y malos.

Quizás, si nos conociéramos más, encontraríamos menos barreras que nos separan. Si viéramos que cada ser humano está hecho a imagen de Dios, que lleva en su corazón el sello divino, que lleva la marca de la sangre de Jesús que murió para constituirnos en una sola familia, si tuviéramos en cuenta todas estas realidades, quizás entonces nos sentiríamos más cercanos de todos los hombres.

Señor, que nos contemplas tan divididos en nuestras ciudades y pueblos, en naciones y continentes: ayúdanos a sentirnos más hermanos entre nosotros e hijos de un solo Padre.

Que seamos una misma cosa, como Jesús lo es con el Padre.

Santiago Martínez acebes, Arzobispo de Burgos
Santiago Martínez Acebes, Arzobispo de Burgos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"Quizás, si nos conociéramos más, encontraríamos menos barreras que nos separan. Si viéramos que cada ser humano está hecho a imagen de Dios, nos sentiríamos más cercanos de todos los hombres"

Arriba          Inicio          Portada          Cartas del Arzobispo

Buena Noticia          Noticias          Opinión          Entrevistas

Cultura          Intenciones          Números anteriores          Foro de debate

Directorio Católico de Internet          Servicio de noticias          Agenda

Buscar en Sembrar