Una experiencia de fe |
|
|
De la Iglesia en Burgos a la Iglesia en Tailandia |
|
|
Gabriel Domingo Rodríguez Redondo |
|
|
Experimentar
la catolicidad de nuestro ser cristianos en cualquier rincón del mundo
es una oportunidad a la que cada vez un mayor número de laicos,
religiosos y sacerdotes acceden, gracias a una mayor El viaje de tres semanas que recientemente hemos realizado mi madre y yo a tierras tailandesas, donde está mi hermano Chema desde hace cinco años a través del cauce misionero del IEME, ha sido, en el año jubilar, un ir al encuentro de un Jesús que se hace presente en otra cultura tan distinta a la nuestra, llena de valores, de la mano de pequeñas comunidades que quieren ser sal y luz, expresión de la Buena Noticia de Jesús. Catorce horas de avión para llegar a Bangkog, capital de Tailandia y de todo el sudeste asiático. En Tailandia, al principio, te llama todo la atención: los rostros, el idioma, la cantidad de niños y jóvenes, el clima tropical, la comida, el paisaje, la belleza de los templos budistas... son sensaciones que se te presentan por primera vez y como un niño pequeño necesitas guía y explicación para todo lo que te circunda. La barrera cultural en Asia es muy alta y se necesita mucha paciencia para entrar en ella, pues el idioma y la cultura así lo requieren. Esto, evidentemente, es una gran dificultad en toda Asia para mucha gente de nuestras parroquias a quienes gustaría tener una experiencia misionera en estos países. Cuando eres consciente de esa dificultad valoras sobremanera la labor y presencia de laicos, religiosos y sacerdotes que dejando su cultura, su vida, deciden compartir su vida y su fe en estos países. La
Iglesia en Tailandia es minoritaria: los cristianos no llegan al 2% de
la población. Las diócesis, por ello, son muy amplias; la diócesis En estas tres semanas hemos podido conocer y compartir la fe, aunque haya sido sólo con la mirada y el corazón, con las comunidades cristianas que atienden mi hermano y un sacerdote tailandés, Tomás, juntamente con las parroquias de los otros misioneros del IEME, Ángel y Fermín, en la parte noreste de Tailandia, junto al río Mekong. Son comunidades pequeñas, llenas de vitalidad y de esperanza, ya que la presencia numerosa de niños y jóvenes hace mirar el futuro con alegría. Uno
de los desplazamientos más largos que hicimos fue a Chiang Mai, en el
norte de Tailandia, que es la ciudad más visitada después de Bangkog.
En esta zona llena de montañas y de fantásticos También en Chiang Mai conocimos al misionero burgalés Carlos Rodríguez, natural de Pampliega, que lleva 35 años trabajando con unas tribus al norte de Tailandia. Su trabajo, como el de las religiosas, consiste en proporcionar la educación a muchos niños y adolescentes de estas tribus con muy pocos recursos económicos. Creo por eso que el trabajo que desarrollan los misioneros, aquí o allí, es interpelación y llamada a compartir en diálogo la fe, donación y sementera en los corazones de una Buena Noticia. La última semana la pasamos en la monumental y grandiosa ciudad de Bangkog; con sus diez millones de habitantes Bangkog se presenta llena de contrastes: por un lado, una ciudad moderna, llena de rascacielos, hoteles de lujo, impresionantes almacenes, preparada para recibir cada año a millones de turistas; por otro, la otra Bangkog, la de las chabolas, la de la prostitución que alimenta ese turismo... Además de estos contrastes, te impresionan los magníficos y numerosos templos que se esparcen por toda la ciudad y que son reflejo de la religiosidad del pueblo tailandés: a pesar de los escasos recursos económicos, el tailandés es muy generoso en todo lo que se refiere a la religión (donativos para los templos, ofrendas para los monjes,...) En Bangkog tuvimos la oportunidad de tener como guía, además de mi hermano, a Roque, sacerdote alicantino que a través del IEME se incorpora al grupo de misioneros en Tailandia; Roque está aprendiendo durante todo este año el idioma local, el tai, para poder obtener, después de un examen, el grado elemental del idioma. Con él quiero que estén representados todos los hombres y mujeres que están realizando el duro esfuerzo de "nacer de nuevo" a un país, a una cultura... para ser portavoces de una Buena Nueva, ya sea a 15.000 kilómetros o a 1.000 kilómetros del hogar y de la parroquia de origen de la cual han salido enviados a llevar esta Voz. Y este ha sido nuestro viaje, nuestro viaje jubilar. Son muchos los recuerdos que nos hemos traído de tailandia (los que permitían las maletas), pero creo que los mejores son los que se graban en el corazón, aquellos que te ayudan a crecer y a madurar como persona y como cristiano. Por todo ello, este salto que hemos realizado durante tres semanas de la Iglesia en Burgos a la Iglesia en Tailandia ha sido una experiencia muy bonita de crecimiento y compartir la fe, de abrir horizontes y descubrir, en fin, las huellas de Dios presentes en otra cultura, en otro país. |
|
|
|
|
|
|