Franciscanas Misioneras de María

Canonización de siete hermanas

Mercedes Mayordomo Arribas

El año 2000 que ha terminado ha sido un año de fiesta para las Franciscanas Misioneras de María. Hemos celebrado el centenario deLas siete Franciscanas Misioneras de María mártires en China. nuestra presencia en España y la canonización de siete hermanas martirizadas en China, durante la revolución de los boxers en el año 1900.

Fueron 29 los mártires en ese 9 de julio. Un grupo compuesto por ocho franciscanos, tres de ellos obispos; nuestras siete hermanas; y catorce entre seminaristas y algunas personas cercanas a la misión.

Para la fundadora, M. de la Pasión Helene de Chapotin, supuso el acontecimiento la firma o sello para la Congregación que hacía pocos años había fundado, y que la hizo exclamar cuando recibió la noticia del martirio (después de pasar un largo tiempo de encuentro con Jesús en la Eucaristía, para dar la noticia a las hermanas): "He aquí mis siete grandes dolores y mis siete alegrías".

La generosidad de estas hermanas camino del martirio y su fe puesta en Aquél que antes se entregó por ellas, les llevó a esa imitación de su entrega al Padre y se ofrecieron en manos de quienes les iban quitando la vida, cantando el Te Deum: "Te alabamos, oh Dios".

Hace 54 años que Pío XII las beatificó, y el 1 de octubre Juan Pablo II las inscribió entre los Santos Mártires.

¿Quiénes son las hermanas?

María Herminia de Jesús (francesa de 33 años); María de la Paz (italiana de 24 años); María Clara (italiana de 27 años); María de Santa Natalia (francesa de 35 años); María de San Justo (francesa de 33 años); María Adolfina (holandesa de 33 años); y María Amandina (belga de 27 años).

Estos son los nombres de siete mujeres que decidieron ser fieles al envío, al mensaje y al pueblo. Lo pagaron con sus vidas... se entregaron sin reserva, para que la Buena Noticia de Jesús fuera conocida. Con un deseo inmenso de responder seriamente a la llamada de Dios y abrir sus vidas al Espíritu y dejarle hacer en ellas su obra, como lo hizo en María de Nazaret. Fidelidad que les condujo a la entrega total.

Herminia y sus compañeras no huyeron, haciendo viva la Palabra del Maestro: "No hay amos más grande que éste: dar la vida por sus amigos".

 

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