Punto de Vista

¿Quién manda en casa? 

Alipio Lastra Barrio

La autoridad de los padres jamás podrá estar alejada del ejemplo y de la entrega. Ejercer de padres es una inversión cuya rentabilidad no siempre alcanza las mismas cotas, y en determinados momentos produce números rojos. En definitiva, que con frecuencia suena la alarma y no conviene desconectarla hasta reparar las causas que la produjeron.

La Iglesia de Jesús ha celebrado el pasado 31 de diciembre la fiesta de la Sagrada Familia. Y muchas homilías han presentado diversos aspectos de las bondades de esta célula social, la familia, considerada por muchos como vital e irrenunciable. Pero el concepto de familia, y sobre todo el modo de hacer familia, ha sufrido desde hace menos de cincuenta años profundas transformaciones. Estas mis apreciaciones no se les escapan a quienes como yo recuerdan cada vez más viva la lejanía de su infancia.

Los roles de quienes en la familia de los años cincuenta ocupaban uno de los tres lados del triángulo padre, madre, hijos, estaban determinados por la estructura patriarcal que a todos envolvía. El respeto cercano al miedo, la entrega total de la madre, la obediencia a pesar de todo, en definitiva la aceptación del contenido de la frase "cuando seas padre comerás huevos"... conformaron los valores que hoy se echan de menos. No digo ni diré que esa forma de hacer familia no tuviera fallos. No defiendo el "ordeno y mando" porque sí, ni creo que la pobreza generalizada de la gran mayoría de las familias de entonces se pueda poner de modelo para conformar una sociedad moderna y progresista. ¿Pero es mejor el modelo de familia que parece abundar en nuestro país en los albores del tercer milenio?

Oigo frecuentes lamentos de padres muy preocupados. Y prefiero a los padres conscientes de lo difícil que es ejercer la paternidad sin concesiones, prebendas o chantajes. El triángulo familiar compuesto por hijos, madre y padre parece haber alterado su posición. Por múltiples causas, ni todas ni siempre imputables a los padres, en bastantes familias mandan los hijos. Y no cuando son mayores, sino desde bien pequeños. Y cuando los hijos mandan lo hacen con tiran’a, cogiendo las riendas que no les corresponden.

Analice cada cual su posición, estudie las fórmulas en profundidad y vea en estas mis reflexiones un reflejo de estos preocupantes mensajes, y piense qué familias pueden y deben conformar el modelo de sociedad que todos deseamos: la que viva en paz, en armonía y en amor.

 

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