"Ven y sígueme"

Desde las páginas del Evangelio van saliendo hombres y mujeres que, dejándolo todo, siguen a Jesús.

Y, desde los primeros tiempos de la Iglesia, en el desierto, en el convento, en medio de las ciudades, hay hombres y mujeres que aceptan la invitación de Jesús y dejan familia, herencias, bienes de la tierra, y le siguen para dar testimonio de amor a Cristo y anunciar su Reino o atender al hombre necesitado.

En nuestras familias de Burgos, la flor de la vocación ha florecido siempre en muchos de nuestros hogares que han dado testimonio del Evangelio dentro y fuera de nuestras fronteras. En su misión testimonial y evangelizadora han sido, y son, como luces que iluminan la vida de los hombres que caminan hacia Dios.

A veces, además del testimonio de sus palabras y obras, han rubricado su existencia con sangre martirial. ¿Quién puede cerrar los ojos ante la sangre derramada que habla del gran amor a Dios y al hombre?

El Evangelio de Jesús cuenta con estos servidores extraordinarios que, posponiendo intereses particulares, dedican su vida para ser luz que brilla en medio del mundo.

Santo Domingo, san Vicente de Paúl, santa Clara y tantos otros, con sus palabras y ejemplos, trazaron caminos de santidad que recorren muchos que han seguido la invitación de Cristo: "Ven y sígueme". Sus conductas nos ayudan a sopesar los valores con que nos encontramos en nuestra vida: la familia, los bienes materiales, los proyectos humanos, el tiempo de que disponemos y las cosas que han sido puestas en nuestras manos.

En nuestra Diócesis contamos con un gran abanico de caminos de la vida religiosa: desde los cartujos, los jesuitas, los franciscanos, las aliadas, los religiosos y religiosas dedicados a la enseñanza, a los pobres y a los enfermos. Podríamos decir que todos ellos quieren seguir a Cristo casto, pobre y obediente, resaltando alguna faceta de la vida del Señor, que aceptó nuestra carne para estar con nosotros y ser compañero nuestro en el camino hacia el Padre.

A través de la historia, los consagrados nos han ido dejando una estela evangélica que encontramos en toda la geografía diocesana: desde aquellos monjes que iban detrás de los soldados de la reconquista enseñando a cultivar los campos y a rezar y tener el Evangelio como norma de vida, hasta nuestros días, en que los consagrados viven a nuestra vera y nos ayudan a conocer más el Evangelio y ser servidores del hombre.

En esta Jornada queremos estar muy cerca de tan buenos "operarios" de la mies, y oramos para que el Señor envíe nuevos relevos a todas nuestras comunidades.

Gracias, Señor, por la generosidad de estos hermanos que viven a nuestro lado y te han puesto en primer lugar, dentro de su corazón.

Santiago Martínez acebes, Arzobispo de Burgos
Santiago Martínez Acebes, Arzobispo de Burgos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"En nuestras familias de Burgos, la flor de la vocación ha florecido siempre en muchos de nuestros hogares que han dado testimonio del Evangelio dentro y fuera de nuestras fronteras"

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