Carta Apostólica de Juan Pablo II

Novo Millennio Ineunte

Redacción

Cuando parecía que el Papa Juan Pablo II se iba a jubilar, según las voces de muchos agoreros, o cuando parecía que el Jubileo ya había dado de sí, el día 6 de enero el imprevisible Pontífice nos sorprendía a todos con una Carta titulada Nuevo milenio naciente. Para la IglesiaJuan Pablo II ha publicado esta nueva Carta Apostólica coincidiendo con el final del Gran Jubileo del año 2000. del siglo XXI y para la pastoral tiene gran importancia por marcar unas líneas programáticas. Es un documento de noventa páginas en castellano, con cuatro partes, una introducción y una conclusión. Hacemos una breve reseña de la Novo Millennio Ineunte.

En la introducción, el Santo Padre recuerda con gratitud el pasado (números 1-2) y desea recalcar que el Jubileo es memoria del pasado pero, sobre todo, profecía de futuro (nº 3).

La primera parte de la Carta nos habla La herencia del gran Jubileo. El Papa subraya, como hechos destacados del Año de Gracia, la purificación de la memoria, y la petición de perdón, personal y comunitariamente (nº 6); el redescubrimiento de la preciosa memoria de los testigos de la fe, especialmente del siglo XX (nº 7); la necesidad de que la Iglesia peregrina redescubra sus orígenes apostólicos (nº 8); y una renovación del compromiso con los más necesitados. Como gesto concreto, la petición de condonación de la deuda externa.

En un segundo capítulo, el Papa nos habla de la identidad cristiana, que es tanto como hablar de Un rostro para seguir contemplando. Ser cristianos es exclamar, como un día los discípulos, "Queremos ver tu rostro" (Jn 12, 21). ¿Dónde lo contemplaremos? En la Sagrada Escritura, principalmente en los evangelios (números 17-18), desde la fe, alimentada por el silencio y la oración (números 19-20).

Un tercer capítulo, titulado Caminar desde Cristo, se centra en la forma de vida coherente que debe llevar un cristiano, respondiendo a la pregunta "¿Qué hemos de hacer, hermanos?" (Hch 2, 37). El Papa nos recuerda que no hay fórmulas mágicas pastorales para los nuevos retos de nuestro siglo. No será una fórmula la que nos salve, pero sí una Persona y la certeza que nos infunde: "Yo estoy con vosotros hasta el fin de los tiempos". El Papa se atreve a señalar como punto de referencia y orientación común algunas prioridades desde la experiencia misma del Gran Jubileo:

> Santidad: Se trata de vivir en radicalidad el Bautismo: vida trinitaria y compromiso eclesial (nº 30).

> Oración: La pedagogía de la oración requiere el arte de la oración (nº 34). La educación en la oración debe convertirse en un punto determinante de toda programación pastoral.

> Eucaristía dominical: La Eucaristía debe ser para el bautizado el centro del domingo.

> Sacramento de la reconciliación: Es necesario que los pastores tengan mayor confianza, creatividad y perseverancia en presentarlo y valorarlo. ¡No podemos rendirnos ante la crisis contemporánea! (nº 37).

> Primacía de la gracia: Hay una tentación en la vida espiritual y pastoral: pensar que los resultados dependen de nuestra capacidad de hacer y programar, pero "sin Cristo no podemos hacer nada" (Jn 15, 5) (nº 38).

> Escucha de la Palabra: Es preciso consolidar y profundizar la pastoral bíblica, particularmente entre las familias (nº 39).

> Anuncio de la Palabra: Alimentarnos de la Palabra para ser servidores de la Palabra (nº 40).

La cuarta y última parte del documento papal habla de la misión o acción pastoral, y se titula Ser testigos del amor. Estas son las claves importantes:

> Espiritualidad de comunión: Tenemos que hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión. Antes de programar iniciativas concretas, promover una espiritualidad de la comunión.

> Variedad de vocaciones: Se debe realizar un esfuerzo en una pastoral vocacional en favor de las vocaciones al sacerdocio y a la vida de especial consagración, sin olvidar la vocación propia de los laicos (nº 46).

> El campo ecuménico: La invocación "Que sean uno" es imperativo que nos obliga, fuerza que nos sostiene y saludable reproche por nuestra desidia y estrechez de corazón (nº 48).

> Apostar por la caridad: Ante las pobrezas persistentes, y las nuevas pobrezas, es la hora de una nueva "imaginación de la caridad". Tenemos que actuar de tal manera que los pobres, en cada comunidad cristiana, se sientan como en su casa (nº 53).

> Otros retos actuales: No podemos quedar al margen ante el desequilibrio ecológico, los problemas de la paz amenazada, o el vilipendio de los derechos fundamentales de la persona (nº 52).

> Diálogo y misión: Es necesario el diálogo interreligioso para promover una firme base de paz y alejar las amenazas de guerras de religión (nº 55).

> A la luz del Concilio: Debemos releer el Concilio Vaticano II. El Concilio ha sido la gran gracia de la que la Iglesia se ha beneficiado en el siglo XX. El Concilio es brújula segura para orientarnos en el camino del siglo que comienza (nº 57).

En la conclusión de la Carta, el Papa nos invita a caminar con esperanza. Nos acompaña María como estrella de la nueva evangelización (nº 58).

Texto completo de la Carta Apostólica Novo Millennio Ineunte

 

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