| Buena Noticia | ||
|
|
||
|
Domingo 8º del tiempo ordinario Eclesiástico 27, 4-7 1ª Corintios 15, 54-58 Lucas 6, 39-45
|
|
|
|
En aquel tiempo, dijo Jesús a los discípulos una parábola: - «¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? Un discípulo no es más que su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: "Hermano, déjame que te saque la mota del ojo", sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano. No hay árbol sano que dé fruto dañado, ni árbol dañado que dé fruto sano. Cada árbol se conoce por su fruto; porque no se cosechan higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos. El que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque lo que rebosa del corazón, lo habla la boca.» Jesús se dirige siempre al corazón del hombre, bien para exhortarle a la purificación, bien para pedirle que hable y actúe en coherencia consigo mismo. Hay una relación íntima entre el centro de la persona, lo que el evangelio llama corazón, y el comportamiento externo. Lo que importa no son tanto los hechos cuanto descubrir el corazón que está detrás de ellos. Oculto a la mirada de los ojos, pero conocido por Dios, el corazón es el lugar en que se juega la salvación de la persona, porque de allí proceden el amor o el odio. Sólo de un buen corazón nacerá una praxis auténtica. Pero eso no nos debe hacer olvidar que el criterio para discernir la vida del creyente serán sobre todo sus frutos. |
|
|
|
|
||
|
Domingo 1º de Cuaresma Deuteronomio 26, 4-10 Romanos 10, 8-13 Lucas 4, 1-13
|
|
|
|
En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y, durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo. Todo aquel tiempo estuvo sin comer, y al final sintió hambre. Entonces el diablo le dijo: - «Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan.» Jesús le contestó: - «Está escrito: "No sólo de pan vive el hombre".» Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo: - «Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo.» Jesús le contestó: - «Está escrito: "Al Señor, tu Dios, adorarás y a él sólo darás culto".» Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo: - «Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: "Encargará a los ángeles que cuiden de ti", y también: "Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras".» Jesús le contestó: - «Está mandado: "No tentarás al Señor, tu Dios".» Completadas las tentaciones, el demonio de marchó hasta otra ocasión. La medida que uséis la usarán con vosotros.» El relato se construye en torno a un diálogo en el que tanto el diablo como Jesús citan la Escritura en apoyo de su opinión. El diablo utiliza la palabra de Dios para justificar el milagro espectacular y sin motivo (primera y tercera tentación) o el dominio universal (segunda tentación). Sabiendo que Jesús es el Mesías intenta invitarle a realizar su papel como un mesías triunfante. |
|
|
|
|
||
|
|
||