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Día del Seminario |
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Con mucha frecuencia, nuestra mirada se vuelve hacia el Seminario, pues en nuestro corazón tiene un lugar privilegiado. Sabemos muy bien que de aquella casa han salido centenares de jóvenes que, ordenados sacerdotes, han sembrado el Evangelio en el campo de nuestra diócesis y en otros lugares, dentro y fuera de España. En el Seminario han escuchado la voz del Maestro que llamó a niños y jóvenes; los llamó para que estuvieran con Él y enviarlos, luego, por el mundo para anunciar la Buena Nueva. El seminarista, como los Apóstoles, pasa un tiempo más cerca de Jesús: le escucha, habla con Él; se va fraguando una amistad fuerte entre ambos. "Sois mis amigos", decía Jesús a los discípulos; y ellos bebían las palabras del Maestro y aprendían su modo de amar a los hombres. Así, aquellos galileos se entusiasmaron con el mensaje del Señor, y se esparcieron por todo el mundo entonces conocido, para anunciar la Buena Noticia. Hoy, Jesús sigue invitando a niños y jóvenes para que participen en su aventura evangelizadora. Y, en el Seminario, se preparan, durante unos años, para ser enviados con la misión de los Apóstoles: "enseñad y bautizad". Toda la comunidad diocesana mira con amor a esa casa, al Seminario. Y ofrece la oración por los llamados, y apoya con medios materiales la casa de formación de los futuros sacerdotes. Sabemos muy bien que el Seminario es la fuente diocesana que nos dará nuevos presbíteros. Por eso, no puedo menos de expresar mi profundo agradecimiento a formadores y profesores que, con ilusión, dedican su tiempo al Seminario. A los padres y familias de los seminaristas les agradecemos el que nos envíen a sus hijos tan queridos para que, un día, sean enviados por Jesús como mensajeros del Evangelio. El Seminario atrae las miradas de todos, y alienta la esperanza de los cristianos: esos jóvenes serán nuestros pastores y nos anunciarán el Mensaje evangélico; ellos nos acompañarán toda la vida en nuestra peregrinación al encuentro de Dios, que nos hizo para Él, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Él. Todos los que formamos la comunidad cristiana queremos celebrar esta jornada, desde la oración y la ayuda material, con la firme esperanza de que el Señor nos dará los sacerdotes que necesitamos. Jesús se hace presente, una vez más, entre nosotros. Camina a nuestro lado, como lo hizo en todo el tiempo del Sínodo Diocesano. Él es el Sembrador de las vocaciones, y nos invita a nosotros a trabajar con ilusión en la siembra y en la cosecha vocacional. Nuestra mirada se vuelve a María, Reina de los Apóstoles, que acompañó a los llamados por Jesús, y rezó con ellos en el Cenáculo para que viniera el Espíritu que diera la fuerza y la luz a los Doce. Santa María la Mayor: ven, y camina con nuestros seminaristas. |
"El Seminario atrae las miradas de todos, y alienta la esperanza de los cristianos: esos jóvenes serán nuestros pastores y nos anunciarán el Mensaje evangélico" |
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