E n t r e v i s t a

Sergio Pérez Palacios

Seminarista, estudiante de 2º de Teología. Afronta este período de formación con ilusión, agradecido a Dios por haberse fijado en él para una vocación como el sacerdocio.

"Muchas veces doy gracias a Jesús por haberse fijado en mí"

Redacción

Sergio Pérez Palacios

¿Qué hace un joven estudiante de teología en el Seminario un día normal?

La vida de un joven seminarista "teólogo" no abunda en hechos extraordinarios, en grandes hazañas; es más bien sencilla, viéndolo todo desde Cristo. El secreto, como decía santa Teresita de Lisieux, es hacer extraordinariamente bien lo ordinario. Por la mañana, después de un tiempo de oración tranquila, vamos a la Facultad de Teología, donde profundizamos en el conocimiento de Dios. Por la tarde fundamentalmente estudio y también deporte, juego, formación y, lo más importante al final del día: la Eucaristía.

 

Para ti, ¿qué relación tienen vida comunitaria y oración?

Es una relación muy estrecha. Aparte de la oración personal damos mucha importancia a la oración comunitaria: liturgia de las horas, oración compartida, adoración eucarística. A mí personalmente me enriquece mucho. Y para mí la vida de comunidad es una oración continua de unos por otros; cuando escucho, participo, colaboro, aunque me resulte difícil, estoy alabando a Dios.

 

De tu experiencia pastoral en estos dos años de Teología, ¿qué destacarías?

Por un lado la colaboración con la FRATER (Fraternidad Cristiana de Enfermos y Minusválidos), que me ha enseñado cómo desde una silla de ruedas se puede anunciar a Cristo sin complejos, y me han contagiado su alegría y sus ganas de vivir transparentando a Cristo.

Por otro lado, en la catequesis estoy descubriendo la importancia que tiene como medio evangelizador y la labor tan paciente y anónima que desarrollan los catequistas.

 

¿Animado vocacionalmente?

Sí, mucho, ya que todo se lo debo a Jesús. Muchas veces le doy gracias por haberse fijado en mí.

Gracias también a vosotros por leer estas líneas y estar ahí.


"Para mí la vida de comunidad es una oración continua de unos por otros"



"El secreto, como decía santa Teresita de Lisieux, es hacer extraordinariamente bien lo ordinario"



"Cuando escucho, participo, colaboro, aunque me resulte difícil, estoy alabando a Dios"


 

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