Semana Santa

Los tambores de Semana Santa, con su fuerte sonido, nos anuncian los días santos de la Gran Semana cristiana.

Un temblor llega al fondo del alma, que me hace pensar en las horas de la Pasión. ¡Qué largas, desde la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, hasta el día más alegre de la historia, en que el Señor salió triunfante del sepulcro!

Mi lectura predilecta va a ser, en estos días, la Pasión de Jesús, que nos narran los evangelistas. Quiero entrar dentro del Santuario del Corazón de Cristo para conocer más sus bellos sentimientos de amor al Padre y a los hombres. Y quiero escuchar qué me pide para que le acompañe en esas jornadas de las que depende la salvación del mundo.

Sé lo importante que es vivir con Jesús, recordando los últimos días que pasó entre nosotros antes de ser clavado en la cruz para ofrecer al Padre el cáliz de la Sangre redentora.

En las iglesias se preparan las imágenes de la Pasión que recorrerán nuestras calles, y se recuerdan las melodías que se hacen plegaria en nuestros labios.

En las ciudades y en los pueblos, queremos hacer presente el dolor y el amor de Cristo que vino a redimirnos y nos ofrece un mensaje de amor a todos los hombres: perdonar, como Él perdonó; amar, como Él amó; aceptar la voluntad del Padre, como Él la aceptó.

Nuestra mirada se posará en la Virgen Dolorosa, inseparable de su hijo Jesús, compartiendo con Él todos los sufrimientos en la oración del huerto, en la flagelación, en la crucifixión en el monte Calvario.

Jerusalén, Betania, Getsemaní, Vía Dolorosa, Calvario: serán lugares adonde volaré con la imaginación para encontrarme con el Varón de Dolores, que mira alrededor, buscando la mirada amiga de quienes quieran compartir su tragedia que traerá la salvación al mundo.

Pero el dolor no ahogará nuestra esperanza. Cristo resucitó al tercer día de estar encerrado en el sepulcro: venció a la muerte, al pecado. Su triunfo es definitivo. Y quiere compartirlo con nosotros. Atados a su suerte, esperamos los fulgores de la resurrección, la vida nueva. Con Jesús, iniciaremos una etapa de victoria que durará para siempre.

Jerusalén, donde murió el Salvador, me ofrece también el ambiente gozoso de la Resurrección, cuando Cristo, vuelto a la vida, visita y anima a los suyos.

Con María, acompañaremos al Hijo que sufre por nosotros.

 

Santiago Martínez acebes, Arzobispo de Burgos
Santiago Martínez Acebes, Arzobispo de Burgos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"Cristo resucitó al tercer día de estar encerrado en el sepulcro: venció a la muerte, al pecado. Su triunfo es definitivo. Y quiere compartirlo con nosotros"

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