| Celebración | |
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Salvador del Álamo cumple 100 años |
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Ángel Mansilla Miguel |
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El
sacerdote Salvador del Álamo Arranz celebró el pasado 18 de Salvador del Álamo nace en Cubilla de la Sierra (Soria) el 18 de marzo de 1901. Sus padres son Mateo y Gregoria (maestra nacional), y sus hermanas Ticiana y Eutiquia. Estudió en el Seminario San José de Burgos y en la Universidad Pontificia de Burgos. Fue ordenado sacerdote en El Burgo de Osma (Soria) el 29 de mayo de 1926. Después de ser párroco en Muriel de la Fuente y en Rioseco (Soria), en julio de 1928 es nombrado párroco de la localidad burgalesa de Canicosa de la Sierra, donde permaneció cincuenta años. En diciembre de 1978, en Navidad, es operado en Burgos, en el Hospital General Yagüe, y se recupera en la Residencia Sacerdotal. Pasa a Valdanzo (Soria) para residir con sus hermanas. En 1981 viene a Burgos, y reside en la avenida de los Reyes Católicos, juntamente con sus dos hermanas. Y fallecida Ticiana, se traslada con su hermana Eutiquia a la Residencia Sacerdotal en 1995, y aquí ha cumplido los cien años, celebrándolo con una Eucaristía en la capilla de la Residencia Sacerdotal, el domingo 18 de marzo de 2001, presidida por el arzobispo de Burgos, Santiago Martínez Acebes, y acompañado de 22 sacerdotes, en la que tuvieron un puesto destacado su hermana Eutiquia, familiares y amistades, religiosas al servicio de la Residencia, y todos los residentes de la casa. A continuación, reunidos en el comedor, se celebró la comida; y a la hora del café recibió el homenaje de la diócesis y de los residentes en la Casa Sacerdotal. Felicidades, y que pueda celebrar los 101 años. |
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...Y llegó a los 100 Cubilla es donde nació de padres con buenas dotes, y aquí, en Burgos, estudió para ser buen sacerdote.
Recuérdale con amor Canicosa de la Sierra; le tuvo de buen pastor cincuenta años en su tierra.
Festejamos y honramos y cantamos a don Salvador, porque hoy cumple los cien años de una vida, regalo de Dios.
El Señor pague con creces esta vida entregada al Amor, y que sigas siendo siempre fiel testigo de Nuestro Señor.
¡Bendita la ancianidad de quien no gustó de honores -que engordan la vanidad- ni tampoco de favores!
¡Bendita la ancianidad de quien usa la sonrisa, signo claro de bondad, cual si fuera suave brisa!
¡Bendita la ancianidad de quien supo conformarse y, en perfecta caridad, aprendió a dar y a darse!
¡Bendita la ancianidad de quien sabe de dolores y allá, en su soledad, los transforma en amores!
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